colaboraciones, traducciones

La geología te cronoalfabetiza [artículo invitado]

Una científica nos cuenta cómo su disciplina inculca la cronosciencia.

Por Marcia Bjornerud

Original publicado en Nautilus el 13 de septiembre de 2018. Traducido por Íñigo Vitón.

Como geóloga y profesora hablo y escribo sobre eras y eones con bastante facilidad. Uno de los cursos que imparto habitualmente es “Historia de la Vida y la Tierra”, un resumen de los 4.500 millones de años de historia del planeta –en un trimestre de 10 semanas. Pero como humana, y más específicamente como hija, madre y viuda, me esfuerzo como una más en mirar al Tiempo honestamente a la cara. Es decir, admito ser un poco hipócrita con el tiempo (cronohipócrita).

La aversión hacia el tiempo nubla el pensamiento personal y colectivo. La ahora cómica crisis “Y2K” (Año 2000) que amenazó con paralizar la economía y los sistemas informáticos de todo el mundo en el cambio de milenio fue causado por los programadores de los 60 y ’0 que al parecer nunca pensaron que el año 2000 fuera a llegar. A lo largo de la pasada década, los tratamientos de Botox y cirugía plástica han sido vistos como maneras saludables de levantar la autoestima en vez de como lo que realmente son: evidencias de que tememos y odiamos nuestro tiempo de vida. Nuestra aversión natural a la muerte es amplificada en una cultura que posiciona al Tiempo como un enemigo y hace todo lo posible para negar su paso. Como Woody Allen dijo: “los estadounidenses creen que la muerte es opcional”.

Este tipo de negación del tiempo, enraizada en la combinación tan humana de vanidad y temor existencial, es quizá la forma más frecuente y remisible de lo que podemos llamar cronofobia. Pero hay otras variedades más tóxicas que van de la mano de las más benignas para crear un analfabetismo temporal omnipresente, obstinado y peligroso en nuestra sociedad. En el siglo XXI nos sorprendería que un adulto instruido fuera incapaz de identificar los continentes en un mapa, aunque estamos cómodos con la inconsciencia generalizada sobre todo lo que no sea lo más superficial de la larga Historia del Planeta (Uhm ¿estrecho de Bering… dinosaurios… Pangea?). La mayoría de personas, incluidas aquellas que viven en países enriquecidos y técnicamente avanzados, no tienen el sentido de la proporción temporal –las duraciones de los grandes capítulos en la Historia de la Tierra, las tasas de cambio durante intervalos previos de inestabilidad ambiental, las escalas temporales intrínsecas del “capital natural” como los sistemas de agua subterránea. Como especie, tenemos un desinterés ingenuo y una reticencia parcial al tiempo antes de nuestra aparición en la Tierra. Sin gusto por historias en las que no haya protagonistas humanos, mucha gente simplemente no se toma ninguna molestia en la Historia Natural. Somos, por tanto, intransigentes y cronoignorantes analfabetos del tiempo. Como conductores inexpertos pero sobreconfiados, aceleramos hacia paisajes y ecosistemas sin conocimiento de sus patrones de tráfico paulatina y largamente establecidos, y entonces reaccionamos con sorpresa e indignación cuando nos enfrentamos a catástrofes por haber ignorado las leyes naturales. Esta ignorancia de la historia planetaria socava cualquier reivindicación que hagamos de la modernidad. Estamos navegando temerariamente hacia nuestro futuro usando concepciones del tiempo tan primitivas como un mapa del siglo XIV, cuando los dragones acechaban en los bordes de una tierra plana. Los dragones de la negación del tiempo aún persisten en una sorprendente variedad de hábitats.

Entre los varios enemigos del tiempo, el creacionismo de la Tierra Joven exhala la mayoría del fuego, pero al menos es predecible en su oposición. En los años de enseñanza de geología en la universidad, he tenido estudiantes de entornos cristianos evangélicos que han luchado seriamente para reconciliar su fe con el conocimiento científico de la Tierra. Sinceramente empatizo con su angustia e intento señalar caminos para la resolución de este conflicto interno. Primero, enfatizo que mi trabajo no es desafiar sus creencias personales, sino enseñar la lógica de la geología (geo-¿lógica?), los métodos y herramientas de la disciplina que nos permiten no solo comprender cómo funciona la Tierra en el presente, sino también documentar en detalle su elaborada e impresionante historia. Algunos estudiantes parecen satisfechos manteniendo aisladas la ciencia de las creencias religiosas a través de esta separación metodológica. Pero a menudo, como aprenden a leer rocas y paisajes por sí mismos, las dos visiones del mundo parecen cada vez más incompatibles. En estos casos, uso una variación del argumento de Descartes en sus Meditaciones sobre si su experiencia del Ser es real o una elaborada ilusión creada por un dios o un demonio malevolente.[i]

En un curso de introducción a la geología, rápidamente uno empieza a entender que las rocas no son nombres (sustantivos) sino verbos, evidencias visibles de los procesos: una erupción volcánica, el crecimiento de un arrecife de coral, la elevación de una cadena montañosa. En cualquier sitio que uno mire, las rocas dan testimonio de eventos que se han desarrollado en largos periodos de tiempo. Poco a poco, a lo largo de más de dos siglos, las historias locales contadas por las rocas en cada rincón del mundo han sido hiladas en un gran tapiz global: la escala de tiempo geológico. Este “mapa” del Tiempo Profundo representa uno de los grandes logros intelectuales de la humanidad, arduamente construido por estratígrafos, paleontólogos, geoquímicos y geocronologistas de diversas culturas y credos. Es todavía un trabajo en progreso en el que constantemente se están añadiendo detalles y cada vez se están realizando calibraciones más precisas. Hasta ahora, nadie en más de 200 años ha encontrado una roca o fósil anacrónico –como el biólogo J.B.S. Haldane supuestamente dijo, “un conejo precámbrico”[ii]– que represente una inconsistencia interna fatídica en la lógica de la escala de tiempo.

Si uno reconoce la credibilidad del trabajo metódico por incontables geólogos alrededor del mundo (muchos al servicio de compañías petrolíferas), y uno cree en un dios como creador, la elección es entonces aceptar la idea de (1) una Tierra vieja y compleja con cuentos épicos para contar, puesta en marcha por un creador benevolente hace muchos eones, o bien (2) una Tierra joven fabricada hace solo unos pocos miles de años por un creador retorcido y deshonesto que sembró evidencias de especies de un planeta viejo en cada rincón y grieta, desde los yacimientos fósiles hasta los cristales de zircón, anticipándose a nuestras exploraciones y análisis de laboratorio. ¿Qué es más herético? Un corolario de este argumento, a desplegar con tacto y cuidado, es que comparado con la profunda, rica y gran historia geológica de la Tierra, la versión del Génesis es una simplificación ofensiva, una reducción tan extrema que llega a ser irrespetuosa con la Creación.

Por más exasperantes que lleguen a ser los profesionales de la Tierra Joven y creacionistas, al menos son completamente francos sobre su cronofobia. Más penetrantes y corrosivas son las formas casi invisibles de negar el tiempo que están incrustadas en lo más profundo de nuestra sociedad. Por ejemplo, en la lógica de la economía, en la que la productividad laboral siempre debe aumentar para justificar salarios más altos, profesiones que se centran en tareas que simplemente requieren tiempo –educación, enfermería, o artes escénicas– constituyen un problema porque no pueden hacerse significativamente más eficientes. Tocar un cuarteto de cuerda de Haydn lleva tanto tiempo en el siglo XXI como en el XVIII; ¡no ha habido progreso! Esto a veces se llama “enfermedad de Baumol”, por el economista que describió por primera vez este dilema.[iii] Que sea considerado una patología muestra mucho acerca de nuestra actitud hacia el tiempo y el poco valor que en Occidente le damos al proceso, desarrollo y maduración.

Los años fiscales y las legislaturas imponen una visión miope del futuro. Los pensadores cortoplacistas son recompensados con bonus y reelecciones, mientras que aquellos que se atreven a tomarse en serio nuestra responsabilidad para con las futuras generaciones normalmente se encuentran en minoría, silenciados y sin cargos. Pocas instituciones públicas modernas son capaces de hacer planes más allá de los ciclos bienales de presupuestos (o de los cuatro años electorales). Incluso dos años de planificación parecen hoy en día más allá de la capacidad del Congreso y las legislaciones estatales, donde las medidas de gasto temporales y de última hora se han convertido en la norma. Las instituciones que aspiran a una visión a largo plazo –Parques Naturales y Nacionales, bibliotecas públicas y universidades– son cada vez más vistas como cargas para el contribuyente (u oportunidades sin aprovechar para patrocinios corporativos).

Conservar recursos naturales –suelo, bosques, agua– para el futuro de la nación fue una vez considerado una causa patriótica, evidencia del amor por el país. Pero hoy en día, el consumismo y la modernización se han mezclado de manera extraña con la idea de la buena ciudadanía (un concepto que ahora incluye a las corporaciones). De hecho, la palabra consumidor se ha convertido más o menos en sinónimo de ciudadano, y esto no parece molestar a nadie. “Ciudadano” implica compromiso, contribución, dar y recibir. “Consumidor” sugiere solo dar, como si nuestro único papel es devorar todo a la vista, como langostas descendiendo sobre un campo de cultivo. Nos podemos burlar del pensamiento apocalíptico, pero la idea aún más omnipresente –de hecho, el credo económico– de que los niveles de consumo pueden y deben aumentar continuamente es igual de ilusa. Y mientras la necesidad de una visión a largo plazo se hace más urgente, nuestra capacidad de atención se reduce al escribir y twittear en un Ahora hermético y narcisista.

La Academia debe, también, asumir alguna responsabilidad por amparar una proclama disimulada de negación del tiempo, al privilegiar ciertos tipos de investigación. La física y la química ocupan los primeros niveles en la jerarquía de la actividad intelectual debido a su exactitud cuantitativa. Pero esta precisión en caracterizar cómo funciona la Naturaleza solo es posible bajo condiciones muy controladas, totalmente antinaturales, disociadas de una historia o momento particular. Su denominación como ciencias “puras” es reveladora; son puras en tanto que son esencialmente atemporales – in corromper por el tiempo, interesadas únicamente en las verdades universales y las leyes eternas[iv]. Como las “formas” de Platón, estas leyes inmortales son a menudo consideradas más reales que cualquier manifestación específica de ellas (por ejemplo, la Tierra). Por el contrario, las disciplinas de la biología y la geología ocupan rangos bajos en la pirámide académica porque son muy “impuras”, carentes de los embriagadores matices de la certeza porque están impregnados de la cabeza a los pies de tiempo. Las leyes de la física y la química obviamente se aplican a las formas vivas y a las rocas, y es posible también abstraer algunos principios generales sobre cómo funcionan los sistemas bio y geológicos, pero el corazón de estas disciplinas reside en la abundancia idiosincrásica de organismos, minerales y paisajes que han emergido a lo largo de la larga historia de este particular rincón del cosmos.

La biología como disciplina ha ascendido por su rama molecular, con su enfoque de laboratorio de bata blanca y sus venerables contribuciones a la medicina. Pero la humilde geología nunca ha conseguido el brillante prestigio de otras ciencias. No tiene Premio Nobel, ni cursos avanzados en el instituto, y un prototipo de persona anticuada y aburrida. Esto por supuesto que molesta a los geólogos, pero también tiene serias consecuencias para la sociedad en un momento en que los políticos, CEOs y ciudadanos ordinarios necesitan urgentemente conocimientos sobre la historia del planeta, anatomía y fisiología.

En primer lugar, la percepción del valor de una ciencia influye profundamente en los fondos que recibe. Por frustración con las limitadas inversiones en investigaciones de geología básica, algunos geoquímicos y paleontólogos que estudian los orígenes de la Tierra y los rastros más antiguos de vida en el registro geológico se han reinventado astutamente como “astrobiólogos” para aprovecharse de los proyectos de la NASA que apoyan investigaciones acerca de la posibilidad de vida en algún otro lugar del Sistema Solar o más allá. Aunque admiro esta maniobra inteligente, es descorazonador que los geólogos tengamos que colarnos en el eximio programa espacial para conseguir interesar al público y a los legisladores por su propio planeta.

En segundo lugar, la ignorancia y la desconsideración de la geología por parte de otros científicos tiene serias consecuencias medioambientales. Los grandes avances en física, química e ingeniería conseguidos en los años de la Guerra Fría – desarrollo de tecnologías nucleares; síntesis de nuevos plásticos, pesticidas, fertilizantes y refrigerantes; mecanización de la agricultura; expansión de las autopistas – han dado lugar a una era de prosperidad sin precedentes, pero también dejan un negro legado de contaminación de aguas subterráneas, destrucción del ozono, pérdida de suelos y de biodiversidad, y un cambio climático, a pagar por las generaciones venideras. Hasta cierto punto, los científicos e ingenieros responsables de estos logros no pueden ser culpados; si uno es entrenado para pensar en los sistemas naturales de manera muy simplificada, excluyendo los casos particulares para aplicar las leyes idealizadas, y uno no tiene experiencia en cómo las perturbaciones a estos sistemas pueden repercutir a lo largo del tiempo, entonces las consecuencias indeseadas de estas intervenciones se presentarán como sorpresas. Y para ser justos, hasta los 70, las propias geociencias no tenían las herramientas analíticas necesarias para conceptualizar el comportamiento de sistemas naturales complejos en escalas de tiempo de décadas o siglos.

A estas alturas, sin embargo, ya deberíamos haber aprendido que tratar el planeta como si fuera un objeto simple, predecible y pasivo en un experimento controlado de laboratorio es científicamente inexcusable. No obstante, la misma vieja arrogancia de la crono-ceguera le está permitiendo a la seductora idea de la ingeniería climática, algunas veces llamada geoingeniería, ganar peso en ciertos círculos académicos y políticos. El método mayoritariamente más debatido para enfriar el planeta sin tener que hacer el duro trabajo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es la inyección de aerosoles de sulfato, partículas reflectantes, en la estratosfera –la capa más alta de la atmósfera– para imitar el efecto de las grandes erupciones volcánicas, que en el pasado han conseguido enfriar temporalmente el planeta. Por ejemplo, la erupción en Filipinas del Monte Pinatubo en 1991, causó una pausa de dos años en el aumento continuo de la temperatura global. Los principales defensores de este tipo de jugueteos planetarios son físicos y economistas, quienes argumentan que sería barato, efectivo y tecnológicamente fiable, y lo promueven bajo el benigno, casi burocrático nombre de “Gestión de la Radiación Solar”.

Pero la mayoría de los geocientíficos, muy conscientes de que incluso los pequeños cambios en los complejos sistemas naturales pueden tener consecuencias graves e imprevistas, son profundamente escépticos. Los volúmenes de sulfato requeridos para revertir el calentamiento global serían el equivalente a una erupción del tamaño de la del Pinatubo cada pocos años –durante al menos un siglo– ya que detener las inyecciones sin una reducción significativa de los gases de efecto invernadero desembocaría en un aumento brusco de la temperatura global que podría estar más allá de la capacidad de adaptación de gran parte de la biosfera. Peor aún, la efectividad de la estrategia disminuye con el tiempo, porque al incrementarse las concentraciones de sulfato estratosférico, las pequeñas partículas se fusionan en otras mayores, que son menos reflectivas y tienen un tiempo menor de permanencia en la atmósfera. Y lo que es más importante, incluso aunque probablemente hubiera una reducción neta en la temperatura global, no tenemos manera de saber exactamente cómo se verían afectados los sistemas climáticos locales o regionales. (Y dicho sea de paso, no tenemos mecanismos de gobernanza internacional para vigilar y regular la manipulación de la atmósfera a escala planetaria).

Dicho de otro modo, es hora de que todas las ciencias adopten un respeto geológico por el tiempo y su capacidad de transfigurar, destruir, renovar, amplificar, erosionar, propagar, enredar, innovar y exterminar. Se puede decir que comprender el tiempo profundo es la mayor contribución de la geología a la humanidad. Al igual que el microscopio y el telescopio ampliaron nuestra visión a reinos espaciales que una vez fueron demasiado pequeños o demasiado grandes para nosotros, la geología nos proporciona unas lentes por las que poder ser testigos del tiempo de un modo que trasciende los límites de nuestra experiencia humana.

Pero ni siquiera la geología puede eximirse de la culpabilidad por las ideas falsas que la gente tiene sobre el tiempo. Desde el nacimiento de la disciplina en los primeros años del siglo XIX, los geólogos –congénitamente recelosos de los creacionistas de la Tierra Joven– han hablado sin cesar sobre la inimaginable lentitud de los procesos geológicos, y de la idea de que los cambios geológicos se acumulan solo durante inmensos periodos de tiempo. Además, los libros de texto de geología señalan invariablemente (casi regodeándose) que si los 4.500 millones de años de la historia de la Tierra se escalaran a un día de 24 horas, toda la historia humana transcurría en la última fracción de segundo antes de la media noche. Pero esta es una manera errónea, e incluso irresponsable, de entender nuestro lugar en el Tiempo. Por un lado, sugiere un grado de insignificancia y desempoderamiento que no solo es psicológicamente alienante, sino que nos permite ignorar la magnitud de nuestros efectos sobre el planeta en este cuarto de segundo. Por otro, niega nuestras raíces profundas y nuestro permanente entrelazamiento con la Historia de la Tierra; nuestro clan específico tal vez no haya aparecido hasta justo antes de las doce campanadas, pero nuestra extensa familia de organismos vivos ha estado aquí desde al menos las 6am. Por último, la analogía implica que, apocalípticamente, no hay futuro. ¿Qué ocurre después de medianoche?

Aunque nosotros, humanos, nunca dejemos totalmente de preocuparnos y aprender a amar el tiempo (por tomar prestada una frase del Dr. Strangelove), quizá podamos encontrar algún punto medio entre la cronofobia y la cronofilia, y desarrollar la práctica de la cronosciencia, una visión clara de nuestro lugar en el Tiempo, del pasado que vino antes de nosotros y del futuro que transcurrirá sin nosotros.

La cronosciencia incluye un sentimiento de distancias y proximidades en la geografía del tiempo profundo. Centrarse solo en la edad de la Tierra es como describir una sinfonía por su número de compases. Sin tiempo, una sinfonía es un apilamiento de notas; la duración de las notas y la recurrencia de temas le dan forma. Análogamente, la grandeza de la historia de la Tierra reside en los ritmos gradualmente desarrollados y entrelazados de sus muchos movimientos, con pequeños motivos que se precipitan sobre tonos que resuenan a lo largo de toda la historia del planeta. Estamos aprendiendo que el tempo de muchos procesos geológicos no es tan larghissimo como una vez se pensó; las montañas crecen a velocidades que pueden ser medidas en tiempo real, y el ritmo acelerado del sistema climático es sorprendente incluso para aquellos que lo han estudiado durante décadas.

Aún así, me consuela saber que vivimos en un planeta muy antiguo y duradero, no uno inmaduro, novato y posiblemente frágil. Y mi experiencia diaria como terrícola se enriquece con la conciencia de la presencia prolongada de tantos moradores y versiones previas de este lugar. Comprender las razones de la morfología de un paisaje en particular, es similar a la sensación de comprensión que uno tiene al aprender la etimología de una palabra ordinaria. Una ventana se abre, iluminando un pasado distante aunque reconocible, casi como recordando algo largamente olvidado. Esto encanta al mundo con capas de significado, y cambia la manera de percibir nuestro lugar en él. Aunque deseemos fervientemente negar el tiempo por cuestiones de vanidad, de angustia existencial o arrogancia intelectual, nos empequeñecemos a nosotros mismos proclamando nuestra temporalidad. Por encantadora que sea la fantasía de la atemporalidad, hay una belleza mucho más profunda y misteriosa en la cronosciencia.

 

Marcia Bjornerud es profesora de Geología en la Universidad de Lawrence. Es Miembro de la Geographical Society of America, y fue becada Fulbright en 2000-2001.

Extracto traducido de Timefulness: How Earth’s Deep Past Can Change the Way We See the Future. Marcia Bjornerud. Copyright © 2018 by Princeton University Press.

[i] Descartes, R. Meditations on First Philosophy, with Selections from the Objections and Replies (1641). Translated by Moriarty, M. Oxford: Oxford World’s Classics (2008).

[ii] Se supone que Haldane dijo esto cuando le preguntaron qué le haría abandonar su convicción sobre la evolución. Esta frase memorable ha sido citada muchas veces, pero su origen no está claro.

[iii] Baumol, W. & Bowen, W. Performing Arts – The Economic Dilemma: A Study Problems Common to Theater, Opera, Music, and Dance. New York: Twentieth Century Fund (1966).

[iv] El físico teórico Lee Smolin es una voz minoritaria reprendiendo a su disciplina por lo que él llama la sistemática “expulsión del tiempo”. Smolin, L. Time Reborn Boston: Houghton Mifflin Harcourt (2013).

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colaboraciones

¿De qué hablamos cuando nos referimos a los “límites del planeta”?

Por Sara García Morales, estudiante del máster en ecología marina en la Universidad de Lisboa.

“Por qué es importante el límite de 2°C contra el cambio climático”– Ballena Blanca.

“El límite de temperatura aprobado por el Acuerdo de París no es seguro para los ecosistemas mediterráneos” – El Mundo.

“Un planeta en riesgo de colapso” –El País.

Seguramente ya hayas leído este tipo de titulares pero, ¿sabes realmente qué significa?

Debido a la creciente preocupación por la explotación de los recursos naturales, sumado a los impactos de las actividades antropogénicas en el planeta, Johan Rockström y sus colaboradores escribieron en el año 2009 un artículo publicado en la revista Nature bajo el título: “A safe operating space for humanity”, el cual podemos traducir por “Un espacio operativo seguro para la humanidad”.

El artículo hace referencia a que el único período de estabilidad de la Tierra (la época conocida como Holoceno en la escala de tiempo geológico) podría estar desestabilizándose y dando lugar a una nueva (denominada por algunos autores como Antropoceno) debido a las presiones que el ser humano estaba ejerciendo sobre el planeta. Rockström y colaboradores propusieron lo que se conoce como los límites del planeta o límites planetarios (PB; planetary boundaries), los cuales definen el espacio operativo seguro para el desarrollo de la humanidad con respecto al sistema terrestre, dado que están, a su vez, relacionados con las funciones y procesos biofísicos del planeta.

Destacaron, además, que varios de los subsistemas de la Tierra no sólo no reaccionan de manera lineal, sino que pueden hacerlo de manera abrupta, lo cual hace que sean muy sensibles a los cambios. Es decir, sobrepasar los umbrales propuestos podría derivar en un nuevo estado cuyas consecuencias podrían ser potencialmente desastrosas para el ser humano.

¿Qué procesos identificaron y qué límites establecieron?

En 2009 se identificaron 10 procesos para los cuales se establecerían los límites del planeta. En el año 2015, se actualizó el estudio redefiniendo algunos de dichos procesos, reduciéndose a un total de 9 (ver figura a y Anexo I para una mejor comprensión). De esta manera, combinando la mejora en la comprensión de los mismos junto con el principio de precaución, se pudieron identificar los niveles de perturbaciones antropogénicas por debajo de los cuales el riesgo de desestabilización permanece bajo.

Es importante destacar que, entre el límite planetario (anillo verde) y la zona de incertidumbre existe un buffer o amortiguador que nos permite reaccionar, puesto que estarían apareciendo los “primeros” signos que indicarían que nos aproximamos hacia un cambio abrupto y/o peligroso (nos suena, ¿no?). El estudio apunta que, una vez en la zona de incertidumbre, la probabilidad de sobrepasarla es relativamente baja, sin embargo, es mucho mayor la probabilidad de que haya un cambio en el funcionamiento del sistema terrestre que sea potencialmente devastador para las sociedades humanas.

Los resultados entre ambos estudios muestran que entre 2009 y 2015, tres de esos procesos (cambio climático, pérdida de ozono estratosférico y acidificación oceánica) permanecen igual. En la imagen se puede observar que cinco de ellos han entrado en lo que se conoce como zona de incertidumbre y tres han sobrepasado esta última. Además, el estudio determina que tanto cambio climático como la integridad de la biosfera son la clave de los límites planetarios debido a que son fundamentales para el sistema terrestre.

Personalmente, voy a resaltar la acidificación oceánica (de la que hablaremos más adelante en el blog) para señalar que este proceso está íntimamente ligado a la concentración de CO₂ y, por lo tanto, al cambio climático. Los autores del estudio especifican que no se traspasará el límite de la acidificación si se respetan los niveles establecidos para el CO₂.

Finalmente, el estudio concluye que los límites planetarios no dictan cómo las sociedades deberían actuar, pero es evidente que debemos evitar traspasar las zonas seguras. Desgraciadamente, las sociedades capitalistas no se rigen por lo que es evidente sino por el resultado de las lógicas mercantiles y la lucha entre los intereses de grupos sociales diferentes. De momento, no vamos bien, y es aquí donde debemos actuar: debemos construir un movimiento social capaz de exigir y presionar para que se pongan en práctica urgentemente políticas responsables con el medio ambiente. Políticas agresivas que nos permitan mantenernos dentro de los límites biofísicos seguros el planeta pero socialmente justas, que tengan en cuenta que no todos contribuimos por igual a la superación de dichos límites.

 

Referencias:

Röckstrom, J. et al. 2009. A safe operating space for humanity. Nature, 461(24): 472 – 475.

Steffen, W. et al. 2015. Planetary boundaries: guiding human development on a changing planet. Science, 347: 736 – 746.

Imagen obtenida de: http://apps1.semarnat.gob.mx/dgeia/informe15/tema/recuadros/recuadro1_2.html

Anexo I. Tabla traducida con las variables de control y sus valores actuales, junto con los límites propuestos y las zonas de incertidumbre  

Procesos identificados y actualizados (2015) Variable

control

Límites del planeta (zona de incertidumbre) Valores actuales sobre la variable control
Cambio climático Concentración de CO₂ atmosférico

Desequilibrio energético sup. atm

350 ppm CO₂ (350-450 ppm)

+ 1.0 W·mˉ² (+ 1.0 – 1.5 W·mˉ²)

398.5 ppm CO₂

2.3 W·mˉ²

(+ 1.1 – 3.3 W·mˉ²)

Cambio en la integridad de la biosfera Diversidad genética: tasa de extinción* < 10 E/MSY

E/MSY = nº de especies/ millón de especies al año

100-100 E/MSY
Pérdida de ozono estratosférico Concentración de O₃ estratosférico, DU < 5% reducción desde niveles pre-industriales (290 DU; 5 – 10%) Únicamente transgredido en la Antártida durante la primavera austral (⁓200 DU)
Flujos biogeoquímicos (interferencias con los ciclos del nitrógeno, N y el fósforo, P) P global: flujo de P desde aguas dulces al océano

P regional: flujo de P desde fertilizantes hasta suelos erosionables

N global: industrial y fijación biológica del N (intencional)

11 Tg P/ año (11-100 Tg P/ año)

6.2 Tg P/ año (6.2 -11.2 Tg P/ año; el límite es global pero la distribución regional es crítica para los impactos)

62 Tg N/ año (62-68 Tg N/ año; la distribución regional es crítica para los impactos)

22 Tg P/ año

14 Tg P/ año

150 Tg N/ año

Acidificación oceánica Concentración del ion carbonato, estado global de saturación media de aragonito de la superficie marina ≥ 80% del estado de saturación de aragonito pre-industrial media de la sup. marina 84% del estado de saturación de aragonito pre-industrial
Uso del agua dulce Global: cantidad máx. de agua dulce para consumo

Cuenca: agua dulce retirada como % del caudal mensual medio

Global:  4000 km³/año

(4000–6000 km³/año)

Cuenca:

Meses de bajo caudal: 25%

(25–55%);

Meses de caudal medio: 30%

(30–60%)

Meses de caudal alto : 55%

(55–85%)

~ 2600 km³/año
Cambios en los usos del suelo Global: área de tierra forestal como % de cobertura forestal original

Bioma: área de tierra forestal como % de bosque potencial

Global: 75% (75-54%). Valores = media ponderada de los 3 límites de biomas individuales y sus zonas de incertidumbre

Bioma:

Tropical: 85% (85–60%) Temperate: 50% (50–30%) Boreal: 85% (85–60%)

62%

2600 km³/año

Carga de aerosoles atmosféricos Global: Aerosol optical death (AOD), gran variación regional

Regional: AOD como media estacional en una región. (Monzón asiático como caso de estudio)

Regional: AOD total antropogénico (absorbido y disperso) en el subcontinente indio: 0.25 (0.25-0.50). Absorbido (warming) AOD menos del 10% del AOD total 0.30 AOD en la región del Sur asiático.
Introducción de nuevas entidades/organismos vivos No establecida No establecida. Observar el límite del ozono estratosférico como ejemplo de nueva entidad (CFCs)

 

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colaboraciones, organización

Refugiados climáticos

Por Lidia Márquez García, estudiante del master internacional en biodiversidad marine y conservación de la universidad de Gante (Bélgica).

El cambio climático afecta a un gran número de regiones en todo el mundo, desde un punto de vista medioambiental, cultural y político. Esto da lugar a una restricción de recursos como los alimentos y el agua, algo que no solo tiene una gran posibilidad de generar conflictos, sino que también está dando lugar a un gran número de migraciones. Estas personas que migran por efectos del cambio climático son conocidos con el nombre de refugiados/as climáticos o ambientales. Hasta el momento, ninguna institución oficial o intergubernamental, ni siquiera las Naciones Unidas, los ha reconocido como lo que son: personas que huyen de sus hogares sin posibilidad de regresar y que necesitan un lugar donde vivir. Entonces, ¿qué es un refugiado/a?

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) los define como «alguien que se ha visto obligado a huir de su país debido a la persecución, la guerra o la violencia». Esta descripción no incluye a quienes se ven obligados a abandonar sus hogares como consecuencia de los efectos del cambio climático y que para 2050 alcanzará los 200 millones1)See, for example, N. Myers, “Environmental Refugees: A Growing Phenomenon of the 21st Century,” Philosophical Transactions: Biological Sciences 357, no. 1420 (2002): 609 and 611; and N. Myers and J. Kent, Environmental Exodus: An Emergent Crisis in the Global Arena (Washington, DC: Climate Institute, 1995), 149. The 2006 Stern Review maintains that the 150–200 million estimate in Myers and Kent (above) “has not been rigorously tested, but it remains in line with the evidence presented throughout this chapter that climate change will lead to hundreds of millions more people without sufficient water or food to survive or threatened by dangerous floods and increased disease.” See N. Stern, The Stern Review on the Economics of Climate Change (London: UK Government, 2006), http://www.hmtreasury.gov.uk/independent_reviews/stern_review_economics_clima te_change/stern_review_report.cfm (accessed 6 September 2008), 77.. Esta cifra tiene un gran margen de error ya que depende de algunos aspectos como el desarrollo económico, el crecimiento de la población, el aumento de la temperatura y el momento y el grado que adquieran los efectos del cambio climático como, por ejemplo, el aumento del nivel del mar2)For criticism of such estimates, see A. Suhrke, “Environmental Degradation and Population Flows,” Journal of International Affairs 47, no. 2 (1994): 478; S. Castles, Environmental Change and Forced Migration: Making Sense of the Debate, New Issues in Refugee Research Working Paper 70 (Geneva: United Nations High Commissioner for Refugees, 2002), 2–3; and R. Black, “Environmental Refugees: Myth or Reality?” New Issues in Refugee Research Working Paper 34 (Geneva: United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR), 2002), 2–8.. De todos modos, la mayoría de los científicos/as afirman que los cambios en los niveles del mar en los próximos años obligarán a millones de personas, principalmente en Asia y África, a emigrar a otros lugares, probablemente a islas más cercanas y más grandes3) FrankBiermann&IngridBoas.2008.ProtectingClimateRefugees:TheCasefora Global Protocol, Environment:Science and Policy for Sustainable Development, 50:6, 8- 17..

Norman Myers. Environmental Refugees. An emergent security issue. 13. Economic Forum , Prague. OSCE.May 2005; Liser, 2007.

En los últimos años, investigadores/as y agencias humanitarias han tratado de abordar este problema haciendo hincapié en el hecho de que los «refugiados/as climáticos” no están

incluidos en esta definición, lo que les hace caer en el vacío legal de la política internacional de refugiados/as y de inmigración. Esto implica que ninguna legislación internacional o nacional reconoce explícitamente este tipo de refugiados/as, siendo, el principal problema en este momento con el término en sí, que no hay marcos, protocolos, convenciones ni pautas específicas que brinden información, protección y asistencia a todos los inmigrantes de este tipo. Este problema debe abordarse con urgencia, ya que los desastres ambientales están generando enormes restricciones a las actividades humanas a través de cambios directos, que no solo expulsan a las poblaciones, sino que también dañan las oportunidades económicas locales. Como se esperaba, las personas más necesitadas son las más vulnerables en casos de migración y degradación ambiental debido a su alto contacto y dependencia del medio ambiente4)Amber Jamil. Climate Refugees and International Law. The American Interest. [En línea] [Consulta: 20/02/2018]..

Igualmente, se ha visto que en áreas donde las personas se ven obligadas a luchar por los recursos, la posibilidad de conflictos armados es realmente alta. La guerra civil siria es un caso muy conocido en el que las condiciones del agua y el clima juegan un papel directo en el deterioro de las condiciones económicas en este país ya devastado5)Peter H. Gleick. 2014. Water, Drought, Climate Change, and Conflict in Syria, American Meteorological Society, 0.1175/WCAS-D-13-00059.1.. En otros casos como el de Tuvalu (Polinesia), las personas se ven obligadas a abandonar sus hogares debido al corte de agua corriente y buscan refugio en las islas más grandes, siendo la reubicación casi la única opción. Si estas personas deciden migrar a Fiji, la isla más grande y más cercana, no tienen derechos de ningún tipo, corriendo el riesgo de perder su identidad nacional. Bangladesh es otro ejemplo donde las personas se ven enormemente afectadas por el aumento del nivel del mar, viviendo en estado de emergencia constante. Una gran mayoría de ellos/as viven con sus pertenencias siempre empaquetadas, listas para huir en caso de que ocurra cualquier desastre. Podríamos seguir nombrando diferentes países donde sus ciudadanos/as se ven afectados/as actualmente por los efectos del cambio climático y que irá en aumento a menos que se tomen medidas6)Collectif Argos. 2010. Climate refugees. MIT Press. Cambridge, Massachusetts..

Esto significa que el momento de actuar es ahora, pero ¿quién debería pagar por esto?, ¿los que contribuyen más a la producción de CO2 y, por lo tanto, aumentan los efectos del cambio climático?, o ¿los que sufren los las consecuencias de estas acciones? Los países, víctimas, de estos impactos climáticos están incluidos en la categoría de «países en desarrollo» lo que significa que están menos desarrollados económicamente y, en consecuencia, no podrán apoyar la migración masiva de sus ciudadanos/as. Pero, ¿cuáles son los países que más contribuyen a estos drásticos eventos climáticos?

Este gráfico muestra los países que fueron los principales productores de emisiones de dióxido de carbono relacionadas con la energía durante el último año. En función de su participación en las emisiones globales de CO2 relacionadas con la energía, China, India y los Estados Unidos encabezan esta lista7)Largest producers of CO2 emissions worldwide in 2016, based on their share of global CO2 emissions [En linea] Statistical portal.  [Consulta: 20/02/2018]..

Por otro lado, en 2005 el subsecretario general de la ONU, Hans van Ginkel, declaró que «se trata de una cuestión muy compleja, ya que las organizaciones globales ya están abrumadas por las demandas de los refugiados convencionalmente reconocidos, como se definió originalmente en 1951. Deberíamos prepararse ahora, sin embargo, para definir, aceptar y acomodar esta nueva clase de refugiados dentro del marco internacional”8)David Adam. 50m environmental refugees by end of decade, UN warns. The Guardian. [En línea]  [Consulta: 20/02/2018]. Para lograr esto, las Naciones Unidas deberían disminuir los riesgos de conflictos relacionados con el agua, mediante la reducción de la presión sobre los recursos hídricos que contribuyen a las perturbaciones económicas, sociales, políticas y ambientales.

Afortunadamente, hay una creciente visibilización y acción sobre el tema. El 4 de octubre de 2017, ACNUR, el Gobierno de Alemania y la Plataforma de Desplazamientos por Desastres y/o Catástrofes, se reunir para tratar el tema: «Abordar el desplazamiento de desastres y el cambio climático: Oportunidades de asociación» donde discutieron soluciones concretas y oportunidades de colaboración, para abordar el desplazamiento como consecuencia de desastres naturales. Fruto de esta reunión, ACNUR publicó un documento titulado “Cambio climático, desastre y desplazamiento en los Pactos Globales: perspectivas del ACNUR”, donde explican que “algunas personas desplazadas en el contexto del cambio climático y los desastres pueden ser incluidas dentro de la definición de refugiado. A lo largo de los años, se ha aceptado que las personas que huyen a través de las fronteras pueden ser refugiados según la definición de la Convención de 1951, donde huyen de los desastres, incluida la sequía o el hambre, cuando estos fenómenos están vinculados a situaciones de conflicto armado de origen racial, étnico o religioso, o divisiones políticas, o cuando tales desastres afectan desproporcionadamente a grupos particulares.”9)See UNHCR, Legal considerations on refugee protection for people fleeing conflict and famine affected countries, 5 April 2017, www.refworld.org/docid/5906e0824.html. People fleeing famine linked to armed conflict, violence or other state conduct may in addition be refugees under the 1969 OAU Convention’s broader criteria, which protect those who are compelled to seek refuge as a result of ‘events seriously disturbing public order in either part or the whole [of the country of origin]’.

A pesar de todo, y aunque poco a poco, la concienciación por parte de organizaciones como las Naciones Unidas por los refugiados/as climáticos está aumentando, sigue siendo muy urgente redefinir el concepto de refugiados/as ambientales o climáticos, ya que ayudará a identificar de una manera más eficaz las causas subyacentes, lo cual dará lugar a soluciones y protocolos de acción más efectivos para prevenir y reducir el creciente número de personas desplazadas en todo el mundo, porque, después de todo, ¿no es el cambio climático una forma de persecución contra los más vulnerables también?

 

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Referencias   [ + ]

1. See, for example, N. Myers, “Environmental Refugees: A Growing Phenomenon of the 21st Century,” Philosophical Transactions: Biological Sciences 357, no. 1420 (2002): 609 and 611; and N. Myers and J. Kent, Environmental Exodus: An Emergent Crisis in the Global Arena (Washington, DC: Climate Institute, 1995), 149. The 2006 Stern Review maintains that the 150–200 million estimate in Myers and Kent (above) “has not been rigorously tested, but it remains in line with the evidence presented throughout this chapter that climate change will lead to hundreds of millions more people without sufficient water or food to survive or threatened by dangerous floods and increased disease.” See N. Stern, The Stern Review on the Economics of Climate Change (London: UK Government, 2006), http://www.hmtreasury.gov.uk/independent_reviews/stern_review_economics_clima te_change/stern_review_report.cfm (accessed 6 September 2008), 77.
2. For criticism of such estimates, see A. Suhrke, “Environmental Degradation and Population Flows,” Journal of International Affairs 47, no. 2 (1994): 478; S. Castles, Environmental Change and Forced Migration: Making Sense of the Debate, New Issues in Refugee Research Working Paper 70 (Geneva: United Nations High Commissioner for Refugees, 2002), 2–3; and R. Black, “Environmental Refugees: Myth or Reality?” New Issues in Refugee Research Working Paper 34 (Geneva: United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR), 2002), 2–8.
3. FrankBiermann&IngridBoas.2008.ProtectingClimateRefugees:TheCasefora Global Protocol, Environment:Science and Policy for Sustainable Development, 50:6, 8- 17.
4. Amber Jamil. Climate Refugees and International Law. The American Interest. [En línea] [Consulta: 20/02/2018].
5. Peter H. Gleick. 2014. Water, Drought, Climate Change, and Conflict in Syria, American Meteorological Society, 0.1175/WCAS-D-13-00059.1.
6. Collectif Argos. 2010. Climate refugees. MIT Press. Cambridge, Massachusetts.
7. Largest producers of CO2 emissions worldwide in 2016, based on their share of global CO2 emissions [En linea] Statistical portal.  [Consulta: 20/02/2018].
8. David Adam. 50m environmental refugees by end of decade, UN warns. The Guardian. [En línea]  [Consulta: 20/02/2018]
9. See UNHCR, Legal considerations on refugee protection for people fleeing conflict and famine affected countries, 5 April 2017, www.refworld.org/docid/5906e0824.html. People fleeing famine linked to armed conflict, violence or other state conduct may in addition be refugees under the 1969 OAU Convention’s broader criteria, which protect those who are compelled to seek refuge as a result of ‘events seriously disturbing public order in either part or the whole [of the country of origin]’.
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Llei catalana de canvi climàtic: anticonstitucional

Por Salvador Lladó (@Salva_Lladó), doctor en microbiologia ambiental y biotecnologia i membre del grup de treball sobre canvi climàtic de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). [en castellano]

Aquestes últimes setmanes, hem vist diferents «personalitats» de la política espanyola molt preocupades pel canvi climàtic, des del Borbó fins Pablo Iglesias. No analitzaré el discurs del Borbó per poc rellevant i perquè tampoc esperava molt d’ell, però em va impactar una cosa que va dir Pablo Iglesias: «Hi ha qui ens diu que som catastrofistes, però ens estem jugant el futur de la humanitat, perquè si el planeta se’n va en orris, no hi haurà possibilitat que la vida segueixi existint «. Aquest és el nivell. La vida serà arrasada del pal atac alienígena de peli americana de sèrie B. Llavors, i sentint-ho molt, jo també li he de dir al Pablo que és catastrofista. Pablo, la vida no desapareixerà, però el que està clar és que si no posem fre a les emissions de gasos d’efecte hivernacle (GEH), la vida al planeta Terra pot arribar a ser bastant diferent de com la coneixem, en un termini de poques dècades. Segurament, Pablo, des de la seva visió antropocèntrica, estava pensant en l’extinció de l’espècie humana, però bé, també això és poc probable, tot i que potser ens ho mereixem.

El lector interessat, pot observar a la llei, una sèrie de característiques que la fan, objectivament, una de les més avançades d’Europa i del món.

No dic jo que això del fòrum del clima sigui una mala idea, ni de bon tros. Tant de bo en surtin molt bones idees per fer una llei de canvi climàtic i transició energètica a l’altura del que necessita el país de l’impost al sol. El que si m’estranya és no haver sentit a Pablo Iglesias (ni a ningú d’Units Podem) queixar-se quan el govern espanyol va impugnar al Tribunal Constitucional (TC) la llei catalana de canvi climàtic, aprovada pel Parlament Català a finals de juliol de 2017. Això, si he de ser sincer, m’entristeix. Hi va haver moltíssima feina en aquesta llei, i va ser aprovada amb gran consens (124 vots a favor i 11 abstencions, les del PP). El lector interessat, pot observar a la llei, una sèrie de característiques que la fan, objectivament, una de les més avançades d’Europa i del món. Les negociacions entre partits molt separats entre si en l’eix esquerra-dreta (PDCat, ERC i CUP) van ser intenses, però podem estar orgullosos dels resultats obtinguts, tenint en compte el pes de la dreta a l’executiu català. A més, el treball no va ser només de polítics i assessors, sinó que hi va haver gran participació de la societat civil, representada en major part per organitzacions ecologistes. L’objectiu d’aquest breu article no serà un altre que intentar explicar els articles més destacats d’aquesta llei, i perquè crec que ha estat portada al TC, a banda de per ser catalana.

La llei Catalana de Canvi Climàtic (text íntegre al web de la Generalitat de Catalunya) destaca al meu parer pels següents punts: pressupostos de carboni, nous impostos i eco-etiquetatge.

Pressupostos de carboni: quota d’emissions de GEH assignada a una entitat, una organització o un territori durant un determinat període. Són un mecanisme de planificació i seguiment per a la integració dels objectius d’aquesta Llei en les polítiques sectorials. S’estableixen per períodes de cinc anys i s’aproven amb una antelació de deu anys. S’expliquen en l’article 7 del redactat i el seu objectiu és crear límits més durs als actuals dins el sistema europeu d’emissions (EU-ETS), sistema que s’ha demostrat més que ineficaç i basat en les injustes lleis de lliure mercat. Aquest article va ser impugnat al TC perquè, sempre segons el govern espanyol, envaeix les seves competències d’ordenació econòmica, energètica i de protecció del medi ambient. Així d’entrada, em sembla que el que envaeix en realitat són les poques ganes que té el govern del Regne d’Espanya de posar límits durs als grans emissors. Però vaja, no m’agradaria ser malpensat.

Impostos: hi ha tres grans impostos descrits en la llei catalana de canvi climàtic, però un de sol detallat i llest per entrar en vigor, l’impost sobre emissions de diòxid de carboni de vehicles de tracció mecànica. Lluny de ser perfecte (en no ser un impost lligat al quilometratge del vehicle pot ser considerat injust), aquest va ser una aproximació de consens per taxar les emissions contaminants dels vehicles privats. L’impost queda detallat en els articles del 40 al 50 de la llei i també va ser impugnat, exposant els mateixos motius que hem vist per als pressupostos de carboni. Podria semblar així, que el govern de l’Estat no té interès en solucionar els problemes de contaminació de les grans ciutats. La recaptació d’aquest impost anava a ser destinada al fons climàtic, creat en aquesta mateixa llei, per a subvencionar projectes públics i privats que ajudin a complir els ambiciosos objectius plantejats d’adaptació i mitigació del canvi climàtic. Això podria haver estat, per exemple, potenciar el transport públic català, del qual el govern de l’Estat es va desentendre fa temps, com hem pogut constatar a principis d’aquest 2018 amb les queixes de l’ajuntament de Barcelona. Els altres dos impostos (activitats econòmiques i grans vaixells) no han estat impugnats ja que van entrar en disposicions finals de la llei i el propòsit de l’executiu català és crear lleis específiques per a ells. De tota manera, veient la gran ambició d’aquests dos impostos, tocant de ple al port de Barcelona i als grans emissors de GEH industrials, respectivament, no els auguro un futur diferent. L’objectiu és clar, complementar un sistema de mercat (EU-ETS) amb un d’impositiu, com ja es fa al Regne Unit per les emissions de diòxid de carboni. Per altra banda, començar a taxar les emissions NOx de creuers i grans vaixells mercants, un gravíssim problema a la ciutat de Barcelona a causa de models de consum i turisme globalitzats, molt poc donats a respectar el dret a un ambient saludable.

Eco-etiquetatge: avaluació de la petjada de carboni de productes de consum. Ha d’establir les bases per a un sistema d’avaluació de la petjada de carboni de productes. Aquest sistema es desenvoluparà reglamentàriament, perquè els consumidors puguin decidir el seu consum coneixent les emissions que ha generat la producció i el transport d’un determinat bé. Els productes han d’incorporar una avaluació de la petjada de carboni visible en l’etiquetatge i l’embalatge. Els resultats de l’empremta han de ser llegibles i fàcilment visibles i han de jugar un mínim del 10% de la superfície de l’etiquetatge. Molt estranyament, aquest article (Art. 56) no ha estat impugnat. Se’ls hi haurà oblidat.

A part d’aquests, que són els punts que jo considero crucials per fer d’aquesta llei una de les més avançades d’Europa, hi ha molts més que han estat impugnats. Com per exemple el perillosíssim article 2.2.e: establir mecanismes que proveeixin informació objectiva i avaluable sobre tots els aspectes relacionats amb el canvi climàtic, la seva evolució temporal i els seus impactes. Crear coneixement és una cosa que òbviament ha de ser inconstitucional en qualsevol Estat que es preï. M’estranya també que no hagin impugnat la creació de la Taula social del canvi climàtic, ja que també és horrible intentar que el teixit social català participi i opini sobre com s’implementen les lleis.

No lluiteu només contra el canvi climàtic, també lluiteu contra un Estat amb molt poques ganes de canviar un model productiu assassí.

Tot això només pretén ser un avís per a totes aquelles persones que hagin de participar en fer esmenes al projecte de llei de canvi climàtic espanyola i en particular al fòrum del clima. No lluiteu només contra el canvi climàtic, també lluiteu contra un Estat amb molt poques ganes de canviar un model productiu assassí. Una llei de canvi climàtic sense nous impostos que recaptin diners per a potenciar una transició a un model que realment minimitzi la fractura metabòlica amb la natura, serà només un redactat de bones intencions, que és bàsicament en el que pretenen deixar la llei catalana. No em sembla que el govern espanyol actual tingui moltes ganes d’aplicar el principi de qui contamina paga. De tota manera, per la meva banda, tot el meu suport al fòrum del clima, si aconsegueixen una bona llei, sortirem guanyant tots. I finalment, agrair a Contra el Diluvio la seva iniciativa nascuda a Twitter i els meus millors desitjos. Em consta que a ells si els va cabrejar el tema de la llei de canvi climàtic catalana, no com a altres que van de progres, però s’han empassat de ple la gran fal·làcia que el creixement infinit és possible en un planeta finit.

Salvador Lladó (@Salva_Lladó): Dr. en microbiologia ambiental y biotecnologia i membre del grup de treball sobre canvi climàtic de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP).

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Ley catalana de cambio climático: anticonstitucional

Es un placer publicar esta colaboración de Salvador Lladó, doctor en microbiología ambiental y biotecnología y miembro del grupo de trabajo sobre cambio climático de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) [en catalán]

Estas últimas semanas hemos visto distintas “personalidades” de la política española muy preocupadas por el cambio climático, desde el Borbón hasta Pablo Iglesias. No analizaré el discurso del Borbón por poco relevante y porque tampoco esperaba mucho de él, pero me impactó algo que dijo Pablo Iglesias: «hay quien nos dice que somos catastrofistas, pero nos estamos jugando el futuro de la humanidad, porque si el planeta se va al garete, no habrá posibilidad de que la vida siga existiendo». Este es el nivel. La vida va a ser arrasada en plan ataque alienígena de peli americana de serie B. Entonces, y sintiéndolo mucho, yo también le tengo que decir a Pablo que es catastrofista. Pablo, la vida no va a desaparecer, pero lo que está claro es que, si no ponemos freno a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la vida en el planeta Tierra puede llegar a ser bastante diferente de como la conocemos en un plazo de pocas décadas. Seguramente Pablo, desde su visión antropocentrista, estaba pensando en la extinción de la especie humana, pero, bueno, también eso es poco probable, aunque quizás nos lo merezcamos.

El lector interesado puede observar en la ley una serie de características que la hacen, objetivamente, una de las más avanzadas de Europa y del mundo

No digo yo que lo del Foro del Clima sea una mala idea, ni mucho menos, ojalá salgan de allí muy buenas ideas para hacer una ley de cambio climático y transición energética a la altura de lo que necesita el país del impuesto al sol. Lo que si me extraña es no haber oído a Pablo Iglesias (ni a otra gente de Unidos Podemos) quejarse cuando el Gobierno español impugnó en el Tribunal Constitucional (TC) la Ley catalana de cambio climático, aprobada por el Parlamento Catalán a finales de julio de 2017. Eso, si tengo que ser sincero, me entristece particularmente. Hubo muchísimo trabajo en esa ley, y fue aprobada con gran consenso (124 votos a favor y 11 abstenciones, las del PP). El lector interesado puede observar en la ley una serie de características que la hacen, objetivamente, una de las más avanzadas de Europa y del mundo. Las negociaciones entre partidos muy separados entre sí en el eje izquierda-derecha (PDCat, ERC y CUP) fueron intensas, pero podemos estar orgullosos de los resultados obtenidos teniendo en cuenta el peso de la derecha catalana en el Ejecutivo catalán. Además el trabajo no fue solo de políticos y asesores, sino que hubo gran participación de la sociedad civil, representada en mayor parte por organizaciones ecologistas. El objetivo de este breve artículo no va a ser otro que intentar explicar los artículos más destacados de esa ley, y porque creo que ha sido llevada al TC, aparte de por ser catalana, tema en el que no quiero entrar en el presente artículo.

La Ley catalana de cambio climático (texto íntegro en la web de la Generalitat de Catalunya) destaca a mi parecer por los siguientes puntos: presupuestos de carbono, nuevos impuestos y eco-etiquetaje.

Presupuestos de carbono: cuota de emisiones de GEI asignada a una entidad, una organización o un territorio durante un determinado periodo. Son un mecanismo de planificación y seguimiento para la integración de los objetivos de esta ley en las políticas sectoriales. Se establecen por períodos de cinco años y se aprueban con una antelación de diez años. Se explican en el artículo 7 del redactado y su objetivo es crear límites más duros a los actuales dentro del Sistema Europeo de Emisiones (EU-ETS), sistema que se ha demostrado más que ineficaz y basado en las injustas leyes de mercado. Este artículo fue impugnado al TC porque, siempre según el Gobierno español, invade sus competencias de ordenación económica, energética y de protección del medio ambiente. Así a bote pronto, me parece que lo que invade en realidad son las pocas ganas que tiene el Gobierno del Reino de España de poner límites duros a los grandes emisores y, por lo tanto, contaminadores. Pero vaya, no me gustaría ser malpensado.

Impuestos: hay tres grandes impuestos descritos en la Ley catalana de cambio climático, pero uno solo detallado y listo para entrar en vigor, el impuesto sobre emisiones de dióxido de carbono de vehículos de tracción mecánica. Lejos de ser perfecto (al no ser un impuesto ligado al kilometraje del vehículo puede ser considerado injusto), este fue una aproximación de consenso para tasar las emisiones contaminantes de los vehículos privados. El impuesto queda detallado en los artículos del 40 al 50 de la ley y también fue impugnado, exponiendo los mismos motivos que hemos visto para los presupuestos de carbono. Podría parecer así, que el Gobierno del Estado no tiene interés en solucionar los problemas de contaminación de las grandes ciudades. La recaudación de este impuesto iba a ser destinada al Fondo Climático, creado en esta misma ley, para subvencionar proyectos públicos y privados que ayuden a cumplir los ambiciosos objetivos planteados de adaptación y mitigación del cambio climático. Esto podría haber sido, por ejemplo, potenciar el transporte público catalán, del cual el Gobierno del Estado se desentendió hace tiempo, como hemos podido constatar con las quejas del Ayuntamiento de Barcelona. Los otros dos impuestos (actividades económicas y grandes barcos) no han sido impugnados ya que entraron en disposiciones finales de la ley y el propósito del Ejecutivo catalán es crear leyes específicas para ellos. De todas formas, viendo la gran ambición de estos dos impuestos, tocando de lleno al Puerto de Barcelona y a los grandes emisores de GEI industriales respectivamente, no les auguro un futuro diferente al de su hermano menor. El objetivo es claro, complementar un sistema de mercado (EU-ETS) con uno impositivo como ya se hace en Reino Unido para las emisiones de dióxido de carbono y empezar a tasar las emisiones NOx de cruceros y grandes barcos mercantes, un gravísimo problema particularmente en la ciudad de Barcelona debido a modelos de consumo y turismo globalizados, muy poco dados a respetar el derecho a un ambiente saludable.

Eco-etiquetaje: evaluación de la huella de carbono de productos de consumo. Establecerá las bases para un sistema de evaluación de la huella de carbono de productos. Este sistema se desarrollará reglamentariamente para que los consumidores puedan decidir su consumo conociendo las emisiones que ha generado la producción y el transporte de un determinado bien. Los productos deben incorporar una evaluación de la huella de carbono visible en el etiquetado y el embalaje. Los resultados de la huella deben ser legibles y fácilmente visibles y deben desempeñar un mínimo del 10% de la superficie del etiquetado. Muy extrañamente, este artículo (Art. 56) no ha sido impugnado. Se les habrá olvidado.

Aparte de estos, que son los puntos que yo considero cruciales para hacer de esta ley una de las más avanzadas de Europa, hay muchos más que han sido impugnados. Como por ejemplo el peligrosísimo artículo 2.2.e: establecer mecanismos que provean información objetiva y evaluable sobre todos los aspectos relacionados con el cambio climático, su evolución temporal y sus impactos. Crear conocimiento es algo que obviamente debe ser inconstitucional en cualquier Estado que se precie. Me extraña también que no hayan impugnado la creación de la Mesa Social del Cambio Climático, ya que también es horrible intentar que el tejido social catalán participe y opine sobre cómo se implementan las leyes.

No lucháis solo contra el cambio climático, también lucháis contra un Estado con muy pocas ganas de cambiar un modelo productivo asesino y caníbal

Todo esto, de forma muy resumida, solo pretende ser un aviso a navegantes. Es decir, un pequeño aviso para todas esas personas que vayan a participar en hacer enmiendas al proyecto de ley de cambio climático española y en particular al Foro del Clima. No lucháis solo contra el cambio climático, también lucháis contra un Estado con muy pocas ganas de cambiar un modelo productivo asesino y caníbal. Una ley de cambio climático sin nuevos impuestos que recauden dinero para potenciar una transición a un modelo que realmente minimice la fractura metabólica con la naturaleza, será solo un redactado de buenas intenciones, que es básicamente en lo que pretenden dejar la Ley catalana. No me parece que el Gobierno español actual tenga muchas ganas de aplicar el principio de quien contamina paga. De todas formas, por mi parte, todo mi apoyo al foro del clima, si consiguen una buena ley saldremos ganando todos. Y, finalmente, agradecer a Contra el Diluvio su iniciativa nacida en Twitter y mis mejores deseos para el futuro, me consta que a ellos si les cabreó el tema de la Ley de cambio climático catalana, no como a otros que van de progres, pero se han tragado de lleno la gran falacia de que el crecimiento infinito es posible en un planeta finito.

 

 

 

 

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