Por M.ª Ángeles Fernández y Jairo Marcos.

[Este artículo es parte de los contenidos del libro La conquista del espacio, que podéis descargar aquí o leer por partes aquí].

Susinos del Páramo apenas llega al centenar de habitantes, entre ellos, dos agricultores profesionales. Muy lejos, a un siglo de distancia, quedan los tiempos en los que la vida de más de quinientos vecinos giraba en torno a actividad agraria. Hoy la historia es bien diferente: ambos campesinos sobreviven bajo la inminente amenaza de ser sustituidos por un par de gigantes eólicos y, si prospera un proyecto solar estrechamente vinculado a los molinos, las hectáreas dedicadas en la zona a los paneles triplicarían a la población censada. Con este cambio de escenario, el pequeño ayuntamiento sueña con duplicar su presupuesto y entonces dedicar el excedente a mejorar los servicios que ofrece, para finalmente vincular población a través de segundas viviendas.

Así están las cuentas y los cuentos en este municipio burgalés, situado a treinta kilómetros dirección noroeste de la capital de provincia. Nada nuevo para las gentes de la España despoblada, hasta tal punto que son cientos las localidades rurales «sinónimas» de Susinos. Apenas hay que estirar un poco el diccionario para abrazar el símil: pueblos que comparten el mismo o muy parecido destino. Y aquí caben tantos topónimos que es mejor ahorrarse ese párrafo.

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Aquí antes nevaba todos los años

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Aquí antes nevaba todos los años es la newsletter casi quincenal de Contra el diluvio. Su objetivo es prepararnos para la vida después de ganar: ya no podremos ir a esquiar todos los inviernos (¿alguien hace eso de verdad?), pero tendremos más tiempo para hablar de lo hortera que eran los que presumían de moreno esquiador. Quizá hayamos perdido alguna playa, pero las que queden las disfrutaremos más y mejor.

En este huequito intercambiaremos recetas, nos contaremos historias, nos mantendremos informados de qué pasa en el mundo climático. Esperamos que nos sirva como mesa camilla en invierno y porche fresquito en lo peor del verano. Y que nos hagamos compañía.

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