la ciencia

Granjas industriales y huracanes: el caso de Florence

El huracán Florence ha tocado tierra en Carolina del Norte. Aunque posible, es arriesgado asegurar que un fenómeno meteorológico pueda haberse exacerbado debido al cambio climático, pero sí podemos hacernos una idea de cómo puede haberle afectado. En este caso, según las simulaciones realizadas, las temperaturas más cálidas que conlleva el cambio climático han provocado que Florence sea más grande y deje más lluvias, siendo más fuerte de lo que habría sido de no estar en el escenario en el que nos encontramos.

Una de las mayores industrias de Carolina del Norte es la ganadería industrial, principalmente de cerdo y en menor medida de pollos. Esta actividad es, a nivel global, una de las que más contribuyen a la emisión de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. En concreto se le atribuyen, aproximadamente, un 15% de las emisiones. Por eso una de las medidas individuales para luchar contra el cambio climático que se pueden tomar es comer menos carne.

No es la emisión de gases de efecto invernadero el único impacto de esta industria en el medio ambiente. Tiene también un importante papel en la contaminación de aguas subterráneas, debido a los desechos de los animales, o incluso en la lluvia ácida, debido a las emisiones de amoniaco de sus instalaciones.

La gran cantidad de granjas porcinas industriales y de cerdos, más de nueve millones,  en Carolina del Norte, hace que la gestión de sus desechos sea un desafío difícil de afrontar. Estos desechos son una mezcla de materia fecal, orina, sangre y antibióticos (presentes debido a las prácticas veterinarias de este tipo de granjas) en la que habita toda clase de bacterias, muchas de ellas resistentes a los antibióticos. La estrategia de las granjas para lidiar con los residuos tiene dos partes. Por un lado, la mezcla se rocía en aerosol por los campos cercanos esgrimiendo como motivo su potencial como fertilizante; y por otro, se acumula en grandes balsas al aire libre en el recinto de las granjas.

El rociado en aerosol se realiza en los campos cercanos a la granja. En Carolina del Norte las granjas están principalmente situadas en zonas con mayoría de personas negras y pobres, siendo este grupo social el más perjudicado por ello. Los olores provocados por esta práctica que soportan estas personas hacen casi imposible la vida en el exterior, además de conllevar problemas de salud que van desde pérdida de memoria y aumento de asma a mayores índices de mortalidad infantil. 

Acumular los desechos en balsas al aire libre no supone en absoluto una solución frente a los inconvenientes del rociado en aerosol, al que además se recurre cuando la balsa se llena. Los olores, aunque más localizados, siguen siendo insoportables. La fermentación de los desechos produce además la emisión de diversos gases, como amoniaco (con un gran papel en la lluvia ácida) y metano (treinta veces con mayor potencia como gas de efecto invernadero que el dióxido de carbono). Existe además el riesgo de rotura de estas balsas y desborde en el caso de lluvias fuertes, lo que provocaría un desastre ecológico.

Pues este desastre ya se ha producido. Pese a las llamadas a la calma de la industria, y como cabía esperar, las granjas se han inundado y las balsas se han desbordado. Tres millones cuatrocientos mil pollos y cinco mil quinientos cerdos han muerto ya ahogados. Ciento diez balsas de desechos han vertido su contenido al medio ambiente o tienen un riesgo inminente de hacerlo.Esta catástrofe ecológica lamentablemente ya tiene precedentes, aunque no de tanta magnitud. En 1999 la misma zona fue azotada por el huracán Floyd, provocando la muerte de docenas de personas y de más de dos millones de pavos, cerdos y otros animales que murieron ahogados dejando a su paso imágenes desoladoras de cadáveres flotando en las aguas. Además, se produjo el desborde de varias balsas, contaminando su contenido las fuentes de agua potable de la zona y provocando la muerte de miles de peces al llegar a los ríos donde habitaban. El desastre se volvió a producir, aunque a menor escala, en 2016 con el huracán Matthew.

La ganadería industrial y sus problemas no se limitan a Carolina del Norte. En España también se sufren los impactos sociales y ambientales que provoca, sobre todo, la ganadería porcina. Cada vez son menos granjas, pero más grandes y los impactos sociales y medioambientales son enormes. En el caso medioambiental es necesario destacar que se está produciendo la contaminación del agua, cuya disponibilidad, además, se va a ver reducida como consecuencia del cambio climático.

Este doble papel de la ganaderías industriales como causante de cambio climático y multiplicador de los daños de las catástrofes producidas por éste, sin olvidar el sufrimiento animal que provocan, hace que sea necesario actuar contra ellas. En un escenario de cambio climático como en el que nos encontramos los huracanes, que convierten estas instalaciones en una grandísima amenaza para los ecosistemas, se van a producir con mayor frecuencia y van a ser más fuertes. No podemos seguir permitiendo que el beneficio de las grandes empresas prevalezca sobre el derecho a la vida, y a la vida buena, de tantos habitantes del planeta. Como ya hemos dicho tantas veces: tenemos tarea.

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Huracanes y cambio climático: afianzando la relación

 

El tifón Mangkhut y el huracán Florence me han recordado una anécdota deuna amiga que trabaja en la tele, una nacional. El año pasado fueron a entrevistar a un científico por los huracanes de categoría 4-5 –Harvey, Irma y María– que tuvieron lugar en el Atlántico y el Caribe por entonces.

El redactor iba decidido a enfocar el tema desde la perspectiva del cambio climático, relacionando dichos huracanes con el calentamiento global pero, para su sorpresa, el científico dijo que no se puede demostrar una relación entre el número de huracanes y el calentamiento global, que aún no está demostrado y que si dijese lo contrario, “faltando a la objetividad”, estaría dando argumentos y armas a los negacionistas del cambio climático. Total, que debido a la negativa del experto (que, dejémoslo claro, sí que lo es), el reportaje acaba enfocado de otra manera, diciendo que “no es excepcional el número de huracanes” que hubo el septiembre pasado y que “los expertos descartan que la causa sea atribuible al cambio climático hasta que no haya pruebas concluyentes, pero sí apuntan a un incremento de su virulencia medida sobre todo en un aumento de la precipitación” [¿Lo habéis oído? Son mis cabezazos contra la pared] La cosa es ¿esto es falso? Pues técnicamente no. O sea, es cierto que no está clara la relación entre el número de huracanes y el cambio climático, pero probablemente esta sea una manera errónea de enfocar el asunto.

Uno de los mantras más repetidos es que no podemos asociar eventos extremos concretos al cambio climático. Es decir, en términos técnicos, no se debe afirmar que esta sequía o aquel huracán se deben o han sido causados por el cambio climático. Lo que debemos estudiar, y afirmar, es  si existe una mayor tendencia a que ocurran determinados fenómenos extremos a medida que aumenta la temperatura global. En el caso concreto de los huracanes no tenemos evidencias concluyentes de que el cambio climático esté aumentando el número de huracanes por temporada. Esto es verdad. Sin embargo, el problema del cambio climático necesita que comuniquemos mejor la  la relación entre huracanes y cambio climático. Porque esa relación sí que existe.

Pero antes, ¿qué es un huracán?

Un huracán (o ciclón tropical) es un sistema de circulación cerrado que tiene un núcleo cálido de baja presión. Se produce sobre océanos y mares cálidos (Atlántico y Pacífico tropical, Caribe), ya que necesita altas temperaturas y humedad para formarse y mantenerse. Sus efectos son bien conocidos: fortísimos vientos (con ráfagas de más de 300 km/h) y abundantes precipitaciones, lo que hace que la destrucción que provocan al tocar tierra sea enorme tanto a corto como a medio plazo.

Pues bien, volviendo a su relación con el cambio climático, se ha señalado, por ejemplo, que lo que sí está aumentando es la frecuencia de huracanes de categorías 4 y 5. Es decir, puede que no haya más huracanes debido al cambio climático, pero los que hay son más potentes. Cuando se hizo la entrevista de la que hablaba al principio se señaló esto varias veces, por ejemplo…

Pero, además, es que conocemos mecanismos físicos por los que el cambio climático puede hacer que los huracanes sean más potentes y, por tanto, más destructivos. Es decir, a parte de cierta evidencia estadística, tenemos varias intuiciones causales. Ahí van:

  1. La intensidad de los huracanes, que es lo que mide lo que llamamos categoría, depende de la temperatura superficial del agua. Sabemos que los océanos se están calentando debido al cambio climático, por lo que éste aumentaría su potencial destructivo.
  2. Por otro lado, sabemos que una mayor temperatura aumenta la capacidad de contener humedad (un 3% más cada 0.5º C, más o menos). Una mayor humedad ambiental facilita que los huracanes se intensifiquen más rápidamente, y además hace que sean mayores las lluvias asociadas y, por tanto, también las inundaciones.
  3. Por último, sabemos que el nivel del mar ha aumentado en los últimos años debido al calentamiento global (unos 15cm en las últimas décadas), lo que hace que las inundaciones costeras (marejadas ciclónicas, por ser más estrictos) sean mayores y afecten a más territorios, tal y como se vio con la tormenta Sandy en 2012.
  4. Finalmente, y aquí la evidencia científica es más débil, se cree que el cambio climático está aumentando la amplitud de las ondas planetarias, lo que podría contribuir a un fenómeno muy llamativo de Harvey, Irma y Florence: el llamado “stalling” (que consiste, esencialmente, en que lo que eventos meteorológicos extremos que solían ser intensos pero rápidos ahora se prolonguen durante más días, aumentando los daños asociados).

No es fácil comunicar ciencia de una manera rigurosa, es verdad. Es un problema de siempre.  El caso del cambio climático, con todas sus implicaciones sociales, económicas y políticas, la complicación seguramente sea aún mayor.  La evidencia científica de que la Tierra se está calentando y que este calentamiento se deba casi exclusivamente al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles y la deforestación es indiscutible. Pero es cierto que hay otros aspectos científicos más concretos del mismo, como si está aumentando el número de huracanes o si están aumentando los eventos extremos por cambios en la corriente de chorro) que siguen sujetos a investigación y debate académico.

Ahora bien, dada la importancia del cambio climático y la urgencia con la que tenemos que afrontarlo haríamos bien en aprovechar los momentos en los que el foco mediático se centre en huracanes, sequías y otros desastres climáticos para tratar de empujar el calentamiento global al centro de la agenda política y social. Y al intentarlo, haríamos bien en afirmar con contundencia lo que sabemos con claridad en vez de resaltar las incertidumbres que aún están sometidas a debate científico.

 

Bibliografía:

https://blogs.scientificamerican.com/observations/what-we-know-about-the-climate-change-hurricane-connection/

https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/aug/28/climate-change-hurricane-harvey-more-deadly

https://www.democracynow.org/2017/8/30/ex_nasa_scientist_james_hansen_there

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/07/the-science-behind-the-u-s-s-strange-hurricane-drought-and-its-sudden-end/?utm_term=.10783e33edb0

https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2017/09/07/irma-and-harvey-should-kill-any-doubt-that-climate-change-is-real/?tid=ss_tw&utm_term=.f1376eb3f25e

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/11/four-underappreciated-ways-that-climate-change-could-make-hurricanes-worse/?utm_term=.38407d520047

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Aquí antes nevaba todos los años XIII

¡Septiembre! Quizá el único mes en el que podemos dedicarnos quince días seguidos a algo que no sea fantasear con el próximo periodo vacacional. No os preocupéis, que si todo sale bien, el plan es que en breve tengamos más vacaciones que trabajo (en el artículo hablan de fin de semana de tres días; nuestro objetivo es semana laboral de dos días, pero poco a poco).

Para que podamos llegar a un mundo en el que trabajemos lo justo y estemos en cierto equilibrio con el planeta (al menos que ni nosotros intentemos matarlo ni él lo consiga), hay que ir dando pasitos. Os ofrecemos el primero: manifestación #enpieporelclima el sábado 8 de septiembre. Va el manifiesto:

El 8 de septiembre hay planeadas miles de acciones en ciudades y pueblos de todo el mundo para exigir que las autoridades locales se comprometan a construir un mundo libre de combustibles fósiles. Un mundo que anteponga la gente y la justicia a los beneficios de unos pocos. Es hora de una transición ecológica rápida y justa a un escenario 100% renovable para todas, sin más bloqueos ni más retrasos.

Un verdadero movimiento por el clima se construye desde abajo. Esto quiere decir que el poder debe estar en manos de la gente, no de las grandes empresas, que los trabajadores deben tener oportunidades económicas, y que se deben buscar soluciones justas y dignas para las comunidades más afectadas por los impactos de la industria de los combustibles fósiles y del calentamiento que están y seguirán provocando en todo el mundo.

Este mes de septiembre, representantes de diferentes ciudades y regiones, de empresas y de la sociedad civil de todo el mundo se reunirán en California para la Cumbre de Acción Climática Mundial con el objetivo de lograr un compromiso climático audaz que nos ayude a alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el Clima. Sabemos lo que tiene que conseguir esta alianza: una transición rápida, justa e igualitaria a un escenario con energía 100% renovable así como el fin inmediato de las nuevas inversiones en proyectos fósiles (exploraciones, gasoductos, etc).

Debemos salir a la calle para exigir que los acuerdos alcanzados reflejen la urgencia de la situación en la que estamos y para mostrar el poder de la gente frente al de las grandes multinacionales del lobby fósil. Estamos en una encrucijada. Si actuamos juntas podemos poner fin a la era de los combustibles fósiles y salvar el clima del que todas dependemos.

Este 8 de septiembre, ponte en pie por el clima.

Ahí lo tenemos: nos manifestamos por la descarbonización de la economía, como primer e imprescindible paso para llegar a una sociedad más justa. Porque abandonar los combustibles fósiles no es un asunto técnico: es político. Es atacar una de las principales industrias, y la que alimenta la mayoría del sistema productivo. Y es uno de los primeros puntos de lo propuesto en nuestra búsqueda del Espíritu de 2025:
Para los primeros momentos de esta revolución contra el cambio climático sí que podemos inspirarnos en la historia de la socialdemocracia. Las primeras victorias que necesitamos son victorias que ya se consiguieron una vez. Tres ejes para empezar: energía, transporte, agua. Son algunos de los llamados monopolios naturales, en los que incluso los liberales clásicos reconocían que la competencia no traía beneficios tangibles. Lo hemos comprobado en nuestras propias carnes, y ninguno de los tres pueden permanecer en manos privadas más tiempo: expropiación y nacionalización inmediatas. Una primera gran diferencia: no pueden ser gestionados como empresas privadas que ofrezcan únicamente precios razonables y buenas condiciones laborales. Hay que avanzar en su socialización real para que su expropiación sea, esta vez sí, irreversible. Otra gran diferencia: el objetivo no puede ser la «rentabilidad», la eficiencia en sentido capitalista. Todos sus recursos y las posibilidades de planificación política que traerá la nacionalización deben ponerse al servicio de la lucha contra el cambio climático.
Queremos que el acto del 8 de septiembre sea lo más populoso posible, y que tenga repercusiones fuera de Madrid (que es donde hemos podido organizar algo nosotros). Así que, si podéis venir, venid. Si no, en este hilo estábamos intentando ayudar a la gente a organizarse y ponerse en contacto con las organizadoras de las actividades en cada ciudad o pueblo.

Nos vemos el 8 de septiembre.

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