colaboraciones, traducciones

La geología te cronoalfabetiza [artículo invitado]

Una científica nos cuenta cómo su disciplina inculca la cronosciencia.

Por Marcia Bjornerud

Original publicado en Nautilus el 13 de septiembre de 2018. Traducido por Íñigo Vitón.

Como geóloga y profesora hablo y escribo sobre eras y eones con bastante facilidad. Uno de los cursos que imparto habitualmente es “Historia de la Vida y la Tierra”, un resumen de los 4.500 millones de años de historia del planeta –en un trimestre de 10 semanas. Pero como humana, y más específicamente como hija, madre y viuda, me esfuerzo como una más en mirar al Tiempo honestamente a la cara. Es decir, admito ser un poco hipócrita con el tiempo (cronohipócrita).

La aversión hacia el tiempo nubla el pensamiento personal y colectivo. La ahora cómica crisis “Y2K” (Año 2000) que amenazó con paralizar la economía y los sistemas informáticos de todo el mundo en el cambio de milenio fue causado por los programadores de los 60 y ’0 que al parecer nunca pensaron que el año 2000 fuera a llegar. A lo largo de la pasada década, los tratamientos de Botox y cirugía plástica han sido vistos como maneras saludables de levantar la autoestima en vez de como lo que realmente son: evidencias de que tememos y odiamos nuestro tiempo de vida. Nuestra aversión natural a la muerte es amplificada en una cultura que posiciona al Tiempo como un enemigo y hace todo lo posible para negar su paso. Como Woody Allen dijo: “los estadounidenses creen que la muerte es opcional”.

Este tipo de negación del tiempo, enraizada en la combinación tan humana de vanidad y temor existencial, es quizá la forma más frecuente y remisible de lo que podemos llamar cronofobia. Pero hay otras variedades más tóxicas que van de la mano de las más benignas para crear un analfabetismo temporal omnipresente, obstinado y peligroso en nuestra sociedad. En el siglo XXI nos sorprendería que un adulto instruido fuera incapaz de identificar los continentes en un mapa, aunque estamos cómodos con la inconsciencia generalizada sobre todo lo que no sea lo más superficial de la larga Historia del Planeta (Uhm ¿estrecho de Bering… dinosaurios… Pangea?). La mayoría de personas, incluidas aquellas que viven en países enriquecidos y técnicamente avanzados, no tienen el sentido de la proporción temporal –las duraciones de los grandes capítulos en la Historia de la Tierra, las tasas de cambio durante intervalos previos de inestabilidad ambiental, las escalas temporales intrínsecas del “capital natural” como los sistemas de agua subterránea. Como especie, tenemos un desinterés ingenuo y una reticencia parcial al tiempo antes de nuestra aparición en la Tierra. Sin gusto por historias en las que no haya protagonistas humanos, mucha gente simplemente no se toma ninguna molestia en la Historia Natural. Somos, por tanto, intransigentes y cronoignorantes analfabetos del tiempo. Como conductores inexpertos pero sobreconfiados, aceleramos hacia paisajes y ecosistemas sin conocimiento de sus patrones de tráfico paulatina y largamente establecidos, y entonces reaccionamos con sorpresa e indignación cuando nos enfrentamos a catástrofes por haber ignorado las leyes naturales. Esta ignorancia de la historia planetaria socava cualquier reivindicación que hagamos de la modernidad. Estamos navegando temerariamente hacia nuestro futuro usando concepciones del tiempo tan primitivas como un mapa del siglo XIV, cuando los dragones acechaban en los bordes de una tierra plana. Los dragones de la negación del tiempo aún persisten en una sorprendente variedad de hábitats.

Entre los varios enemigos del tiempo, el creacionismo de la Tierra Joven exhala la mayoría del fuego, pero al menos es predecible en su oposición. En los años de enseñanza de geología en la universidad, he tenido estudiantes de entornos cristianos evangélicos que han luchado seriamente para reconciliar su fe con el conocimiento científico de la Tierra. Sinceramente empatizo con su angustia e intento señalar caminos para la resolución de este conflicto interno. Primero, enfatizo que mi trabajo no es desafiar sus creencias personales, sino enseñar la lógica de la geología (geo-¿lógica?), los métodos y herramientas de la disciplina que nos permiten no solo comprender cómo funciona la Tierra en el presente, sino también documentar en detalle su elaborada e impresionante historia. Algunos estudiantes parecen satisfechos manteniendo aisladas la ciencia de las creencias religiosas a través de esta separación metodológica. Pero a menudo, como aprenden a leer rocas y paisajes por sí mismos, las dos visiones del mundo parecen cada vez más incompatibles. En estos casos, uso una variación del argumento de Descartes en sus Meditaciones sobre si su experiencia del Ser es real o una elaborada ilusión creada por un dios o un demonio malevolente.[i]

En un curso de introducción a la geología, rápidamente uno empieza a entender que las rocas no son nombres (sustantivos) sino verbos, evidencias visibles de los procesos: una erupción volcánica, el crecimiento de un arrecife de coral, la elevación de una cadena montañosa. En cualquier sitio que uno mire, las rocas dan testimonio de eventos que se han desarrollado en largos periodos de tiempo. Poco a poco, a lo largo de más de dos siglos, las historias locales contadas por las rocas en cada rincón del mundo han sido hiladas en un gran tapiz global: la escala de tiempo geológico. Este “mapa” del Tiempo Profundo representa uno de los grandes logros intelectuales de la humanidad, arduamente construido por estratígrafos, paleontólogos, geoquímicos y geocronologistas de diversas culturas y credos. Es todavía un trabajo en progreso en el que constantemente se están añadiendo detalles y cada vez se están realizando calibraciones más precisas. Hasta ahora, nadie en más de 200 años ha encontrado una roca o fósil anacrónico –como el biólogo J.B.S. Haldane supuestamente dijo, “un conejo precámbrico”[ii]– que represente una inconsistencia interna fatídica en la lógica de la escala de tiempo.

Si uno reconoce la credibilidad del trabajo metódico por incontables geólogos alrededor del mundo (muchos al servicio de compañías petrolíferas), y uno cree en un dios como creador, la elección es entonces aceptar la idea de (1) una Tierra vieja y compleja con cuentos épicos para contar, puesta en marcha por un creador benevolente hace muchos eones, o bien (2) una Tierra joven fabricada hace solo unos pocos miles de años por un creador retorcido y deshonesto que sembró evidencias de especies de un planeta viejo en cada rincón y grieta, desde los yacimientos fósiles hasta los cristales de zircón, anticipándose a nuestras exploraciones y análisis de laboratorio. ¿Qué es más herético? Un corolario de este argumento, a desplegar con tacto y cuidado, es que comparado con la profunda, rica y gran historia geológica de la Tierra, la versión del Génesis es una simplificación ofensiva, una reducción tan extrema que llega a ser irrespetuosa con la Creación.

Por más exasperantes que lleguen a ser los profesionales de la Tierra Joven y creacionistas, al menos son completamente francos sobre su cronofobia. Más penetrantes y corrosivas son las formas casi invisibles de negar el tiempo que están incrustadas en lo más profundo de nuestra sociedad. Por ejemplo, en la lógica de la economía, en la que la productividad laboral siempre debe aumentar para justificar salarios más altos, profesiones que se centran en tareas que simplemente requieren tiempo –educación, enfermería, o artes escénicas– constituyen un problema porque no pueden hacerse significativamente más eficientes. Tocar un cuarteto de cuerda de Haydn lleva tanto tiempo en el siglo XXI como en el XVIII; ¡no ha habido progreso! Esto a veces se llama “enfermedad de Baumol”, por el economista que describió por primera vez este dilema.[iii] Que sea considerado una patología muestra mucho acerca de nuestra actitud hacia el tiempo y el poco valor que en Occidente le damos al proceso, desarrollo y maduración.

Los años fiscales y las legislaturas imponen una visión miope del futuro. Los pensadores cortoplacistas son recompensados con bonus y reelecciones, mientras que aquellos que se atreven a tomarse en serio nuestra responsabilidad para con las futuras generaciones normalmente se encuentran en minoría, silenciados y sin cargos. Pocas instituciones públicas modernas son capaces de hacer planes más allá de los ciclos bienales de presupuestos (o de los cuatro años electorales). Incluso dos años de planificación parecen hoy en día más allá de la capacidad del Congreso y las legislaciones estatales, donde las medidas de gasto temporales y de última hora se han convertido en la norma. Las instituciones que aspiran a una visión a largo plazo –Parques Naturales y Nacionales, bibliotecas públicas y universidades– son cada vez más vistas como cargas para el contribuyente (u oportunidades sin aprovechar para patrocinios corporativos).

Conservar recursos naturales –suelo, bosques, agua– para el futuro de la nación fue una vez considerado una causa patriótica, evidencia del amor por el país. Pero hoy en día, el consumismo y la modernización se han mezclado de manera extraña con la idea de la buena ciudadanía (un concepto que ahora incluye a las corporaciones). De hecho, la palabra consumidor se ha convertido más o menos en sinónimo de ciudadano, y esto no parece molestar a nadie. “Ciudadano” implica compromiso, contribución, dar y recibir. “Consumidor” sugiere solo dar, como si nuestro único papel es devorar todo a la vista, como langostas descendiendo sobre un campo de cultivo. Nos podemos burlar del pensamiento apocalíptico, pero la idea aún más omnipresente –de hecho, el credo económico– de que los niveles de consumo pueden y deben aumentar continuamente es igual de ilusa. Y mientras la necesidad de una visión a largo plazo se hace más urgente, nuestra capacidad de atención se reduce al escribir y twittear en un Ahora hermético y narcisista.

La Academia debe, también, asumir alguna responsabilidad por amparar una proclama disimulada de negación del tiempo, al privilegiar ciertos tipos de investigación. La física y la química ocupan los primeros niveles en la jerarquía de la actividad intelectual debido a su exactitud cuantitativa. Pero esta precisión en caracterizar cómo funciona la Naturaleza solo es posible bajo condiciones muy controladas, totalmente antinaturales, disociadas de una historia o momento particular. Su denominación como ciencias “puras” es reveladora; son puras en tanto que son esencialmente atemporales – in corromper por el tiempo, interesadas únicamente en las verdades universales y las leyes eternas[iv]. Como las “formas” de Platón, estas leyes inmortales son a menudo consideradas más reales que cualquier manifestación específica de ellas (por ejemplo, la Tierra). Por el contrario, las disciplinas de la biología y la geología ocupan rangos bajos en la pirámide académica porque son muy “impuras”, carentes de los embriagadores matices de la certeza porque están impregnados de la cabeza a los pies de tiempo. Las leyes de la física y la química obviamente se aplican a las formas vivas y a las rocas, y es posible también abstraer algunos principios generales sobre cómo funcionan los sistemas bio y geológicos, pero el corazón de estas disciplinas reside en la abundancia idiosincrásica de organismos, minerales y paisajes que han emergido a lo largo de la larga historia de este particular rincón del cosmos.

La biología como disciplina ha ascendido por su rama molecular, con su enfoque de laboratorio de bata blanca y sus venerables contribuciones a la medicina. Pero la humilde geología nunca ha conseguido el brillante prestigio de otras ciencias. No tiene Premio Nobel, ni cursos avanzados en el instituto, y un prototipo de persona anticuada y aburrida. Esto por supuesto que molesta a los geólogos, pero también tiene serias consecuencias para la sociedad en un momento en que los políticos, CEOs y ciudadanos ordinarios necesitan urgentemente conocimientos sobre la historia del planeta, anatomía y fisiología.

En primer lugar, la percepción del valor de una ciencia influye profundamente en los fondos que recibe. Por frustración con las limitadas inversiones en investigaciones de geología básica, algunos geoquímicos y paleontólogos que estudian los orígenes de la Tierra y los rastros más antiguos de vida en el registro geológico se han reinventado astutamente como “astrobiólogos” para aprovecharse de los proyectos de la NASA que apoyan investigaciones acerca de la posibilidad de vida en algún otro lugar del Sistema Solar o más allá. Aunque admiro esta maniobra inteligente, es descorazonador que los geólogos tengamos que colarnos en el eximio programa espacial para conseguir interesar al público y a los legisladores por su propio planeta.

En segundo lugar, la ignorancia y la desconsideración de la geología por parte de otros científicos tiene serias consecuencias medioambientales. Los grandes avances en física, química e ingeniería conseguidos en los años de la Guerra Fría – desarrollo de tecnologías nucleares; síntesis de nuevos plásticos, pesticidas, fertilizantes y refrigerantes; mecanización de la agricultura; expansión de las autopistas – han dado lugar a una era de prosperidad sin precedentes, pero también dejan un negro legado de contaminación de aguas subterráneas, destrucción del ozono, pérdida de suelos y de biodiversidad, y un cambio climático, a pagar por las generaciones venideras. Hasta cierto punto, los científicos e ingenieros responsables de estos logros no pueden ser culpados; si uno es entrenado para pensar en los sistemas naturales de manera muy simplificada, excluyendo los casos particulares para aplicar las leyes idealizadas, y uno no tiene experiencia en cómo las perturbaciones a estos sistemas pueden repercutir a lo largo del tiempo, entonces las consecuencias indeseadas de estas intervenciones se presentarán como sorpresas. Y para ser justos, hasta los 70, las propias geociencias no tenían las herramientas analíticas necesarias para conceptualizar el comportamiento de sistemas naturales complejos en escalas de tiempo de décadas o siglos.

A estas alturas, sin embargo, ya deberíamos haber aprendido que tratar el planeta como si fuera un objeto simple, predecible y pasivo en un experimento controlado de laboratorio es científicamente inexcusable. No obstante, la misma vieja arrogancia de la crono-ceguera le está permitiendo a la seductora idea de la ingeniería climática, algunas veces llamada geoingeniería, ganar peso en ciertos círculos académicos y políticos. El método mayoritariamente más debatido para enfriar el planeta sin tener que hacer el duro trabajo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es la inyección de aerosoles de sulfato, partículas reflectantes, en la estratosfera –la capa más alta de la atmósfera– para imitar el efecto de las grandes erupciones volcánicas, que en el pasado han conseguido enfriar temporalmente el planeta. Por ejemplo, la erupción en Filipinas del Monte Pinatubo en 1991, causó una pausa de dos años en el aumento continuo de la temperatura global. Los principales defensores de este tipo de jugueteos planetarios son físicos y economistas, quienes argumentan que sería barato, efectivo y tecnológicamente fiable, y lo promueven bajo el benigno, casi burocrático nombre de “Gestión de la Radiación Solar”.

Pero la mayoría de los geocientíficos, muy conscientes de que incluso los pequeños cambios en los complejos sistemas naturales pueden tener consecuencias graves e imprevistas, son profundamente escépticos. Los volúmenes de sulfato requeridos para revertir el calentamiento global serían el equivalente a una erupción del tamaño de la del Pinatubo cada pocos años –durante al menos un siglo– ya que detener las inyecciones sin una reducción significativa de los gases de efecto invernadero desembocaría en un aumento brusco de la temperatura global que podría estar más allá de la capacidad de adaptación de gran parte de la biosfera. Peor aún, la efectividad de la estrategia disminuye con el tiempo, porque al incrementarse las concentraciones de sulfato estratosférico, las pequeñas partículas se fusionan en otras mayores, que son menos reflectivas y tienen un tiempo menor de permanencia en la atmósfera. Y lo que es más importante, incluso aunque probablemente hubiera una reducción neta en la temperatura global, no tenemos manera de saber exactamente cómo se verían afectados los sistemas climáticos locales o regionales. (Y dicho sea de paso, no tenemos mecanismos de gobernanza internacional para vigilar y regular la manipulación de la atmósfera a escala planetaria).

Dicho de otro modo, es hora de que todas las ciencias adopten un respeto geológico por el tiempo y su capacidad de transfigurar, destruir, renovar, amplificar, erosionar, propagar, enredar, innovar y exterminar. Se puede decir que comprender el tiempo profundo es la mayor contribución de la geología a la humanidad. Al igual que el microscopio y el telescopio ampliaron nuestra visión a reinos espaciales que una vez fueron demasiado pequeños o demasiado grandes para nosotros, la geología nos proporciona unas lentes por las que poder ser testigos del tiempo de un modo que trasciende los límites de nuestra experiencia humana.

Pero ni siquiera la geología puede eximirse de la culpabilidad por las ideas falsas que la gente tiene sobre el tiempo. Desde el nacimiento de la disciplina en los primeros años del siglo XIX, los geólogos –congénitamente recelosos de los creacionistas de la Tierra Joven– han hablado sin cesar sobre la inimaginable lentitud de los procesos geológicos, y de la idea de que los cambios geológicos se acumulan solo durante inmensos periodos de tiempo. Además, los libros de texto de geología señalan invariablemente (casi regodeándose) que si los 4.500 millones de años de la historia de la Tierra se escalaran a un día de 24 horas, toda la historia humana transcurría en la última fracción de segundo antes de la media noche. Pero esta es una manera errónea, e incluso irresponsable, de entender nuestro lugar en el Tiempo. Por un lado, sugiere un grado de insignificancia y desempoderamiento que no solo es psicológicamente alienante, sino que nos permite ignorar la magnitud de nuestros efectos sobre el planeta en este cuarto de segundo. Por otro, niega nuestras raíces profundas y nuestro permanente entrelazamiento con la Historia de la Tierra; nuestro clan específico tal vez no haya aparecido hasta justo antes de las doce campanadas, pero nuestra extensa familia de organismos vivos ha estado aquí desde al menos las 6am. Por último, la analogía implica que, apocalípticamente, no hay futuro. ¿Qué ocurre después de medianoche?

Aunque nosotros, humanos, nunca dejemos totalmente de preocuparnos y aprender a amar el tiempo (por tomar prestada una frase del Dr. Strangelove), quizá podamos encontrar algún punto medio entre la cronofobia y la cronofilia, y desarrollar la práctica de la cronosciencia, una visión clara de nuestro lugar en el Tiempo, del pasado que vino antes de nosotros y del futuro que transcurrirá sin nosotros.

La cronosciencia incluye un sentimiento de distancias y proximidades en la geografía del tiempo profundo. Centrarse solo en la edad de la Tierra es como describir una sinfonía por su número de compases. Sin tiempo, una sinfonía es un apilamiento de notas; la duración de las notas y la recurrencia de temas le dan forma. Análogamente, la grandeza de la historia de la Tierra reside en los ritmos gradualmente desarrollados y entrelazados de sus muchos movimientos, con pequeños motivos que se precipitan sobre tonos que resuenan a lo largo de toda la historia del planeta. Estamos aprendiendo que el tempo de muchos procesos geológicos no es tan larghissimo como una vez se pensó; las montañas crecen a velocidades que pueden ser medidas en tiempo real, y el ritmo acelerado del sistema climático es sorprendente incluso para aquellos que lo han estudiado durante décadas.

Aún así, me consuela saber que vivimos en un planeta muy antiguo y duradero, no uno inmaduro, novato y posiblemente frágil. Y mi experiencia diaria como terrícola se enriquece con la conciencia de la presencia prolongada de tantos moradores y versiones previas de este lugar. Comprender las razones de la morfología de un paisaje en particular, es similar a la sensación de comprensión que uno tiene al aprender la etimología de una palabra ordinaria. Una ventana se abre, iluminando un pasado distante aunque reconocible, casi como recordando algo largamente olvidado. Esto encanta al mundo con capas de significado, y cambia la manera de percibir nuestro lugar en él. Aunque deseemos fervientemente negar el tiempo por cuestiones de vanidad, de angustia existencial o arrogancia intelectual, nos empequeñecemos a nosotros mismos proclamando nuestra temporalidad. Por encantadora que sea la fantasía de la atemporalidad, hay una belleza mucho más profunda y misteriosa en la cronosciencia.

 

Marcia Bjornerud es profesora de Geología en la Universidad de Lawrence. Es Miembro de la Geographical Society of America, y fue becada Fulbright en 2000-2001.

Extracto traducido de Timefulness: How Earth’s Deep Past Can Change the Way We See the Future. Marcia Bjornerud. Copyright © 2018 by Princeton University Press.

[i] Descartes, R. Meditations on First Philosophy, with Selections from the Objections and Replies (1641). Translated by Moriarty, M. Oxford: Oxford World’s Classics (2008).

[ii] Se supone que Haldane dijo esto cuando le preguntaron qué le haría abandonar su convicción sobre la evolución. Esta frase memorable ha sido citada muchas veces, pero su origen no está claro.

[iii] Baumol, W. & Bowen, W. Performing Arts – The Economic Dilemma: A Study Problems Common to Theater, Opera, Music, and Dance. New York: Twentieth Century Fund (1966).

[iv] El físico teórico Lee Smolin es una voz minoritaria reprendiendo a su disciplina por lo que él llama la sistemática “expulsión del tiempo”. Smolin, L. Time Reborn Boston: Houghton Mifflin Harcourt (2013).

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.
la ciencia, qué hacer, traducciones

El planeta puede limitar el calentamiento global a  1.5ºC sin emisiones negativas

[Traducción del artículo de Simon Evans publicado el 13 de abril de 2018 en CarbonBrief]

Un nuevo estudio indica que es posible limitar el calentamiento a 1.5ºC por encima de las temperaturas pre-industriales sin utilizar las emisiones negativas de la Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS: BioEnergy with Carbon Capture and Storage).

El estudio, recientemente publicado en Nature Climate Change, abre el debate sobre cómo cumplir los estrictos objetivos de temperatura del Acuerdo de París. Muestra por primera vez cómo se puede minimizar o incluso eliminar la necesidad de los BECCS mediante una serie de planes de mitigación altamente ambiciosos.

Los BECCS son una tecnología de emisiones negativas controvertida y en gran medida no probada, que se ha convertido en un componente básico de las trayectorias propuestas hacia los 1.5ºC.

Este nuevo artículo, en cambio, explora otras alternativas, que incluyen cambios de estilo de vida, intensificación agrícola y carne cultivada en laboratorio, así como el aumento de la eficiencia energética y la adopción aún más rápida de energías renovables. Algunas de estas alternativas han sido ignoradas en los debates hasta ahora porque los científicos tienen dificultades para implementarlas en sus modelos.

En palabras del autor principal del artículo, el debate sobre cómo cumplir los objetivos de París «debería ser más amplio», porque existen riesgos en depender de las emisiones negativas de los BECCS.

 

Metas estrictas

El Acuerdo de París, aceptado por casi todos los países en 2015, dice que el calentamiento debería mantenerse «muy por debajo» de los +2ºC por encima de los niveles pre-industriales, e intentar mantenerlo por debajo de los +1.5ºC. Para alcanzar estos objetivos, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben mantenerse dentro de un presupuesto de carbono que se está reduciendo  rápidamente.

Para explorar cómo se podría lograr esto los científicos han desarrollado varios escenarios. Hasta la fecha, las trayectorias para evitar los 1.5ºC han dependido de las emisiones negativas de BECCS para absorber el exceso de CO2 de la atmósfera a finales de este siglo. En parte, esto refleja el supuesto de que la inercia en el sistema energético mundial hace que sea difícil alcanzar un pico y luego eliminar el CO2.

La siguiente figura muestra el punto de partida para la investigación actual: una trayectoria consistente con una probabilidad del 66% de mantener la temperatura en 2100 por debajo de 1.5ºC.

(Como la mayoría, este es un escenario de «rebasamiento», donde las temperaturas alcanzan 1.5ºC en la segunda mitad del siglo antes de volver a caer por debajo de ese nivel en 2100. Las trayectorias de no rebasamiento hasta 1.5ºC solo son posibles, incluso teóricamente, si el presupuesto de carbono restante considerado se encuentra en el extremo superior de las estimaciones actuales).

Emisiones y remociones de CO2 en el escenario estándar de 1.5ºC. (Van Vuuren et al., 2018).

En este escenario por defecto, las emisiones de combustibles fósiles, mostradas en negro, alcanzan su máximo alrededor de 2020 y luego caen abruptamente. El uso residual de combustibles fósiles hasta 2100 se compensa con BECCS (azul claro), lo que hace que el mundo tenga unas emisiones netas de CO2 (asociadas a la producción de energía) nulas para alrededor de 2045 (línea gris) y emisiones netas nulas de CO2 para 2050 (línea amarilla).

El CO2 emitido durante las próximas décadas que excede el presupuesto de carbono para 1.5ºC se ve compensado por las emisiones netas negativas de BECCS a finales de siglo (azul oscuro). Para el año 2100, los BECCS estarían eliminando alrededor de 15.000 millones de toneladas de CO2 (GtCO2) por año, lo que equivale a casi dos quintas partes de las emisiones actuales.

Las trayectorias muy por debajo de 2ºC son muy similares. Por ejemplo, el escenario “Sky” recientemente publicado por Shell es típico en que también depende en gran medida de las emisiones negativas de BECCS.

Esto es controvertido, esencialmente porque los BECCS no han sido probados,  podrían no estar disponibles en los niveles previstos y podrían requerir un terreno equivalente al área de Australia para los cultivos bioenergéticos.

El Dr. Alexander Popp, que no formó parte del reciente estudio, es el jefe del grupo de gestión del uso de la tierra en el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK: Climate Impact Research). Dice lo siguiente:

“Existe una gran preocupación sobre la sostenibilidad de la implementación a gran escala de las tecnologías de eliminación de CO2, en especial en relación a los BECCS, pero también respecto a la aforestación a gran escala.”

Por tanto, según Popp, el nuevo trabajo sobre trayectorias alternativas al 1.5ºC es de «gran importancia».

 

Un artificio del escenario

La reciente investigación sugiere que esta dependencia de BECCS podría, hasta cierto punto, ser un artificio del modo en que se han desarrollado los escenarios. Estas trayectorias exploran los cambios futuros en la población, el crecimiento económico, la demanda de energía y otros factores utilizando modelos de evaluación integrados (IAM: integrated assessment models).

Los IAM generalmente están diseñados para ser «rentables», lo que significa que priorizan las soluciones de bajo coste. Se pueden modificar para incluir dificultades técnicas, políticas o sociales para su implementación, pero el coste sigue siendo el principal motor. El nuevo artículo explica las consecuencias de este diseño:

“Como los IAM seleccionan las tecnologías sobre la base de los costes relativos, normalmente se concentran en las medidas de reducción para las que pueden hacerse estimaciones razonables del rendimiento y los costos futuros. Esto implica que algunas posibles estrategias de respuesta reciben menos atención, ya que su rendimiento futuro es más especulativo o su introducción se basaría en otros factores además del coste, como el cambio de estilo de vida o una electrificación más rápida.”

«Además, los estudios existentes apenas analizan una implementación más agresiva de otras opciones, como la implementación rápida de las mejores tecnologías disponibles o la reducción drástica de GEI (gases de efecto invernadero) distintos del CO2. El desarrollo de la tecnología también podría ser más rápido de lo que normalmente se supone en los modelos IAM .»

Esto explica en parte por qué los BECCS dominan los escenarios de 1.5ºC, a pesar de que su implementación a gran escala se enfrenta a enormes dificultades sociopolíticas. En cambio, las soluciones alternativas a menudo han sido ignoradas porque es difícil estimar su rendimiento o su coste.

El Dr. Glen Peters, director de investigación del instituto climático noruego Cicero, que no formó parte del estudio, dice:

«[Este] es un buen artículo y un paso adelante. Afortunadamente, para los demás será un desafío considerar estrategias de mitigación alternativas a  aquellas basadas únicamente en el coste… Creo que vale la pena discutir cuáles son los costes y cómo deben interpretarse, especialmente cuando las cosas no son tan fácilmente ‘costeables’ (como la reducción del consumo de carne)».

 

Rutas alternativas

El estudio analiza una variedad de escenarios alternativos «agresivos» para cumplir con la meta de 1.5ºC, reduciendo la dependencia de BECCS. El artículo dice que la implementación de cada opción de mitigación está diseñada para ser «ambiciosa pero no poco realista». Las alternativas son las siguientes:

Electrificación renovable: todos los sectores del uso final de la energía se electrifican rápidamente, incluida la calefacción. Se superan las limitaciones técnicas para integrar las energías renovables variables en la red. Algunas centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles se cierran antes de tiempo y, en 2030, todos los coches nuevos son eléctricos.

Alta eficiencia: se adoptan rápidamente las mejores tecnologías disponibles para todos los usos energéticos y materiales, incluidos el cemento y el acero. A partir de 2025, solo se venderán coches y aviones de alta eficiencia y solo se permitirán los electrodomésticos más eficientes.

Intensificación agrícola: las hipótesis optimistas para la mejora del rendimiento de los cultivos se combinan con la adopción a nivel mundial del 80% de los sistemas ganaderos más eficientes, incluida la mejora de la digestibilidad de los piensos y las «mejoras genéticas».

Reducción de gases de efecto invernadero (no CO2): los gases de efecto invernadero que no son CO2 se reducen utilizando las mejores tecnologías disponibles y el progreso tecnológico adicional. Por ejemplo, para 2050, las fugas de metano en el sector del petróleo se reducirán en un 100% y un 90% en el sector minero. Las emisiones de metano del ganado se reducen significativamente y, para 2050, el 80% de la carne y los huevos se sustituyen por proteínas cultivadas, incluida la carne cultivada en laboratorio.

Población: la mejora del acceso a la educación acelera la tendencia decreciente de la natalidad, de modo que la población mundial pasa de 7.000 millones de personas en la actualidad a 8.400 millones en 2050, antes de disminuir a 6.900 millones en 2100. Esto está de acuerdo con el escenario de población más bajo de la ONU. En el extremo superior las proyecciones de las Naciones Unidas llegan a 13.200 millones de personas en 2100.

Cambio de estilo de vida: la mayoría de la población mundial adopta estilos de vida sostenibles, que incluyen, para 2050, que el 100%  de la población adopte dietas saludables con bajo consumo de carne. Se utiliza menos el coche privado y se camina o anda más en bicicleta, mientras que el transporte aéreo se reduce.

La investigación analiza cada opción, así como su efecto combinado, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero y el nivel de BECCS requerido para mantenerse dentro de un presupuesto de carbono de 1.5ºC.

 

Minimizar las BECCS

El menor presupuesto de carbono para 1.5ºC significa que los escenarios existentes se basan más en BECCS que para  un límite de 2ºC. Esto se puede ver en el siguiente gráfico, a la izquierda, donde el nivel de BECCS casi se duplica entre una trayectoria para los  2ºC (línea morada, «Def_2.6») y una para 1.5ºC (línea azul, «Def_1.9»). El aumento de uso de BECCS también requiere un mayor uso de tierras agrícolas para cultivar bioenergía, como se muestra en el gráfico a la derecha (línea azul, «Def_1.9»).

Izquierda: energía primaria de BECCS (exajulios) y derecha: uso de la tierra agrícola (millones de hectáreas) en un escenario de 2ºC y una variedad de escenarios alternativos de 1.5ºC. (Van Vuuren et al. 2018).

Cada una de las alternativas de mitigación reduce las emisiones, con los escenarios de electrificación y eficiencia que afectan principalmente al CO2 y los otros que tienen un mayor impacto en otros gases de efecto invernadero. Esto, a su vez, reduce la necesidad de los BECCS (gráfico, arriba a la izquierda) y de tierras agrícolas (arriba a la derecha).

La combinación de todas las opciones de mitigación juntas («Total») elimina efectivamente la necesidad de los BECCS para permanecer por debajo de 1.5ºC. Esto libera importantes áreas de tierras agrícolas en el modelo, algunas de las cuales son reforestadas, lo que conlleva la eliminación «natural» de CO2.

Como tal, la ruta con cero-BECCS  a 1.5ºC presentada en el estudio no está completamente libre de emisiones negativas.

El profesor Detlef van Vuuren, investigador principal de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos (PBL) y autor principal del informe dice:

«Demostramos que hay opciones disponibles para reducir significativamente los BECCS, pero es muy, muy difícil llegar a cero BECCS (o emisiones negativas)… Las emisiones negativas no son necesariamente malas, pero significa que uno acepta ciertos riesgos. Si no quieres tomar esto en cuenta o encuentras otras opciones más atractivas por otras razones -por ejemplo, sinergias con otros ODS [objetivos de desarrollo sostenible], facilidad de implementación, apoyo social- [entonces] creo que [nuestro nuevo artículo] permite una mejor consideración de los pros y los contras… Creo que eliminar totalmente las emisiones negativas no es posible en su totalidad -pero minimizarlas podría ser atractivo.»

Van Vuuren fue una figura clave en el uso inicial de BECCS dentro de los modelos climáticos. Él mismo añade que es «desafortunado» que el trabajo hasta la fecha para lograr los 1.5ºC haya estado tan dominado por los BECCS.

 

Un debate más amplio

Como todas las trayectorias  para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, estas nuevas alternativas son muy ambiciosas. Tampoco cambian el panorama general para los responsables políticos.

El Dr. Joeri Rogelj, investigador del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), que no formó parte del trabajo, dice:

«El núcleo del desafío de la mitigación sigue siendo el mismo: las emisiones globales de CO2 deben reducirse a cero. Lo que los responsables políticos deberían tener en cuenta de esta investigación sobre los escenarios 1.5C es que hay una variedad de vías que se pueden seguir para limitar las emisiones de CO2 y que estas diferentes vías o estrategias permiten limitar la contribución de tecnologías potencialmente indeseables como los BECCS».

Es importante destacar que las barreras para la adopción de las diversas estrategias alternativas van más allá de la métrica de costes priorizada por la investigación previa, que abarca la política, la aceptación social y la viabilidad técnica.

Bert Metz, ex copresidente del grupo de trabajo sobre mitigación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) y ahora asesor principal de la Fundación Europea del Clima (ECF), dice:

«Es muy poco probable que todas las opciones investigadas puedan aplicarse simultáneamente en la medida en que se supone en el documento y que todos los efectos de cada una de las opciones puedan lograrse en la práctica, ya que los supuestos son muy ambiciosos».

«Cada una de estas opciones merece un examen minucioso y una acción apropiada por parte de los responsables políticos, si quieren tomar en serio los objetivos de París y evitar apostar por la disponibilidad a gran escala de la eliminación de CO2 y, en particular, de los BECCS».

Un estudio publicado la semana pasada explora los límites de plausibilidad para evitar el uso de emisiones negativas. Demuestra que sólo son evitables si el presupuesto de carbono para 1.5ºC se sitúa en el extremo superior de las estimaciones actuales y si se adoptan radicalmente tecnologías y estilos de vida bajos en carbono, junto con esfuerzos sin precedentes para limitar las necesidades energéticas, de modo que la demanda en 2100 caiga a la mitad de los niveles actuales. Un presupuesto de carbono de valores bajos haría inalcanzable el objetivo de 1.5ºC, incluso con BECCS.

El Dr. Stephan Singer, asesor principal sobre políticas energéticas globales de la la ONG Climate Action Network, dice:

«Es extremadamente útil para la comunidad académica evaluar alternativas a los BECCS a gran escala, en particular [porque] es probable que esto tenga un impacto significativo en la seguridad alimentaria y el uso de la tierra… Cuanto más fuerte, más temprano y más profundamente nos embarquemos en políticas y medidas de mitigación ‘convencionales’, menor será la necesidad de emisiones negativas en el mundo, como los BECCS a gran escala, para alcanzar los objetivos de París».

Singer añade: «Los cambios en el estilo de vida de las personas de alto consumo y emisiones ricas a nivel mundial… son [una] parte fundamental de la ecuación… Esto no se limita a los cambios dietéticos individuales… [sino que] también incluye un cambio significativo en los hábitos de transporte y viaje, una mayor durabilidad institucionalizada de los productos, una mayor reutilización de los componentes, nuevos materiales y, en general, una economía circular».

Independientemente de que se puedan cumplir o no los objetivos de París, la investigación actual sugiere que los responsables políticos deberían debatir un conjunto más amplio de opciones para abordar el cambio climático, además de los BECCS y las emisiones negativas, que se han llegado a considerar como un «respaldo» de facto.

Peters dice:

«Los IAMs tienen un conjunto limitado de herramientas [para reducir las emisiones] y, en realidad, hay muchas más herramientas en la caja de herramientas. Esta es una buena señal, ya que cuantas más herramientas tengamos, más opciones tendremos para llegar a 2ºC o 1.5ºC. Necesitamos más estudios para ampliar la caja de herramientas, en vez de usar tecnologías como los BECCS o la captura directa de aire».

Vale la pena añadir esta investigación dista mucho de ser una exploración exhaustiva de esa «caja de herramientas». De hecho, concluye mencionando una serie de otras opciones para reducir las emisiones, que también se han excluido en general de los trabajos anteriores. Entre ellas figuran la gestión del carbono en el suelo y el «cierre forzado y rápido de centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles».

Finalmente, ninguno de los escenarios actuales considera un mundo sin crecimiento económico, considerado por algunos investigadores como el único camino hacia un futuro sostenible.

Referencia: Van Vuuren, D. et al. (2018) Alternative pathways to the 1.5C target reduce the need for negative emission technologies, Nature Climate Change, doi:10.1038/s41558-018-0119-8

 

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.
organización, traducciones

Además, estaré muerto [Meehan Crist]

[Esta es una traduccción de este artículo de Meehan Crist aparecido en London Review of Books. Se trata de una reseña deThe Water Will Come: Rising Seas, Sinking Cities and the Remaking of the Civilised World, de Jeff Goodell.]

Después del huracán Sandy en 2012, ayudé a una amiga a retirar la batería de su coche, guardarla en una mochila y arrastrarla hasta Wall Street. El metro estaba inundado, así que cruzamos el río Este hasta el centro de Manhattan en ferry, en el que la marca del agua, gris y embarrada, atravesaba las paredes y ventanas de la planta baja. El océano había venido y se había ido, y las calles pútridas estaban desiertas. El aire desprendía un hedor salado y el único sonido era el del zumbido industrial de los generadores bombeando agua desde los sótanos inundados. La tubería naranja del acordeón serpenteaba dentro y fuera de los edificios anegados. Entramos al vestíbulo de un edificio de apartamentos donde los residentes deambulaban aturdidos y un hombre de uniforme exhibía un plato de fruta fresca, probablemente adquirida en algún lugar al norte, donde la gente aún tenía electricidad, agua corriente y la absurdez del brunch. Una amiga parapléjica del piso superior necesitaba la batería del coche para su ventilador. Los ascensores estaban fuera de servicio, así que subimos andando los estrechos veinte tramos de escaleras, mientras iluminábamos nuestro camino en la oscuridad con antorchas. Dentro del apartamento, su amiga y una compañera, también parapléjica, habían abandonado sus sillas de ruedas motorizadas y yacían sobre sus camas en un salón soleado, riendo y conversando. No estaba claro cuándo volvería la electricidad, pero estaban planeando organizar una fiesta cuando las cosas regresasen a la normalidad. No creo que nadie en esa habitación captara completamente que el océano volvería para quedarse.

El aumento global del nivel del mar es difícil de predecir para los científicos. No obstante, la tendencia es clara. Capas inmensas de hielo en Groenlandia y la Antártida han empezado a derretirse, en un fenómeno conocido como inestabilidad de las capas de hielo marinas, que las previsiones anteriores sobre el aumento del nivel del mar mundial no habían considerado. Cuando se redactó el Acuerdo de París hace poco más de dos años, la asunción fue sobre informes que defendían que  las capas de hielo se mantendrían estables y que los niveles del mar podrían aumentar casi un metro a finales de siglo.
En 2015, la NASA estimó un mínimo de noventa centímetros. En 2017, un informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), la principal agencia científica sobre el clima en Estados Unidos, modificó las estimaciones de manera espectacular indicando que para 2100 el nivel del mar podría subir más de dos metros. El año pasado, un estudio estimó que si las emisiones de carbono continúan en los niveles actuales, para el 2100  el nivel del mar aumentará hasta tres metros. El aumento en el nivel del mar implica un aumento en la frecuencia de mareas ciclónicas (como por ejemplo el aumento de 2.7 metros que afectó gravemente a los barrios de Long Island y Nueva Jersey), pero también las áreas costeras bajas, desde Bangladesh a Amsterdam, estarán bajo el agua en menos de un siglo. Merece la pena recordar que dos tercios de las ciudades del mundo se asientan sobre el litoral. En un escenario de altas emisiones, el promedio de mareas altas en Nueva York podría ser superior a los niveles observados durante Sandy. Un aumento en los niveles mundiales del mar de 3 metros sumergiría por completo ciudades como Mumbai y una gran parte de Bangladesh. La pregunta ya no es si (ocurrirá), sino cómo de alto y cómo de rápido (sucederá).

Jeff Goodell, que ha informado sobre el cambio climático durante años (sus libros anteriores incluyen How to Cool the Planet: Geoengineering and the Audacious Quest to Fix Earth’s Climate, y  Big Coal: The Dirty Secret behind America’s Energy Future), también estuvo en el Bajo Manhattan después del huracán Sandy, y la experiencia le espantó de tal manera que pasó los siguientes cuatro años tratando de comprender cómo las comunidades costeras harán frente al inevitable aumento del nivel del mar. Goodell viaja desde Norfolk, Virginia a los parques acuáticos de Rotterdam, hablando con científicos, políticos, arquitectos, artistas, refugiados y personas que viven a nivel del mar, donde las inundaciones periódicas ya son un hecho. Camina descalzo por las aguas contaminadas que inundan Miami Beach durante las grandes mareas, visita a una familia que vive en el ‘arrabal de aguas negras’ de Makoko, en las afueras de Lagos, y entrevista a Barack Obama durante su histórico viaje a Alaska. El libro narra al ritmo trepidante del periodismo de revista -algunas versiones de los capítulos aparecieron inicialmente en otras publicaciones como Rolling Stone-. Goodell se encuentra con personas con ideas visionarias, esquemas inseguros y cabezas asentadas sobre arenas movedizas. La mayoría de las veces el autor es un observador más que un polemista, pero su profunda preocupación resuena por todos los rincones, como cuando pregunta a Obama: «¿Cómo estimar qué hay de verdad en las acciones de América? Porque usted sabed lo que viene”. Este es un libro mojado y empapado. Allá donde Goodell va, el agua está subiendo. «Para cualquiera que viva en Miami Beach, el sur de Brooklyn, en Back Bay de Boston o cualquier otro barrio costero de poca altura, -escribe- la diferencia entre un metro de elevación del nivel del mar en 2100 y un metro y medio es la diferencia entre una ciudad humedad pero habitable y una ciudad sumergida… La diferencia entre un metro y algo más de un metro y medio es la diferencia entre una crisis costera manejable y un desastre de refugiados durante décadas».

Esta no es la primera vez en la historia  de la humanidad que los niveles mundiales del mar han aumentado dramáticamente en un breve período de tiempo. La evidencia arqueológica muestra que cuando los glaciares se derritieron y los niveles del mar aumentaron al final de la primera Edad de Hielo, los humanos que vivían en el litoral se trasladaron tierra adentro. Pero la infraestructura costera actual es mucho menos móvil. «Es una terrible ironía el hecho de que es la misma infraestructura de la Era de los Combustibles Fósiles -el desarrollo de viviendas y oficinas en las costas, carreteras, ferrocarriles, túneles o aeropuertos- lo que nos hace más vulnerables», escribe Goodell. Los principales aeropuertos como JFK y el Aeropuerto Internacional de San Francisco probablemente estarán bajo agua dentro de cien años. La costa este de Reino Unido se transformará para siempre. El reactor nuclear Turkey Point de Florida, que se sitúa en una isla expuesta en Biscayne Bay, es una de las tragedias que están por venir. Se han invertido trillones de dólares en infraestructuras y economías costeras construidas sobre tierras que pronto se inundarán, y eso sin considerar la erosión de las carreteras y las playas, y el hundimiento de las propiedades a lo largo de las costas, lo que podría provocar quiebras económicas más dramáticas que la Gran Recesión. Hoy, más de 145 millones de personas en todo el mundo viven a un metro o menos del nivel del mar, muchas en países pobres del sur global. «A medida que las aguas suban», escribe Goodell, «millones de estas personas serán desplazadas, muchas de ellas en países pobres, creando generaciones de refugiados climáticos que harán que la actual crisis de refugiados sirios parezca una obra teatral de instituto». No hay ninguna duda de que el aumento en el nivel del mar reconfigurará la civilización humana.

Goodell se centra en la ciudad, esa unidad de organización humana lo suficientemente pequeña como para tener líderes locales capaces de coordinar acciones y lo suficientemente grande como para parecer organizada por fuerzas más allá del control humano. A lo largo de sus viajes, la presuntuosa y brillante ciudad de Miami se mantiene en su visión periférica. La más estadounidense de las ciudades es joven, ya que se construyó en el último siglo, cuando los promotores convirtieron pantanos y costas en un patio de recreo para una generación que apreciaba lo que habían sido zonas yermas como un lugar para sombrillas, bocadillos y ocio. «El negocio principal de Miami es el inmobiliario y el turismo», escribe Goodell. «Es un imperio de propiedad y placer”. Los inmuebles siguen siendo el motor económico de Miami, donde las propiedades se venden y revenden tan rápido que «nadie quiere gastar el dinero en construir una ciudad más resiliente porque nadie quiere asumir el riesgo». El auge inmobiliario actual está ligado a la estabilidad de la liquidez de los compradores extranjeros en condominios; gran parte del dinero proviene de productos básicos como el petróleo, lo que la convierte en «una ciudad que literalmente se está ahogando como resultado de la combustión de los combustibles fósiles que la enriquecieron». Miami ahora está atrapada en una paradoja mortal: el desarrollo costero debe continuar para mantener la ciudad en funcionamiento, pero desarrollar la costa es una temeridad suicida frente al aumento del nivel del mar. A lo largo de la costa y en las zonas bajas de Everglades, los edificios y las infraestructura fundamentales están amenazadas. «Temo que mi gente va a perder todo», dice Xavier Cortada, artista e hijo de refugiados cubanos que en su comunidad trata de crear conciencia sobre los riesgos del aumento del nivel del mar. Y sin embargo, el crecimiento continúa. Como un agente inmobiliario apopléjico, dice Goodell después de una conversación sobre si se debería exigir a los intermediarios que revelasen los riesgos de inundación, “Eso sería una idiotez… Simplemente acabaría con el mercado”.

Goodell dibuja un retrato convincente de una ciudad paralizada por conflicto de intereses, avaricia y un ejercicio de negación profunda. En un hecho que describe como testimonios breves para la intelligentsia del aumento del nivel del mar, un geólogo de la Universidad de Miami explica con franqueza a una mesa de agentes inmobiliarios de Florida que el nivel del mar podría subir más de cuatro metros y medio en los próximos ochenta años. Un agente inmobiliario vestido con un caro atuendo en la mesa responde como un niño de seis años al borde de una rabieta: «Esto no puede ser un festival del miedo ¿Por qué todos están metiéndose con Miami?”. En una inauguración de arte (de Michele Oka Doner, cuya línea de trabajo gira sobre el cambio climático), Goodell logró acorralar a Jorge Pérez, un magnate inmobiliario de Miami y un influyente donante del Partido Demócrata. Le preguntó si le preocupaba que las inundaciones pudiesen afectar al valor de su imperio, Pérez respondió: «No, no estoy preocupado…Creo que en veinte o treinta años, alguien encontrará una solución para esto… Además, para entonces estaré muerto, así que ¿qué importa? » Esta respuesta despreocupada refleja un sentimiento común: alguien nos va a salvar. Goodell escribe, «En Miami como en cualquier otra ciudad, hay esperanza en que si el nivel del mar aumenta con la lentitud suficiente, la política de negación se desgastará e incentivará  la innovación y el pensamiento creativo, y toda la crisis será manejable”

La velocidad a la que sube el nivel del mar es tremendamente relevante para las ciudades costeras, dado que un aumento lento y progresivo podría permitir estrategias de adaptación como una retirada planificada de las costas o la elevación las ciudades (en la década de 1860, la ciudad de Chicago fue elevada algo más de dos metros para hacer frente a  inundaciones y problemas de alcantarillado), o macroproyectos de ingeniería para desviar el agua del mar en áreas muy pobladas. La relación entre el agua y la tierra no es la misma en Amsterdam que en Yakarta o Lagos, de modo que las estrategias que se propongan también deben ser distintas. En Nueva York, los urbanistas están considerando un dique conocido como la Gran U alrededor del Bajo Manhattan, pero un muro no funcionará en Miami, construida sobre piedra caliza porosa. En Venecia, las elegantes barreras MOSE (Modulo Sperimentale Elettromeccanico), diseñadas ajustándose a  los canales, suben y bajan con las mareas para evitar inundaciones. Pero el proyecto de 6 mil millones de dólares aún no está concluido (y casi se frustró por la corrupción) y el mantenimiento costará entre 5 y 80 millones de dólares al año, dependiendo de la frecuencia con que se levanten las barreras. Cuando Goodell pregunta a un representante de la empresa de ingeniería qué aumento de los niveles del mar pueden soportar las barreras, queda estupefacto al escuchar que aproximadamente medio metro. MOSE podría ser inútil en 2050. «Después de eso», responde con naturalidad, «el mar llegará desde otros lugares… No hay nada que podamos hacer para detenerlo». La barrera del Támesis en Londres próximamente necesitará ser sustituida, pero por el momento los responsables se abstienen dado que la vasta infraestructura es “muy costosa, su construcción se extenderá en el tiempo y no es muy flexible a las condiciones cambiantes”.

El precio que paguen las comunidades costeras dependerá de las facilidades de sus habitantes para dejar atrás el status quo. En Toms River, Nueva Jersey, una versión obrera de Miami ubicada sobre una fina isla de arena frente al Atlántico y propensa a las inundaciones, el huracán Sandy destruyó diez mil viviendas. Al año siguiente, un equipo de científicos e investigadores de la Universidad de Rutgers trabajó con el personal gubernamental y la comunidad para elaborar un plan del futuro:

El equipo de Rutgers quería crear un espigón o pasaje interior para conectar la costa con el planeado Pine Barrens, un área boscosa con un ecosistema costero único (orquídeas y plantas carnívoras), permitiendo la fácil circulación de personas hasta el campo. Idearon conectar la playa con las áreas del interior por medio de nuevos sistemas de transporte más adaptados a la subida del nivel del mar, incluyendo tranvías aéreos y taxis acuáticos. Imaginaron además que a medida que subiese el mar en Pine Barrens,  el turismo de playa transitaría a un tipo de ecoturismo más sostenible, incluyendo senderismo, ciclismo y observación de aves. El plan incluía cinco mil nuevas viviendas en terrenos más altos para facilitar la transición fuera de la costa… se había comenzado a transformar la ciudad en un lugar que pudiera prosperar en un mundo de mares crecientes y tormentas cada vez mayores.

Goodell habla con admiración de estos visionarios arquitectos y urbanistas, pero actuar a largo plazo y a gran escala implica a corto plazo costes económicos, políticos y personales que actúen como potentes desincentivos. En Miami, sigue siendo un suicidio político sugerir acciones que socaven el mercado de la vivienda. En Toms River, los habitantes a los que les gustaba sus casas junto al mar y “votaron dos a uno a favor de Trump”, optaron por utilizar el dinero federal para reconstruir la ciudad a semejanza de la anterior.

Incluso si una ciudad puede aunar los recursos y la voluntad política necesaria para proyectos de adaptación, persiste una razonable inquietud sobre quiénes serán protegidos. En Nueva York, la Gran U desviaría el agua del centro financiero del Bajo Manhattan, pero el agua desviada se vertiría a lo largo del muro. Quién estaría protegido y quién sería perjudicado continua siendo una pregunta abierta. A escala global, el aumento del nivel del mar es inherentemente injusto. El uso de combustibles fósiles por una escasa minoría de la humanidad está promoviendo el deshielo, y el agua no aumentará de manera homogénea en todas las costas. En Bangladesh la tierra se está sumergiendo, por lo que el mar se elevará más que en otros puntos. El deshielo de Groenlandia tendrá un mayor impacto en el hemisferio sur, mientras que el de la Antártida tendrá un efecto más notable en el norte. «Los científicos denominan a este efecto regional huella dactilar», escribe Goodell. «Las capas de hielo se derriten y su masa disminuye, lo que reduce su atracción gravitacional sobre el agua que las rodea. Esto lleva a que el nivel del  mar baje en el área inmediatamente adyacente, pero esa reducción empuja al agua hacia el lado opuesto de la Tierra”.Mientras que el deshielo de los glaciares en la Antártida Occidental causaría un aumento medio de tres metros en los niveles globales del mar, en la costa de Nueva York el incremento sería de 4 metros, que es muy superior a lo que cualquier ciudad costera puede amortiguar. Para los isleños del Pacífico en lugares como Kiribati y las Islas Marshall, la amenaza es existencial.

*

El aumento del nivel del mar es un problema para el que la humanidad está particularmente poco preparada. No se nos da bien pensar en escalas geológicas de tiempo y no estamos hechos para tomar decisiones sobre amenazas apenas perceptibles que se aceleran gradualmente con el tiempo. Para ayudar a explicar la inacción frente al aumento del nivel del mar Goodell recurre, como tantos otros, a las cinco etapas del duelo descritas por la psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross: negación, ira, negociación, depresión, y aceptación. Sugiere que, al menos en Miami, la negación está dando paso a la ira y la negociación con un trasfondo temeroso. Pero el paradigma clásico sobre el duelo, en el que la ausencia del objeto de apego debe llorarse, no se corresponde claramente con la experiencia de vivir en una ciudad que pronto puede quedar sumergida. Al leer esto, me pareció que hay otro paradigma psicológico que podría encajar mejor y al que se alude menos frecuentemente  en las discusiones sobre el luto climático. En la década de 1970 Pauline Boss, que estudiaba a familias de los soldados que habían desaparecido en combate, acuñó el término pérdida ambigua para referirse al dolor pausado secundario a una pérdida sin cierre o en circunstancias desconcertantes.

Boss describe dos tipos de pérdida ambigua: cuando el objeto está físicamente ausente pero psicológicamente presente (como los soldados caídos en combate), y cuando el objeto está físicamente presente pero ausente psicológicamente (como las personas enfermedad de Alzheimer). El primero ayuda a ilustrar el dolor que a menudo experimentan los refugiados climáticos. ¿Cómo llorar un hogar que se sumerge bajo un mar lejano, pero permanece psicológicamente presente? El segundo tipo es aplicable a la experiencia de vivir en un área amenazada por un aumento en los niveles del mar. El objeto de apego está todavía presente, pero va desapareciendo lentamente. ¿Cómo lloras la pérdida de alguien cuya mano aún puedes sujetar? ¿Cómo lloras por un hogar vulnerable a las inundaciones pero que aún no se ha hundido? Las analogías no son perfectas, pero estas situaciones ponen de relieve que el duelo por el clima puede ser perversamente difícil. Cuando una persona amada desaparece lentamente en la niebla de la senectud el desenlace es conocido. Con el aumento de los mares, el final es aún desconocido. ¿Un metro? ¿Dos metros y medio? El dolor se paraliza por la incertidumbre ¿Para qué contingencia debe prepararse usted y su comunidad? ¿Qué dejar atrás para avanzar?  El incentivo para ver y esperar es poderoso. Sin embargo, esperar a que en 2100 el nivel del mar aumente un tercio o medio metro comienza a parecerse a un autoengaño, y un lujo para quienes pueden elegir. Aferrarse a la vida en la costa es un ejercicio contraproducente. Para los políticos y los ricos que se enriquecen gracias al status quo, una  actitud expectante es inadmisible.

En los próximos años, a medida que ciudades de todo el mundo precisen ser levantadas, reconstruidas, amuralladas frente al mar o abandonadas, millones de personas serán desplazadas, empobrecidas y abandonadas a su suerte por gobiernos que no quieren o no pueden ayudarlas. Conduciendo a lo largo de la costa de Jersey, Goodell escucha en la radio a un hombre llamado Anthony Caronia suplicándole al gobierno la compra de su casa para así poder trasladarse a terrenos más altos:

¡Soy honesto contigo, me rindo!… Esto no está bien. Esto no es justo. Se necesita hacer algo hoy. Hoy. Por favor, compréndanme – esto es un grito de ayuda. Para todas y cada una de las personas de Estados Unidos que están escuchando, el Sr. Anthony Caronia le ruega al Estado de Luisiana y al gobierno de los Estados Unidos que vengan a comprar mi casa. Por favor, ahórrenle a mi familia el sufrimiento. Por favor, compréndanme. Estoy listo para irme. Pido ayuda.

Goodell escribe con piedad y claridad: “No todos van a salvarse. Las personas pudientes se las arreglarán, ya sea mudándose, elevando sus viviendas, construyendo diques o simplemente deshaciéndose de sus casas mientras desaparecen en el mar, pero para la gran mayoría de las personas que viven en las costas, el día que se despierten y se den cuenta de que el gobierno estatal o federal no tiene el dinero o la voluntad política para rescatarlos será un día terrible”. En un inmenso suburbio de las afueras de Lagos donde las casas se elevan en pilotes sobre agua sucia y solamente son accesibles en barco, ”las viviendas serán cortadas o quemadas y los residentes se verán obligadas a vivir en las calles o a encerrarse en edificios que, como prácticamente todos los edificios en Lagos, se han construido a nivel del mar y por tanto, están sentenciados en los próximos años, creando una nueva generación de refugiados”. No tiene pelos en la lengua: ”estos refugiados pagarán la estupidez y la avaricia de otros con la salud de sus hijos y sus vidas brutalmente acortadas”. Ya está en marcha la mayor migración humana desde el final de la primera Edad de Hielo, y aunque las personas no son agua (la novela favorita de Steve Bannon es una fantasía racista que describe a los migrantes como una inundación), no es difícil imaginar cada vez más gobiernos nacionalistas aliándose con el cierre de fronteras como medida salvaje frente a las inundaciones.  

Este melancólico libro no está exento de resquicios de esperanza. Goodell escribe en términos nostálgicos sobre un pasado en el que las personas convivían con el agua, no en oposición a ella. Mirando hacia el futuro, está enamorado de la escuela flotante del arquitecto nigeriano Kunlé Adeyemi en Makoko, «una estructura asombrosamente simple y elegante, que sugiere que podríamos resolver el conflicto de vivir con el agua si solo lo pensamos un poco diferente». Entrena su mirada en Rotterdam, una ciudad joven construida para adaptarse quizá mejor que ninguna otra al aumento del nivel del mar. Las últimas páginas del libro abrazan la idea de que las personas pudieran unirse para compartir recursos y trabajar para salvarse mutuamente. El arquitecto paisajista holandés Adriaan Geuze compara la reconstrucción global de las costas con otras catástrofes transformadoras como el Dust Bowl* de la década de 1930, “un desastre natural parcialmente fruto de la acción del hombre que cambió profundamente la geografía de América y que amplió la responsabilidad del gobierno para garantizar el bienestar de sus ciudadanos a largo plazo, incluso de las personas más vulnerables». Geuze asegura a Goodell que lo que está por venir requerirá un replanteamiento del contrato social entre el gobierno y sus ciudadanos. La respuesta de Goodell es cauta: «Quizá lo haga».

Lo que sucederá en los próximos ochenta años está lejos de ser conocido con certeza. Hay un punto crítico después de que las capas de hielo se derritan por completo -Groenlandia alberga suficiente agua como para elevar el nivel del mar más de seis metros y medio- pero los investigadores desconocen dónde se encuentra exactamente ese punto. En enero, la NOAA publicó un revelador informe sobre el aumento del nivel del mar considerando el estado actual de deshielo, y las previsiones duplican el valor medio pronosticado en el Acuerdo de París, de 0.7 a 1.5 metros. La conclusión de Goodell es muy clara: «Si queremos minimizar el impacto del aumento del nivel del mar en el próximo siglo, aquí está el cómo: abandonar los combustibles fósiles y mudarnos a tierras más altas”. Si los humanos dejaran de usar combustibles fósiles por completo para 2050, podríamos hacer frente a un aumento del nivel del mar de 0.7-0.9 metros hacia finales de siglo. En lugar de 1.5 metros. O más de 3 metros. Pero el agua vendrá. El futuro depende de cómo la humanidad lo afronte.

 

* N.T. Dust Bowl, literalmente Cuenco de Polvo, fue un desastre ecológico de los años 30 en los que una intensa sequía afectó desde México hasta Canadá.

 




 

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.
organización, traducciones

«No hay desastres naturales»: una conversación con Jacob Remes

Traducido de https://psmag.com/economics/there-are-no-natural-disasters

por @reimongu.

Image: A combination of NOAA Satellite images taken at night shows Puerto Rico before and after Hurricane Maria

Fotos de Satelite de Puerto Rico en 2014 (arriba) y después del paso del Huracán María (2017)

David M. Perry

¿Quién tiene la culpa de la crisis de Puerto Rico? Mucha gente tiende a culpar al presidente Donald Trump: justo después de que el huracán María tomara tierra, en lugar de enviar a la isla la mayor cantidad posible de recursos federales, Trump pasó el fin de semana jugando al golf y tuiteando sobre la Liga Nacional de Fútbol. Más tarde publicó en Twitter un hilo racista y sexista contra la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, y contra los puertorriqueños en general. Aun así, al margen de lo despreciable que nos pueda parecer Trump, el historiador Jacob Remes avisa de que para evaluar los hechos no podemos limitarnos a criticar la incompetencia de una sola persona. Conviene en su lugar fijarse en la larga historia de colonialismo que ha dejado a Puerto Rico en una situación tan precaria. Trump podría dimitir mañana, y Puerto Rico, junto con muchos otros lugares, aún estaría sujeto a fuerzas estructurales que magnifican las consecuencias de los desastres que están por llegar.

Remes, un profesor adjunto de Historia en la Gallatin School of Individualized Study de la Universidad de Nueva York, aplica las herramientas de su disciplina para estudiar los desastres y la manera en que la gente responde a ellos. Representa un campo conocido como «estudios críticos de desastres», en el que académicos de un amplio espectro que abarca desde las Humanidades a las ciencias sociales interpretativas observan los factores humanos relacionados con los desastres.

María ha sido la tercera gran tormenta tropical en golpear Estados Unidos y otras partes del Caribe esta temporada. En este nuevo mundo caliente, es probable que veamos muchos más episodios como este, por lo que los análisis de Remes sobre cómo los sistemas humanos interactúan con el mundo natural se hacen cada vez más urgentes. Lo que tenemos a continuación es una entrevista que este historiador concedió a Pacific Standard.

¿Cuál es la idea central tras el campo de estudio de los desastres?

Estos estudios giran alrededor de un dicho que se hizo común en los 70: «No existen los desastres naturales». Hay riesgos, algunos de las cuales son naturales (terremotos, tornados, crecidas de los ríos) y otros no (incendios industriales, contaminación, derrumbamiento de presas, bombas nucleares). Pero lo que los convierte en desastres es cómo se interrelacionan con la vulnerabilidad individual y comunitaria, que está construida socialmente. Una vez queda clara esta idea fundamental, podemos entender en qué sentido los desastres son acontecimientos políticos con causas y soluciones políticas, y no solo (o ni siquiera principalmente) fallos técnicos.

¿Cómo se estructura la disciplina? ¿Quién hace qué tipo de trabajo?

Hay dos (o quizá tres) versiones de estudios de desastres, todos importantes. Hay centros y programas en los que se estudia cómo la gente y las instituciones responden a los desastres y cómo mejorar esa respuesta. Nos ayudan a entender, por ejemplo, cómo actúan los individuos y los grupos de forma prosocial, en lugar de antisocial, cuando tiene lugar un desastre. Por ejemplo, cuando hay gente atrapada en un edificio por un terremoto, la mayoría de las personas que son rescatadas lo son por amigos y vecinos. Además, como ya debería estar claro, tras los desastres apenas hay saqueos que no tengan como objetivo la supervivencia.

Relacionado con esto, hay una serie de campos de la ciencia y la tecnología, como la sismología y la meteorología, por ejemplo, pero también ingenieros de estructuras, que estudian cómo hacer que los edificios ardan más lentamente cuando hay incendios o que no se caigan cuando hay terremotos.

¿Y cuál es tu cometido?

Yo soy parte de lo que llamo «estudios críticos de desastres ». Somos historiadores, antropólogos, geógrafos y algunos sociólogos. Tratamos de utilizar el desastre como una manera de pensar en la sociedad de forma más general. ¿Cómo ha imaginado los desastres la gente de diferentes culturas en distintos momentos? ¿Cómo se ha preparado la gente para los desastres? ¿Cómo han modelado los académicos nuestras experiencias y nuestras formas de entender los desastres?

¿Qué revela el paradigma crítico de desastres sobre la crisis de Puerto Rico tras el huracán María?

Debo decir que no soy ningún experto en Puerto Rico. Algo que considero realmente importante es el conocimiento local. Los expertos en la experiencia de Puerto Rico con María son los puertorriqueños que lo han vivido, y no deberíamos dejar que los llamados expertos en desastres —entre los que me incluyo— nos hagan creer que existe una suerte de experiencia universal del desastre.

Quizá lo realmente universal es que las condiciones locales, en particular las condiciones políticas locales, son lo que realmente importa. Los desastres normalmente reproducen cualquier división, desigualdad o exclusión ya existente en una sociedad. Esto es porque los excluidos son más vulnerables —por ejemplo, los pobres solo se pueden permitir una vivienda menos segura, o las mujeres se ven forzadas a seguir viviendo con sus maridos maltratadores por razones económicas o culturales, o las personas con discapacidades no tienen acceso a los servicios y las infraestructuras que les habrían ayudado a sobrevivir— en la vida ordinaria, antes (y después) del desastre. Pero también se debe a que la respuesta al desastre es política, y por eso reproduce las distinciones políticas.

Así pues, para pensar en Puerto Rico, podemos ver de qué modo el imperialismo (que por supuesto está envuelto en la supremacía blanca y el capitalismo) modela la vulnerabilidad de los puertorriqueños ante el peligro de huracán, y también la respuesta de EE UU. Puerto Rico ha sufrido una ley con el nombre orwelliano de PROMESA Act, que básicamente sirvió para crear un equipo de control fiscal seleccionado federalmente con el cometido de gobernar la isla a beneficio de sus acreedores del continente, en lugar de sus ciudadanos. Esto ha vaciado el Estado puertorriqueño durante muchos años y ha hecho que Puerto Rico sea menos capaz de responder a cosas como los huracanes. Y, por supuesto, tras el desastre, podemos ver como el hecho de que los puertorriqueños sean ciudadanos de segunda clase —sí, son ciudadanos estadounidenses, pero sin representación en el Congreso o derecho a elegir presidente— implica que el Estado no acuda en su socorro en caso de desastre.

Entonces, ¿en qué lugar deja todo esto a Trump?

Reconocer las causas estructurales no absuelve a los líderes de cada momento. Donald Trump es un presidente terrible no solo por sus políticas —que son terribles—, sino porque simplemente no hace bien el trabajo que debe hacer un presidente. No es un buen gestor, no se ha asegurado de que los recursos van adonde deben ir, ni ha indicado a la burocracia que se necesita una respuesta rápida y competente. También es nefasto en la parte ceremoniosa de su trabajo, que también es importante porque hace que la gente se sienta cuidada.

¿Cómo te implicaste tú personalmente en los «desastres» como campo de estudio?

Cuando el huracán Katrina, yo estaba en un seminario sobre la historia urbana norteamericana dirigido por Sarah Deutsch. Esta profesora dijo que con el tiempo se vería que aquellas horribles historias de saqueo y actitudes justicieras eran un mito. Y estaba en lo cierto. Como actividad para su clase, redacté un ensayo historiográfico sobre el empleo que los historiadores habían hecho de los desastres. Este ensayo creció y dio lugar a mi libro (Disaster Citizenship: Survivors, Solidarity, and Power in the Progressive Era), que trata sobre cómo las personas de clase obrera respondieron a dos desastres a comienzos del siglo XX entre EE UU y Canadá: un incendio en Salem, Massachusetts, que empezó en una fábrica de charol y se extendió hasta dejar sin hogar o sin trabajo a 18.000 personas, y una explosión de un barco en Halifax, Nueva Escocia, que acabó con la vida de casi 2.000 personas y arrasó con una cuarta parte de la ciudad. Escribo sobre lo que llamo «ciudadanía del desastre»: cómo la gente negoció con el Estado tras los desastres sobre cuál sería a partir de entonces la relación entre el Estado y el ciudadano.

Así que Katrina fue tu punto de entrada a este campo. ¿Hay algo que haya ido mejor desde entonces?

Si me hubieras preguntado hace dos semanas, te habría dicho que pensaba que se había progresado mucho. Con notables excepciones, la respuesta a Irma y Harvey demostró que se han aprendido importantes lecciones de lo ocurrido hace 12 años con el Katrina: se ha prestado mucha menos atención a mantener el orden y evitar los saqueos, y mucha más a cómo el desarrollo de la ciudad modeló la inundación, y ha habido preocupación por los trabajadores de bajos ingresos y otras personas especialmente afectadas por las inundaciones.

Dicho esto, creo que la respuesta al huracán María es señal de lo que aún nos queda por avanzar. Como alguien que empezó en esto por el Katrina, me indigna profundamente ver que vuelve a ocurrir lo mismo. La forma en que el Gobierno federal hizo caso omiso a la crisis durante una semana, la manera como se incapacita sistemáticamente los Gobiernos local y «estatal» («estatal» entrecomillado porque Puerto Rico no es un Estado) para dar una respuesta. Todo esto me es tristemente familiar.

Tras el Katrina, los neoliberales aprovecharon al máximo lo ocurrido en Nueva Orleans, empleando la reconstrucción como excusa para privatizar todo el sistema público de enseñanza y buena parte de la vivienda pública. En Puerto Rico, el equipo de control fiscal ya había puesto en marcha la agenda neoliberal de privatización. Creo que tendremos que ver si la reconstrucción tras el María acelera este proyecto o da a Puerto Rico más poder para luchar contra él. Ninguno de los dos resultados será fruto de la naturaleza; será una lucha por uno u otro, y espero que ganen los buenos.

Si estamos en una era de continuos acontecimientos meteorológicos intensos, desde la perspectiva de los estudios críticos de desastres, ¿qué ha de cambiar? ¿Hay pasos que podamos dar, o basta con reconocer que los desastres revelan e intensifican las desigualdades actuales?

Una de las lecciones cruciales que saco de estudiar los desastres es que lo que hace que las comunidades sean más resilientes —igualitarismo, inclusividad, alto capital social, densas redes sociales, culturas políticas democráticas— es también, de cualquier manera, lo que queremos que haya en una comunidad.

Una de las amenazas cuya probabilidad ya sabemos que aumenta por el cambio climático es la de las olas de calor. Personas que son más vulnerables a las olas de calor por la intersección de pobreza, discapacidad, edad y aislamiento social es menos probable que mueran si están en un barrio con poco crimen, muchas tiendas e instituciones de la sociedad civil. Y esos son los barrios en los que todos queremos vivir, incluso cuando no hay una ola de calor.

Hay muchas formas de construir comunidades y sociedades más igualitarias, más inclusivas, y que tengan más capital social, redes sociales más densas y culturas políticas más democráticas, pero estoy seguro de que para ello lo mejor es organizar sindicatos. Una clase obrera organizada es una clase obrera más resiliente.

 

Image result for puerto rico maria

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.
la ciencia, menos básico, traducciones, Uncategorized

El IPCC y su último informe – Out of the woods (2014)

[NdE: Presentamos a continuación la traducción de un artículo de 2014 del blog británico Out of the Woods escrito tras la publicación del Quinto Informe del IPCC]

El IPCC – Contexto e historia

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático o IPCC es una colaboración científica internacional -la más grande de su tipo- establecida bajo los auspicios de Naciones Unidas. Fue fundado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa Medioambiental de Naciones Unidas, y apoyada más tarde a través de la asamblea general de Naciones Unidas. El IPCC sirve para revisar y sintetizar sistemáticamente el estado actual del conocimiento en lo referente al cambio climático, de forma que representa la mejor referencia del consenso científico. El trabajo para el IPCC se realiza de forma voluntaria, pero conlleva un gran prestigio en la comunidad científica.

Este consenso se ha fortalecido de forma constante, a medida que la evidencia científica se ha acumulado -y, por supuesto, a medida que el clima se calienta, confirmando y permitiendo refinar los modelos climáticos. El primer informe del IPCC (FAR; 1990) decía que los gases de efecto invernadero eran “capaces de” calentar el clima. En 1995, el segundo informe (SAR) elevaba esta apreciación a una “influencia discernible”. Para el tercer informe (2001), esto era “probablemente debido a actividades humanas”. En el cuarto informe (AR4, debido a un cambio en la nomenclatura), se precisaba que esta influencia humana era “muy probable”. Por último, la última parte del AR5, publicada el año pasado (2013) volvía a aumentar esta probabilidad, que se consideraba “extremadamente probable”.

El IPCC está formado por tres grupos de trabajo, cada uno de los cuales produce un informe, los cuales se combina en un informe de síntesis. El grupo de trabajo I se encarga de las bases físicas, el grupo de trabajo II aborda los impactos y adaptación, y el grupo de trabajo III se centra en la mitigación (cómo evitar el cambio climático). Una vez que los tres informes están publicados, se lleva a cabo un Informe de Síntesis. El informe que salió el pasado lunes era el del grupo II, el más relacionado con la economía, y por tanto el más abierto a la crítica social (ya hablamos de esto en “Let them eath growth1)Richard Tol, al que criticamos en «Que coman crecimiento«, pidió que se retirara su nombre del AR5 WGII, tras acusar al IPCC de alarmismo. En general, estamos asumiendo una posición de realismo crítico en este tema: el conocimiento científico es una creación social, pero se refiere a una realidad que es independiente del pensamiento humano. Las ciencias físicas ciertamente describen esta realidad y pueden por lo tanto reivindicar una cierta universalidad, mientras que la economía tiende a mezclar elementos específicos de la sociedad capitalista con hechos universales de la naturaleza. Esto no quiere decir que las ciencias físicas estén a salvo de la crítica social, sino que desde el punto de vista del realismo crítico, el objeto de las ciencias físicas es intransitivo (independiente de la construcción social), mientras que para la economía es transitivo, dado que este campo estudia relaciones sociales y formas sociales emergentes.. Antes de discutir el informe del grupo de trabajo II del AR5, señalaremos brevemente dos críticas bien establecidas al IPCC.

En primer lugar, al ser un cuerpo basado en el consenso, el IPCC es intrínsecamente conservador. Cada línea del “Resumen para políticos” (SPM) de cada nuevo informe tiene que ser aprobada por los representantes de todos los países participantes (más de 120, en general). Esto sirve para evitar controversia, pero también elimina visiones discordantes y, debido a los plazos de envío de artículos y al largo proceso de revisión de estos, excluye las investigaciones más recientes. Dado que estas últimas publicaciones suelen ser peores noticias que las anteriores, el consenso tiende a ser conservador, y lleva algo de retraso frente a las investigaciones más punteras (Algunos ven esto como una ventaja, ya que solo se incluyen investigaciones contrastadas, lo que da tiempo a que los resultados espúreos sean cribados y algunas conclusiones dudosas sean debidamente criticadas). Por ejemplo, el IPCC ha tendido siempre a subestimar la pérdida de hielo marino, de forma que los datos observados [de extensión de hielo marino] son siempre menores que el límite inferior de las proyecciones.

En segundo lugar, el IPCC está constreñido por el mandato de ser “relevante para las políticas pero sin prescribir políticas”, En esencia, esto supone la obligación de ser apolítico, aunque la ciencia publicada muestra de forma irrebatible que seguir como hasta ahora es incompatible con los objetivos declarados de cambio climático (por ejemplo, limitar el calentamiento a 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales). El conservadurismo inherente al IPCC está de esta forma mediado/amplificado por una diplomática discreción. Normalmente han sorteado estos condicionantes mediante la creación de escenarios [diferentes proyecciones futuras, condicionadas por la concentración de gases de efecto invernadero que haya en la atmósfera en un año dado, normalmente a mediados del siglo XXI], que muestran que las políticas actuales llevan al desastre, y que son necesarias alternativas, sin meterse a discutir en detalle cómo se llega a esos escenarios. Recientemente, esto ha implicado la creación de “caminos de concentración representativos” (RCPs), que son indiferentes a las políticas. David Pratt realiza una buena crítica del “presupuesto de carbono” en el que se basan los RCPs  aquí:

“Por desgracia, dado que mucha gente piensa que si tienes un presupuesto debes gastarte hasta el último dólar, el mensaje del “presupuesto de carbono” podría ser interpretado como que hay mucho presupuesto disponible para gastar.” 

En cualquier caso, estas críticas generales no deberían hacernos olvidar que los informes del IPCC son las obras más importantes de literatura sobre cambio climático, ya que sintetizan una inmensa cantidad de investigaciones publicadas.

El último informe

Tras leer el Resumen para políticos del último informe (el informe completo no estaba disponible todavía*), hay cinco cosas que destacan.

1) Una humildad refrescante. Pese a la habitual caricatura de los pronunciamientos científicos y económicos, el informe reconoce varios de los errores más comunes de la tecnocracia. Primero, hay un reconocimiento explícito de que:

“las prácticas y sistemas de conocimiento indígenas, locales y tradicionales, incluida la visión holística de la comunidad y el medio ambiente de los pueblos indígenas son un recurso fundamental para adaptarse al cambio climático”

En primer lugar, el SPM reconoce los límites de la valoración económica, “ya que muchos impactos, como la pérdida de vidas humanas, patrimonio cultural y servicios de ecosistema, son difíciles de evaluar y asignarles un valor”. Aunque el enmarcar los ecosistemas como “servicios” parte de la presunción de un determinado sistema económico, la frase anterior supone una precaución importante ante las cifras que se citan a continuación en el informe.

Se afirma también que el amplio rango de predicciones económicas se debe al amplio abanico de «factores de descuento». Esto es importante, dado que los factores de descuento, que son utilizados por los economistas para valorar las relaciones futuras de coste/beneficio, a menudo dan lugar a un razonamiento circular: se usa un factor de descuento alto, lo que hace que los costes futuros parezcan pequeños, lo que lleva a que actuar como si no importara el futuro parezca racional 2)Esto no quiere decir que los factores de descuento no sean útiles: pueden ser utilizados para modelar comportamientos realistas para actores económicos. De hecho, las grandes corporaciones en particular operan pensando en el muy corto plazo, uno de los motivos que nos han llevado a esta situación. El problema aparece cuando hay un movimiento circular entre el dominio descriptivo y el normativo: cuando lo que ocurre se utiliza para determinar lo que debería ocurrir..

2) Las Cinco ‘Razones para la Preocupación’ (RFCs, de sus siglas en inglés). El Quinto Informe resume las malas noticias sobre los impactos del cambio climático en cinco puntos clave. Aunque la extrema brevedad está claramente dirigida al deseo de los políticos de tener resúmenes ejecutivos de resúmenes ejecutivos, la verdad es que estos puntos resumen una cantidad enorme y muy compleja de literatura. Las cinco RFCs son:

  1. sistemas únicos amenazados (en particular el hielo marino del Ártico y los arrecifes de coral).
  2. episodios de tiempo extremo (olas de calor, precipitación extrema e inundaciones en las zonas costeras).
  3. Distribución del impacto (en particular en lo referente a la producción agrícola y el desarrollo desigual).
  4. Efectos agregados de los impactos globales (impactos en la economía y en la biodiversidad de múltiples tendencias combinadas).
  5. Acontecimientos puntuales de gran escala (impactos específicos asociados al cruce irreversible de puntos de inflexión, como la pérdida de hielo continental y el aumento del nivel del mar subsiguiente).

Por estas aseveraciones, el IPCC ha sido acusado de “alarmismo”. Pero si esto es alarmante, es solo porque las consecuencias de seguir como hasta ahora son así de malas. Si acaso, las RFCs son enunciadas en términos secos y tecnocráticos, teniendo en cuento que describen guerras, hambrunas, sequía, migraciones masivas y el colapso de ecosistemas.

3) La interseccionalidad. El SPM apoya explícitamente una aproximación interseccional a los impactos y la vulnerabilidad. Siendo cínicos, este énfasis en considerar múltiples causas podría ser visto como una forma de evitar criticar al capitalismo (lo que iría contra el mandato apolítico del IPCC). Pero, en general, este enfoque debe ser bienvenido. El informe menciona dice:

» …procesos sociales que se entrecruzan y resultan en desigualdades de estatus socieconómico e ingresos, así como en exposición [al riesgo]. Estos procesos sociales incluyen, por ejemplo, discriminación debido a género, clase, raza, edad y (dis)capacidad.3)Obviamente, el concepto de «clase» de la ONU no es marxista ni comunista libertario.»

Se podría hacer una distinción entre interseccionalidad tecnocrática o dirigida a resolver problemas, que considera los procesos citados como inevitables, y una interseccionalidad crítica que enfatizara las luchas sociales que rodean su (re)producción4)En otras palabras, reconocer que la desigualdad existe no es lo mismo que analizar las relaciones de poder que la (re)constituyen.. Esto tiene implicaciones prácticas: la primera tiende a ver la solución como más «libertad, igualdad, propiedad y Bentham«, mientras que la segunda se fija más en cómo estas exclusiones y jerarquías se reproducen mutuamente bajo condiciones capitalistas5)Para un ejemplo de interseccionalidad crítica, léase la argumentación de Jasbir Puar sobre cómo la inclusión limitada (el matrimonio entre personas del mismo sexo) para gays «homonacionalistas» ha significado simultáneamente la exclusión y patologización del «otro» musulmán en la Guerra contra el Terror. En un contexto específico de cambio climático, un buen ejemplo es Wrath of capital, de Adrian Parr, que insiste en la importancia de las relaciones de clase, sin excluir el análisis de género, raza y otros condicionantes sociales.. Esto nos lleva a uno de los defectos del SPM:

4) La relación entre la reducción de la pobreza y el crecimiento económico. El SPM relaciona la reducción del crecimiento económico debido al cambio climático con las crecientes dificultades en la reducción de la pobreza. Esto se hace eco de la conocida pero completamente errónea idea del «trickle-down» y la curva de Kuznets. El reciente trabajo de Thomas Piketty sobre la desigualdad hace hincapié en que la tendencia es hacia un aumento de la polarización y la pauperización relativa, con breves inversiones a lo largo del siglo XX debido a factores excepcionales. De la página 15 de El capital en el siglo XXI:

«La aguda reducción de la desigualdad de ingresos que se observa en casi todos los países ricos entre 1914 y 1945 se debió sobre todo a las guerras mundiales y a los violentos cambios políticos y económicos que conllevaron, especialmente para gente con grandes fortunas. Tuvo muy poco que ver con el pacífico proceso de movilidad entre clases descrito por Kuznets6)Piketty es un socialdemócrata al que le gusta enfatizar que Marx se equivocaba, pero ha reunido una gran cantidad de datos económicos muy útiles (que, además, sugieren lo contrario

Además, el análisis de Beverly Silver del sector automovilístico ha demostrado que la mejora de las condiciones locales están fuertemente relacionadas con el nivel de lucha de clases. Dicho esto, el informe del IPCC incide en que el cambio climático afectará desproporcionadamente a los que ya viven en la pobreza y la marginalidad, por lo que el titular de que el cambio climático es malo para la reducción de la pobreza sigue siendo válido.

5) El énfasis en la resiliencia. Para terminar, el informe da una definición útil de resiliencia, un término que despierta cada vez más dudas. Es la siguiente:

«La capacidad de los sistemas sociales, económicos y medioambientales de enfrentarse a un acontecimiento, una tendencia o una perturbación peligrosa, y responder o reorganizarse de forma que se mantenga su función, identidad y estructura esenciales, pero sin perder la capacidad de adaptación, aprendizaje y transformación.»

El término viene de la ecología, pero está siendo recuperado e incorporado al lenguaje político. La definición dada muestra por qué: los estados enfatizan el aspecto conservador de «mantener su función esencial», mientras que los ecologistas (y quizá los radicales) hacen hincapié en «la capacidad de adaptarse, aprender y transformarse». Un crítico señala cómo el uso por parte de los estados de «resiliencia» se concreta en insistir continuamente en que nos conformemos y aguantemos calamidades, convirtiéndose básicamente en «aguantaos y seguid adelante». Pero este significado recuperado no agota los significados del concepto, y la capacidad de transformación social bajo condiciones adversas es sin duda central al problema del cambio climático.

Mientras…

…el Secretario de Estado de los Estados Unidos ha avisado de que la inacción frente al cambio climático puede ser catastrófica, mientras los Estados Unidos siguen adelante con el proyecto del oleoducto Keystone XL (la construcción del proyecto Keystone XL fue finalmente detenida por la administración Obama debido a la presión activista. Tras la llegada de Donald Trump al poder, el proyecto se retomó)  para aumentar aún más la producción de combustibles fósiles no convencionales. Los gobernantes ven la catástrofe en el horizonte… y aceleran. Ninguna cantidad de consenso científico va a cambiar eso, solo el bloqueo del desarrollo basado en combustibles fósiles.

 

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.

Referencias   [ + ]

1. Richard Tol, al que criticamos en «Que coman crecimiento«, pidió que se retirara su nombre del AR5 WGII, tras acusar al IPCC de alarmismo. En general, estamos asumiendo una posición de realismo crítico en este tema: el conocimiento científico es una creación social, pero se refiere a una realidad que es independiente del pensamiento humano. Las ciencias físicas ciertamente describen esta realidad y pueden por lo tanto reivindicar una cierta universalidad, mientras que la economía tiende a mezclar elementos específicos de la sociedad capitalista con hechos universales de la naturaleza. Esto no quiere decir que las ciencias físicas estén a salvo de la crítica social, sino que desde el punto de vista del realismo crítico, el objeto de las ciencias físicas es intransitivo (independiente de la construcción social), mientras que para la economía es transitivo, dado que este campo estudia relaciones sociales y formas sociales emergentes.
2. Esto no quiere decir que los factores de descuento no sean útiles: pueden ser utilizados para modelar comportamientos realistas para actores económicos. De hecho, las grandes corporaciones en particular operan pensando en el muy corto plazo, uno de los motivos que nos han llevado a esta situación. El problema aparece cuando hay un movimiento circular entre el dominio descriptivo y el normativo: cuando lo que ocurre se utiliza para determinar lo que debería ocurrir.
3. Obviamente, el concepto de «clase» de la ONU no es marxista ni comunista libertario.
4. En otras palabras, reconocer que la desigualdad existe no es lo mismo que analizar las relaciones de poder que la (re)constituyen.
5. Para un ejemplo de interseccionalidad crítica, léase la argumentación de Jasbir Puar sobre cómo la inclusión limitada (el matrimonio entre personas del mismo sexo) para gays «homonacionalistas» ha significado simultáneamente la exclusión y patologización del «otro» musulmán en la Guerra contra el Terror. En un contexto específico de cambio climático, un buen ejemplo es Wrath of capital, de Adrian Parr, que insiste en la importancia de las relaciones de clase, sin excluir el análisis de género, raza y otros condicionantes sociales.
6. Piketty es un socialdemócrata al que le gusta enfatizar que Marx se equivocaba, pero ha reunido una gran cantidad de datos económicos muy útiles (que, además, sugieren lo contrario
qué hacer, traducciones

Crítica al catastrofismo climático (Daniel Aldana Cohen)

Traducido de https://www.jacobinmag.com/2017/07/climate-change-new-york-magazine-response.

Un ejemplo clásico de eco-apartheid, visto desde el cielo, en São Paulo. Luiz Arthur Leirao Vieira

El artículo «The Uninhabitable Earth» (La Tierra inhabitable), de Wallace-Wells, publicado en la revista New York, fetichiza de forma selectiva la ciencia natural y es social y políticamente inútil.

Voy a dejar la ciencia a Michael Mann, que la expone en su página de Facebook. Sí, obviamente, si no llevamos a cabo ninguna acción real para reducir las emisiones estamos jodidos. PERO: Eso no va a suceder. La zona de peligro realmente realista es una combinación de muy poca descarbonización, que ocurra demasiado tarde, en el contexto de un endurecimiento de las desigualdades de clase, raza y género —en suma, un eco-apartheid—. Esas brutales desigualdades y las balas que las mantienen —no las moléculas de metano— son lo que matará a la gente.

Y que la violencia climática no resultaría de que no se redujeran en absoluto las emisiones. Es totalmente compatible con una enorme reducción de emisiones. Aunque, por supuesto, cuanto menos reduzcamos las emisiones mediante un amplio programa de intervención económica igualitaria (o «ecologías democráticas»), más probable es que haya violencia.

Es más, el colapso ecológico no resultará del calentamiento desbocado porque no hay ninguna posibilidad de que alcancemos los +4 °C sin que se dé una serie masiva —y potencialmente horripilante, pero también potencialmente salvadora— de esfuerzos en geoingeniería. Un solo país pobre podría llenar la atmósfera de azufre, bloqueando mucha luz solar. Y esto sería muy peligroso. También es concebible que la luz del sol fuera más tenue durante cinco años a fin de comprar tiempo para eliminar el carbono. Deberíamos hacer todo lo posible para evitar llegar a ese punto, pero eso no significa que no vaya a suceder.

No apoyo la geoingeniería o el eco-apartheid, pero esas son las dos pesadillas más probables. Y la primera podría, en el contexto de una intervención muy breve y específica e inteligente, ayudar a prevenir la segunda. (Aunque, como se desprende de todo lo que he dicho o escrito, estoy de acuerdo con el aplastante consenso de todas las personas de buena voluntad de que debemos ir con todo a una descarbonización de manera increíblemente rápida y radical.)

La palabra «capitalismo» aparece cuatro veces en este artículo de muchos miles de palabras. Si bien aparentemente entra en el debate acerca de lo que los humanos se están haciendo a sí mismos, en su lugar fetichiza la parte que le conviene de las ciencias naturales, junto con un resumen del aspecto más débil y menos crítico de la ciencia social del clima.

¿Es cierto que prácticamente todo el mundo subestima los peligros que plantea el cambio climático? Sí. Pero ¿la mayor amenaza es simplemente el cambio climático sin control? No: es el «demasiado poco, demasiado tarde», sumado a la guerra racial y de clases y a los experimentos con el planeta. Es, básicamente, el peligro de que una despiadada minoría de derechas imponga el privilegio de unos pocos ricos sobre todos los demás. Esa es la verdadera y aterradora (y política) historia.

Si la política climática satisface las aspiraciones de la mayoría global a través de «ecologías democráticas», podremos luchar contra el eco-apartheid y descarbonizar la prosperidad.

Y de ello resulta que la solución no es una mejor comprensión de la ciencia. Son las campañas políticas las que ponen de relieve la igualdad, la prosperidad y la esperanza. Siento la autocita, pero acabo de escribir sobre este tema:

Independientemente de cuáles sean en última instancia los puntos de inflexión del sistema tierra, cada fracción de un grado de calentamiento que evitamos significa salvar millones de vidas —personas que podrían jugar en las ciudades que, esperamos, habremos liberado totalmente del patriarcado—. Cada centímetro de elevación del nivel del mar que evitamos aleja en mayor medida a Nueva York —y Miami, y Shanghai, y Dhaka, y Ciudad Ho Chi Minh— del derrumbe. Cada tonelada extra de combustible fósil que mantenemos en el suelo significa que más casas cerca del borde del agua se mantendrán en pie. Cada unidad de energía que nunca usamos, porque organizamos nuestras ciudades de manera más justa y eficiente, nos da más tiempo para construir una infraestructura más inteligente, una energía más limpia. Y a medida que corremos para mantenernos a salvo, la lucha contra el racismo se convierte en una lucha contra el eco-apartheid.

Vale la pena ganar cada pequeña victoria. Así es como veo la «guerra de posiciones» de Antonio Gramsci en el siglo XXI: la guerra de trincheras del carbón. Desde cada posición excavada, la posibilidad de un avance repentino. No sabemos cuándo llega ese momento. Pero luchamos obstinadamente hasta que lo haga, para estar listos. Para mantener el ánimo, compartimos historias: sobre destellos de heroísmo y sobre una larga vida incierta, sobre peligros líquidos y placeres cálidos.

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.
menos básico, traducciones

¿Cuánto dióxido de carbono podemos emitir? (Glen Peters)

Modificado a partir del artículo de Glen Peters How much carbon dioxide can we emit?

El punto de partida es el siguiente: la Madre Tierra se está calentando, y la acumulación de CO2 en la atmósfera es la responsable. Como dicen los expertos del 5º informe sobre el Cambio Climático (IPCC): “Las emisiones acumuladas de CO2 determinan en gran medida el calentamiento global de la superficie a finales del siglo XXI y en adelante”.

Por tanto, a pesar de la complejidad del sistema climático, existe una relación bastante simple entre el aumento de la temperatura a largo plazo y la cantidad total de dióxido de carbono emitido. Entonces, uno podría pensar que podemos calcular cuánto CO2 podemos emitir para mantener la temperatura por debajo de cierto umbral. Es decir, ¿podemos calcular un presupuesto de cuánto carbono podemos emitir? La respuesta no está clara.

 

El presupuesto de carbono (for dummies)

El presupuesto de carbono se calcula considerando cuánto hemos emitido hasta el momento y cuánto podemos emitir todavía, con el objetivo de que el aumento de la temperatura global no sobrepase los 2ºC. A día de hoy, ya hemos emitido 2100 mil millones de toneladas. Como indican los expertos del IPCC, un presupuesto de carbono restante de alrededor de 800 mil millones de toneladas de CO2 limitaría el calentamiento humano total a menos de 2°C en relación con el período 1861-1880, con una probabilidad superior al 66%, como se muestra en la Figura 1. Si las emisiones continúan en el nivel de hoy, este presupuesto se habrá alcanzado totalmente en 20 años.

Figura 1. Perspectivas del presupuesto de carbono: 1. Ya hemos emitido 2100 mil millones toneladas de CO2, y si emitimos 800 mil millones de toneladas más, entonces hay un 66% de probabilidad de que superemos los 2 ° C. 2. Habremos emitido este CO2 alrededor de 2040 a las actuales tasas de emisión. 3. Un concepto hermosamente simple, pero que es mucho más complejo en la realidad.

¡Quieto ahí, no es tan simple!

Visto así, el concepto de presupuesto de carbono parece un concepto hermosamente simple. El presupuesto debería ser fácil de actualizar con cada nuevo año de emisiones y así rastrear la velocidad con que estamos consumiendo el presupuesto de carbono. ¿Correcto? El problema es que no hay un «único» presupuesto de carbono, como vemos en la Figura 2 hay muchos presupuestos de carbono igualmente defendibles. ¿Por qué? Veamos cómo y con qué herramientas se calculan estos presupuestos. A continuación vamos analizar los siguientes aspectos: temperatura y probabilidad, tipo de modelos y estimaciones de emisiones históricas.

 

Figura 2: En el resumen del Informe de síntesis del IPCC, el resto del presupuesto de carbono es un mar de números. ¡Hay muchos presupuestos para elegir!

 

  1. Temperatura y probabilidad

El concepto de presupuesto de carbono es probabilístico, dado que existen demasiadas incertidumbres en el sistema climático, el sistema socioeconómico e incluso en las emisiones emitidas históricamente. Por ello, el IPCC da los presupuestos de carbono con una probabilidad de 33%, 50% y 66% de permanecer por debajo de 1,5 °C, 2 °C y 3 °C.

¿Con cuál no quedamos? El IPCC se refiere generalmente a 2°C con una probabilidad del 66%, lo que es discutible que esté de acuerdo con el «muy por debajo de 2°C» mencionado en el acuerdo de París, pero por ahora, vamos a trabajar con 2°C con un 66% de posibilidades.

 

  1. Tipo de modelo

Como se ha explicado en el texto sobre conocimientos básicos (ir a pág. 7)  los modelos son necesarios para reproducir el clima y plantear los posibles escenarios futuros. Sin embargo, hay una gran variedad entre los distintos tipos de modelos, desde modelos simples a modelos más complejos.

Los modelos complejos son capaces de reproducir detalladamente los fenómenos que se producen en el sistema climático, desde el océano hasta las capas altas de la atmosfera, así como la evolución de las capas de hielo. Es decir,  describen muy detalladamente la evolución del clima. Estos modelos se inicializan en un año determinado y se dejan correr en el tiempo, de modo que reproducen la realidad observada y más allá en el tiempo. Normalmente estos modelos se inicializan más de una vez y cada vez que se corren dan resultados distintos, debido a la variabilidad interna de los propios modelos. Por tanto, podemos correr un modelo complejo 10 veces y obtener 10 simulaciones distintas, dando lugar a un conjunto de 10 simulaciones. Para cada modelo y conjunto el CO2 acumulado se estima en el momento en el que la temperatura “excede” un umbral dado (exceeding treshold), véase la Figura 3. Se calculan los resultados de múltiples modelos y conjuntos y se calculan las emisiones acumuladas de CO2 cuando el 33%, 50% o 66% de las combinaciones de conjuntos de modelos exceden el nivel de temperatura considerado. De modo que en estos modelos complejos la probabilidad refleja la variación entre modelos.

Figura 3: Un ejemplo ilustrativo de cómo se pueden estimar los diferentes presupuestos. Es posible estimar emisiones acumuladas de CO2 para escenarios que superen un determinado umbral de temperatura (línea que sobrepasa los 2ºC) y escenarios que eviten el umbral (línea que no sobrepasa los 2ºC), con las estimaciones del presupuesto en el momento de la temperatura máxima.

 

Los modelos simples (¡no tan simples!), en cambio, son modelos del sistema socioeconómico, principalmente del sistema energético, y se usan para analizar las trayectorias de mitigación. El resultado de los modelos son trayectorias de emisiones, a partir de las cuales se pueden estimar trayectorias de temperatura utilizando un modelo climático simple. Se puede estimar una respuesta de temperatura probabilística basada en las incertidumbres en el sistema climático (al 33%, 50%, 66% de probabilidad), pero esta es una incertidumbre bastante diferente a la que se usa en los modelos complejos. En los modelos simples el presupuesto de carbono se calcula a partir de las emisiones de CO2 acumuladas  y considerando que en todos los escenarios la temperatura máxima no alcanza el límite (por ejemplo, 2 °C). Puesto que los modelos funcionan con relativa rapidez, pueden estimar el presupuesto de carbono para múltiples escenarios diferentes, en lugar de para un solo escenario como hacen los modelos complejos.

En resumen, como se observa en la Figura 3, los modelos complejos utilizan un solo escenario y un presupuesto de sobrepaso  y los modelos simples utilizan múltiples escenarios y un presupuesto de evitación. Los presupuestos de carbono de los modelos complejos y modelos simples son ambos correctos, pero nos dan información diferente. Por lo tanto, tiene sentido informar de ambos conjuntos de números. Un punto bastante técnico, pero no menos importante, es que la probabilidad en los modelos complejos y los modelos simples no es directamente comparable.

  1. Estimaciones históricas de emisiones

Otro punto clave es establecer en qué valor fijamos las emisiones históricas. El IPCC da los presupuestos de carbono desde 1870 y desde 2011. A pesar de las incertidumbre, hay un valor relativamente aceptado para las emisiones históricas de CO2. Sin embargo, la forma en que los modelos complejos estiman las emisiones históricas complica las cosas.

Los modelos complejos incluyen el ciclo del carbono, pero hay dos maneras principales de ejecutar estos modelos complejos: basados en la concentración, que utilizan las concentraciones atmosféricas como entrada, y basados en emisiones, que utilizan las emisiones de gases de efecto invernadero como entrada. Un cálculo basado en la concentración permite centrarse en el sistema climático sin incluir las complejidades del ciclo del carbono o la química atmosférica. Aun así, dado que el ciclo del carbono es una de las partes más inciertas del sistema climático, de cada modelo complejo se pueden obtener estimaciones bastante diferentes de las emisiones históricas. Esto se observa claramente en la Figura 2.

Por ejemplo, para los modelos complejos y el caso del 66% y 2ºC (recuadros con línea continua en la Figura 2) la resta de emisiones acumuladas “desde 1870”  (2900 Gt) y “desde 2011” (1000 Gt) da lugar a emisiones históricas implícitas de 1900 mil millones de toneladas de CO2:

 2900 Gt (desde 1870) – 1000 Gt (desde 2011) = 1900 Gt

En cambio, para el caso del 33% y 3ºC (recuadros con líneas discontinuas en la Figura 2), “desde 1870” (4850 Gt) y “desde 2011” (3250 Gt) la diferencia es de 1600 mil millones de toneladas de CO2:

 4850 Gt (desde 1870) – 3250 Gt (desde 2011) = 1600 Gt

Por tanto, para los modelos complejos tenemos una amplia horquilla de valores. En pocas palabras, las emisiones históricas obtenidas de los modelos complejos son mucho más inciertas que las emisiones históricas que medimos. Los modelos simples no tienen este problema y todas las filas del cuadro resumen del IPCC (ver los recuadros con líneas punteadas en Figura 2) dan unas emisiones acumuladas de 1750 mil millones de toneladas de CO2 entre 1870 y 2011.

Sin embargo, desde la publicación de este informe, nuestro conocimiento de las emisiones históricas ha cambiado y las últimas emisiones estimadas para el periodo 1870-2011 son ahora aproximadamente de 1880 mil millones de toneladas de CO2, alrededor de 100 mil millones de toneladas de CO2 más que las reportadas en 2014 por el IPCC para el mismo período. Además, durante el período 2012-2016, se han producido emisiones de alrededor de 200 mil millones de toneladas de CO2. Por tanto, las emisiones totales entre  1870 y 2016 son alrededor de 2080 mil millones de toneladas de CO2, redondeando obtenemos la cifra de 2100  mil millones de toneladas que dábamos al principio del texto.

 

Quiero el último presupuesto de carbono del IPCC, ¿cómo lo estimo?

El IPCC estima dos presupuestos distintos para dos períodos de tiempo diferentes (Figura 2). Yo recomendaría usar los presupuestos de carbono tanto de los modelos complejos como de los modelos simples. Utilizar la estimación del modelo complejo como estimación central, y la estimación del modelo simple como un rango. Debido a las complejidades y a las revisiones de las emisiones históricas, también recomiendo el uso de las emisiones acumuladas de CO2 a partir de 1870 y restar las últimas estimaciones de emisiones históricas de CO2 desde entonces. Por tanto, para un escenario de  2 °C con una probabilidad de 66%, hemos visto que las emisiones totales entre 1870 y 2016 son de 2100 mil millones de toneladas de CO2. La diferencia con respecto a 1870 para el caso de los modelos complejos da lugar a 800 mil millones de toneladas de CO2:

2900 Gt (desde 1870) – 2100 Gt (emisiones entre 1870 y 2016) = 800 Gt

Para los modelos simples, en cambio, tenemos un rango entre 450 y 1050 mil millones de toneladas de CO2:

2550-3150 Gt (desde 1870)– 2100 Gt (emisiones entre 1870 y 2016)=450-1050Gt

Todos estos números se redondean a los 500 mil millones de toneladas de CO2 más cercanos.

 

Complejidades con los 1,5 °C

Actualmente hay mucho interés en el presupuesto de carbono de 1,5 °C, especialmente desde el Acuerdo de París. El presupuesto de carbono restante para 1,5 °C de los modelos complejos varía dependiendo de los supuestos. Para un 50% de probabilidad a 1,5 °C, el presupuesto actualizado que se obtiene a partir de 1870 es de 150 mil millones de toneladas de CO2:

2250 Gt (desde 1870) – 2100 Gt (emisiones entre 1870 y 2016) = 150 Gt

Pero actualizado a partir de 2011 es de 350 mil millones de toneladas de CO2:

550 Gt (desde 2011) – 200 Gt (emisiones entre 2011 y 2016) = 350 Gt

El actual presupuesto de carbono de los modelos simples es de 200-250 mil millones de toneladas de CO2 desde 1870:

2300-2350 Gt (desde 1870) – 2100 Gt (emisiones entre 1870 y 2016)=200-250 Gt

O de 350-400 mil millones de toneladas de CO2 a partir de 2011:

550-600 Gt (desde 2011) – 200 Gt (emisiones entre 2011 y 2016) = 350-400 Gt

Por tanto, aun teniendo en cuenta la gran incertidumbre asociada con esta estimación, para un escenario de 1,5 °C con un 50%-66% de probabilidad, recomiendo 150 mil millones de toneladas de CO2.

 

La moraleja de la historia

La moraleja de la historia es que no hay un solo “presupuesto de carbono”. Sin embargo, el mensaje central del concepto de “presupuesto de carbono” es que las emisiones deben alcanzar un valor neto de cero (de lo contrario, el presupuesto seguirá creciendo). Que el presupuesto restante sea de 700, 800 o 900 mil millones de toneladas de CO2 es en gran medida irrelevante, ya que de cualquier manera, las emisiones deben ir a cero a un ritmo sin precedentes.

De acuerdo con el IPCC «las reservas estimadas totales de depósitos de carbono fósil superan la cantidad restante con un factor de 4 a 7, habiendo recursos aún mayores». Las implicaciones son claras: no tenemos tiempo y no podemos usar todas las reservas conocidas de combustibles fósiles. Por tanto, los combustibles fósiles tendrán que permanecer bajo tierra, pero la cantidad que debe permanecer allí dependerá del presupuesto de carbono.

Si te gusta lo que hacemos en Contra el diluvio, puedes suscribirte a nuestra newsletter, Aquí antes nevaba todos los días, para estar siempre al tanto de lo que hacemos. Suscríbete aquí.