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Imágenes del cambio climático – breve reflexión sobre el concurso de relatos #navidad2050

Ya terminó el concurso, ya fueron establecidos los ganadores. Y nos gustó mucho la cantidad de gente que participó y la variedad de relatos que hubo, algo que creemos que quedó reflejado en la selección final. Sin embargo, también nos quedamos un poco preocupados. Uno de los principios básicos que guían nuestra acción como colectivo es que no es tarde para actuar, y que el pesimismo (el mundo está condenado, de aquí a cinco años estamos todos viviendo en un desierto, el mar cubrirá La Mancha antes de 2040) no es útil. Creemos que un discurso apocalíptico, aparte de no estar basado en la realidad, produce más parálisis que otra cosa. 

Imaginad, pues, nuestra cara cuando empezamos a leer los tristísimos relatos que recibimos. Para que se entienda mejor, hemos hecho un concienzudo análisis estadístico (¡datos!) de aquellos relatos que establecían un escenario claramente positivo o negativo (comparado con las proyecciones climáticas más recientes). Y el resultado es… descorazonador:

Los relatos que plantean situaciones exageradamente apocalípticas superan 3 a 1 a los “optimistas” (que en realidad se acercan bastante más a lo que se prevé que sea el año 2050 en la Península Ibérica). Entendemos que parte se deberá a que el drama funciona mejor narrativamente, pero aun así hay demasiada catástrofe, demasiada tragedia peliculera en los relatos. Vamos a ver con un poco más detalle qué cambios son los que aparecen mencionados en los relatos.

 

Hemos hecho tres grupos bastante laxos, que aparecen casi por igual en el conjunto de relatos. Llama la atención el de la dieta: efectivamente, muchos relatos hablan de cambios en las cenas de navidad (era el tema, al fin y al cabo), y lo hacen de forma bastante realista en cuanto a la comida (más vegetales, menos carne, el pescado como producto de ultralujo…). De hecho, muchos de estos relatos entran dentro de los “optimistas”: proponen cambios importantes, algunos sacrificios, pero no una catástrofe. Sin embargo, al hablar del agua la cosa se va de madre: abuelas que caminan cincuenta kilómetros para conseguir una garrafa, niñas de siete años que no han probado el agua dulce… Por suerte, en 2050, y por muy mal que vaya la cosa, no habremos llegado a ese punto. Pero sigamos con los otros dos tercios de la tarta: cambios sociales y políticos y cambios ambientales:

En cuanto a los cambios políticos (y aquí estamos solo en lo pesimista, que nos ha parecido más interesante), hemos hecho tres grupos parecidos en cuanto a tamaño. Están los que vaticinan algún tipo de ecofascismo (con interesantes variaciones: algunas veces estamos en el lado de los privilegiados y algunas en el de los que se quedan fuera del muro). Las menciones a estos cambios políticos son exageradas (son relatos muy muy cortos, al fin y al cabo, es difícil ir al detalle), pero nos tememos que en este caso sí que es algo más realista. No parece descabellado que, ante la exacerbación de los conflictos sociales y migratorios causados por el cambio climático haya un repliegue de las sociedades ricas, que endurezcan las fronteras y el control sobre los ciudadanos. En el otro extremo en cuanto a control social estaría el casi 40% de relatos que da a entender que habrá una práctica desaparición de la sociedad organizada: hay muchas menciones a grupos forrajeando en ciudades derruidas, fogatas de campamento… de nuevo, es poco probable que el cambio climático nos lleve a eso, no ya en 2050, sino en 2100. Sí que son más plausibles los relatos que hablan de restricciones al viajar, en algunos caso por la escasez de combustibles fósiles, en otros por el control de fronteras. Es importante recalcar que, aunque sea atractivo para algunos fantasear con el peak oil y el fin de la civilización, es algo que no podemos permitirnos: no podemos llegar a gastar ni el petróleo que ya se ha descubierto. Idealmente, no habrá restricciones: dejaremos de depender del petróleo antes. Si no es así, será un problema.

Pero vamos a los cambios ambientales, que es donde nos hemos llevado las manos a la cabeza. Algunos han hablado de especies desaparecidas, cosa que es probable que ocurra: a la crisis climática actual le está acompañando un ritmo de extinción de especies que no se veía desde hacía millones de años. Sin embargo, son mucho más comunes las referencias a la subida del nivel del mar y a la desertización. Esto último es plausible, si bien no a los extremos planteados por los relatistas. De hecho, es el principal riesgo ambiental en la Península Ibérica. Lo que no es para nada realista son los ascensos del nivel del mar de diez, quince o tres mil metros que se dan a entender en muchos relatos. Las proyecciones más pesimistas hablan de subidas de uno o dos metros para el final del siglo XXI, algo más en las islas.

¿Por qué este empeño en tranquilizaros y en no alarmar, queridos lectores? ¡Pues porque dos metros de subida del nivel del mar ya es gravísimo! ¡Ya son miles de personas desplazadas, ecosistemas destruidos y redes de suministro en peligro! ¡No hace falta plantear escenarios de fin del mundo -que en muchas ocasiones parecen casi deseables, como una vuelta a la supuesta simplicidad del pasado- para que quede claro el reto que tenemos entre manos! Es importante tener claro que los cambios de los que hablamos serán graduales, pero imparables si no hacemos nada. Y que podemos hacer algo. Un principio es centrarnos en cómo queremos que sea 2050, y qué podemos hacer ahora para acercarnos lo más posible a ese objetivo.

De momento, nosotros vamos a leernos este informe sobre cambio climático en España y a escribir un post al respecto. 

 

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Llei catalana de canvi climàtic: anticonstitucional

Por Salvador Lladó (@Salva_Lladó), doctor en microbiologia ambiental y biotecnologia i membre del grup de treball sobre canvi climàtic de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP). [en castellano]

Aquestes últimes setmanes, hem vist diferents “personalitats” de la política espanyola molt preocupades pel canvi climàtic, des del Borbó fins Pablo Iglesias. No analitzaré el discurs del Borbó per poc rellevant i perquè tampoc esperava molt d’ell, però em va impactar una cosa que va dir Pablo Iglesias: “Hi ha qui ens diu que som catastrofistes, però ens estem jugant el futur de la humanitat, perquè si el planeta se’n va en orris, no hi haurà possibilitat que la vida segueixi existint “. Aquest és el nivell. La vida serà arrasada del pal atac alienígena de peli americana de sèrie B. Llavors, i sentint-ho molt, jo també li he de dir al Pablo que és catastrofista. Pablo, la vida no desapareixerà, però el que està clar és que si no posem fre a les emissions de gasos d’efecte hivernacle (GEH), la vida al planeta Terra pot arribar a ser bastant diferent de com la coneixem, en un termini de poques dècades. Segurament, Pablo, des de la seva visió antropocèntrica, estava pensant en l’extinció de l’espècie humana, però bé, també això és poc probable, tot i que potser ens ho mereixem.

El lector interessat, pot observar a la llei, una sèrie de característiques que la fan, objectivament, una de les més avançades d’Europa i del món.

No dic jo que això del fòrum del clima sigui una mala idea, ni de bon tros. Tant de bo en surtin molt bones idees per fer una llei de canvi climàtic i transició energètica a l’altura del que necessita el país de l’impost al sol. El que si m’estranya és no haver sentit a Pablo Iglesias (ni a ningú d’Units Podem) queixar-se quan el govern espanyol va impugnar al Tribunal Constitucional (TC) la llei catalana de canvi climàtic, aprovada pel Parlament Català a finals de juliol de 2017. Això, si he de ser sincer, m’entristeix. Hi va haver moltíssima feina en aquesta llei, i va ser aprovada amb gran consens (124 vots a favor i 11 abstencions, les del PP). El lector interessat, pot observar a la llei, una sèrie de característiques que la fan, objectivament, una de les més avançades d’Europa i del món. Les negociacions entre partits molt separats entre si en l’eix esquerra-dreta (PDCat, ERC i CUP) van ser intenses, però podem estar orgullosos dels resultats obtinguts, tenint en compte el pes de la dreta a l’executiu català. A més, el treball no va ser només de polítics i assessors, sinó que hi va haver gran participació de la societat civil, representada en major part per organitzacions ecologistes. L’objectiu d’aquest breu article no serà un altre que intentar explicar els articles més destacats d’aquesta llei, i perquè crec que ha estat portada al TC, a banda de per ser catalana.

La llei Catalana de Canvi Climàtic (text íntegre al web de la Generalitat de Catalunya) destaca al meu parer pels següents punts: pressupostos de carboni, nous impostos i eco-etiquetatge.

Pressupostos de carboni: quota d’emissions de GEH assignada a una entitat, una organització o un territori durant un determinat període. Són un mecanisme de planificació i seguiment per a la integració dels objectius d’aquesta Llei en les polítiques sectorials. S’estableixen per períodes de cinc anys i s’aproven amb una antelació de deu anys. S’expliquen en l’article 7 del redactat i el seu objectiu és crear límits més durs als actuals dins el sistema europeu d’emissions (EU-ETS), sistema que s’ha demostrat més que ineficaç i basat en les injustes lleis de lliure mercat. Aquest article va ser impugnat al TC perquè, sempre segons el govern espanyol, envaeix les seves competències d’ordenació econòmica, energètica i de protecció del medi ambient. Així d’entrada, em sembla que el que envaeix en realitat són les poques ganes que té el govern del Regne d’Espanya de posar límits durs als grans emissors. Però vaja, no m’agradaria ser malpensat.

Impostos: hi ha tres grans impostos descrits en la llei catalana de canvi climàtic, però un de sol detallat i llest per entrar en vigor, l’impost sobre emissions de diòxid de carboni de vehicles de tracció mecànica. Lluny de ser perfecte (en no ser un impost lligat al quilometratge del vehicle pot ser considerat injust), aquest va ser una aproximació de consens per taxar les emissions contaminants dels vehicles privats. L’impost queda detallat en els articles del 40 al 50 de la llei i també va ser impugnat, exposant els mateixos motius que hem vist per als pressupostos de carboni. Podria semblar així, que el govern de l’Estat no té interès en solucionar els problemes de contaminació de les grans ciutats. La recaptació d’aquest impost anava a ser destinada al fons climàtic, creat en aquesta mateixa llei, per a subvencionar projectes públics i privats que ajudin a complir els ambiciosos objectius plantejats d’adaptació i mitigació del canvi climàtic. Això podria haver estat, per exemple, potenciar el transport públic català, del qual el govern de l’Estat es va desentendre fa temps, com hem pogut constatar a principis d’aquest 2018 amb les queixes de l’ajuntament de Barcelona. Els altres dos impostos (activitats econòmiques i grans vaixells) no han estat impugnats ja que van entrar en disposicions finals de la llei i el propòsit de l’executiu català és crear lleis específiques per a ells. De tota manera, veient la gran ambició d’aquests dos impostos, tocant de ple al port de Barcelona i als grans emissors de GEH industrials, respectivament, no els auguro un futur diferent. L’objectiu és clar, complementar un sistema de mercat (EU-ETS) amb un d’impositiu, com ja es fa al Regne Unit per les emissions de diòxid de carboni. Per altra banda, començar a taxar les emissions NOx de creuers i grans vaixells mercants, un gravíssim problema a la ciutat de Barcelona a causa de models de consum i turisme globalitzats, molt poc donats a respectar el dret a un ambient saludable.

Eco-etiquetatge: avaluació de la petjada de carboni de productes de consum. Ha d’establir les bases per a un sistema d’avaluació de la petjada de carboni de productes. Aquest sistema es desenvoluparà reglamentàriament, perquè els consumidors puguin decidir el seu consum coneixent les emissions que ha generat la producció i el transport d’un determinat bé. Els productes han d’incorporar una avaluació de la petjada de carboni visible en l’etiquetatge i l’embalatge. Els resultats de l’empremta han de ser llegibles i fàcilment visibles i han de jugar un mínim del 10% de la superfície de l’etiquetatge. Molt estranyament, aquest article (Art. 56) no ha estat impugnat. Se’ls hi haurà oblidat.

A part d’aquests, que són els punts que jo considero crucials per fer d’aquesta llei una de les més avançades d’Europa, hi ha molts més que han estat impugnats. Com per exemple el perillosíssim article 2.2.e: establir mecanismes que proveeixin informació objectiva i avaluable sobre tots els aspectes relacionats amb el canvi climàtic, la seva evolució temporal i els seus impactes. Crear coneixement és una cosa que òbviament ha de ser inconstitucional en qualsevol Estat que es preï. M’estranya també que no hagin impugnat la creació de la Taula social del canvi climàtic, ja que també és horrible intentar que el teixit social català participi i opini sobre com s’implementen les lleis.

No lluiteu només contra el canvi climàtic, també lluiteu contra un Estat amb molt poques ganes de canviar un model productiu assassí.

Tot això només pretén ser un avís per a totes aquelles persones que hagin de participar en fer esmenes al projecte de llei de canvi climàtic espanyola i en particular al fòrum del clima. No lluiteu només contra el canvi climàtic, també lluiteu contra un Estat amb molt poques ganes de canviar un model productiu assassí. Una llei de canvi climàtic sense nous impostos que recaptin diners per a potenciar una transició a un model que realment minimitzi la fractura metabòlica amb la natura, serà només un redactat de bones intencions, que és bàsicament en el que pretenen deixar la llei catalana. No em sembla que el govern espanyol actual tingui moltes ganes d’aplicar el principi de qui contamina paga. De tota manera, per la meva banda, tot el meu suport al fòrum del clima, si aconsegueixen una bona llei, sortirem guanyant tots. I finalment, agrair a Contra el Diluvio la seva iniciativa nascuda a Twitter i els meus millors desitjos. Em consta que a ells si els va cabrejar el tema de la llei de canvi climàtic catalana, no com a altres que van de progres, però s’han empassat de ple la gran fal·làcia que el creixement infinit és possible en un planeta finit.

Salvador Lladó (@Salva_Lladó): Dr. en microbiologia ambiental y biotecnologia i membre del grup de treball sobre canvi climàtic de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP).

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Ley catalana de cambio climático: anticonstitucional

Es un placer publicar esta colaboración de Salvador Lladó, doctor en microbiología ambiental y biotecnología y miembro del grupo de trabajo sobre cambio climático de la Candidatura de Unidad Popular (CUP) [en catalán]

Estas últimas semanas hemos visto distintas “personalidades” de la política española muy preocupadas por el cambio climático, desde el Borbón hasta Pablo Iglesias. No analizaré el discurso del Borbón por poco relevante y porque tampoco esperaba mucho de él, pero me impactó algo que dijo Pablo Iglesias: “hay quien nos dice que somos catastrofistas, pero nos estamos jugando el futuro de la humanidad, porque si el planeta se va al garete, no habrá posibilidad de que la vida siga existiendo”. Este es el nivel. La vida va a ser arrasada en plan ataque alienígena de peli americana de serie B. Entonces, y sintiéndolo mucho, yo también le tengo que decir a Pablo que es catastrofista. Pablo, la vida no va a desaparecer, pero lo que está claro es que, si no ponemos freno a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), la vida en el planeta Tierra puede llegar a ser bastante diferente de como la conocemos en un plazo de pocas décadas. Seguramente Pablo, desde su visión antropocentrista, estaba pensando en la extinción de la especie humana, pero, bueno, también eso es poco probable, aunque quizás nos lo merezcamos.

El lector interesado puede observar en la ley una serie de características que la hacen, objetivamente, una de las más avanzadas de Europa y del mundo

No digo yo que lo del Foro del Clima sea una mala idea, ni mucho menos, ojalá salgan de allí muy buenas ideas para hacer una ley de cambio climático y transición energética a la altura de lo que necesita el país del impuesto al sol. Lo que si me extraña es no haber oído a Pablo Iglesias (ni a otra gente de Unidos Podemos) quejarse cuando el Gobierno español impugnó en el Tribunal Constitucional (TC) la Ley catalana de cambio climático, aprobada por el Parlamento Catalán a finales de julio de 2017. Eso, si tengo que ser sincero, me entristece particularmente. Hubo muchísimo trabajo en esa ley, y fue aprobada con gran consenso (124 votos a favor y 11 abstenciones, las del PP). El lector interesado puede observar en la ley una serie de características que la hacen, objetivamente, una de las más avanzadas de Europa y del mundo. Las negociaciones entre partidos muy separados entre sí en el eje izquierda-derecha (PDCat, ERC y CUP) fueron intensas, pero podemos estar orgullosos de los resultados obtenidos teniendo en cuenta el peso de la derecha catalana en el Ejecutivo catalán. Además el trabajo no fue solo de políticos y asesores, sino que hubo gran participación de la sociedad civil, representada en mayor parte por organizaciones ecologistas. El objetivo de este breve artículo no va a ser otro que intentar explicar los artículos más destacados de esa ley, y porque creo que ha sido llevada al TC, aparte de por ser catalana, tema en el que no quiero entrar en el presente artículo.

La Ley catalana de cambio climático (texto íntegro en la web de la Generalitat de Catalunya) destaca a mi parecer por los siguientes puntos: presupuestos de carbono, nuevos impuestos y eco-etiquetaje.

Presupuestos de carbono: cuota de emisiones de GEI asignada a una entidad, una organización o un territorio durante un determinado periodo. Son un mecanismo de planificación y seguimiento para la integración de los objetivos de esta ley en las políticas sectoriales. Se establecen por períodos de cinco años y se aprueban con una antelación de diez años. Se explican en el artículo 7 del redactado y su objetivo es crear límites más duros a los actuales dentro del Sistema Europeo de Emisiones (EU-ETS), sistema que se ha demostrado más que ineficaz y basado en las injustas leyes de mercado. Este artículo fue impugnado al TC porque, siempre según el Gobierno español, invade sus competencias de ordenación económica, energética y de protección del medio ambiente. Así a bote pronto, me parece que lo que invade en realidad son las pocas ganas que tiene el Gobierno del Reino de España de poner límites duros a los grandes emisores y, por lo tanto, contaminadores. Pero vaya, no me gustaría ser malpensado.

Impuestos: hay tres grandes impuestos descritos en la Ley catalana de cambio climático, pero uno solo detallado y listo para entrar en vigor, el impuesto sobre emisiones de dióxido de carbono de vehículos de tracción mecánica. Lejos de ser perfecto (al no ser un impuesto ligado al kilometraje del vehículo puede ser considerado injusto), este fue una aproximación de consenso para tasar las emisiones contaminantes de los vehículos privados. El impuesto queda detallado en los artículos del 40 al 50 de la ley y también fue impugnado, exponiendo los mismos motivos que hemos visto para los presupuestos de carbono. Podría parecer así, que el Gobierno del Estado no tiene interés en solucionar los problemas de contaminación de las grandes ciudades. La recaudación de este impuesto iba a ser destinada al Fondo Climático, creado en esta misma ley, para subvencionar proyectos públicos y privados que ayuden a cumplir los ambiciosos objetivos planteados de adaptación y mitigación del cambio climático. Esto podría haber sido, por ejemplo, potenciar el transporte público catalán, del cual el Gobierno del Estado se desentendió hace tiempo, como hemos podido constatar con las quejas del Ayuntamiento de Barcelona. Los otros dos impuestos (actividades económicas y grandes barcos) no han sido impugnados ya que entraron en disposiciones finales de la ley y el propósito del Ejecutivo catalán es crear leyes específicas para ellos. De todas formas, viendo la gran ambición de estos dos impuestos, tocando de lleno al Puerto de Barcelona y a los grandes emisores de GEI industriales respectivamente, no les auguro un futuro diferente al de su hermano menor. El objetivo es claro, complementar un sistema de mercado (EU-ETS) con uno impositivo como ya se hace en Reino Unido para las emisiones de dióxido de carbono y empezar a tasar las emisiones NOx de cruceros y grandes barcos mercantes, un gravísimo problema particularmente en la ciudad de Barcelona debido a modelos de consumo y turismo globalizados, muy poco dados a respetar el derecho a un ambiente saludable.

Eco-etiquetaje: evaluación de la huella de carbono de productos de consumo. Establecerá las bases para un sistema de evaluación de la huella de carbono de productos. Este sistema se desarrollará reglamentariamente para que los consumidores puedan decidir su consumo conociendo las emisiones que ha generado la producción y el transporte de un determinado bien. Los productos deben incorporar una evaluación de la huella de carbono visible en el etiquetado y el embalaje. Los resultados de la huella deben ser legibles y fácilmente visibles y deben desempeñar un mínimo del 10% de la superficie del etiquetado. Muy extrañamente, este artículo (Art. 56) no ha sido impugnado. Se les habrá olvidado.

Aparte de estos, que son los puntos que yo considero cruciales para hacer de esta ley una de las más avanzadas de Europa, hay muchos más que han sido impugnados. Como por ejemplo el peligrosísimo artículo 2.2.e: establecer mecanismos que provean información objetiva y evaluable sobre todos los aspectos relacionados con el cambio climático, su evolución temporal y sus impactos. Crear conocimiento es algo que obviamente debe ser inconstitucional en cualquier Estado que se precie. Me extraña también que no hayan impugnado la creación de la Mesa Social del Cambio Climático, ya que también es horrible intentar que el tejido social catalán participe y opine sobre cómo se implementan las leyes.

No lucháis solo contra el cambio climático, también lucháis contra un Estado con muy pocas ganas de cambiar un modelo productivo asesino y caníbal

Todo esto, de forma muy resumida, solo pretende ser un aviso a navegantes. Es decir, un pequeño aviso para todas esas personas que vayan a participar en hacer enmiendas al proyecto de ley de cambio climático española y en particular al Foro del Clima. No lucháis solo contra el cambio climático, también lucháis contra un Estado con muy pocas ganas de cambiar un modelo productivo asesino y caníbal. Una ley de cambio climático sin nuevos impuestos que recauden dinero para potenciar una transición a un modelo que realmente minimice la fractura metabólica con la naturaleza, será solo un redactado de buenas intenciones, que es básicamente en lo que pretenden dejar la Ley catalana. No me parece que el Gobierno español actual tenga muchas ganas de aplicar el principio de quien contamina paga. De todas formas, por mi parte, todo mi apoyo al foro del clima, si consiguen una buena ley saldremos ganando todos. Y, finalmente, agradecer a Contra el Diluvio su iniciativa nacida en Twitter y mis mejores deseos para el futuro, me consta que a ellos si les cabreó el tema de la Ley de cambio climático catalana, no como a otros que van de progres, pero se han tragado de lleno la gran falacia de que el crecimiento infinito es posible en un planeta finito.

 

 

 

 

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¿Encontraremos la solución al cambio climático en los tribunales? Nueva York y la desinversión en combustibles fósiles.

Por Daniel Amelang, de Red Jurídica.

El pasado 10 de enero, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció la interposición de una demanda contra las cinco principales petroleras que cotizan en Bolsa –BP, Chevron, Conoco Phillips, Exxon Mobil y Royal Dutch Shell– por contribuir mediante sus acciones al desarrollo del cambio climático.

La demanda asegura que las empresas en cuestión han producido, conjuntamente, un 11% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –principalmente de CO2– a través de la “producción, marketing y venta” de petróleo y gas natural, “a pesar de conocer desde hacer décadas que los gases de efecto invernadero contaminan la atmósfera y permanecen en ella durante cientos de años, reteniendo el calor y produciendo el cambio climático”. Asimismo, les atribuye haber ocultado deliberadamente información relativa a este fenómenos “sabiendo los efectos dañinos que producirían sus acciones”, las cuales no han cesado “y continúan exacerbando el calentamiento global”.

El anuncio de De Blasio se formalizó en una rueda de prensa, sentado ante un cartel que rezaba “NYC: liderando la lucha contra el cambio climático”, toda una declaración de intenciones en el país gobernado por su impopular vecino neoyorquino, que ha llegado a soltar perlas para la historia como “el calentamiento global es un invento creado por los chinos para convertir la industria norteamericana en menos competitiva” (6 de noviembre de 2012) y “¡Qué frío! Nos vendría bien un poco de calentamiento global” (19 de octubre de 2015).

La estrategia seguida por la ciudad de Nueva York forma parte de una nueva oleada de litigios climáticos, si bien es necesario precisar que no es la primera vez que se utiliza. Según The Economist, las primeras demandas (dos de ellas) se interpusieron en el año 2002 y ahora se presentan unas veinte al año. Un ejemplo reciente lo encontramos el año pasado cuando los condados de Marin y San Mateo, así como el municipio de Imperial Beach –los tres situados en California– demandaron a empresas petroleras por razones similares. En su caso, argumentaron que el principio jurídico quebrantado por parte de las demandadas era el orden público.

Todas las solicitudes californianas fueron archivadas. Y no sólo eso, sino que ExxonMobil ha denunciado a sus demandantes en el estado de Texas –mucho más oil-friendly que su primo hippy, California– por “fraude procesal, conspiración civil y violación de los derechos civiles de la empresa”.

Y es que resulta difícil que una demanda de este tipo prospere en los tribunales teniendo al poder Ejecutivo directamente en contra. Recordemos que Scott Pruitt, el Jefe de la Agencia de Protección Ambiental –lo más parecido a un ministro de medioambiente que tiene EEUU–, ha negado en múltiples ocasiones la existencia de una correlación directa entre la emisión de combustibles fósiles y el cambio climático, incluso llegando a explicarlo detalladamente en un artículo en la revista conservadora National Review en 2016. Y es que además del íntimo convencimiento que debe ostentar en cuanto al negacionismo climático, debemos tener presente que le pagan para defender esta postura: Greenpeace asegura que Pruitt ha recibido más de 318.000 dólares en donaciones por parte de la industria de los combustibles fósiles desde el año 2002.

Según el Grantham Institute, fuera de Estados Unidos –un país de enorme tradición litigiosa– se han interpuesto 64 demandas climáticas, 21 desde el año 2015. Claramente, la tendencia es ascendente. En estos casos, los demandados no suelen ser empresas, sino gobiernos. Quizás se deba a que la planificación estatal de la economía y la regulación empresarial es mayor en Europa que al otro lado del charco.

A los Estados se les acusa de no hacer lo suficiente –ya sea desde el poder legislativo como desde el ejecutivo– por impedir el cambio climático. Los demandantes fuera de Estados Unidos, por su parte, suelen ser asociaciones, ONGs u otro tipo de organizaciones, si bien en ocasiones puede tratarse de un particular, como en el caso del ciudadano peruano Saúl Luciano Lliuya, que demandó a la empresa alemana RWE por provocar, con su actividad, una amenaza contra su pueblo andino, Huaraz, el cual terminará por acabar completamente sumergido bajo agua cuando se derrita por completo el glaciar situado a su vera.

El negacionismo no suele ser un problema fuera de Trumplandia, pero a pesar de ello estas demandas se enfrentan a formidables obstáculos jurídicos. Por un lado, porque las climatólogas y climatólogos calculan todo en términos de probabilidades, por lo que hallar un nexo de causalidad directa entre una acción –en el caso de una empresa– o una omisión –en el caso de un Estado– y un efecto directo concreto, resulta, en términos estrictamente jurídicos, difícil de probar. Volviendo al ejemplo de Saúl Luciano Lliuya, ¿hasta qué punto podrá un juez afirmar con rotundidad que el derretimiento del glaciar es responsabilidad de RWE?

Por otro lado, porque los magistrados únicamente pueden dictar sentencias basándose en el ordenamiento jurídico, por lo que es necesario que existan normas exigibles concretas para que podamos concluir que el Estado las está vulnerando.

A pesar de ello, en ocasiones alguna demanda prospera. Tal es el caso de la Fundación Urgenda que demandó, con éxito, al gobierno de los Países Bajos. El escrito fue firmado por casi 900 “patrocinadores”. El 24 de junio de 2015, el Tribunal de Distrito de La Haya dictó sentencia, obligando al Estado holandés a reducir sus emisiones en al menos un 17% (se había solicitado un 25%) antes del año 2020, tomando como referencia los niveles de 1990. Esto significa que, de iure, el Estado se encuentra jurídicamente obligado a actuar directamente contra el cambio climático, de manera urgente e inmediata.

En septiembre de 2015, el ejecutivo holandés recurrió la histórica sentencia y Urgenda se encuentra en la actualidad luchando por impugnar dicho recurso. La vista de la apelación, salvo sorpresas y complicaciones, tendrá lugar el 28 de mayo de 2018.

La existencia de estos veredictos favorables nos lleva inevitablemente a plantearnos la siguiente pregunta: ¿debemos volcar nuestros esfuerzos en conseguir la minoración del cambio climático en los tribunales? ¿es éste el camino a seguir?

A estas alturas y ante la innegable amenaza que supone el cambio climático, parece que todos los medios son válidos. Si el litigio se trata de una herramienta efectiva para introducir cambios positivos, debemos hacer uso de ella, así como de cualquier otra que se encuentre a nuestro alcance. Al fin y al cabo, como dice Naomi Klein en Esto lo cambia todo, “el cambio climático no es un problema más para agregar a la lista de cosas de las que preocuparse, junto con la atención médica y los impuestos. Es una llamada de atención a nuestra civilización. Un poderoso mensaje, hablado en el lenguaje de los incendios, las inundaciones, las sequías y las extinciones, que nos dice que necesitamos un modelo económico completamente nuevo y una nueva forma de compartir este planeta”.

Dicho esto, si bien acudir a los tribunales puede ayudar a paliar los efectos de este fenómeno, debemos tener presente, por un lado, que no parece que los vayan eliminar por completo (por lo que se vuelve necesario seguir luchando en otros frentes) y, por otro, que sus victorias son inalcanzables sin la manifestación de un profundo cambio social previo. Podemos trazar un paralelismo con el reconocimiento del matrimonio homosexual en EEUU: en 1970, Jack Baker y Michael McConnell solicitaron una licencia de matrimonio en Minneapolis, que les fue denegada. Recurrieron a instancias superiores hasta llegar al Tribunal Supremo, que inadmitió la demanda en 1972 sin entrar a valorar el fondo del asunto, ya que era considerado demasiado absurdo como para perder su valioso tiempo con ello. El 26 de junio de 2015, el mismo Tribunal abordó de nuevo la misma cuestión y llegó a la conclusión opuesta: prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo es inconstitucional. Este veredicto no se otorgó por la gracia del tribunal, sino gracias al inconmensurable esfuerzo de miles de activistas que lucharon durante décadas por su reconocimiento y el sacrificio de tantas miles que fueron víctimas de la homofobia, de la persecución policial, del SIDA y de la desatención institucional. Entre todas consiguieron transformar la sociedad y, con ello, ganarse los corazones y mentes de sus señorías, como se suele decir en países anglosajones.

Dicho todo esto, ¿podría una demanda de este tipo podría prosperar en el Estado español?

Contamos a nuestro favor con que el artículo 45.1 de la Constitución reconoce el derecho de disfrute del “medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona” y el 45.2 establece que los “poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente”. Además, el Plan de Estrategia de Seguridad Nacional 2017  incluye el cambio climático como una de las principales amenazas para el país porque “en los últimos años, los efectos producidos por el cambio climático han adquirido tal relevancia que se justifica su análisis desde una perspectiva de seguridad”. Y, por último, recordemos que España es uno de los Estados firmantes del Acuerdo de París de 2016 que interpela a reducir las emisiones lo que sea necesario para mantener el aumento de temperatura muy por debajo de los dos grados.

En nuestra contra contamos con una serie de obstáculos procesales –no resulta fácil, en nuestra tradición jurídica, demandar al Estado– y con que nuestros derechos constitucionales a menudo son considerados meros principios orientadores de la política. Asimismo, el Acuerdo de París no prevé un sistema de infracciones y sanciones en caso de su incumplimiento, lo que lo convierte en una simple declaración de intenciones que no puede ser ejecutable.

El gobierno ya ha anunciado la creación de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Es posible que, una vez que se apruebe, sea más fácil que los tribunales puedan obligar a su cumplimiento, pero eso dependerá de la presión que se ejerza en las sucesivas fases preliminares para que sea así.

Debemos hacer todo lo que podamos para hacer frente a lo que se presenta como uno de los mayores retos del siglo. Y a los negacionistas que no crean en esto les digo lo mismo que Naomi Klein: ¿y si resulta que todo es mentira y hemos creado un mundo mejor para nada?

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El vórtice polar tembloroso, la ciclogénesis explosiva y el cambio climático: por qué te quedaste atrapado en la AP6

[Esta entrada ha sido modificada el jueves 11 de enero para matizar algunas conclusiones, a raíz de la publicación de este artículo.]

Varios miles de personas han pasado su día de Reyes atrapadas por la nieve entre Segovia y Madrid. Pero esto, aunque haya sido lo que nos tocaba más de cerca, no es más que el colofón a una semana llena de fenómenos de tiempo extremo en el hemisferio norte: inundaciones en Galway, olas de agua helada en Boston y miles de iguanas atontadas por las temperaturas de cero grados en Florida (lo que en algún caso ha dado lugar a tragicómicas situaciones, como un señor que recogió cientos de ellas para hacerlas a la brasa, sin darse cuenta de que estaban dormidas, no muertas, hasta que se despertaron todas en su coche y provocaron un accidente).

Pero, ¿es esto extraordinario? ¿Tiene que ver con el cambio climático? Por no andarnos con rodeos, y por mucho que pese a algunos a lo primero y no del todo a lo segundo. No es raro que haga frío en invierno, ni en el noreste de los Estados Unidos ni en Segovia, ni que haya tormentas en Irlanda. Pero sí es infrecuente que a una semana en que las cataratas del Niágara se quedan medio heladas le sigan inundaciones en Boston fruto de una tormenta extratropical con vientos huracanados.

Vamos a intentar explicar a qué se debe cada uno de estos fenómenos, y cómo están relacionados entre sí y con el cambio climático, que nunca es tarde para añadir algo más a tus ya amplios conocimientos climáticos.

En primer lugar, la ola de frío que ha congelado a las iguanas de Florida. En la siguiente imagen se ve la anomalía de temperatura para el domingo 7 de enero de 2018, es decir, la diferencia entre la temperatura de ese día y la media climática para esa fecha. Se observa que el este de los EEUU (así como la Península Ibérica) está más frío de lo normal, y el Atlántico está, en general, más caliente de lo habitual.

 

Este frío extremo (en algunas zonas de la costa estadounidense hay temperaturas hasta 20 grados por debajo de lo habitual para estas fechas) está relacionado con una invasión de aire muy frío procedente del polo norte. ¿Y por qué decide el aire polar descender hasta nuestras normalmente templadas latitudes? Pues porque el vórtice polar se ha debilitado.

Ok, explicamos qué es el vórtice polar y cómo se debilita, usando para ello esta otra figura y un sencillo vídeo.

La zona azul es una región de bajas presiones, que normalmente (imagen de la derecha) está confinada al polo norte y alrededores (como mucho baja hasta una latitud de 60 grados). La latitud de Oslo, por ejemplo. Esto se debe a que en la capa superior de la troposfera hay permanentemente vientos muy fuertes (la corriente de chorro) circulando de oeste a este. En invierno, estos vientos son tan intensos que aíslan el aire frío en esa región. Sin embargo, si esta corriente se debilita, tenemos lo que se ve en la imagen de la izquierda: meandros, desplazamientos del aire frío a latitudes más bajas y de aire cálido a latitudes más altas. En lo que respecta al debilitamiento del vórtice polar (que ha ocurrido otras veces, la última vez que fue tan llamativo fue en 2014) y aunque hace falta más estudio, parece que el calentamiento del Ártico lleva a que disminuya la diferencia de temperatura entre el Atlántico y el polo, debilitando la corriente de chorro y, por tanto, permitiendo estas excursiones del aire frío a nuestras latitudes. Exactamente eso está pasando ahora, como muestra la siguiente figura:

Hay zonas, como Alaska, que normalmente están bien dentro de la región de bajas presiones, y que ahora se encuentran en la frontera, mientras que el noroeste de Estados Unidos (y en menor medida, la Península Ibérica) están en “bolsas” de bajas presiones situadas anormalmente al sur. Que la presión atmosférica sea baja hace que sea posible que llegue aire de otras regiones adyacentes de presión más alta. En este caso permiten la llegada de aire frío de la región polar, lo que da lugar a, de nuevo, iguanas congeladas y gente atrapada en sus coches entre Segovia y Madrid.

Eso en lo que respecta al frío. Pero ¿y las tormentas extratropicales?

Pues es que a la vez que el frío del polo estamos teniendo temperaturas anormalmente altas en el océano Atlántico, debido en parte a los meandros que forma el vórtice polar: en medio del océano la frontera entre aire polar (frío y seco) y aire templado y húmedo está más al norte de lo normal. Y temperaturas más altas implican más energía liberada a la atmósfera, lo que da lugar a la posibilidad de tormentas más fuertes. La tormenta que está afectando al este de Estados Unidos es nuestra vieja conocida la ciclogénesis explosiva: una profundización muy brusca de una baja presión, que da lugar a vientos muy fuertes y repentinos. Allí, como son más exagerados, la han llamado BOMBOGÉNESIS o weather bomb. Nuestro departamento de marketing toma nota.

 

Y llegamos a la relación de ambas cosas con el cambio climático. En lo que respecta a las tormentas está claro, ¿no? El planeta, y en particular los océanos, se calientan y liberan calor y humedad a la atmósfera, y tienes este tipo de fenómenos extremos en regiones en las que antes eran extraordinariamente poco comunes. Y, en cuanto a las olas de frío, el calentamiento del Ártico (la zona del planeta en la que está aumentando más la temperatura) lleva a que disminuya la diferencia de temperatura entre el Atlántico y el polo, debilitando la corriente de chorro y facilitando el descenso de masas de aire frío a nuestras latitudes. Es cierto, eso sí, que al estar el aire sobre el Ártico más caliente, las olas de frío cada vez son menos frías.

O sea, que la lucha contra el cambio climático no solo sirve para evitar veranos abrasadores, sino que estos sean interrumpidos por olas de frío comparativamente heladas -aunque no sean TAN frías como las de nuestros abuelos. Eso sí, si seguimos en este plan, tendremos muchas más posibilidades creativas para escribir ficción climática. ¡No todo van a ser desiertos y subidas del nivel del mar!

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Jornadas Contra el diluvio 2017

Mad Max in the city. Movilidad urbana y cambio climático [charla]

Charlas sobre movilidad urbana y cambio climático a cargo de Miguel Álvarez, de Nación Rotonda y Floridea Di Ciommo, urbanista.

 

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fanzine, participación

¡Premios del concurso de microrrelato #navidad2050!

Es un honor, estimado público, comunicaros que, entre comer y dar la tabarra climática a nuestros familiares, hemos encontrado tiempo para leer los 178 relatos recibidos por tuiter y correo electrónico. Y, tras deliberar, pensar, disfrutar -y también llorar un poco ante el tono y el fondo desesperanzado de muchos de ellos, algo sobre lo que escribiremos en los próximos días-, estamos preparados para emitir un dictamen.

Como se estableció en las bases, hemos elegido los diez relatos que más nos han gustado, en general, y uno de ellos ha sido escogido como ganador absoluto del premio Microrrelatos contra el diluvio 2018. El relato elegido, del que el jurado ha apreciado su ir al grano y la siempre efectiva mención a las abuelas que quizá seremos, es esta exquisitez de Santiago Saez:

¡Enhorabuena al premiado! ¡Ha ganado un libro importante e interesante sobre cambio climático que acordaremos con él en un par de días!

Pero es que hay más. Somos conscientes de que las actitudes y esperanzas ante el cambio climáticos son muy variadas, y en muchos casos no coinciden con las del jurado (que es diverso, pero se adhiere a la férrea doctrina diluvista de que esto no está perdido, no). Así que hemos decidido poner en valor ambos extremos, y hemos seleccionado el relato que más nos ha gustado de los pochos, y dos que nos han parecido particularmente esperanzadores:

Premio Lluvia fresca tras cinco años de sequía (ex-aequo porque en el colectivo somos un número par de personas y no hemos podido desempatar) para:

y

Dos microrrelatos que nos alegran y enlazan con nuestra idea de que no está todo perdido y que, aunque tengamos tarea por delante, es posible evitar lo peor del cambio climático.

Sin embargo, no todo el mundo lo ve tan claro. De hecho, el tono general de los participantes ha sido… bajonero. Muy bajonero. Y, entre todos los microrrelatos tristes, el competente jurado ha concedido el premio Para qué me levanto de la cama, si fuera solo hay polvo y lluvia ácida a @srdaine por:

 

Enhorabuena también a los otros nueve microrrelatos que los acompañan en nuestra cuidadísima selección:

Y uno recibido por email, de Iris:

Os dije que se iba a acabar el mundo y no me hicisteis caso. Dices lo mismo de todas las cenas. Y no me hicisteis caso. Ahora hace 360 días que no llueve y la tierra está tan dura y seca que no sé ni cómo enterraros. #navidad2050

Muchísimas gracias a todos por la participación y la difusión. Os recordamos que los relatos aquí arriba presentados serán publicados en el número 2 de nuestro fanzine, cuando sea que salga.

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la ciencia, menos básico, nivel básico

Cuatro cursos sobre cambio climático que empezar (y seguramente no terminar) en 2018

Empieza un nuevo año y con él nuevos propósitos, como aprender más sobre aquellos temas que nos interesan. Gracias a internet tenemos a nuestra disposición miles de cursos de temas muy variados, incluyendo por supuesto el cambio climático. Si eres de las personas que empieza a tener conciencia del reto ingente que supone este fenómeno para la humanidad (¡estamos cambiando el clima!) y te gustaría conocerlo un poco mejor, o ya tienes conocimientos básicos pero te apetece profundizar en temas más concretos, a continuación hacemos un repaso de algunos cursos que pueden interesarte.

Cambio climático: evidencias, causas socioeconómicas y soluciones (Miriadax)

La primera edición de este curso, organizado por la Universidad de Salamanca con Ecologistas en Acción, promete y mucho. Cuenta con la participación de numerosos expertos de universidades españolas y otras entidades que ofrecerán un repaso no solo de los aspectos científicos del cambio climático, sino también de las propuestas de solución, desde los acuerdos internacionales a las cuestiones sociales. Plantean que no es un curso para tratar el tema en profundidad, aunque se aportarán lecturas y materiales para quien quiera profundizar, así que nos parece que puede ser una forma estupenda de aproximarse al cambio climático o de obtener recursos sobre determinados temas.

Fecha de inicio: 29 de enero de 2018

Duración: 7 semanas

Dedicación estimada: 35 horas de estudio

Introducción al Cambio Climático (UN CC: e-Learn)

Este curso forma parte de la plataforma de Naciones Unidas: Asociación para el Aprendizaje sobre el Cambio Climático. Consta de 6 módulos para los que está prevista una dedicación de 2 horas cada uno. En ellos se repasa la evidencia científica del cambio climático, el marco jurídico y normativo internacional, la adaptación y la mitigación, la financiación y la planificación. La perspectiva es la de Naciones Unidas (no esperéis una visión muy crítica de las dinámicas socioeconómicas), pero puede servir de introducción breve a algunas cuestiones fundamentales y ofrece la visión que se tiene del cambio climático desde las instituciones internacionales. También cabe destacar que en esta plataforma encontramos otros cursos específicos que pueden resultar interesantes, como “Los niños y el cambio climático”, “Las ciudades y el cambio climático”, “Salud humana y cambio climático”, y otros, de momento en inglés, que engloban desde la información climática hasta cuestiones específicas como REDD+.

Fecha de inicio: curso autorregulado (Cualquier persona puede matricularse en el momento que desee, no hay plazo para completar el curso)

Dedicación estimada: 12-18 horas. Los módulos son independientes y pueden completarse en cualquier orden.

Making Sense of Climate Science Denial (edX) (en inglés)

En Contra el Diluvio somos muy fans de la página Skeptical Science, y sus creadores están detrás de este estupendo curso organizado por la Universidad de Queensland. El curso (por el momento sólo disponible en inglés) se centra en ir desmontando los principales mitos sobre el cambio climático empleados por los negacionistas, incluyendo un análisis de los aspectos psicológicos que promueven este negacionismo, y en el proceso va explicando de forma amena pero rigurosa la ciencia del cambio climático. Ofrece recursos para dar respuesta a cualquier negación del cambio climático aportando argumentos científicos, y cuenta con la participación de David Attenborough, Michael Mann, Katharine Hayhoe, Naomi Oreskes… (si ya estás familiarizada con el cambio climático, compartimos tu emoción en este momento). Aunque algunos módulos pueden resultar algo áridos para las personas menos familiarizadas con la ciencia, las explicaciones son muy sencillas, amenas y divulgativas, así que es un curso para todos los públicos.  Además, en su canal de youtube puedes encontrar entrevistas completas a los y las expertas que han colaborado en el curso.

Por otra parte, en edX también podéis encontrar otro montón de cursos para todos los gustos e intereses → https://www.edx.org/course?search_query=climate+change

Fecha de inicio: 9 de enero de 2018

Duración: 7 semanas

Dedicación estimada: 2-4 horas de estudio por semana

Global Warming I: The Science and Modeling of Climate Change

Para acabar, si lo que te interesa es entender en detalle las bases físicas del cambio climático, este es tu curso. David Archer, profesor del departamento de Ciencias Geofísicas de la Universidad de Chicago nos explica de forma sencilla pero rigurosa los conceptos básicos necesarios para comprender un poco mejor el clima global y cómo lo altera la acumulación de gases de efecto invernadero. También puedes encontrar las clases en su página web de la universidad. Un buen complemento, o alternativa, para el curso es su libro Global Warming: understanding the forecast.

Fecha de inicio: Suele haber sesiones cada pocas semanas. La próxima empieza el 22 de enero.

Duración:  12 semanas

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