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Dos certezas y siete preguntas sobre la crisis ecosocial

Blown Away – Winslow Homer, ca. 1888.

 

Intervención en el XIX Cine Foro de Economistas sin Fronteras (22/11/18) a cargo de Xan López.

Primero las certezas.

  1. La emisión creciente de gases de efecto invernadero está provocando un aumento generalizado de las temperaturas. Un grado desde la época preindustrial. Parece muy probable que como mínimo llegaremos a 1.5°C o 2°C en las próximas décadas. Las consecuencias para la sociedad y todos los seres vivos en la Tierra serán, ya son, gravísimas.
  2. Este proceso está ligado íntimamente a la lógica de producción y acumulación capitalista. Es enormemente improbable que podamos atajar la crisis ecológica sin atacar a esa lógica capitalista. Además, los efectos del calentamiento global afectarán desproporcionadamente a los más pobres del mundo.

El problema de este tipo de certezas es que por sí mismas nunca suponen una fuerza política. No cambian nada. «El triunfo de la razón solo será el triunfo de los que razonan» (Brecht). Por otra parte es de suponer que quienes estamos aquí ya las conocemos, así que tampoco tiene sentido recrearse constantemente en ellas. Por eso voy a centrarme en el poco tiempo que tengo en algunos de los problemas que veo en el camino hacia una solución política de esta crisis.

Siete preguntas.

1) Hay cierta perspectiva histórica desde la que Lutero tenía razón, y no Müntzer. Los Girondinos y no los Jacobinos. Los Mencheviques y no los Bolcheviques. La opción correcta era la moderación, adecuarse a los límites de lo posible. Hay otra perspectiva que plantea que la cantidad de energía organizada para conseguir un cambio siempre tiene que desbordar los objetivos realmente posibles. Que para alcanzar lo posible hay que intentar, y rozar, lo imposible. Es la idea del progreso como dos pasos adelante y uno atrás. El paso atrás es traumático, pero al final se ha conseguido avanzar algo, que permanece.

Estas dos perspectivas comparten un convencimiento implícito. El de que en cualquier caso hay un tiempo histórico suficiente para la mejora social, y que ningún exceso de moderación o paso atrás inevitable nos llevará a un abismo que rompa la serie histórica. Puede que ese convencimiento ya no tenga tanta solidez. ¿Podemos concebir una revolución social profunda que solo dé dos pasos adelante? El cambio que necesitamos no es tanto la aceleración de un proceso previo, sino más bien un salto fuera de la historia.

2) Un filósofo dijo, exagerando, que «la pérdida más trágica no consiste en perder la seguridad, sino en perder la capacidad de imaginar que las cosas pueden ser de otra manera» (Bloch). Los grandes sacrificios nunca pierden de vista la lucha por el pan de cada día, pero el convencimiento de que es posible conseguirlo proviene de una visión que suele ir más allá de lo individual y lo inmediato. Por ahora no hemos alcanzado el reino de los cielos, la república de los iguales o el comunismo, pero hemos llegado hasta aquí porque nunca se perdió la esperanza en ellos. No la esperanza estúpida de que todo se arreglará por sí mismo, que hoy en día es el tecno-utopismo. Sí la esperanza informada que sabe que ese desenlace depende de nosotros mismos.

Sin el horizonte de un mundo mejor nos refugiamos en el cinismo, que hoy en día no tiene oposición y se enorgullece de no creer en nada que no sea la gestión del mejor mundo posible, que resulta ser éste. Si la esperanza en un mundo mejor es inherente al ser humano entonces no puede estar destruida, solo extraviada. ¿Sobre qué materiales contemporáneos podemos forjar una nueva visión de futuro? Muchos intentan revivir viejas visiones. Ahí sin duda habrá mucho de utilidad. Quizás también debamos mirar entre las piedras descartadas por los canteros de la historia.

3) En una fábula de Esopo una zorra alardea ante una leona de tener camadas numerosas, mientras que ella siempre tiene una única cría. «Una, pero un león» contesta la leona.

El problema de la calidad y la cantidad no es nuevo. Hoy la preocupación de la gran mayoría está centrada en la cantidad. Tener suficiente, o más que suficiente. La fábula apunta a un problema en esa mentalidad, que también se conoce desde hace mucho. Sin embargo es una frivolidad pensar que aquí hay una simple confusión, un error persistente. Durante mucho tiempo fue correcto tener como primera preocupación el tener más cosas necesarias. Todavía lo es para la inmensa mayoría, que deberían tener mucho más. Sin embargo la minoría que más contribuye al cambio climático no puede seguir igualando su bienestar, o su felicidad, a la acumulación de mercancías. Debemos, claro, organizar un mecanismo para garantizar nuestra supervivencia colectiva, pero el mercado capitalista como medio para hacerlo parece cada vez más insostenible. ¿Es concebible una sociedad que garantice la existencia de sus miembros como algo indiscutible y entienda el lujo como algo distinto al consumismo? El reino de la libertad no puede estar en la producción creciente, pero sí más allá: el lujo como tiempo libre, como relaciones sociales, como desarrollo personal. Pasar, como decía alguien, de la austeridad pública y el lujo privado al lujo público y la austeridad privada. Así por fin la cantidad suficiente se convertirá en calidad. Una, sí, pero leona.

4) La inmensa mayoría de la riqueza mundial está concentrada en un pequeño número de países. No es difícil imaginar una pseudo-solución al cambio climático que trate de cristalizar esta diferencia histórica. La consecuencia sería el exterminio activo o pasivo de la «población excedente». Este plan no es realista, porque la riqueza de los primeros no es una característica intrínseca sino sobre todo el producto del trabajo y la expropiación de los segundos. Pero lo importante para su ejecución no es que sea viable, sino que se crea como tal. Al menos durante un tiempo. Sin duda no desentonaría con nuestra época el considerar un plan imposible como viable, mientras se desprecian por ilusorias las únicas soluciones realmente posibles.

Hace ya mucho se comprendió que un problema fundamental para la solidaridad obrera mundial era precisamente esta relación de dependencia mundial. Una relación que también afectaba a la conciencia y perspectiva de los trabajadores de las países ricos. No es exagerado decir que nunca hemos superado este problema. La posibilidad de que el cambio climático no implique un genocidio pasa por su superación.

5) La réplica visceral cuando se plantea cualquier cambio social profundo suele ser: que lo haga quien quiera, pero a mí que no me obliguen. Casi todos los aspectos importantes de nuestras vidas son enormemente autoritarios y reglamentados, pero la idea de que son producto de nuestra libre elección tiene una fuerza enorme. En cualquier debate siempre será mejor recibida la propuesta de pequeños cambios, acompañados de pedagogía, que nos vayan guiando al objetivo deseando siempre que así lo queramos. Una revolución larga, de siglos, que se vaya arrastrando por las generaciones.

Todo apunta a que no tenemos esos siglos. Que el trabajo será de las generaciones que ya están vivas. ¿Cómo podemos defender las transformaciones de vida o muerte necesarias sin que se nos llame «liberticidas»? ¿Se puede arrancar la bandera de la libertad de manos del neoliberalismo? ¿La libertad de existir antes que la libertad de elegir morir?

Siempre estará la tentación de destruir la casa del amo con sus herramientas. La libertad individual descansa sobre la tiranía del mercado, al que no se puede apelar ni está sujeto al control popular. La pinza del hombre de la calle y el empresario contra el coco colectivista. Si así se privatizaron hospitales quizás podamos delegar en otra instancia inapelable para nacionalizar los monopolios que nos dominan. Nos gustaría no tener que hacerlo, pero seguimos órdenes de las leyes físicas. No hay alternativa, señora Thatcher.

6) Según una visión de la historia el nivel de desarrollo técnico y la forma que éste toma determinan el tipo de sociedad existente. El molino de agua llevaría al feudalismo tan inevitablemente como el motor de vapor al capitalismo. La central nuclear llevaría, se supone, al capitalismo monopolista tardío o al socialismo del siglo xx; aquí sus similitudes se explicarían sobre todo por una cuestión técnica.

Una primera crítica evidente a esta visión es que no parece del todo fácil decidir de qué manera exactamente una tecnología determina una sociedad. Algunas llevas con nosotros milenios y han visto muchos tipos de sociedades. En el mejor de los casos hay un gran número de pasos intermedios y posibilidades; la autonomía de las relaciones sociales y la cultura que se forma alrededor de la tecnología es suficiente como para complicar este debate enormemente. La segunda crítica es más prosaica. Asumiendo que la influencia de ciertas tecnologías fuese directa y poco deseable, ¿a cuáles estaríamos dispuestos a renunciar? Algunas parecen irrenunciables, aunque todavía no estén al alcance de todos: alcantarillados, agua corriente, seguridad alimentaria, antibióticos y analgésicos… Es posible que el progreso técnico sea un arma de doble filo, pero cualquiera que haya sufrido una infección de muelas seguramente aceptaría casi cualquier riesgo por una semana de tratamiento con antibióticos y un dentista competente.

7) La historia del corto siglo xx es la historia del trabajador como sujeto político. Ya sea el trabajador de los países ricos, en el centro de un pacto social complejo y coyuntural. O el de los países pobres, centro de un proyecto que en un principio aspiraba a acabar con las clases como tales. Sobre los primeros alguien opinaba, en retrospectiva, que al final se demostró que no querían socialismo, solo salarios más altos (Tronti). El efecto de esto sobre los segundos no fue despreciable. Muchos cambiaron la abolición del salario por la promesa de salarios occidentales, o por la aspiración de emigrar a Occidente. Algunos sabían desde hace mucho que esto era una imposibilidad política. Los países ricos existen porque existen los pobres. No son una imagen de su futuro, sino la garantía de que no tendrán futuro. Ahora también sabemos que es una imposibilidad ecológica. El nivel de vida occidentalizado no es universalizable. Ni siquiera es sostenible para una minoría relativa.

La contradicción es antigua. El sujeto político necesariamente será el conjunto de personas que no son dueñas de su tiempo, que trabajan o viven para otros. Un sujeto ya nunca más estrecho y normativo, sino unido en su diversidad de género, raza, orientación sexual, etc. Pero las luchas por mejorar nuestra situación como trabajadores asalariados, si tienen éxito, refuerzan la lógica capitalista que destruye la base de nuestra existencia. Se busca desde hace mucho el salto de la lucha económica como trabajadores a la lucha por la abolición de los trabajadores como tales y de todas las clases, que no del trabajo. Pero no es un salto fácil de dar. ¿Cómo llegar a una regulación racional de nuestro metabolismo con la naturaleza que no esté mediado por el trabajo asalariado? ¿Cómo plantear esto en un entorno de inseguridad y trabajo precario sin parecer unos lunáticos? O mucho peor, unos frívolos.

 

 

 

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Granjas industriales y huracanes: el caso de Florence

El huracán Florence ha tocado tierra en Carolina del Norte. Aunque posible, es arriesgado asegurar que un fenómeno meteorológico pueda haberse exacerbado debido al cambio climático, pero sí podemos hacernos una idea de cómo puede haberle afectado. En este caso, según las simulaciones realizadas, las temperaturas más cálidas que conlleva el cambio climático han provocado que Florence sea más grande y deje más lluvias, siendo más fuerte de lo que habría sido de no estar en el escenario en el que nos encontramos.

Una de las mayores industrias de Carolina del Norte es la ganadería industrial, principalmente de cerdo y en menor medida de pollos. Esta actividad es, a nivel global, una de las que más contribuyen a la emisión de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. En concreto se le atribuyen, aproximadamente, un 15% de las emisiones. Por eso una de las medidas individuales para luchar contra el cambio climático que se pueden tomar es comer menos carne.

No es la emisión de gases de efecto invernadero el único impacto de esta industria en el medio ambiente. Tiene también un importante papel en la contaminación de aguas subterráneas, debido a los desechos de los animales, o incluso en la lluvia ácida, debido a las emisiones de amoniaco de sus instalaciones.

La gran cantidad de granjas porcinas industriales y de cerdos, más de nueve millones,  en Carolina del Norte, hace que la gestión de sus desechos sea un desafío difícil de afrontar. Estos desechos son una mezcla de materia fecal, orina, sangre y antibióticos (presentes debido a las prácticas veterinarias de este tipo de granjas) en la que habita toda clase de bacterias, muchas de ellas resistentes a los antibióticos. La estrategia de las granjas para lidiar con los residuos tiene dos partes. Por un lado, la mezcla se rocía en aerosol por los campos cercanos esgrimiendo como motivo su potencial como fertilizante; y por otro, se acumula en grandes balsas al aire libre en el recinto de las granjas.

El rociado en aerosol se realiza en los campos cercanos a la granja. En Carolina del Norte las granjas están principalmente situadas en zonas con mayoría de personas negras y pobres, siendo este grupo social el más perjudicado por ello. Los olores provocados por esta práctica que soportan estas personas hacen casi imposible la vida en el exterior, además de conllevar problemas de salud que van desde pérdida de memoria y aumento de asma a mayores índices de mortalidad infantil. 

Acumular los desechos en balsas al aire libre no supone en absoluto una solución frente a los inconvenientes del rociado en aerosol, al que además se recurre cuando la balsa se llena. Los olores, aunque más localizados, siguen siendo insoportables. La fermentación de los desechos produce además la emisión de diversos gases, como amoniaco (con un gran papel en la lluvia ácida) y metano (treinta veces con mayor potencia como gas de efecto invernadero que el dióxido de carbono). Existe además el riesgo de rotura de estas balsas y desborde en el caso de lluvias fuertes, lo que provocaría un desastre ecológico.

Pues este desastre ya se ha producido. Pese a las llamadas a la calma de la industria, y como cabía esperar, las granjas se han inundado y las balsas se han desbordado. Tres millones cuatrocientos mil pollos y cinco mil quinientos cerdos han muerto ya ahogados. Ciento diez balsas de desechos han vertido su contenido al medio ambiente o tienen un riesgo inminente de hacerlo.Esta catástrofe ecológica lamentablemente ya tiene precedentes, aunque no de tanta magnitud. En 1999 la misma zona fue azotada por el huracán Floyd, provocando la muerte de docenas de personas y de más de dos millones de pavos, cerdos y otros animales que murieron ahogados dejando a su paso imágenes desoladoras de cadáveres flotando en las aguas. Además, se produjo el desborde de varias balsas, contaminando su contenido las fuentes de agua potable de la zona y provocando la muerte de miles de peces al llegar a los ríos donde habitaban. El desastre se volvió a producir, aunque a menor escala, en 2016 con el huracán Matthew.

La ganadería industrial y sus problemas no se limitan a Carolina del Norte. En España también se sufren los impactos sociales y ambientales que provoca, sobre todo, la ganadería porcina. Cada vez son menos granjas, pero más grandes y los impactos sociales y medioambientales son enormes. En el caso medioambiental es necesario destacar que se está produciendo la contaminación del agua, cuya disponibilidad, además, se va a ver reducida como consecuencia del cambio climático.

Este doble papel de la ganaderías industriales como causante de cambio climático y multiplicador de los daños de las catástrofes producidas por éste, sin olvidar el sufrimiento animal que provocan, hace que sea necesario actuar contra ellas. En un escenario de cambio climático como en el que nos encontramos los huracanes, que convierten estas instalaciones en una grandísima amenaza para los ecosistemas, se van a producir con mayor frecuencia y van a ser más fuertes. No podemos seguir permitiendo que el beneficio de las grandes empresas prevalezca sobre el derecho a la vida, y a la vida buena, de tantos habitantes del planeta. Como ya hemos dicho tantas veces: tenemos tarea.

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Huracanes y cambio climático: afianzando la relación

 

El tifón Mangkhut y el huracán Florence me han recordado una anécdota deuna amiga que trabaja en la tele, una nacional. El año pasado fueron a entrevistar a un científico por los huracanes de categoría 4-5 –Harvey, Irma y María– que tuvieron lugar en el Atlántico y el Caribe por entonces.

El redactor iba decidido a enfocar el tema desde la perspectiva del cambio climático, relacionando dichos huracanes con el calentamiento global pero, para su sorpresa, el científico dijo que no se puede demostrar una relación entre el número de huracanes y el calentamiento global, que aún no está demostrado y que si dijese lo contrario, “faltando a la objetividad”, estaría dando argumentos y armas a los negacionistas del cambio climático. Total, que debido a la negativa del experto (que, dejémoslo claro, sí que lo es), el reportaje acaba enfocado de otra manera, diciendo que “no es excepcional el número de huracanes” que hubo el septiembre pasado y que “los expertos descartan que la causa sea atribuible al cambio climático hasta que no haya pruebas concluyentes, pero sí apuntan a un incremento de su virulencia medida sobre todo en un aumento de la precipitación” [¿Lo habéis oído? Son mis cabezazos contra la pared] La cosa es ¿esto es falso? Pues técnicamente no. O sea, es cierto que no está clara la relación entre el número de huracanes y el cambio climático, pero probablemente esta sea una manera errónea de enfocar el asunto.

Uno de los mantras más repetidos es que no podemos asociar eventos extremos concretos al cambio climático. Es decir, en términos técnicos, no se debe afirmar que esta sequía o aquel huracán se deben o han sido causados por el cambio climático. Lo que debemos estudiar, y afirmar, es  si existe una mayor tendencia a que ocurran determinados fenómenos extremos a medida que aumenta la temperatura global. En el caso concreto de los huracanes no tenemos evidencias concluyentes de que el cambio climático esté aumentando el número de huracanes por temporada. Esto es verdad. Sin embargo, el problema del cambio climático necesita que comuniquemos mejor la  la relación entre huracanes y cambio climático. Porque esa relación sí que existe.

Pero antes, ¿qué es un huracán?

Un huracán (o ciclón tropical) es un sistema de circulación cerrado que tiene un núcleo cálido de baja presión. Se produce sobre océanos y mares cálidos (Atlántico y Pacífico tropical, Caribe), ya que necesita altas temperaturas y humedad para formarse y mantenerse. Sus efectos son bien conocidos: fortísimos vientos (con ráfagas de más de 300 km/h) y abundantes precipitaciones, lo que hace que la destrucción que provocan al tocar tierra sea enorme tanto a corto como a medio plazo.

Pues bien, volviendo a su relación con el cambio climático, se ha señalado, por ejemplo, que lo que sí está aumentando es la frecuencia de huracanes de categorías 4 y 5. Es decir, puede que no haya más huracanes debido al cambio climático, pero los que hay son más potentes. Cuando se hizo la entrevista de la que hablaba al principio se señaló esto varias veces, por ejemplo…

Pero, además, es que conocemos mecanismos físicos por los que el cambio climático puede hacer que los huracanes sean más potentes y, por tanto, más destructivos. Es decir, a parte de cierta evidencia estadística, tenemos varias intuiciones causales. Ahí van:

  1. La intensidad de los huracanes, que es lo que mide lo que llamamos categoría, depende de la temperatura superficial del agua. Sabemos que los océanos se están calentando debido al cambio climático, por lo que éste aumentaría su potencial destructivo.
  2. Por otro lado, sabemos que una mayor temperatura aumenta la capacidad de contener humedad (un 3% más cada 0.5º C, más o menos). Una mayor humedad ambiental facilita que los huracanes se intensifiquen más rápidamente, y además hace que sean mayores las lluvias asociadas y, por tanto, también las inundaciones.
  3. Por último, sabemos que el nivel del mar ha aumentado en los últimos años debido al calentamiento global (unos 15cm en las últimas décadas), lo que hace que las inundaciones costeras (marejadas ciclónicas, por ser más estrictos) sean mayores y afecten a más territorios, tal y como se vio con la tormenta Sandy en 2012.
  4. Finalmente, y aquí la evidencia científica es más débil, se cree que el cambio climático está aumentando la amplitud de las ondas planetarias, lo que podría contribuir a un fenómeno muy llamativo de Harvey, Irma y Florence: el llamado “stalling” (que consiste, esencialmente, en que lo que eventos meteorológicos extremos que solían ser intensos pero rápidos ahora se prolonguen durante más días, aumentando los daños asociados).

No es fácil comunicar ciencia de una manera rigurosa, es verdad. Es un problema de siempre.  El caso del cambio climático, con todas sus implicaciones sociales, económicas y políticas, la complicación seguramente sea aún mayor.  La evidencia científica de que la Tierra se está calentando y que este calentamiento se deba casi exclusivamente al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles y la deforestación es indiscutible. Pero es cierto que hay otros aspectos científicos más concretos del mismo, como si está aumentando el número de huracanes o si están aumentando los eventos extremos por cambios en la corriente de chorro) que siguen sujetos a investigación y debate académico.

Ahora bien, dada la importancia del cambio climático y la urgencia con la que tenemos que afrontarlo haríamos bien en aprovechar los momentos en los que el foco mediático se centre en huracanes, sequías y otros desastres climáticos para tratar de empujar el calentamiento global al centro de la agenda política y social. Y al intentarlo, haríamos bien en afirmar con contundencia lo que sabemos con claridad en vez de resaltar las incertidumbres que aún están sometidas a debate científico.

 

Bibliografía:

https://blogs.scientificamerican.com/observations/what-we-know-about-the-climate-change-hurricane-connection/

https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/aug/28/climate-change-hurricane-harvey-more-deadly

https://www.democracynow.org/2017/8/30/ex_nasa_scientist_james_hansen_there

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/07/the-science-behind-the-u-s-s-strange-hurricane-drought-and-its-sudden-end/?utm_term=.10783e33edb0

https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2017/09/07/irma-and-harvey-should-kill-any-doubt-that-climate-change-is-real/?tid=ss_tw&utm_term=.f1376eb3f25e

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/11/four-underappreciated-ways-that-climate-change-could-make-hurricanes-worse/?utm_term=.38407d520047

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Aquí antes nevaba todos los años XIII

¡Septiembre! Quizá el único mes en el que podemos dedicarnos quince días seguidos a algo que no sea fantasear con el próximo periodo vacacional. No os preocupéis, que si todo sale bien, el plan es que en breve tengamos más vacaciones que trabajo (en el artículo hablan de fin de semana de tres días; nuestro objetivo es semana laboral de dos días, pero poco a poco).

Para que podamos llegar a un mundo en el que trabajemos lo justo y estemos en cierto equilibrio con el planeta (al menos que ni nosotros intentemos matarlo ni él lo consiga), hay que ir dando pasitos. Os ofrecemos el primero: manifestación #enpieporelclima el sábado 8 de septiembre. Va el manifiesto:

El 8 de septiembre hay planeadas miles de acciones en ciudades y pueblos de todo el mundo para exigir que las autoridades locales se comprometan a construir un mundo libre de combustibles fósiles. Un mundo que anteponga la gente y la justicia a los beneficios de unos pocos. Es hora de una transición ecológica rápida y justa a un escenario 100% renovable para todas, sin más bloqueos ni más retrasos.

Un verdadero movimiento por el clima se construye desde abajo. Esto quiere decir que el poder debe estar en manos de la gente, no de las grandes empresas, que los trabajadores deben tener oportunidades económicas, y que se deben buscar soluciones justas y dignas para las comunidades más afectadas por los impactos de la industria de los combustibles fósiles y del calentamiento que están y seguirán provocando en todo el mundo.

Este mes de septiembre, representantes de diferentes ciudades y regiones, de empresas y de la sociedad civil de todo el mundo se reunirán en California para la Cumbre de Acción Climática Mundial con el objetivo de lograr un compromiso climático audaz que nos ayude a alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el Clima. Sabemos lo que tiene que conseguir esta alianza: una transición rápida, justa e igualitaria a un escenario con energía 100% renovable así como el fin inmediato de las nuevas inversiones en proyectos fósiles (exploraciones, gasoductos, etc).

Debemos salir a la calle para exigir que los acuerdos alcanzados reflejen la urgencia de la situación en la que estamos y para mostrar el poder de la gente frente al de las grandes multinacionales del lobby fósil. Estamos en una encrucijada. Si actuamos juntas podemos poner fin a la era de los combustibles fósiles y salvar el clima del que todas dependemos.

Este 8 de septiembre, ponte en pie por el clima.

Ahí lo tenemos: nos manifestamos por la descarbonización de la economía, como primer e imprescindible paso para llegar a una sociedad más justa. Porque abandonar los combustibles fósiles no es un asunto técnico: es político. Es atacar una de las principales industrias, y la que alimenta la mayoría del sistema productivo. Y es uno de los primeros puntos de lo propuesto en nuestra búsqueda del Espíritu de 2025:
Para los primeros momentos de esta revolución contra el cambio climático sí que podemos inspirarnos en la historia de la socialdemocracia. Las primeras victorias que necesitamos son victorias que ya se consiguieron una vez. Tres ejes para empezar: energía, transporte, agua. Son algunos de los llamados monopolios naturales, en los que incluso los liberales clásicos reconocían que la competencia no traía beneficios tangibles. Lo hemos comprobado en nuestras propias carnes, y ninguno de los tres pueden permanecer en manos privadas más tiempo: expropiación y nacionalización inmediatas. Una primera gran diferencia: no pueden ser gestionados como empresas privadas que ofrezcan únicamente precios razonables y buenas condiciones laborales. Hay que avanzar en su socialización real para que su expropiación sea, esta vez sí, irreversible. Otra gran diferencia: el objetivo no puede ser la «rentabilidad», la eficiencia en sentido capitalista. Todos sus recursos y las posibilidades de planificación política que traerá la nacionalización deben ponerse al servicio de la lucha contra el cambio climático.
Queremos que el acto del 8 de septiembre sea lo más populoso posible, y que tenga repercusiones fuera de Madrid (que es donde hemos podido organizar algo nosotros). Así que, si podéis venir, venid. Si no, en este hilo estábamos intentando ayudar a la gente a organizarse y ponerse en contacto con las organizadoras de las actividades en cada ciudad o pueblo.

Nos vemos el 8 de septiembre.

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Aquí antes nevaba todos los años XII

Mes y pico llevábamos sin enviaros una carta. ¡Mes y pico! Ha dado tiempo a que tengamos primavera, otro poco de invierno, tres días de entretiempo y ahora verano salvaje, desbocado.

Evidentemente, no hemos estado dedicados al disfrute de la cambiante meteorología, sino que hemos dedicado tiempo a publicar una introducción a los límites biofísicos del planeta de Sara García Morales, traducir un artículo sobre cómo alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sin depender de las misteriosas tecnologías de captura de carbono y realizar, con la ayuda de nuestro diseñador Polo y nuestras traductoras, un completo kit de infografías que te informan de qué puedes hacer tú, individualmente, para luchar contra el cambio climático. ¡El sexto consejo te sorprenderá!

Esta infografía es la versión reducidísima de un artículo más amplio, que puedes aprenderte de memoria para a continuación recitar a conocidos y allegados.

Pero esto, junto con la hermosa excursión que hicimos al Parque de la Sierra de Guadarrama (¡gracias por la excelente compañía!) está ya en el pasado.

Un miembro del colectivo nos indica de dónde viene el agua milagrosa de Madrid

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

¡Participad, escribid, rimad!

¿Y en el futuro próximo? Pues una charla sobre Cambio climático y salud (y trabajo) a cargo de Julio Díaz, de GISMAU y Claudia Narocki de CCOO-ISTAS. Os invitamos a venir, que los temas son de máximo interés y actualidad, y ellos saben bien de lo que hablan. El sábado 30 a las 11 de la mañana en la Ingobernable.

Y cerramos este resumen de los pasados dos meses y de la próxima semana con un anuncio que ya desarrollaremos: estamos organizando, junto con otros colectivos, una manifestación para el 8 de septiembre en Madrid (abierta a que sea replicada donde se quiera), dentro de la campaña de 350.org Rise for climate, dirigida a impulsar la descarbonización de la economía. Pronto os contaremos más.¡Nos vemos el sábado que viene!
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Concurso de lemas #espíritu2025

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Sabemos que podéis hacerlo mejor que esto.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

¡Participad, escribid, rimad!

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la ciencia, qué hacer, traducciones

El planeta puede limitar el calentamiento global a  1.5ºC sin emisiones negativas

[Traducción del artículo de Simon Evans publicado el 13 de abril de 2018 en CarbonBrief]

Un nuevo estudio indica que es posible limitar el calentamiento a 1.5ºC por encima de las temperaturas pre-industriales sin utilizar las emisiones negativas de la Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS: BioEnergy with Carbon Capture and Storage).

El estudio, recientemente publicado en Nature Climate Change, abre el debate sobre cómo cumplir los estrictos objetivos de temperatura del Acuerdo de París. Muestra por primera vez cómo se puede minimizar o incluso eliminar la necesidad de los BECCS mediante una serie de planes de mitigación altamente ambiciosos.

Los BECCS son una tecnología de emisiones negativas controvertida y en gran medida no probada, que se ha convertido en un componente básico de las trayectorias propuestas hacia los 1.5ºC.

Este nuevo artículo, en cambio, explora otras alternativas, que incluyen cambios de estilo de vida, intensificación agrícola y carne cultivada en laboratorio, así como el aumento de la eficiencia energética y la adopción aún más rápida de energías renovables. Algunas de estas alternativas han sido ignoradas en los debates hasta ahora porque los científicos tienen dificultades para implementarlas en sus modelos.

En palabras del autor principal del artículo, el debate sobre cómo cumplir los objetivos de París “debería ser más amplio”, porque existen riesgos en depender de las emisiones negativas de los BECCS.

 

Metas estrictas

El Acuerdo de París, aceptado por casi todos los países en 2015, dice que el calentamiento debería mantenerse “muy por debajo” de los +2ºC por encima de los niveles pre-industriales, e intentar mantenerlo por debajo de los +1.5ºC. Para alcanzar estos objetivos, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben mantenerse dentro de un presupuesto de carbono que se está reduciendo  rápidamente.

Para explorar cómo se podría lograr esto los científicos han desarrollado varios escenarios. Hasta la fecha, las trayectorias para evitar los 1.5ºC han dependido de las emisiones negativas de BECCS para absorber el exceso de CO2 de la atmósfera a finales de este siglo. En parte, esto refleja el supuesto de que la inercia en el sistema energético mundial hace que sea difícil alcanzar un pico y luego eliminar el CO2.

La siguiente figura muestra el punto de partida para la investigación actual: una trayectoria consistente con una probabilidad del 66% de mantener la temperatura en 2100 por debajo de 1.5ºC.

(Como la mayoría, este es un escenario de “rebasamiento”, donde las temperaturas alcanzan 1.5ºC en la segunda mitad del siglo antes de volver a caer por debajo de ese nivel en 2100. Las trayectorias de no rebasamiento hasta 1.5ºC solo son posibles, incluso teóricamente, si el presupuesto de carbono restante considerado se encuentra en el extremo superior de las estimaciones actuales).

Emisiones y remociones de CO2 en el escenario estándar de 1.5ºC. (Van Vuuren et al., 2018).

En este escenario por defecto, las emisiones de combustibles fósiles, mostradas en negro, alcanzan su máximo alrededor de 2020 y luego caen abruptamente. El uso residual de combustibles fósiles hasta 2100 se compensa con BECCS (azul claro), lo que hace que el mundo tenga unas emisiones netas de CO2 (asociadas a la producción de energía) nulas para alrededor de 2045 (línea gris) y emisiones netas nulas de CO2 para 2050 (línea amarilla).

El CO2 emitido durante las próximas décadas que excede el presupuesto de carbono para 1.5ºC se ve compensado por las emisiones netas negativas de BECCS a finales de siglo (azul oscuro). Para el año 2100, los BECCS estarían eliminando alrededor de 15.000 millones de toneladas de CO2 (GtCO2) por año, lo que equivale a casi dos quintas partes de las emisiones actuales.

Las trayectorias muy por debajo de 2ºC son muy similares. Por ejemplo, el escenario “Sky” recientemente publicado por Shell es típico en que también depende en gran medida de las emisiones negativas de BECCS.

Esto es controvertido, esencialmente porque los BECCS no han sido probados,  podrían no estar disponibles en los niveles previstos y podrían requerir un terreno equivalente al área de Australia para los cultivos bioenergéticos.

El Dr. Alexander Popp, que no formó parte del reciente estudio, es el jefe del grupo de gestión del uso de la tierra en el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK: Climate Impact Research). Dice lo siguiente:

“Existe una gran preocupación sobre la sostenibilidad de la implementación a gran escala de las tecnologías de eliminación de CO2, en especial en relación a los BECCS, pero también respecto a la aforestación a gran escala.”

Por tanto, según Popp, el nuevo trabajo sobre trayectorias alternativas al 1.5ºC es de “gran importancia”.

 

Un artificio del escenario

La reciente investigación sugiere que esta dependencia de BECCS podría, hasta cierto punto, ser un artificio del modo en que se han desarrollado los escenarios. Estas trayectorias exploran los cambios futuros en la población, el crecimiento económico, la demanda de energía y otros factores utilizando modelos de evaluación integrados (IAM: integrated assessment models).

Los IAM generalmente están diseñados para ser “rentables”, lo que significa que priorizan las soluciones de bajo coste. Se pueden modificar para incluir dificultades técnicas, políticas o sociales para su implementación, pero el coste sigue siendo el principal motor. El nuevo artículo explica las consecuencias de este diseño:

“Como los IAM seleccionan las tecnologías sobre la base de los costes relativos, normalmente se concentran en las medidas de reducción para las que pueden hacerse estimaciones razonables del rendimiento y los costos futuros. Esto implica que algunas posibles estrategias de respuesta reciben menos atención, ya que su rendimiento futuro es más especulativo o su introducción se basaría en otros factores además del coste, como el cambio de estilo de vida o una electrificación más rápida.”

“Además, los estudios existentes apenas analizan una implementación más agresiva de otras opciones, como la implementación rápida de las mejores tecnologías disponibles o la reducción drástica de GEI (gases de efecto invernadero) distintos del CO2. El desarrollo de la tecnología también podría ser más rápido de lo que normalmente se supone en los modelos IAM .”

Esto explica en parte por qué los BECCS dominan los escenarios de 1.5ºC, a pesar de que su implementación a gran escala se enfrenta a enormes dificultades sociopolíticas. En cambio, las soluciones alternativas a menudo han sido ignoradas porque es difícil estimar su rendimiento o su coste.

El Dr. Glen Peters, director de investigación del instituto climático noruego Cicero, que no formó parte del estudio, dice:

“[Este] es un buen artículo y un paso adelante. Afortunadamente, para los demás será un desafío considerar estrategias de mitigación alternativas a  aquellas basadas únicamente en el coste… Creo que vale la pena discutir cuáles son los costes y cómo deben interpretarse, especialmente cuando las cosas no son tan fácilmente ‘costeables’ (como la reducción del consumo de carne)”.

 

Rutas alternativas

El estudio analiza una variedad de escenarios alternativos “agresivos” para cumplir con la meta de 1.5ºC, reduciendo la dependencia de BECCS. El artículo dice que la implementación de cada opción de mitigación está diseñada para ser “ambiciosa pero no poco realista”. Las alternativas son las siguientes:

Electrificación renovable: todos los sectores del uso final de la energía se electrifican rápidamente, incluida la calefacción. Se superan las limitaciones técnicas para integrar las energías renovables variables en la red. Algunas centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles se cierran antes de tiempo y, en 2030, todos los coches nuevos son eléctricos.

Alta eficiencia: se adoptan rápidamente las mejores tecnologías disponibles para todos los usos energéticos y materiales, incluidos el cemento y el acero. A partir de 2025, solo se venderán coches y aviones de alta eficiencia y solo se permitirán los electrodomésticos más eficientes.

Intensificación agrícola: las hipótesis optimistas para la mejora del rendimiento de los cultivos se combinan con la adopción a nivel mundial del 80% de los sistemas ganaderos más eficientes, incluida la mejora de la digestibilidad de los piensos y las “mejoras genéticas”.

Reducción de gases de efecto invernadero (no CO2): los gases de efecto invernadero que no son CO2 se reducen utilizando las mejores tecnologías disponibles y el progreso tecnológico adicional. Por ejemplo, para 2050, las fugas de metano en el sector del petróleo se reducirán en un 100% y un 90% en el sector minero. Las emisiones de metano del ganado se reducen significativamente y, para 2050, el 80% de la carne y los huevos se sustituyen por proteínas cultivadas, incluida la carne cultivada en laboratorio.

Población: la mejora del acceso a la educación acelera la tendencia decreciente de la natalidad, de modo que la población mundial pasa de 7.000 millones de personas en la actualidad a 8.400 millones en 2050, antes de disminuir a 6.900 millones en 2100. Esto está de acuerdo con el escenario de población más bajo de la ONU. En el extremo superior las proyecciones de las Naciones Unidas llegan a 13.200 millones de personas en 2100.

Cambio de estilo de vida: la mayoría de la población mundial adopta estilos de vida sostenibles, que incluyen, para 2050, que el 100%  de la población adopte dietas saludables con bajo consumo de carne. Se utiliza menos el coche privado y se camina o anda más en bicicleta, mientras que el transporte aéreo se reduce.

La investigación analiza cada opción, así como su efecto combinado, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero y el nivel de BECCS requerido para mantenerse dentro de un presupuesto de carbono de 1.5ºC.

 

Minimizar las BECCS

El menor presupuesto de carbono para 1.5ºC significa que los escenarios existentes se basan más en BECCS que para  un límite de 2ºC. Esto se puede ver en el siguiente gráfico, a la izquierda, donde el nivel de BECCS casi se duplica entre una trayectoria para los  2ºC (línea morada, “Def_2.6”) y una para 1.5ºC (línea azul, “Def_1.9”). El aumento de uso de BECCS también requiere un mayor uso de tierras agrícolas para cultivar bioenergía, como se muestra en el gráfico a la derecha (línea azul, “Def_1.9”).

Izquierda: energía primaria de BECCS (exajulios) y derecha: uso de la tierra agrícola (millones de hectáreas) en un escenario de 2ºC y una variedad de escenarios alternativos de 1.5ºC. (Van Vuuren et al. 2018).

Cada una de las alternativas de mitigación reduce las emisiones, con los escenarios de electrificación y eficiencia que afectan principalmente al CO2 y los otros que tienen un mayor impacto en otros gases de efecto invernadero. Esto, a su vez, reduce la necesidad de los BECCS (gráfico, arriba a la izquierda) y de tierras agrícolas (arriba a la derecha).

La combinación de todas las opciones de mitigación juntas (“Total”) elimina efectivamente la necesidad de los BECCS para permanecer por debajo de 1.5ºC. Esto libera importantes áreas de tierras agrícolas en el modelo, algunas de las cuales son reforestadas, lo que conlleva la eliminación “natural” de CO2.

Como tal, la ruta con cero-BECCS  a 1.5ºC presentada en el estudio no está completamente libre de emisiones negativas.

El profesor Detlef van Vuuren, investigador principal de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos (PBL) y autor principal del informe dice:

“Demostramos que hay opciones disponibles para reducir significativamente los BECCS, pero es muy, muy difícil llegar a cero BECCS (o emisiones negativas)… Las emisiones negativas no son necesariamente malas, pero significa que uno acepta ciertos riesgos. Si no quieres tomar esto en cuenta o encuentras otras opciones más atractivas por otras razones -por ejemplo, sinergias con otros ODS [objetivos de desarrollo sostenible], facilidad de implementación, apoyo social- [entonces] creo que [nuestro nuevo artículo] permite una mejor consideración de los pros y los contras… Creo que eliminar totalmente las emisiones negativas no es posible en su totalidad -pero minimizarlas podría ser atractivo.”

Van Vuuren fue una figura clave en el uso inicial de BECCS dentro de los modelos climáticos. Él mismo añade que es “desafortunado” que el trabajo hasta la fecha para lograr los 1.5ºC haya estado tan dominado por los BECCS.

 

Un debate más amplio

Como todas las trayectorias  para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, estas nuevas alternativas son muy ambiciosas. Tampoco cambian el panorama general para los responsables políticos.

El Dr. Joeri Rogelj, investigador del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), que no formó parte del trabajo, dice:

“El núcleo del desafío de la mitigación sigue siendo el mismo: las emisiones globales de CO2 deben reducirse a cero. Lo que los responsables políticos deberían tener en cuenta de esta investigación sobre los escenarios 1.5C es que hay una variedad de vías que se pueden seguir para limitar las emisiones de CO2 y que estas diferentes vías o estrategias permiten limitar la contribución de tecnologías potencialmente indeseables como los BECCS”.

Es importante destacar que las barreras para la adopción de las diversas estrategias alternativas van más allá de la métrica de costes priorizada por la investigación previa, que abarca la política, la aceptación social y la viabilidad técnica.

Bert Metz, ex copresidente del grupo de trabajo sobre mitigación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) y ahora asesor principal de la Fundación Europea del Clima (ECF), dice:

“Es muy poco probable que todas las opciones investigadas puedan aplicarse simultáneamente en la medida en que se supone en el documento y que todos los efectos de cada una de las opciones puedan lograrse en la práctica, ya que los supuestos son muy ambiciosos”.

“Cada una de estas opciones merece un examen minucioso y una acción apropiada por parte de los responsables políticos, si quieren tomar en serio los objetivos de París y evitar apostar por la disponibilidad a gran escala de la eliminación de CO2 y, en particular, de los BECCS”.

Un estudio publicado la semana pasada explora los límites de plausibilidad para evitar el uso de emisiones negativas. Demuestra que sólo son evitables si el presupuesto de carbono para 1.5ºC se sitúa en el extremo superior de las estimaciones actuales y si se adoptan radicalmente tecnologías y estilos de vida bajos en carbono, junto con esfuerzos sin precedentes para limitar las necesidades energéticas, de modo que la demanda en 2100 caiga a la mitad de los niveles actuales. Un presupuesto de carbono de valores bajos haría inalcanzable el objetivo de 1.5ºC, incluso con BECCS.

El Dr. Stephan Singer, asesor principal sobre políticas energéticas globales de la la ONG Climate Action Network, dice:

“Es extremadamente útil para la comunidad académica evaluar alternativas a los BECCS a gran escala, en particular [porque] es probable que esto tenga un impacto significativo en la seguridad alimentaria y el uso de la tierra… Cuanto más fuerte, más temprano y más profundamente nos embarquemos en políticas y medidas de mitigación ‘convencionales’, menor será la necesidad de emisiones negativas en el mundo, como los BECCS a gran escala, para alcanzar los objetivos de París”.

Singer añade: “Los cambios en el estilo de vida de las personas de alto consumo y emisiones ricas a nivel mundial… son [una] parte fundamental de la ecuación… Esto no se limita a los cambios dietéticos individuales… [sino que] también incluye un cambio significativo en los hábitos de transporte y viaje, una mayor durabilidad institucionalizada de los productos, una mayor reutilización de los componentes, nuevos materiales y, en general, una economía circular”.

Independientemente de que se puedan cumplir o no los objetivos de París, la investigación actual sugiere que los responsables políticos deberían debatir un conjunto más amplio de opciones para abordar el cambio climático, además de los BECCS y las emisiones negativas, que se han llegado a considerar como un “respaldo” de facto.

Peters dice:

“Los IAMs tienen un conjunto limitado de herramientas [para reducir las emisiones] y, en realidad, hay muchas más herramientas en la caja de herramientas. Esta es una buena señal, ya que cuantas más herramientas tengamos, más opciones tendremos para llegar a 2ºC o 1.5ºC. Necesitamos más estudios para ampliar la caja de herramientas, en vez de usar tecnologías como los BECCS o la captura directa de aire”.

Vale la pena añadir esta investigación dista mucho de ser una exploración exhaustiva de esa “caja de herramientas”. De hecho, concluye mencionando una serie de otras opciones para reducir las emisiones, que también se han excluido en general de los trabajos anteriores. Entre ellas figuran la gestión del carbono en el suelo y el “cierre forzado y rápido de centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles”.

Finalmente, ninguno de los escenarios actuales considera un mundo sin crecimiento económico, considerado por algunos investigadores como el único camino hacia un futuro sostenible.

Referencia: Van Vuuren, D. et al. (2018) Alternative pathways to the 1.5C target reduce the need for negative emission technologies, Nature Climate Change, doi:10.1038/s41558-018-0119-8

 

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Against the flood – Manifesto (English)

“Après moi le déluge! [After me, the flood] is the watchword of every capitalist and of every capitalist nation. Hence Capital is reckless of the health or length of life of the labourer, unless under compulsion from society”

Karl Marx

There is little doubt that the rest of our lives will be marked by climate change and its consequences. There will be practically no sphere of life that is not affected to a greater or lesser extent by this global phenomenon, from health to leisure, including work and the forms of social organization. The consequences of climate change and the public policies needed to slow down or alleviate it will imply a change in the technological matrix of our society and in the living conditions of the vast majority. What is at stake is the meaning of this change: how the costs and potential benefits of this transformation will be shared. Will it mean a worsening of living conditions for the poor or will it lead to a more egalitarian and just society? This is the question on the table.

We believe that fighting climate change and its consequences must be a priority for all social movements that have the welfare of the majority as their goal, whether they are revolutionaries or reformists. Acting against climate change today is inseparable from acting against the capitalist society that produces it. Capital does not take into consideration the health and life span of the worker, nor the ecological conditions of the planet, on which it depends. Only the collective and organized action of those at the bottom will enable us to survive the coming flood.

Contra el Diluvio (Against the Flood) was born as a modest attempt to contribute to a movement against climate change and its consequences. Our aim is to raise awareness about climate change and its consequences among people involved in existing social movements. To this end, we produce and translate written materials, organize talks and debates, and collect accessible but rigorous information on climate change and its social consequences.

We have work to do.

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Infografía “6 cosas que puedes hacer contra el cambio climático” [Varios idiomas]

Aquí puedes bajar las dos infografías que acompañan al texto “6 cosas que puedes para acabar con el cambio climático” en diferentes idiomas: francés, asturiano, castellano, catalán, euskera, gallego, aragonés e inglés (por ahora).

Si necesitas las infografías en PDF a alta calidad para imprimir o modificar puedes descargarlas en este enlace

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qué hacer

6 cosas que puedes hacer para acabar con el cambio climático

Bueno, técnicamente no se puede acabar con el cambio climático, porque ya está en marcha ¯\_(ツ)_/¯ , pero ¡espera!, eso no significa que no puedas hacer nada. En este artículo te vamos a contar brevemente (también tenemos una versión larga para los más motivados) seis maneras de contribuir individualmente a frenar el caos climático, aunque, ¡atención, spoiler!, al final habrá un giro inesperado.

Lo primero que hay que decir es que existe un consenso científico abrumador en que el cambio climático se produce por el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, sobre todo el CO2. Este aumento de los GEI está calentando el planeta, lo cual tendrá consecuencias sociales y ecológicas muy graves: desde aumentos del nivel del mar, incendios u olas de calor a mayores precios de los alimentos o probabilidad de conflictos armados. O sea, el caos climático. El incremento de CO2 en la atmósfera se debe a la actividad humana en un modelo de sociedad concreto: el capitalismo. Por tanto, si queremos hacer algo a nivel individual contra el cambio climático tenemos que reducir nuestra huella de carbono, es decir, las emisiones asociadas a nuestro consumo. Así que nada, hemos recopilado seis cosas que puede hacer cualquiera:

1) Habla sobre el tema: Puede parecer una tontería, pero no lo es en absoluto. Necesitamos que el cambio climático sea relevante: que condicione las decisiones políticas y que lo tengamos en cuenta a la hora de cambiar nuestros hábitos. Saca el tema en charlas informales con amigos o en el curro, coméntalo en redes sociales, manda de vez en cuando memes por grupos de WhatsApp. Si no te sientes seguro porque crees que no sabes lo suficiente, aquí tienes un kit de emergencia.

2) Cambia tu dieta: El sector de la ganadería emite más que todos los coches del planeta juntos. Teniendo en cuenta sus inconvenientes, reducir el consumo de carne, sobre todo ternera o cordero, es la forma más sencilla y eficaz de reducir tu huella de carbono. Obviamente, lo más eficaz es adoptar una dieta vegetariana o vegana. Si es ecológica y de proximidad, mejor. En las sociedades occidentales, y en particular en España, consumimos mucha más carne de lo recomendable, así que además de disminuir tu huella de carbono seguramente mejorarás tu salud.

 

 

 

3) Usa menos el avión: las emisiones asociadas a la aviación son casi el doble de todas las de España. Además, no paran de crecer y al emitirse en altura tienen un mayor efecto invernadero. Evita aquellos viajes en avión que no sean por causa mayor, sobre todo aquellos de ocio en los que puedas encontrar destinos más cercanos y sostenibles.

4) Usa menos el coche:  La movilidad urbana supuso un 10% de las emisiones en España en 2016. Sustituir en la medida de lo posible el transporte en coche por el uso del transporte público o la bici reduce mucho nuestra huella de carbono. Por supuesto, esto no es igual de fácil si una vive en el centro o en la periferia de las ciudades o si una vive en zonas rurales. En transporte interurbano, compartir el coche, viajar en autobús o usar el tren son, respectivamente, las mejores alternativas al uso del transporte privado.

 

 

5) Contrata energía de fuentes renovables: Cambiar tu comercializadora de una de las grandes energéticas a una cooperativa de energía renovable (por ejemplo Som Energía o alguna de la Unión Renovables) es otra manera de colaborar contra el caos climático. Aunque no puedes controlar de dónde procede la energía que recibes, estas cooperativas te garantizan que la cantidad de energía que consumes procede de  fuentes renovables, lo que contribuye a aumentar la demanda de estas. Cambiarse es tan sencillo o más que cambiar de móvil y la factura puede salirte incluso más barata, o sea que por aquí cero excusas.

6) Implícate colectivamente: que individual, lo que se dice individual igual no es, pero es que el enfoque de la lucha contra el cambio climático de forma puramente individualista es insuficiente. Aunque los cambios de hábitos que hemos comentado antes son necesarios, serán insuficientes en ausencia de cambios sociales más ambiciosos. Pero además, debemos tener en cuenta que no todos contribuimos igualmente al cambio climático. A nivel global, el 10% más rico emite el 50%, mientras que el 50% más pobre solo emite el 10%. En España, el 10% más rico emite 6 veces más que el 10% más pobre. De modo que la lucha contra el cambio climático debe ser, ante todo, una lucha colectiva.

 

Tenemos que organizamos colectiva y políticamente para obligar a empresas y gobiernos a que tomen medidas más ambiciosas para mitigar y adaptarnos al cambio climático que ya estamos sufriendo y para que estas sean socialmente justas: que las personas que más emiten sean las que más reduzcan su huella de carbono.

[Si quieres puedes leer la versión larga aquí.]

 

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