colaboraciones, traducciones

La geología te cronoalfabetiza [artículo invitado]

Una científica nos cuenta cómo su disciplina inculca la cronosciencia.

Por Marcia Bjornerud

Original publicado en Nautilus el 13 de septiembre de 2018. Traducido por Íñigo Vitón.

Como geóloga y profesora hablo y escribo sobre eras y eones con bastante facilidad. Uno de los cursos que imparto habitualmente es “Historia de la Vida y la Tierra”, un resumen de los 4.500 millones de años de historia del planeta –en un trimestre de 10 semanas. Pero como humana, y más específicamente como hija, madre y viuda, me esfuerzo como una más en mirar al Tiempo honestamente a la cara. Es decir, admito ser un poco hipócrita con el tiempo (cronohipócrita).

La aversión hacia el tiempo nubla el pensamiento personal y colectivo. La ahora cómica crisis “Y2K” (Año 2000) que amenazó con paralizar la economía y los sistemas informáticos de todo el mundo en el cambio de milenio fue causado por los programadores de los 60 y ’0 que al parecer nunca pensaron que el año 2000 fuera a llegar. A lo largo de la pasada década, los tratamientos de Botox y cirugía plástica han sido vistos como maneras saludables de levantar la autoestima en vez de como lo que realmente son: evidencias de que tememos y odiamos nuestro tiempo de vida. Nuestra aversión natural a la muerte es amplificada en una cultura que posiciona al Tiempo como un enemigo y hace todo lo posible para negar su paso. Como Woody Allen dijo: “los estadounidenses creen que la muerte es opcional”.

Este tipo de negación del tiempo, enraizada en la combinación tan humana de vanidad y temor existencial, es quizá la forma más frecuente y remisible de lo que podemos llamar cronofobia. Pero hay otras variedades más tóxicas que van de la mano de las más benignas para crear un analfabetismo temporal omnipresente, obstinado y peligroso en nuestra sociedad. En el siglo XXI nos sorprendería que un adulto instruido fuera incapaz de identificar los continentes en un mapa, aunque estamos cómodos con la inconsciencia generalizada sobre todo lo que no sea lo más superficial de la larga Historia del Planeta (Uhm ¿estrecho de Bering… dinosaurios… Pangea?). La mayoría de personas, incluidas aquellas que viven en países enriquecidos y técnicamente avanzados, no tienen el sentido de la proporción temporal –las duraciones de los grandes capítulos en la Historia de la Tierra, las tasas de cambio durante intervalos previos de inestabilidad ambiental, las escalas temporales intrínsecas del “capital natural” como los sistemas de agua subterránea. Como especie, tenemos un desinterés ingenuo y una reticencia parcial al tiempo antes de nuestra aparición en la Tierra. Sin gusto por historias en las que no haya protagonistas humanos, mucha gente simplemente no se toma ninguna molestia en la Historia Natural. Somos, por tanto, intransigentes y cronoignorantes analfabetos del tiempo. Como conductores inexpertos pero sobreconfiados, aceleramos hacia paisajes y ecosistemas sin conocimiento de sus patrones de tráfico paulatina y largamente establecidos, y entonces reaccionamos con sorpresa e indignación cuando nos enfrentamos a catástrofes por haber ignorado las leyes naturales. Esta ignorancia de la historia planetaria socava cualquier reivindicación que hagamos de la modernidad. Estamos navegando temerariamente hacia nuestro futuro usando concepciones del tiempo tan primitivas como un mapa del siglo XIV, cuando los dragones acechaban en los bordes de una tierra plana. Los dragones de la negación del tiempo aún persisten en una sorprendente variedad de hábitats.

Entre los varios enemigos del tiempo, el creacionismo de la Tierra Joven exhala la mayoría del fuego, pero al menos es predecible en su oposición. En los años de enseñanza de geología en la universidad, he tenido estudiantes de entornos cristianos evangélicos que han luchado seriamente para reconciliar su fe con el conocimiento científico de la Tierra. Sinceramente empatizo con su angustia e intento señalar caminos para la resolución de este conflicto interno. Primero, enfatizo que mi trabajo no es desafiar sus creencias personales, sino enseñar la lógica de la geología (geo-¿lógica?), los métodos y herramientas de la disciplina que nos permiten no solo comprender cómo funciona la Tierra en el presente, sino también documentar en detalle su elaborada e impresionante historia. Algunos estudiantes parecen satisfechos manteniendo aisladas la ciencia de las creencias religiosas a través de esta separación metodológica. Pero a menudo, como aprenden a leer rocas y paisajes por sí mismos, las dos visiones del mundo parecen cada vez más incompatibles. En estos casos, uso una variación del argumento de Descartes en sus Meditaciones sobre si su experiencia del Ser es real o una elaborada ilusión creada por un dios o un demonio malevolente.[i]

En un curso de introducción a la geología, rápidamente uno empieza a entender que las rocas no son nombres (sustantivos) sino verbos, evidencias visibles de los procesos: una erupción volcánica, el crecimiento de un arrecife de coral, la elevación de una cadena montañosa. En cualquier sitio que uno mire, las rocas dan testimonio de eventos que se han desarrollado en largos periodos de tiempo. Poco a poco, a lo largo de más de dos siglos, las historias locales contadas por las rocas en cada rincón del mundo han sido hiladas en un gran tapiz global: la escala de tiempo geológico. Este “mapa” del Tiempo Profundo representa uno de los grandes logros intelectuales de la humanidad, arduamente construido por estratígrafos, paleontólogos, geoquímicos y geocronologistas de diversas culturas y credos. Es todavía un trabajo en progreso en el que constantemente se están añadiendo detalles y cada vez se están realizando calibraciones más precisas. Hasta ahora, nadie en más de 200 años ha encontrado una roca o fósil anacrónico –como el biólogo J.B.S. Haldane supuestamente dijo, “un conejo precámbrico”[ii]– que represente una inconsistencia interna fatídica en la lógica de la escala de tiempo.

Si uno reconoce la credibilidad del trabajo metódico por incontables geólogos alrededor del mundo (muchos al servicio de compañías petrolíferas), y uno cree en un dios como creador, la elección es entonces aceptar la idea de (1) una Tierra vieja y compleja con cuentos épicos para contar, puesta en marcha por un creador benevolente hace muchos eones, o bien (2) una Tierra joven fabricada hace solo unos pocos miles de años por un creador retorcido y deshonesto que sembró evidencias de especies de un planeta viejo en cada rincón y grieta, desde los yacimientos fósiles hasta los cristales de zircón, anticipándose a nuestras exploraciones y análisis de laboratorio. ¿Qué es más herético? Un corolario de este argumento, a desplegar con tacto y cuidado, es que comparado con la profunda, rica y gran historia geológica de la Tierra, la versión del Génesis es una simplificación ofensiva, una reducción tan extrema que llega a ser irrespetuosa con la Creación.

Por más exasperantes que lleguen a ser los profesionales de la Tierra Joven y creacionistas, al menos son completamente francos sobre su cronofobia. Más penetrantes y corrosivas son las formas casi invisibles de negar el tiempo que están incrustadas en lo más profundo de nuestra sociedad. Por ejemplo, en la lógica de la economía, en la que la productividad laboral siempre debe aumentar para justificar salarios más altos, profesiones que se centran en tareas que simplemente requieren tiempo –educación, enfermería, o artes escénicas– constituyen un problema porque no pueden hacerse significativamente más eficientes. Tocar un cuarteto de cuerda de Haydn lleva tanto tiempo en el siglo XXI como en el XVIII; ¡no ha habido progreso! Esto a veces se llama “enfermedad de Baumol”, por el economista que describió por primera vez este dilema.[iii] Que sea considerado una patología muestra mucho acerca de nuestra actitud hacia el tiempo y el poco valor que en Occidente le damos al proceso, desarrollo y maduración.

Los años fiscales y las legislaturas imponen una visión miope del futuro. Los pensadores cortoplacistas son recompensados con bonus y reelecciones, mientras que aquellos que se atreven a tomarse en serio nuestra responsabilidad para con las futuras generaciones normalmente se encuentran en minoría, silenciados y sin cargos. Pocas instituciones públicas modernas son capaces de hacer planes más allá de los ciclos bienales de presupuestos (o de los cuatro años electorales). Incluso dos años de planificación parecen hoy en día más allá de la capacidad del Congreso y las legislaciones estatales, donde las medidas de gasto temporales y de última hora se han convertido en la norma. Las instituciones que aspiran a una visión a largo plazo –Parques Naturales y Nacionales, bibliotecas públicas y universidades– son cada vez más vistas como cargas para el contribuyente (u oportunidades sin aprovechar para patrocinios corporativos).

Conservar recursos naturales –suelo, bosques, agua– para el futuro de la nación fue una vez considerado una causa patriótica, evidencia del amor por el país. Pero hoy en día, el consumismo y la modernización se han mezclado de manera extraña con la idea de la buena ciudadanía (un concepto que ahora incluye a las corporaciones). De hecho, la palabra consumidor se ha convertido más o menos en sinónimo de ciudadano, y esto no parece molestar a nadie. “Ciudadano” implica compromiso, contribución, dar y recibir. “Consumidor” sugiere solo dar, como si nuestro único papel es devorar todo a la vista, como langostas descendiendo sobre un campo de cultivo. Nos podemos burlar del pensamiento apocalíptico, pero la idea aún más omnipresente –de hecho, el credo económico– de que los niveles de consumo pueden y deben aumentar continuamente es igual de ilusa. Y mientras la necesidad de una visión a largo plazo se hace más urgente, nuestra capacidad de atención se reduce al escribir y twittear en un Ahora hermético y narcisista.

La Academia debe, también, asumir alguna responsabilidad por amparar una proclama disimulada de negación del tiempo, al privilegiar ciertos tipos de investigación. La física y la química ocupan los primeros niveles en la jerarquía de la actividad intelectual debido a su exactitud cuantitativa. Pero esta precisión en caracterizar cómo funciona la Naturaleza solo es posible bajo condiciones muy controladas, totalmente antinaturales, disociadas de una historia o momento particular. Su denominación como ciencias “puras” es reveladora; son puras en tanto que son esencialmente atemporales – in corromper por el tiempo, interesadas únicamente en las verdades universales y las leyes eternas[iv]. Como las “formas” de Platón, estas leyes inmortales son a menudo consideradas más reales que cualquier manifestación específica de ellas (por ejemplo, la Tierra). Por el contrario, las disciplinas de la biología y la geología ocupan rangos bajos en la pirámide académica porque son muy “impuras”, carentes de los embriagadores matices de la certeza porque están impregnados de la cabeza a los pies de tiempo. Las leyes de la física y la química obviamente se aplican a las formas vivas y a las rocas, y es posible también abstraer algunos principios generales sobre cómo funcionan los sistemas bio y geológicos, pero el corazón de estas disciplinas reside en la abundancia idiosincrásica de organismos, minerales y paisajes que han emergido a lo largo de la larga historia de este particular rincón del cosmos.

La biología como disciplina ha ascendido por su rama molecular, con su enfoque de laboratorio de bata blanca y sus venerables contribuciones a la medicina. Pero la humilde geología nunca ha conseguido el brillante prestigio de otras ciencias. No tiene Premio Nobel, ni cursos avanzados en el instituto, y un prototipo de persona anticuada y aburrida. Esto por supuesto que molesta a los geólogos, pero también tiene serias consecuencias para la sociedad en un momento en que los políticos, CEOs y ciudadanos ordinarios necesitan urgentemente conocimientos sobre la historia del planeta, anatomía y fisiología.

En primer lugar, la percepción del valor de una ciencia influye profundamente en los fondos que recibe. Por frustración con las limitadas inversiones en investigaciones de geología básica, algunos geoquímicos y paleontólogos que estudian los orígenes de la Tierra y los rastros más antiguos de vida en el registro geológico se han reinventado astutamente como “astrobiólogos” para aprovecharse de los proyectos de la NASA que apoyan investigaciones acerca de la posibilidad de vida en algún otro lugar del Sistema Solar o más allá. Aunque admiro esta maniobra inteligente, es descorazonador que los geólogos tengamos que colarnos en el eximio programa espacial para conseguir interesar al público y a los legisladores por su propio planeta.

En segundo lugar, la ignorancia y la desconsideración de la geología por parte de otros científicos tiene serias consecuencias medioambientales. Los grandes avances en física, química e ingeniería conseguidos en los años de la Guerra Fría – desarrollo de tecnologías nucleares; síntesis de nuevos plásticos, pesticidas, fertilizantes y refrigerantes; mecanización de la agricultura; expansión de las autopistas – han dado lugar a una era de prosperidad sin precedentes, pero también dejan un negro legado de contaminación de aguas subterráneas, destrucción del ozono, pérdida de suelos y de biodiversidad, y un cambio climático, a pagar por las generaciones venideras. Hasta cierto punto, los científicos e ingenieros responsables de estos logros no pueden ser culpados; si uno es entrenado para pensar en los sistemas naturales de manera muy simplificada, excluyendo los casos particulares para aplicar las leyes idealizadas, y uno no tiene experiencia en cómo las perturbaciones a estos sistemas pueden repercutir a lo largo del tiempo, entonces las consecuencias indeseadas de estas intervenciones se presentarán como sorpresas. Y para ser justos, hasta los 70, las propias geociencias no tenían las herramientas analíticas necesarias para conceptualizar el comportamiento de sistemas naturales complejos en escalas de tiempo de décadas o siglos.

A estas alturas, sin embargo, ya deberíamos haber aprendido que tratar el planeta como si fuera un objeto simple, predecible y pasivo en un experimento controlado de laboratorio es científicamente inexcusable. No obstante, la misma vieja arrogancia de la crono-ceguera le está permitiendo a la seductora idea de la ingeniería climática, algunas veces llamada geoingeniería, ganar peso en ciertos círculos académicos y políticos. El método mayoritariamente más debatido para enfriar el planeta sin tener que hacer el duro trabajo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es la inyección de aerosoles de sulfato, partículas reflectantes, en la estratosfera –la capa más alta de la atmósfera– para imitar el efecto de las grandes erupciones volcánicas, que en el pasado han conseguido enfriar temporalmente el planeta. Por ejemplo, la erupción en Filipinas del Monte Pinatubo en 1991, causó una pausa de dos años en el aumento continuo de la temperatura global. Los principales defensores de este tipo de jugueteos planetarios son físicos y economistas, quienes argumentan que sería barato, efectivo y tecnológicamente fiable, y lo promueven bajo el benigno, casi burocrático nombre de “Gestión de la Radiación Solar”.

Pero la mayoría de los geocientíficos, muy conscientes de que incluso los pequeños cambios en los complejos sistemas naturales pueden tener consecuencias graves e imprevistas, son profundamente escépticos. Los volúmenes de sulfato requeridos para revertir el calentamiento global serían el equivalente a una erupción del tamaño de la del Pinatubo cada pocos años –durante al menos un siglo– ya que detener las inyecciones sin una reducción significativa de los gases de efecto invernadero desembocaría en un aumento brusco de la temperatura global que podría estar más allá de la capacidad de adaptación de gran parte de la biosfera. Peor aún, la efectividad de la estrategia disminuye con el tiempo, porque al incrementarse las concentraciones de sulfato estratosférico, las pequeñas partículas se fusionan en otras mayores, que son menos reflectivas y tienen un tiempo menor de permanencia en la atmósfera. Y lo que es más importante, incluso aunque probablemente hubiera una reducción neta en la temperatura global, no tenemos manera de saber exactamente cómo se verían afectados los sistemas climáticos locales o regionales. (Y dicho sea de paso, no tenemos mecanismos de gobernanza internacional para vigilar y regular la manipulación de la atmósfera a escala planetaria).

Dicho de otro modo, es hora de que todas las ciencias adopten un respeto geológico por el tiempo y su capacidad de transfigurar, destruir, renovar, amplificar, erosionar, propagar, enredar, innovar y exterminar. Se puede decir que comprender el tiempo profundo es la mayor contribución de la geología a la humanidad. Al igual que el microscopio y el telescopio ampliaron nuestra visión a reinos espaciales que una vez fueron demasiado pequeños o demasiado grandes para nosotros, la geología nos proporciona unas lentes por las que poder ser testigos del tiempo de un modo que trasciende los límites de nuestra experiencia humana.

Pero ni siquiera la geología puede eximirse de la culpabilidad por las ideas falsas que la gente tiene sobre el tiempo. Desde el nacimiento de la disciplina en los primeros años del siglo XIX, los geólogos –congénitamente recelosos de los creacionistas de la Tierra Joven– han hablado sin cesar sobre la inimaginable lentitud de los procesos geológicos, y de la idea de que los cambios geológicos se acumulan solo durante inmensos periodos de tiempo. Además, los libros de texto de geología señalan invariablemente (casi regodeándose) que si los 4.500 millones de años de la historia de la Tierra se escalaran a un día de 24 horas, toda la historia humana transcurría en la última fracción de segundo antes de la media noche. Pero esta es una manera errónea, e incluso irresponsable, de entender nuestro lugar en el Tiempo. Por un lado, sugiere un grado de insignificancia y desempoderamiento que no solo es psicológicamente alienante, sino que nos permite ignorar la magnitud de nuestros efectos sobre el planeta en este cuarto de segundo. Por otro, niega nuestras raíces profundas y nuestro permanente entrelazamiento con la Historia de la Tierra; nuestro clan específico tal vez no haya aparecido hasta justo antes de las doce campanadas, pero nuestra extensa familia de organismos vivos ha estado aquí desde al menos las 6am. Por último, la analogía implica que, apocalípticamente, no hay futuro. ¿Qué ocurre después de medianoche?

Aunque nosotros, humanos, nunca dejemos totalmente de preocuparnos y aprender a amar el tiempo (por tomar prestada una frase del Dr. Strangelove), quizá podamos encontrar algún punto medio entre la cronofobia y la cronofilia, y desarrollar la práctica de la cronosciencia, una visión clara de nuestro lugar en el Tiempo, del pasado que vino antes de nosotros y del futuro que transcurrirá sin nosotros.

La cronosciencia incluye un sentimiento de distancias y proximidades en la geografía del tiempo profundo. Centrarse solo en la edad de la Tierra es como describir una sinfonía por su número de compases. Sin tiempo, una sinfonía es un apilamiento de notas; la duración de las notas y la recurrencia de temas le dan forma. Análogamente, la grandeza de la historia de la Tierra reside en los ritmos gradualmente desarrollados y entrelazados de sus muchos movimientos, con pequeños motivos que se precipitan sobre tonos que resuenan a lo largo de toda la historia del planeta. Estamos aprendiendo que el tempo de muchos procesos geológicos no es tan larghissimo como una vez se pensó; las montañas crecen a velocidades que pueden ser medidas en tiempo real, y el ritmo acelerado del sistema climático es sorprendente incluso para aquellos que lo han estudiado durante décadas.

Aún así, me consuela saber que vivimos en un planeta muy antiguo y duradero, no uno inmaduro, novato y posiblemente frágil. Y mi experiencia diaria como terrícola se enriquece con la conciencia de la presencia prolongada de tantos moradores y versiones previas de este lugar. Comprender las razones de la morfología de un paisaje en particular, es similar a la sensación de comprensión que uno tiene al aprender la etimología de una palabra ordinaria. Una ventana se abre, iluminando un pasado distante aunque reconocible, casi como recordando algo largamente olvidado. Esto encanta al mundo con capas de significado, y cambia la manera de percibir nuestro lugar en él. Aunque deseemos fervientemente negar el tiempo por cuestiones de vanidad, de angustia existencial o arrogancia intelectual, nos empequeñecemos a nosotros mismos proclamando nuestra temporalidad. Por encantadora que sea la fantasía de la atemporalidad, hay una belleza mucho más profunda y misteriosa en la cronosciencia.

 

Marcia Bjornerud es profesora de Geología en la Universidad de Lawrence. Es Miembro de la Geographical Society of America, y fue becada Fulbright en 2000-2001.

Extracto traducido de Timefulness: How Earth’s Deep Past Can Change the Way We See the Future. Marcia Bjornerud. Copyright © 2018 by Princeton University Press.

[i] Descartes, R. Meditations on First Philosophy, with Selections from the Objections and Replies (1641). Translated by Moriarty, M. Oxford: Oxford World’s Classics (2008).

[ii] Se supone que Haldane dijo esto cuando le preguntaron qué le haría abandonar su convicción sobre la evolución. Esta frase memorable ha sido citada muchas veces, pero su origen no está claro.

[iii] Baumol, W. & Bowen, W. Performing Arts – The Economic Dilemma: A Study Problems Common to Theater, Opera, Music, and Dance. New York: Twentieth Century Fund (1966).

[iv] El físico teórico Lee Smolin es una voz minoritaria reprendiendo a su disciplina por lo que él llama la sistemática “expulsión del tiempo”. Smolin, L. Time Reborn Boston: Houghton Mifflin Harcourt (2013).

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DEBATE CANDIDATOS/AS A LA ASAMBLEA DE MADRID SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO Y TRANSICIÓN ECOLÓGICA

El cambio climático es el desafío más importante al que se enfrentan nuestras sociedades, y la Comunidad de Madrid no es una excepción. Por eso, el colectivo Contra el diluvio organiza el próximo jueves debate entre los responsables de Cambio climático y transición ecológica de los principales partidos de carácter demócrata que se presentan a las elecciones autonómicas.  Un debate en el que se abordarán las distintas propuestas en materia de vivienda, transporte, economía, naturaleza o alimentación entre otras.

El debate tendrá lugar el jueves 16 de mayo a las 18.00 en el Espacio Ecooo (c/Escuadra 11, metro Lavapiés). Participarán representantes de Ciudadanos (Ana Rodríguez), PSOE (Ana Sánchez), Más Madrid (Héctor Tejero), Podemos (Rodrigo Irurzun) y PP (por confirmar). Moderará Mercedes Martín, activista contra el cambio climático y presentadora del tiempo en Antena 3.

¿Qué? Debate cambio climático para las elecciones autonómicas de Madrid

¿Cuando? Jueves 16 de mayo 18:00h

¿Quién? Ciudadanos (Ana Rodríguez), PSOE (Ana Sánchez), Más Madrid (Héctor Tejero), Podemos (Rodrigo Irurzun) y PP (por confirmar). Moderará Mercedes Martín, activista contra el cambio climático y presentadora del tiempo en Antena 3.

¿Dónde?  Espacio Ecooo (c/Escuadra 11, metro Lavapiés).

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organización, participación

La lucha climática está presente en el 1 de mayo. No hay trabajo en un planeta muerto.

La crisis climática transformará nuestras sociedades; de hecho, ya lo está haciendo. La profundidad y gravedad de esta transformación dependerá de las medidas que tomemos para enfrentar este problema y de lo rápido que lo hagamos. Necesitamos iniciar una reducción drástica de nuestras emisiones, alcanzando antes de 2040 emisiones netas cero.  Que este cambio se realice en un marco de justicia social, y no favoreciendo a las capas privilegiadas de la sociedad en detrimento de las populares, depende también de entender la relación entre el cambio climático y los conflictos históricos en torno al trabajo, la eliminación del patriarcado, el racismo o el colonialismo. El mismo sistema que nos está llevando a la ruptura de los límites planetarios está excluyendo a cada vez más personas del derecho a una vida en condiciones de dignidad. El agotamiento de los recursos, la financiarización de la economía y el aumento de la precariedad son las consecuencias de las políticas económicas imperantes que concentran el capital y las emisiones en manos de unos pocos. Prueba de ello es cómo el 10% más rico es responsable del 50% de las emisiones.

El panel intergubernamental de científicos sobre el cambio climático ha advertido con contundencia a las regiones mediterráneas. Señalan que de no contenerse el incremento de la temperatura global muy por debajo de los 2ºC las consecuencias como las sequías o las lluvias torrenciales se verán agravadas, provocando un drástico descenso de los recursos naturales disponibles. Abordar la crisis climática es una emergencia nacional que afecta enormemente al mercado laboral, en el que la transición debe y puede hacerse garantizando la justicia social y la garantía de una vida en condiciones de dignidad para todas las personas.

En la necesaria transición ecológica la aparición de nuevos empleos vinculados a sectores sostenibles es una importantísima oportunidad para dar respuesta a las actividades más contaminantes cuya desaparición es inevitable. Además de la reducción de las jornadas de trabajo o de la edad de jubilación como medidas de lucha contra el cambio climático, reivindicamos la revisión de una concepción obsoleta del empleo hacia otra que ponga la vida en el centro, que acabe con la hegemonía de las labores productivas sobre las tareas de reproducción social. Hace falta una rebelión por el clima e impulsar vías de transformación que rompan con los actuales esquemas consumistas y nos lleven a una nueva etapa de participación igualitaria y colectiva dentro de los límites ecológicos de nuestro planeta.

En este sentido, el cambio climático debe estar presente el 1 de mayo, porque los problemas son comunes y la respuesta debe garantizar la justicia social y ambiental. Luchar contra las leyes mordazas, las reformas laborales, los tratados de comercio internacionales o el pago de la deuda con dinero público puede ayudar a revertir el poder de las multinacionales fósiles que bloquean la toma de medidas ambiciosas. Del mismo modo, la especulación en las ciudades, la turistificación y los desahucios son una emergencia económica, social y ambiental contra la que debemos luchar. Hay mucho que hacer, y tenemos un horizonte hacia el que caminar: la recuperación, extensión y universalización de los servicios públicos; el impulso de las energías renovables, incluyendo la potenciación del autoconsumo; la reestructuración y rehabilitación de nuestras ciudades para adaptarlas a la nueva realidad climática; la garantización de unas condiciones de vida dignas para todas, la reducción progresiva de la jornada laboral, la compatibilidad real de la vida productiva y las tareas reproductivas; todas estas y muchas otras  son respuestas conjuntas a problemas que son a la vez laborales, sociales y ambientales.

La lucha climática estará presente este 1 de mayo. Si pensáis que no habrá trabajos en un planeta muerto os animamos a sumar vuestra voz a estas reivindicaciones. Participaremos en Madrid en la manifestación de Legazpi al Museo Reino Sofía. Si os apetece venir os esperamos en metro Legazpi a las 11:00.

 

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la ciencia, menos básico

Los calentamientos súbitos estratosféricos y El Niño

Este invierno se  está hablando, y más que se va a hablar, de dos fenómenos muy interesantes, los calentamientos súbitos estratosféricos y El Niño. Desde antes del invierno hay un evento El Niño gestándose en el Pacífico y la estratosfera también nos ha mostrado uno de sus fenómenos más característicos. Así que hemos puesto a trabajar a nuestro amplio departamento científico para explicar en qué consisten y además meterlos juntos en un mismo texto sin que desentonen.

Aquí la versión en vídeo del artículo.

Empecemos por entender qué son los calentamientos súbitos estratosféricos. La verdad es que su nombre ya lo dice todo… pero ¡intentemos llenar un par de líneas más! Estos fenómenos son la mayor fuente de variabilidad de la estratosfera, la capa atmosférica que está inmediatamente por encima de la troposfera y que abarca alturas desde los 11 o 17km (dependiendo de la latitud en la que nos encontremos) hasta los 50 km. La estratosfera está caracterizada por fuertes vientos del este durante el verano boreal y vientos del oeste durante el invierno. Estos vientos del oeste dan lugar a un fuerte vórtice que domina la estratosfera polar durante el invierno del hemisferio norte (como ya explicamos en un texto previo). Sin embargo, este fuerte vórtice polar se debilita en ocasiones por la abrupta aparición de vientos del este, es decir, por motivos que aún se desconocen, los fuertes vientos del oeste de repente pasan a ser del este (¡BOOM!). La aparición de estos vientos del este está asociado a un debilitamiento y calentamiento de la estratosfera, de ahí que estos eventos se conozcan como calentamientos súbitos estratosféricos o, en inglés, Stratospheric Sudden Warmings (SSWs).

Figura 1. 60 días antes y 60 después de SSWs para las anomalías de temperatura (50-90ºN) en contornos de 2K y promedio zonal del viento zonal (60ºN) en colores. (Butler et al. 2017)

 

El reciente SSWs vino a felicitarnos el año nuevo, como muestra Harry, el cambio del viento (pasó a ser negativo) se produjo el 1 de enero:

Figura 2. Cortesía del tuiter de Harry Spoelstra.

Los SSWs se dan con una frecuencia de 6 eventos por década aproximadamente y aunque se producen en la alta estratosfera (en torno al nivel de 10 hPa o 50 km) su señal puede propagarse hacia la troposfera e impactar en los patrones de vientos en superficie en los dos meses siguientes a su detección. Esto se debe a que la masa cálida asociada al SSW desciende con el paso de los días aumentado la presión al nivel del mar sobre las latitudes polares, dando lugar a una fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte (North Atlantic Oscillation, NAO de sus siglas en inglés). La NAO consiste en una variación entre bajas y altas presiones centradas sobre Islandia y las Azores, respectivamente. En condiciones de NAO negativa, como la que se tiene en respuesta a algunos SSWs (2/3 de ellos), se debilitan la baja sobre Islandia (recordemos que la masa descendente aumenta la presión en superficie sobre el polo) y la alta de las Azores. Como consecuencia, la corriente en chorro que fluye hacia Europa desde el oeste se ralentiza y se desplaza hacia el sur, y con él también se desplazan hacia el sur las trayectorias de las tormentas, dando como resultado condiciones más húmedas y cálidas en el sur de Europa, y condiciones frías y secas en el norte. Además está configuración también puede incrementar la ocurrencia de bloqueos atmosféricos en el norte de Europa, asociados también a condiciones frías en estas regiones, como las que se están dando ahora en el norte de Europa y Reino Unido. Así, podemos afirmar que los SSWs tienen un impacto en superficie, es decir, en el tiempo. Aunque no todo lo que ocurra en superficie es culpa de los SSWs, recordemos que en la troposfera hay gran variabilidad y otras muchas fuentes de influencia.

 

Figura 3. Fase negativa de la NAO (MetOffice.gov.uk)

Ahora bien, ¿qué pinta El Niño en todo esto, si es algo que pasa allá por los mares del Pacífico? Efectivamente, El Niño (ENSO, El Niño-Southern Oscillation) es un fenómeno atmosférico y oceánico que se produce en el este del Pacífico ecuatorial. Con un  periodo de entre 2 y 7 años, los vientos que típicamente soplan desde el este a lo largo del ecuador se debilitan, y el agua cálida que normalmente sea acumula en el oeste del Pacífico se desplaza hacia el este. Esto resulta en un calentamiento anómalo de las aguas del este del Pacífico ecuatorial. Estas anomalías cálidas son de 1ºC o 2ºC para los eventos más intensos, pero este exceso de calor implica una gran energía,  energía que es liberada a la atmósfera. Así, El Niño es capaz de modificar el patrón de precipitaciones en la cuenca del Pacífico, dando lugar a fuertes precipitaciones en la costa oeste de América del Sur, pero también modifica las condiciones climáticas de muchas regiones alrededor del globo. Incluso tiene un impacto en Europa. ¿Cómo? ¡Pues mediante la estratosfera! ¡He aquí nuestra doble pirueta!

Figura 4. Anomalías de temperatura superficial de El Niño en colores (McPhaden et al., 2006)

A consecuencia de El Niño, hay una mayor propagación de ondas atmosféricas desde el ecuador hacia las altas latitudes y también hay una mayor propagación de ondas desde la troposfera extratropical hacia a la estratosfera. La estratosfera polar permite que las ondas penetren en ella, pero en un momento dado estas ondas se disipan y su energía es transferida a la estratosfera. Esta energía extra que recibe la estratosfera resulta en un debilitamiento del vórtice polar (nuestro viejo conocido) y como ya hemos indicado, un debilitamiento de los vientos del oeste está asociado a, efectivamente, ¡un calentamiento! En consecuencia, se dice que la respuesta estratosférica a un evento de El Niño es un calentamiento y por el mismo mecanismo que hemos visto antes, la señal de El Niño también puede modificar el tiempo en Europa, dando lugar a una fase negativa de la NAO.

No se sabe si los Niños favorecen la ocurrencia de calentamientos súbitos estratosféricos o si son fenómenos independientes, pero sí se ha podido comprobar que durante inviernos en los que se produce un evento El Niño y uno o más SSWs, la predictibilidad estacional sobre Europa mejora. Es decir: conocer lo que ocurre en el Pacífico y sobre el polo norte puede ayudarnos a entender y predecir el tiempo que vamos a tener en Europa. Pero de nuevo, no nos utilicéis como predictores de lluvia, ¡por favor! Lo del diluvio no va por ahí, no os penséis.

 

Figura 4. Cortesía del tuiter de Daniela Domeisen

Dada la relevancia de El Niño en modificar patrones globales de tiempo su análisis es muy importante en el contexto de cambio climático, pero los diversos estudios realizados en este aspecto aún no son capaces de mostrar un acuerdo: se baraja la posibilidad de que El Niño cambie su lugar preferente de ocurrencia, desplazando sus máximas anomalías hacia el centro del Pacífico, lo que cambiaría los impactos que tiene actualmente, también se habla de una posible mayor frecuencia. Pero como ya hemos dicho no hay resultados concluyentes y poco podemos decir al respecto.

Sin embargo, es indudable que la energía liberada por El Niño aumenta la temperatura global del planeta y ante un nuevo niño podemos volver a batir otro nuevo récord de temperatura global del planeta, ¡Tendremos que estar atentos!

 

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Dos certezas y siete preguntas sobre la crisis ecosocial

Blown Away – Winslow Homer, ca. 1888.

 

Intervención en el XIX Cine Foro de Economistas sin Fronteras (22/11/18) a cargo de Xan López.

Primero las certezas.

  1. La emisión creciente de gases de efecto invernadero está provocando un aumento generalizado de las temperaturas. Un grado desde la época preindustrial. Parece muy probable que como mínimo llegaremos a 1.5°C o 2°C en las próximas décadas. Las consecuencias para la sociedad y todos los seres vivos en la Tierra serán, ya son, gravísimas.
  2. Este proceso está ligado íntimamente a la lógica de producción y acumulación capitalista. Es enormemente improbable que podamos atajar la crisis ecológica sin atacar a esa lógica capitalista. Además, los efectos del calentamiento global afectarán desproporcionadamente a los más pobres del mundo.

El problema de este tipo de certezas es que por sí mismas nunca suponen una fuerza política. No cambian nada. «El triunfo de la razón solo será el triunfo de los que razonan» (Brecht). Por otra parte es de suponer que quienes estamos aquí ya las conocemos, así que tampoco tiene sentido recrearse constantemente en ellas. Por eso voy a centrarme en el poco tiempo que tengo en algunos de los problemas que veo en el camino hacia una solución política de esta crisis.

Siete preguntas.

1) Hay cierta perspectiva histórica desde la que Lutero tenía razón, y no Müntzer. Los Girondinos y no los Jacobinos. Los Mencheviques y no los Bolcheviques. La opción correcta era la moderación, adecuarse a los límites de lo posible. Hay otra perspectiva que plantea que la cantidad de energía organizada para conseguir un cambio siempre tiene que desbordar los objetivos realmente posibles. Que para alcanzar lo posible hay que intentar, y rozar, lo imposible. Es la idea del progreso como dos pasos adelante y uno atrás. El paso atrás es traumático, pero al final se ha conseguido avanzar algo, que permanece.

Estas dos perspectivas comparten un convencimiento implícito. El de que en cualquier caso hay un tiempo histórico suficiente para la mejora social, y que ningún exceso de moderación o paso atrás inevitable nos llevará a un abismo que rompa la serie histórica. Puede que ese convencimiento ya no tenga tanta solidez. ¿Podemos concebir una revolución social profunda que solo dé dos pasos adelante? El cambio que necesitamos no es tanto la aceleración de un proceso previo, sino más bien un salto fuera de la historia.

2) Un filósofo dijo, exagerando, que «la pérdida más trágica no consiste en perder la seguridad, sino en perder la capacidad de imaginar que las cosas pueden ser de otra manera» (Bloch). Los grandes sacrificios nunca pierden de vista la lucha por el pan de cada día, pero el convencimiento de que es posible conseguirlo proviene de una visión que suele ir más allá de lo individual y lo inmediato. Por ahora no hemos alcanzado el reino de los cielos, la república de los iguales o el comunismo, pero hemos llegado hasta aquí porque nunca se perdió la esperanza en ellos. No la esperanza estúpida de que todo se arreglará por sí mismo, que hoy en día es el tecno-utopismo. Sí la esperanza informada que sabe que ese desenlace depende de nosotros mismos.

Sin el horizonte de un mundo mejor nos refugiamos en el cinismo, que hoy en día no tiene oposición y se enorgullece de no creer en nada que no sea la gestión del mejor mundo posible, que resulta ser éste. Si la esperanza en un mundo mejor es inherente al ser humano entonces no puede estar destruida, solo extraviada. ¿Sobre qué materiales contemporáneos podemos forjar una nueva visión de futuro? Muchos intentan revivir viejas visiones. Ahí sin duda habrá mucho de utilidad. Quizás también debamos mirar entre las piedras descartadas por los canteros de la historia.

3) En una fábula de Esopo una zorra alardea ante una leona de tener camadas numerosas, mientras que ella siempre tiene una única cría. «Una, pero un león» contesta la leona.

El problema de la calidad y la cantidad no es nuevo. Hoy la preocupación de la gran mayoría está centrada en la cantidad. Tener suficiente, o más que suficiente. La fábula apunta a un problema en esa mentalidad, que también se conoce desde hace mucho. Sin embargo es una frivolidad pensar que aquí hay una simple confusión, un error persistente. Durante mucho tiempo fue correcto tener como primera preocupación el tener más cosas necesarias. Todavía lo es para la inmensa mayoría, que deberían tener mucho más. Sin embargo la minoría que más contribuye al cambio climático no puede seguir igualando su bienestar, o su felicidad, a la acumulación de mercancías. Debemos, claro, organizar un mecanismo para garantizar nuestra supervivencia colectiva, pero el mercado capitalista como medio para hacerlo parece cada vez más insostenible. ¿Es concebible una sociedad que garantice la existencia de sus miembros como algo indiscutible y entienda el lujo como algo distinto al consumismo? El reino de la libertad no puede estar en la producción creciente, pero sí más allá: el lujo como tiempo libre, como relaciones sociales, como desarrollo personal. Pasar, como decía alguien, de la austeridad pública y el lujo privado al lujo público y la austeridad privada. Así por fin la cantidad suficiente se convertirá en calidad. Una, sí, pero leona.

4) La inmensa mayoría de la riqueza mundial está concentrada en un pequeño número de países. No es difícil imaginar una pseudo-solución al cambio climático que trate de cristalizar esta diferencia histórica. La consecuencia sería el exterminio activo o pasivo de la «población excedente». Este plan no es realista, porque la riqueza de los primeros no es una característica intrínseca sino sobre todo el producto del trabajo y la expropiación de los segundos. Pero lo importante para su ejecución no es que sea viable, sino que se crea como tal. Al menos durante un tiempo. Sin duda no desentonaría con nuestra época el considerar un plan imposible como viable, mientras se desprecian por ilusorias las únicas soluciones realmente posibles.

Hace ya mucho se comprendió que un problema fundamental para la solidaridad obrera mundial era precisamente esta relación de dependencia mundial. Una relación que también afectaba a la conciencia y perspectiva de los trabajadores de las países ricos. No es exagerado decir que nunca hemos superado este problema. La posibilidad de que el cambio climático no implique un genocidio pasa por su superación.

5) La réplica visceral cuando se plantea cualquier cambio social profundo suele ser: que lo haga quien quiera, pero a mí que no me obliguen. Casi todos los aspectos importantes de nuestras vidas son enormemente autoritarios y reglamentados, pero la idea de que son producto de nuestra libre elección tiene una fuerza enorme. En cualquier debate siempre será mejor recibida la propuesta de pequeños cambios, acompañados de pedagogía, que nos vayan guiando al objetivo deseando siempre que así lo queramos. Una revolución larga, de siglos, que se vaya arrastrando por las generaciones.

Todo apunta a que no tenemos esos siglos. Que el trabajo será de las generaciones que ya están vivas. ¿Cómo podemos defender las transformaciones de vida o muerte necesarias sin que se nos llame «liberticidas»? ¿Se puede arrancar la bandera de la libertad de manos del neoliberalismo? ¿La libertad de existir antes que la libertad de elegir morir?

Siempre estará la tentación de destruir la casa del amo con sus herramientas. La libertad individual descansa sobre la tiranía del mercado, al que no se puede apelar ni está sujeto al control popular. La pinza del hombre de la calle y el empresario contra el coco colectivista. Si así se privatizaron hospitales quizás podamos delegar en otra instancia inapelable para nacionalizar los monopolios que nos dominan. Nos gustaría no tener que hacerlo, pero seguimos órdenes de las leyes físicas. No hay alternativa, señora Thatcher.

6) Según una visión de la historia el nivel de desarrollo técnico y la forma que éste toma determinan el tipo de sociedad existente. El molino de agua llevaría al feudalismo tan inevitablemente como el motor de vapor al capitalismo. La central nuclear llevaría, se supone, al capitalismo monopolista tardío o al socialismo del siglo xx; aquí sus similitudes se explicarían sobre todo por una cuestión técnica.

Una primera crítica evidente a esta visión es que no parece del todo fácil decidir de qué manera exactamente una tecnología determina una sociedad. Algunas llevas con nosotros milenios y han visto muchos tipos de sociedades. En el mejor de los casos hay un gran número de pasos intermedios y posibilidades; la autonomía de las relaciones sociales y la cultura que se forma alrededor de la tecnología es suficiente como para complicar este debate enormemente. La segunda crítica es más prosaica. Asumiendo que la influencia de ciertas tecnologías fuese directa y poco deseable, ¿a cuáles estaríamos dispuestos a renunciar? Algunas parecen irrenunciables, aunque todavía no estén al alcance de todos: alcantarillados, agua corriente, seguridad alimentaria, antibióticos y analgésicos… Es posible que el progreso técnico sea un arma de doble filo, pero cualquiera que haya sufrido una infección de muelas seguramente aceptaría casi cualquier riesgo por una semana de tratamiento con antibióticos y un dentista competente.

7) La historia del corto siglo xx es la historia del trabajador como sujeto político. Ya sea el trabajador de los países ricos, en el centro de un pacto social complejo y coyuntural. O el de los países pobres, centro de un proyecto que en un principio aspiraba a acabar con las clases como tales. Sobre los primeros alguien opinaba, en retrospectiva, que al final se demostró que no querían socialismo, solo salarios más altos (Tronti). El efecto de esto sobre los segundos no fue despreciable. Muchos cambiaron la abolición del salario por la promesa de salarios occidentales, o por la aspiración de emigrar a Occidente. Algunos sabían desde hace mucho que esto era una imposibilidad política. Los países ricos existen porque existen los pobres. No son una imagen de su futuro, sino la garantía de que no tendrán futuro. Ahora también sabemos que es una imposibilidad ecológica. El nivel de vida occidentalizado no es universalizable. Ni siquiera es sostenible para una minoría relativa.

La contradicción es antigua. El sujeto político necesariamente será el conjunto de personas que no son dueñas de su tiempo, que trabajan o viven para otros. Un sujeto ya nunca más estrecho y normativo, sino unido en su diversidad de género, raza, orientación sexual, etc. Pero las luchas por mejorar nuestra situación como trabajadores asalariados, si tienen éxito, refuerzan la lógica capitalista que destruye la base de nuestra existencia. Se busca desde hace mucho el salto de la lucha económica como trabajadores a la lucha por la abolición de los trabajadores como tales y de todas las clases, que no del trabajo. Pero no es un salto fácil de dar. ¿Cómo llegar a una regulación racional de nuestro metabolismo con la naturaleza que no esté mediado por el trabajo asalariado? ¿Cómo plantear esto en un entorno de inseguridad y trabajo precario sin parecer unos lunáticos? O mucho peor, unos frívolos.

 

 

 

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la ciencia

Granjas industriales y huracanes: el caso de Florence

El huracán Florence ha tocado tierra en Carolina del Norte. Aunque posible, es arriesgado asegurar que un fenómeno meteorológico pueda haberse exacerbado debido al cambio climático, pero sí podemos hacernos una idea de cómo puede haberle afectado. En este caso, según las simulaciones realizadas, las temperaturas más cálidas que conlleva el cambio climático han provocado que Florence sea más grande y deje más lluvias, siendo más fuerte de lo que habría sido de no estar en el escenario en el que nos encontramos.

Una de las mayores industrias de Carolina del Norte es la ganadería industrial, principalmente de cerdo y en menor medida de pollos. Esta actividad es, a nivel global, una de las que más contribuyen a la emisión de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. En concreto se le atribuyen, aproximadamente, un 15% de las emisiones. Por eso una de las medidas individuales para luchar contra el cambio climático que se pueden tomar es comer menos carne.

No es la emisión de gases de efecto invernadero el único impacto de esta industria en el medio ambiente. Tiene también un importante papel en la contaminación de aguas subterráneas, debido a los desechos de los animales, o incluso en la lluvia ácida, debido a las emisiones de amoniaco de sus instalaciones.

La gran cantidad de granjas porcinas industriales y de cerdos, más de nueve millones,  en Carolina del Norte, hace que la gestión de sus desechos sea un desafío difícil de afrontar. Estos desechos son una mezcla de materia fecal, orina, sangre y antibióticos (presentes debido a las prácticas veterinarias de este tipo de granjas) en la que habita toda clase de bacterias, muchas de ellas resistentes a los antibióticos. La estrategia de las granjas para lidiar con los residuos tiene dos partes. Por un lado, la mezcla se rocía en aerosol por los campos cercanos esgrimiendo como motivo su potencial como fertilizante; y por otro, se acumula en grandes balsas al aire libre en el recinto de las granjas.

El rociado en aerosol se realiza en los campos cercanos a la granja. En Carolina del Norte las granjas están principalmente situadas en zonas con mayoría de personas negras y pobres, siendo este grupo social el más perjudicado por ello. Los olores provocados por esta práctica que soportan estas personas hacen casi imposible la vida en el exterior, además de conllevar problemas de salud que van desde pérdida de memoria y aumento de asma a mayores índices de mortalidad infantil. 

Acumular los desechos en balsas al aire libre no supone en absoluto una solución frente a los inconvenientes del rociado en aerosol, al que además se recurre cuando la balsa se llena. Los olores, aunque más localizados, siguen siendo insoportables. La fermentación de los desechos produce además la emisión de diversos gases, como amoniaco (con un gran papel en la lluvia ácida) y metano (treinta veces con mayor potencia como gas de efecto invernadero que el dióxido de carbono). Existe además el riesgo de rotura de estas balsas y desborde en el caso de lluvias fuertes, lo que provocaría un desastre ecológico.

Pues este desastre ya se ha producido. Pese a las llamadas a la calma de la industria, y como cabía esperar, las granjas se han inundado y las balsas se han desbordado. Tres millones cuatrocientos mil pollos y cinco mil quinientos cerdos han muerto ya ahogados. Ciento diez balsas de desechos han vertido su contenido al medio ambiente o tienen un riesgo inminente de hacerlo.Esta catástrofe ecológica lamentablemente ya tiene precedentes, aunque no de tanta magnitud. En 1999 la misma zona fue azotada por el huracán Floyd, provocando la muerte de docenas de personas y de más de dos millones de pavos, cerdos y otros animales que murieron ahogados dejando a su paso imágenes desoladoras de cadáveres flotando en las aguas. Además, se produjo el desborde de varias balsas, contaminando su contenido las fuentes de agua potable de la zona y provocando la muerte de miles de peces al llegar a los ríos donde habitaban. El desastre se volvió a producir, aunque a menor escala, en 2016 con el huracán Matthew.

La ganadería industrial y sus problemas no se limitan a Carolina del Norte. En España también se sufren los impactos sociales y ambientales que provoca, sobre todo, la ganadería porcina. Cada vez son menos granjas, pero más grandes y los impactos sociales y medioambientales son enormes. En el caso medioambiental es necesario destacar que se está produciendo la contaminación del agua, cuya disponibilidad, además, se va a ver reducida como consecuencia del cambio climático.

Este doble papel de la ganaderías industriales como causante de cambio climático y multiplicador de los daños de las catástrofes producidas por éste, sin olvidar el sufrimiento animal que provocan, hace que sea necesario actuar contra ellas. En un escenario de cambio climático como en el que nos encontramos los huracanes, que convierten estas instalaciones en una grandísima amenaza para los ecosistemas, se van a producir con mayor frecuencia y van a ser más fuertes. No podemos seguir permitiendo que el beneficio de las grandes empresas prevalezca sobre el derecho a la vida, y a la vida buena, de tantos habitantes del planeta. Como ya hemos dicho tantas veces: tenemos tarea.

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la ciencia

Huracanes y cambio climático: afianzando la relación

 

El tifón Mangkhut y el huracán Florence me han recordado una anécdota deuna amiga que trabaja en la tele, una nacional. El año pasado fueron a entrevistar a un científico por los huracanes de categoría 4-5 –Harvey, Irma y María– que tuvieron lugar en el Atlántico y el Caribe por entonces.

El redactor iba decidido a enfocar el tema desde la perspectiva del cambio climático, relacionando dichos huracanes con el calentamiento global pero, para su sorpresa, el científico dijo que no se puede demostrar una relación entre el número de huracanes y el calentamiento global, que aún no está demostrado y que si dijese lo contrario, “faltando a la objetividad”, estaría dando argumentos y armas a los negacionistas del cambio climático. Total, que debido a la negativa del experto (que, dejémoslo claro, sí que lo es), el reportaje acaba enfocado de otra manera, diciendo que «no es excepcional el número de huracanes» que hubo el septiembre pasado y que «los expertos descartan que la causa sea atribuible al cambio climático hasta que no haya pruebas concluyentes, pero sí apuntan a un incremento de su virulencia medida sobre todo en un aumento de la precipitación» [¿Lo habéis oído? Son mis cabezazos contra la pared] La cosa es ¿esto es falso? Pues técnicamente no. O sea, es cierto que no está clara la relación entre el número de huracanes y el cambio climático, pero probablemente esta sea una manera errónea de enfocar el asunto.

Uno de los mantras más repetidos es que no podemos asociar eventos extremos concretos al cambio climático. Es decir, en términos técnicos, no se debe afirmar que esta sequía o aquel huracán se deben o han sido causados por el cambio climático. Lo que debemos estudiar, y afirmar, es  si existe una mayor tendencia a que ocurran determinados fenómenos extremos a medida que aumenta la temperatura global. En el caso concreto de los huracanes no tenemos evidencias concluyentes de que el cambio climático esté aumentando el número de huracanes por temporada. Esto es verdad. Sin embargo, el problema del cambio climático necesita que comuniquemos mejor la  la relación entre huracanes y cambio climático. Porque esa relación sí que existe.

Pero antes, ¿qué es un huracán?

Un huracán (o ciclón tropical) es un sistema de circulación cerrado que tiene un núcleo cálido de baja presión. Se produce sobre océanos y mares cálidos (Atlántico y Pacífico tropical, Caribe), ya que necesita altas temperaturas y humedad para formarse y mantenerse. Sus efectos son bien conocidos: fortísimos vientos (con ráfagas de más de 300 km/h) y abundantes precipitaciones, lo que hace que la destrucción que provocan al tocar tierra sea enorme tanto a corto como a medio plazo.

Pues bien, volviendo a su relación con el cambio climático, se ha señalado, por ejemplo, que lo que sí está aumentando es la frecuencia de huracanes de categorías 4 y 5. Es decir, puede que no haya más huracanes debido al cambio climático, pero los que hay son más potentes. Cuando se hizo la entrevista de la que hablaba al principio se señaló esto varias veces, por ejemplo…

Pero, además, es que conocemos mecanismos físicos por los que el cambio climático puede hacer que los huracanes sean más potentes y, por tanto, más destructivos. Es decir, a parte de cierta evidencia estadística, tenemos varias intuiciones causales. Ahí van:

  1. La intensidad de los huracanes, que es lo que mide lo que llamamos categoría, depende de la temperatura superficial del agua. Sabemos que los océanos se están calentando debido al cambio climático, por lo que éste aumentaría su potencial destructivo.
  2. Por otro lado, sabemos que una mayor temperatura aumenta la capacidad de contener humedad (un 3% más cada 0.5º C, más o menos). Una mayor humedad ambiental facilita que los huracanes se intensifiquen más rápidamente, y además hace que sean mayores las lluvias asociadas y, por tanto, también las inundaciones.
  3. Por último, sabemos que el nivel del mar ha aumentado en los últimos años debido al calentamiento global (unos 15cm en las últimas décadas), lo que hace que las inundaciones costeras (marejadas ciclónicas, por ser más estrictos) sean mayores y afecten a más territorios, tal y como se vio con la tormenta Sandy en 2012.
  4. Finalmente, y aquí la evidencia científica es más débil, se cree que el cambio climático está aumentando la amplitud de las ondas planetarias, lo que podría contribuir a un fenómeno muy llamativo de Harvey, Irma y Florence: el llamado “stalling” (que consiste, esencialmente, en que lo que eventos meteorológicos extremos que solían ser intensos pero rápidos ahora se prolonguen durante más días, aumentando los daños asociados).

No es fácil comunicar ciencia de una manera rigurosa, es verdad. Es un problema de siempre.  El caso del cambio climático, con todas sus implicaciones sociales, económicas y políticas, la complicación seguramente sea aún mayor.  La evidencia científica de que la Tierra se está calentando y que este calentamiento se deba casi exclusivamente al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles y la deforestación es indiscutible. Pero es cierto que hay otros aspectos científicos más concretos del mismo, como si está aumentando el número de huracanes o si están aumentando los eventos extremos por cambios en la corriente de chorro) que siguen sujetos a investigación y debate académico.

Ahora bien, dada la importancia del cambio climático y la urgencia con la que tenemos que afrontarlo haríamos bien en aprovechar los momentos en los que el foco mediático se centre en huracanes, sequías y otros desastres climáticos para tratar de empujar el calentamiento global al centro de la agenda política y social. Y al intentarlo, haríamos bien en afirmar con contundencia lo que sabemos con claridad en vez de resaltar las incertidumbres que aún están sometidas a debate científico.

 

Bibliografía:

https://blogs.scientificamerican.com/observations/what-we-know-about-the-climate-change-hurricane-connection/

https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/aug/28/climate-change-hurricane-harvey-more-deadly

https://www.democracynow.org/2017/8/30/ex_nasa_scientist_james_hansen_there

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/07/the-science-behind-the-u-s-s-strange-hurricane-drought-and-its-sudden-end/?utm_term=.10783e33edb0

https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2017/09/07/irma-and-harvey-should-kill-any-doubt-that-climate-change-is-real/?tid=ss_tw&utm_term=.f1376eb3f25e

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/11/four-underappreciated-ways-that-climate-change-could-make-hurricanes-worse/?utm_term=.38407d520047

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Aquí antes nevaba todos los años XIII

¡Septiembre! Quizá el único mes en el que podemos dedicarnos quince días seguidos a algo que no sea fantasear con el próximo periodo vacacional. No os preocupéis, que si todo sale bien, el plan es que en breve tengamos más vacaciones que trabajo (en el artículo hablan de fin de semana de tres días; nuestro objetivo es semana laboral de dos días, pero poco a poco).

Para que podamos llegar a un mundo en el que trabajemos lo justo y estemos en cierto equilibrio con el planeta (al menos que ni nosotros intentemos matarlo ni él lo consiga), hay que ir dando pasitos. Os ofrecemos el primero: manifestación #enpieporelclima el sábado 8 de septiembre. Va el manifiesto:

El 8 de septiembre hay planeadas miles de acciones en ciudades y pueblos de todo el mundo para exigir que las autoridades locales se comprometan a construir un mundo libre de combustibles fósiles. Un mundo que anteponga la gente y la justicia a los beneficios de unos pocos. Es hora de una transición ecológica rápida y justa a un escenario 100% renovable para todas, sin más bloqueos ni más retrasos.

Un verdadero movimiento por el clima se construye desde abajo. Esto quiere decir que el poder debe estar en manos de la gente, no de las grandes empresas, que los trabajadores deben tener oportunidades económicas, y que se deben buscar soluciones justas y dignas para las comunidades más afectadas por los impactos de la industria de los combustibles fósiles y del calentamiento que están y seguirán provocando en todo el mundo.

Este mes de septiembre, representantes de diferentes ciudades y regiones, de empresas y de la sociedad civil de todo el mundo se reunirán en California para la Cumbre de Acción Climática Mundial con el objetivo de lograr un compromiso climático audaz que nos ayude a alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el Clima. Sabemos lo que tiene que conseguir esta alianza: una transición rápida, justa e igualitaria a un escenario con energía 100% renovable así como el fin inmediato de las nuevas inversiones en proyectos fósiles (exploraciones, gasoductos, etc).

Debemos salir a la calle para exigir que los acuerdos alcanzados reflejen la urgencia de la situación en la que estamos y para mostrar el poder de la gente frente al de las grandes multinacionales del lobby fósil. Estamos en una encrucijada. Si actuamos juntas podemos poner fin a la era de los combustibles fósiles y salvar el clima del que todas dependemos.

Este 8 de septiembre, ponte en pie por el clima.

Ahí lo tenemos: nos manifestamos por la descarbonización de la economía, como primer e imprescindible paso para llegar a una sociedad más justa. Porque abandonar los combustibles fósiles no es un asunto técnico: es político. Es atacar una de las principales industrias, y la que alimenta la mayoría del sistema productivo. Y es uno de los primeros puntos de lo propuesto en nuestra búsqueda del Espíritu de 2025:
Para los primeros momentos de esta revolución contra el cambio climático sí que podemos inspirarnos en la historia de la socialdemocracia. Las primeras victorias que necesitamos son victorias que ya se consiguieron una vez. Tres ejes para empezar: energía, transporte, agua. Son algunos de los llamados monopolios naturales, en los que incluso los liberales clásicos reconocían que la competencia no traía beneficios tangibles. Lo hemos comprobado en nuestras propias carnes, y ninguno de los tres pueden permanecer en manos privadas más tiempo: expropiación y nacionalización inmediatas. Una primera gran diferencia: no pueden ser gestionados como empresas privadas que ofrezcan únicamente precios razonables y buenas condiciones laborales. Hay que avanzar en su socialización real para que su expropiación sea, esta vez sí, irreversible. Otra gran diferencia: el objetivo no puede ser la «rentabilidad», la eficiencia en sentido capitalista. Todos sus recursos y las posibilidades de planificación política que traerá la nacionalización deben ponerse al servicio de la lucha contra el cambio climático.
Queremos que el acto del 8 de septiembre sea lo más populoso posible, y que tenga repercusiones fuera de Madrid (que es donde hemos podido organizar algo nosotros). Así que, si podéis venir, venid. Si no, en este hilo estábamos intentando ayudar a la gente a organizarse y ponerse en contacto con las organizadoras de las actividades en cada ciudad o pueblo.

Nos vemos el 8 de septiembre.

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Aquí antes nevaba todos los años XII

Mes y pico llevábamos sin enviaros una carta. ¡Mes y pico! Ha dado tiempo a que tengamos primavera, otro poco de invierno, tres días de entretiempo y ahora verano salvaje, desbocado.

Evidentemente, no hemos estado dedicados al disfrute de la cambiante meteorología, sino que hemos dedicado tiempo a publicar una introducción a los límites biofísicos del planeta de Sara García Morales, traducir un artículo sobre cómo alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sin depender de las misteriosas tecnologías de captura de carbono y realizar, con la ayuda de nuestro diseñador Polo y nuestras traductoras, un completo kit de infografías que te informan de qué puedes hacer tú, individualmente, para luchar contra el cambio climático. ¡El sexto consejo te sorprenderá!

Esta infografía es la versión reducidísima de un artículo más amplio, que puedes aprenderte de memoria para a continuación recitar a conocidos y allegados.

Pero esto, junto con la hermosa excursión que hicimos al Parque de la Sierra de Guadarrama (¡gracias por la excelente compañía!) está ya en el pasado.

Un miembro del colectivo nos indica de dónde viene el agua milagrosa de Madrid

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

¡Participad, escribid, rimad!

¿Y en el futuro próximo? Pues una charla sobre Cambio climático y salud (y trabajo) a cargo de Julio Díaz, de GISMAU y Claudia Narocki de CCOO-ISTAS. Os invitamos a venir, que los temas son de máximo interés y actualidad, y ellos saben bien de lo que hablan. El sábado 30 a las 11 de la mañana en la Ingobernable.

Y cerramos este resumen de los pasados dos meses y de la próxima semana con un anuncio que ya desarrollaremos: estamos organizando, junto con otros colectivos, una manifestación para el 8 de septiembre en Madrid (abierta a que sea replicada donde se quiera), dentro de la campaña de 350.org Rise for climate, dirigida a impulsar la descarbonización de la economía. Pronto os contaremos más.¡Nos vemos el sábado que viene!
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Concurso de lemas #espíritu2025

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Sabemos que podéis hacerlo mejor que esto.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

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