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El planeta puede limitar el calentamiento global a  1.5ºC sin emisiones negativas

[Traducción del artículo de Simon Evans publicado el 13 de abril de 2018 en CarbonBrief]

Un nuevo estudio indica que es posible limitar el calentamiento a 1.5ºC por encima de las temperaturas pre-industriales sin utilizar las emisiones negativas de la Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS: BioEnergy with Carbon Capture and Storage).

El estudio, recientemente publicado en Nature Climate Change, abre el debate sobre cómo cumplir los estrictos objetivos de temperatura del Acuerdo de París. Muestra por primera vez cómo se puede minimizar o incluso eliminar la necesidad de los BECCS mediante una serie de planes de mitigación altamente ambiciosos.

Los BECCS son una tecnología de emisiones negativas controvertida y en gran medida no probada, que se ha convertido en un componente básico de las trayectorias propuestas hacia los 1.5ºC.

Este nuevo artículo, en cambio, explora otras alternativas, que incluyen cambios de estilo de vida, intensificación agrícola y carne cultivada en laboratorio, así como el aumento de la eficiencia energética y la adopción aún más rápida de energías renovables. Algunas de estas alternativas han sido ignoradas en los debates hasta ahora porque los científicos tienen dificultades para implementarlas en sus modelos.

En palabras del autor principal del artículo, el debate sobre cómo cumplir los objetivos de París “debería ser más amplio”, porque existen riesgos en depender de las emisiones negativas de los BECCS.

 

Metas estrictas

El Acuerdo de París, aceptado por casi todos los países en 2015, dice que el calentamiento debería mantenerse “muy por debajo” de los +2ºC por encima de los niveles pre-industriales, e intentar mantenerlo por debajo de los +1.5ºC. Para alcanzar estos objetivos, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben mantenerse dentro de un presupuesto de carbono que se está reduciendo  rápidamente.

Para explorar cómo se podría lograr esto los científicos han desarrollado varios escenarios. Hasta la fecha, las trayectorias para evitar los 1.5ºC han dependido de las emisiones negativas de BECCS para absorber el exceso de CO2 de la atmósfera a finales de este siglo. En parte, esto refleja el supuesto de que la inercia en el sistema energético mundial hace que sea difícil alcanzar un pico y luego eliminar el CO2.

La siguiente figura muestra el punto de partida para la investigación actual: una trayectoria consistente con una probabilidad del 66% de mantener la temperatura en 2100 por debajo de 1.5ºC.

(Como la mayoría, este es un escenario de “rebasamiento”, donde las temperaturas alcanzan 1.5ºC en la segunda mitad del siglo antes de volver a caer por debajo de ese nivel en 2100. Las trayectorias de no rebasamiento hasta 1.5ºC solo son posibles, incluso teóricamente, si el presupuesto de carbono restante considerado se encuentra en el extremo superior de las estimaciones actuales).

Emisiones y remociones de CO2 en el escenario estándar de 1.5ºC. (Van Vuuren et al., 2018).

En este escenario por defecto, las emisiones de combustibles fósiles, mostradas en negro, alcanzan su máximo alrededor de 2020 y luego caen abruptamente. El uso residual de combustibles fósiles hasta 2100 se compensa con BECCS (azul claro), lo que hace que el mundo tenga unas emisiones netas de CO2 (asociadas a la producción de energía) nulas para alrededor de 2045 (línea gris) y emisiones netas nulas de CO2 para 2050 (línea amarilla).

El CO2 emitido durante las próximas décadas que excede el presupuesto de carbono para 1.5ºC se ve compensado por las emisiones netas negativas de BECCS a finales de siglo (azul oscuro). Para el año 2100, los BECCS estarían eliminando alrededor de 15.000 millones de toneladas de CO2 (GtCO2) por año, lo que equivale a casi dos quintas partes de las emisiones actuales.

Las trayectorias muy por debajo de 2ºC son muy similares. Por ejemplo, el escenario “Sky” recientemente publicado por Shell es típico en que también depende en gran medida de las emisiones negativas de BECCS.

Esto es controvertido, esencialmente porque los BECCS no han sido probados,  podrían no estar disponibles en los niveles previstos y podrían requerir un terreno equivalente al área de Australia para los cultivos bioenergéticos.

El Dr. Alexander Popp, que no formó parte del reciente estudio, es el jefe del grupo de gestión del uso de la tierra en el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK: Climate Impact Research). Dice lo siguiente:

“Existe una gran preocupación sobre la sostenibilidad de la implementación a gran escala de las tecnologías de eliminación de CO2, en especial en relación a los BECCS, pero también respecto a la aforestación a gran escala.”

Por tanto, según Popp, el nuevo trabajo sobre trayectorias alternativas al 1.5ºC es de “gran importancia”.

 

Un artificio del escenario

La reciente investigación sugiere que esta dependencia de BECCS podría, hasta cierto punto, ser un artificio del modo en que se han desarrollado los escenarios. Estas trayectorias exploran los cambios futuros en la población, el crecimiento económico, la demanda de energía y otros factores utilizando modelos de evaluación integrados (IAM: integrated assessment models).

Los IAM generalmente están diseñados para ser “rentables”, lo que significa que priorizan las soluciones de bajo coste. Se pueden modificar para incluir dificultades técnicas, políticas o sociales para su implementación, pero el coste sigue siendo el principal motor. El nuevo artículo explica las consecuencias de este diseño:

“Como los IAM seleccionan las tecnologías sobre la base de los costes relativos, normalmente se concentran en las medidas de reducción para las que pueden hacerse estimaciones razonables del rendimiento y los costos futuros. Esto implica que algunas posibles estrategias de respuesta reciben menos atención, ya que su rendimiento futuro es más especulativo o su introducción se basaría en otros factores además del coste, como el cambio de estilo de vida o una electrificación más rápida.”

“Además, los estudios existentes apenas analizan una implementación más agresiva de otras opciones, como la implementación rápida de las mejores tecnologías disponibles o la reducción drástica de GEI (gases de efecto invernadero) distintos del CO2. El desarrollo de la tecnología también podría ser más rápido de lo que normalmente se supone en los modelos IAM .”

Esto explica en parte por qué los BECCS dominan los escenarios de 1.5ºC, a pesar de que su implementación a gran escala se enfrenta a enormes dificultades sociopolíticas. En cambio, las soluciones alternativas a menudo han sido ignoradas porque es difícil estimar su rendimiento o su coste.

El Dr. Glen Peters, director de investigación del instituto climático noruego Cicero, que no formó parte del estudio, dice:

“[Este] es un buen artículo y un paso adelante. Afortunadamente, para los demás será un desafío considerar estrategias de mitigación alternativas a  aquellas basadas únicamente en el coste… Creo que vale la pena discutir cuáles son los costes y cómo deben interpretarse, especialmente cuando las cosas no son tan fácilmente ‘costeables’ (como la reducción del consumo de carne)”.

 

Rutas alternativas

El estudio analiza una variedad de escenarios alternativos “agresivos” para cumplir con la meta de 1.5ºC, reduciendo la dependencia de BECCS. El artículo dice que la implementación de cada opción de mitigación está diseñada para ser “ambiciosa pero no poco realista”. Las alternativas son las siguientes:

Electrificación renovable: todos los sectores del uso final de la energía se electrifican rápidamente, incluida la calefacción. Se superan las limitaciones técnicas para integrar las energías renovables variables en la red. Algunas centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles se cierran antes de tiempo y, en 2030, todos los coches nuevos son eléctricos.

Alta eficiencia: se adoptan rápidamente las mejores tecnologías disponibles para todos los usos energéticos y materiales, incluidos el cemento y el acero. A partir de 2025, solo se venderán coches y aviones de alta eficiencia y solo se permitirán los electrodomésticos más eficientes.

Intensificación agrícola: las hipótesis optimistas para la mejora del rendimiento de los cultivos se combinan con la adopción a nivel mundial del 80% de los sistemas ganaderos más eficientes, incluida la mejora de la digestibilidad de los piensos y las “mejoras genéticas”.

Reducción de gases de efecto invernadero (no CO2): los gases de efecto invernadero que no son CO2 se reducen utilizando las mejores tecnologías disponibles y el progreso tecnológico adicional. Por ejemplo, para 2050, las fugas de metano en el sector del petróleo se reducirán en un 100% y un 90% en el sector minero. Las emisiones de metano del ganado se reducen significativamente y, para 2050, el 80% de la carne y los huevos se sustituyen por proteínas cultivadas, incluida la carne cultivada en laboratorio.

Población: la mejora del acceso a la educación acelera la tendencia decreciente de la natalidad, de modo que la población mundial pasa de 7.000 millones de personas en la actualidad a 8.400 millones en 2050, antes de disminuir a 6.900 millones en 2100. Esto está de acuerdo con el escenario de población más bajo de la ONU. En el extremo superior las proyecciones de las Naciones Unidas llegan a 13.200 millones de personas en 2100.

Cambio de estilo de vida: la mayoría de la población mundial adopta estilos de vida sostenibles, que incluyen, para 2050, que el 100%  de la población adopte dietas saludables con bajo consumo de carne. Se utiliza menos el coche privado y se camina o anda más en bicicleta, mientras que el transporte aéreo se reduce.

La investigación analiza cada opción, así como su efecto combinado, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero y el nivel de BECCS requerido para mantenerse dentro de un presupuesto de carbono de 1.5ºC.

 

Minimizar las BECCS

El menor presupuesto de carbono para 1.5ºC significa que los escenarios existentes se basan más en BECCS que para  un límite de 2ºC. Esto se puede ver en el siguiente gráfico, a la izquierda, donde el nivel de BECCS casi se duplica entre una trayectoria para los  2ºC (línea morada, “Def_2.6”) y una para 1.5ºC (línea azul, “Def_1.9”). El aumento de uso de BECCS también requiere un mayor uso de tierras agrícolas para cultivar bioenergía, como se muestra en el gráfico a la derecha (línea azul, “Def_1.9”).

Izquierda: energía primaria de BECCS (exajulios) y derecha: uso de la tierra agrícola (millones de hectáreas) en un escenario de 2ºC y una variedad de escenarios alternativos de 1.5ºC. (Van Vuuren et al. 2018).

Cada una de las alternativas de mitigación reduce las emisiones, con los escenarios de electrificación y eficiencia que afectan principalmente al CO2 y los otros que tienen un mayor impacto en otros gases de efecto invernadero. Esto, a su vez, reduce la necesidad de los BECCS (gráfico, arriba a la izquierda) y de tierras agrícolas (arriba a la derecha).

La combinación de todas las opciones de mitigación juntas (“Total”) elimina efectivamente la necesidad de los BECCS para permanecer por debajo de 1.5ºC. Esto libera importantes áreas de tierras agrícolas en el modelo, algunas de las cuales son reforestadas, lo que conlleva la eliminación “natural” de CO2.

Como tal, la ruta con cero-BECCS  a 1.5ºC presentada en el estudio no está completamente libre de emisiones negativas.

El profesor Detlef van Vuuren, investigador principal de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos (PBL) y autor principal del informe dice:

“Demostramos que hay opciones disponibles para reducir significativamente los BECCS, pero es muy, muy difícil llegar a cero BECCS (o emisiones negativas)… Las emisiones negativas no son necesariamente malas, pero significa que uno acepta ciertos riesgos. Si no quieres tomar esto en cuenta o encuentras otras opciones más atractivas por otras razones -por ejemplo, sinergias con otros ODS [objetivos de desarrollo sostenible], facilidad de implementación, apoyo social- [entonces] creo que [nuestro nuevo artículo] permite una mejor consideración de los pros y los contras… Creo que eliminar totalmente las emisiones negativas no es posible en su totalidad -pero minimizarlas podría ser atractivo.”

Van Vuuren fue una figura clave en el uso inicial de BECCS dentro de los modelos climáticos. Él mismo añade que es “desafortunado” que el trabajo hasta la fecha para lograr los 1.5ºC haya estado tan dominado por los BECCS.

 

Un debate más amplio

Como todas las trayectorias  para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, estas nuevas alternativas son muy ambiciosas. Tampoco cambian el panorama general para los responsables políticos.

El Dr. Joeri Rogelj, investigador del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), que no formó parte del trabajo, dice:

“El núcleo del desafío de la mitigación sigue siendo el mismo: las emisiones globales de CO2 deben reducirse a cero. Lo que los responsables políticos deberían tener en cuenta de esta investigación sobre los escenarios 1.5C es que hay una variedad de vías que se pueden seguir para limitar las emisiones de CO2 y que estas diferentes vías o estrategias permiten limitar la contribución de tecnologías potencialmente indeseables como los BECCS”.

Es importante destacar que las barreras para la adopción de las diversas estrategias alternativas van más allá de la métrica de costes priorizada por la investigación previa, que abarca la política, la aceptación social y la viabilidad técnica.

Bert Metz, ex copresidente del grupo de trabajo sobre mitigación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) y ahora asesor principal de la Fundación Europea del Clima (ECF), dice:

“Es muy poco probable que todas las opciones investigadas puedan aplicarse simultáneamente en la medida en que se supone en el documento y que todos los efectos de cada una de las opciones puedan lograrse en la práctica, ya que los supuestos son muy ambiciosos”.

“Cada una de estas opciones merece un examen minucioso y una acción apropiada por parte de los responsables políticos, si quieren tomar en serio los objetivos de París y evitar apostar por la disponibilidad a gran escala de la eliminación de CO2 y, en particular, de los BECCS”.

Un estudio publicado la semana pasada explora los límites de plausibilidad para evitar el uso de emisiones negativas. Demuestra que sólo son evitables si el presupuesto de carbono para 1.5ºC se sitúa en el extremo superior de las estimaciones actuales y si se adoptan radicalmente tecnologías y estilos de vida bajos en carbono, junto con esfuerzos sin precedentes para limitar las necesidades energéticas, de modo que la demanda en 2100 caiga a la mitad de los niveles actuales. Un presupuesto de carbono de valores bajos haría inalcanzable el objetivo de 1.5ºC, incluso con BECCS.

El Dr. Stephan Singer, asesor principal sobre políticas energéticas globales de la la ONG Climate Action Network, dice:

“Es extremadamente útil para la comunidad académica evaluar alternativas a los BECCS a gran escala, en particular [porque] es probable que esto tenga un impacto significativo en la seguridad alimentaria y el uso de la tierra… Cuanto más fuerte, más temprano y más profundamente nos embarquemos en políticas y medidas de mitigación ‘convencionales’, menor será la necesidad de emisiones negativas en el mundo, como los BECCS a gran escala, para alcanzar los objetivos de París”.

Singer añade: “Los cambios en el estilo de vida de las personas de alto consumo y emisiones ricas a nivel mundial… son [una] parte fundamental de la ecuación… Esto no se limita a los cambios dietéticos individuales… [sino que] también incluye un cambio significativo en los hábitos de transporte y viaje, una mayor durabilidad institucionalizada de los productos, una mayor reutilización de los componentes, nuevos materiales y, en general, una economía circular”.

Independientemente de que se puedan cumplir o no los objetivos de París, la investigación actual sugiere que los responsables políticos deberían debatir un conjunto más amplio de opciones para abordar el cambio climático, además de los BECCS y las emisiones negativas, que se han llegado a considerar como un “respaldo” de facto.

Peters dice:

“Los IAMs tienen un conjunto limitado de herramientas [para reducir las emisiones] y, en realidad, hay muchas más herramientas en la caja de herramientas. Esta es una buena señal, ya que cuantas más herramientas tengamos, más opciones tendremos para llegar a 2ºC o 1.5ºC. Necesitamos más estudios para ampliar la caja de herramientas, en vez de usar tecnologías como los BECCS o la captura directa de aire”.

Vale la pena añadir esta investigación dista mucho de ser una exploración exhaustiva de esa “caja de herramientas”. De hecho, concluye mencionando una serie de otras opciones para reducir las emisiones, que también se han excluido en general de los trabajos anteriores. Entre ellas figuran la gestión del carbono en el suelo y el “cierre forzado y rápido de centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles”.

Finalmente, ninguno de los escenarios actuales considera un mundo sin crecimiento económico, considerado por algunos investigadores como el único camino hacia un futuro sostenible.

Referencia: Van Vuuren, D. et al. (2018) Alternative pathways to the 1.5C target reduce the need for negative emission technologies, Nature Climate Change, doi:10.1038/s41558-018-0119-8

 

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qué hacer

6 cosas que puedes hacer para acabar con el cambio climático

Bueno, técnicamente no se puede acabar con el cambio climático, porque ya está en marcha ¯\_(ツ)_/¯ , pero ¡espera!, eso no significa que no puedas hacer nada. En este artículo te vamos a contar brevemente (también tenemos una versión larga para los más motivados) seis maneras de contribuir individualmente a frenar el caos climático, aunque, ¡atención, spoiler!, al final habrá un giro inesperado.

Lo primero que hay que decir es que existe un consenso científico abrumador en que el cambio climático se produce por el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, sobre todo el CO2. Este aumento de los GEI está calentando el planeta, lo cual tendrá consecuencias sociales y ecológicas muy graves: desde aumentos del nivel del mar, incendios u olas de calor a mayores precios de los alimentos o probabilidad de conflictos armados. O sea, el caos climático. El incremento de CO2 en la atmósfera se debe a la actividad humana en un modelo de sociedad concreto: el capitalismo. Por tanto, si queremos hacer algo a nivel individual contra el cambio climático tenemos que reducir nuestra huella de carbono, es decir, las emisiones asociadas a nuestro consumo. Así que nada, hemos recopilado seis cosas que puede hacer cualquiera:

1) Habla sobre el tema: Puede parecer una tontería, pero no lo es en absoluto. Necesitamos que el cambio climático sea relevante: que condicione las decisiones políticas y que lo tengamos en cuenta a la hora de cambiar nuestros hábitos. Saca el tema en charlas informales con amigos o en el curro, coméntalo en redes sociales, manda de vez en cuando memes por grupos de WhatsApp. Si no te sientes seguro porque crees que no sabes lo suficiente, aquí tienes un kit de emergencia.

2) Cambia tu dieta: El sector de la ganadería emite más que todos los coches del planeta juntos. Teniendo en cuenta sus inconvenientes, reducir el consumo de carne, sobre todo ternera o cordero, es la forma más sencilla y eficaz de reducir tu huella de carbono. Obviamente, lo más eficaz es adoptar una dieta vegetariana o vegana. Si es ecológica y de proximidad, mejor. En las sociedades occidentales, y en particular en España, consumimos mucha más carne de lo recomendable, así que además de disminuir tu huella de carbono seguramente mejorarás tu salud.

 

 

 

3) Usa menos el avión: las emisiones asociadas a la aviación son casi el doble de todas las de España. Además, no paran de crecer y al emitirse en altura tienen un mayor efecto invernadero. Evita aquellos viajes en avión que no sean por causa mayor, sobre todo aquellos de ocio en los que puedas encontrar destinos más cercanos y sostenibles.

4) Usa menos el coche:  La movilidad urbana supuso un 10% de las emisiones en España en 2016. Sustituir en la medida de lo posible el transporte en coche por el uso del transporte público o la bici reduce mucho nuestra huella de carbono. Por supuesto, esto no es igual de fácil si una vive en el centro o en la periferia de las ciudades o si una vive en zonas rurales. En transporte interurbano, compartir el coche, viajar en autobús o usar el tren son, respectivamente, las mejores alternativas al uso del transporte privado.

 

 

5) Contrata energía de fuentes renovables: Cambiar tu comercializadora de una de las grandes energéticas a una cooperativa de energía renovable (por ejemplo Som Energía o alguna de la Unión Renovables) es otra manera de colaborar contra el caos climático. Aunque no puedes controlar de dónde procede la energía que recibes, estas cooperativas te garantizan que la cantidad de energía que consumes procede de  fuentes renovables, lo que contribuye a aumentar la demanda de estas. Cambiarse es tan sencillo o más que cambiar de móvil y la factura puede salirte incluso más barata, o sea que por aquí cero excusas.

6) Implícate colectivamente: que individual, lo que se dice individual igual no es, pero es que el enfoque de la lucha contra el cambio climático de forma puramente individualista es insuficiente. Aunque los cambios de hábitos que hemos comentado antes son necesarios, serán insuficientes en ausencia de cambios sociales más ambiciosos. Pero además, debemos tener en cuenta que no todos contribuimos igualmente al cambio climático. A nivel global, el 10% más rico emite el 50%, mientras que el 50% más pobre solo emite el 10%. En España, el 10% más rico emite 6 veces más que el 10% más pobre. De modo que la lucha contra el cambio climático debe ser, ante todo, una lucha colectiva.

 

Tenemos que organizamos colectiva y políticamente para obligar a empresas y gobiernos a que tomen medidas más ambiciosas para mitigar y adaptarnos al cambio climático que ya estamos sufriendo y para que estas sean socialmente justas: que las personas que más emiten sean las que más reduzcan su huella de carbono.

[Si quieres puedes leer la versión larga aquí.]

 

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qué hacer

¿Qué puedes hacer contra el cambio climático?

Seguro que viendo noticias de huracanes, sequías o terribles incendios te has preguntado qué puedes hacer tú para luchar contra algo tan complejo e inmenso como el cambio climático, un fenómeno producido por la actividad humana y al que todo el mundo contribuye (en mayor o menor medida). Pues la verdad es que se pueden hacer muchas cosas y, aunque sientas que tu contribución es pequeña, cualquier reducción de las emisiones supone en alguna medida evitar, o al menos retrasar, las peores consecuencias de este cambio climático que ya está en marcha. Además, la urgencia de tomar medidas requiere que apostemos por aquellas acciones que más impacto tienen sobre el clima, y por eso aquí te traemos las seis cosas más eficaces que puedes intentar hacer tú individualmente. Pero antes un poquito, muy poquito, de ciencia:

El cambio climático se produce por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera (básicamente, CO2, pero también otros) debido a la acción humana. No te dejes engañar, el 99.94% de los científicos está de acuerdo. Esto aumenta la temperatura promedio de la Tierra y acaba dando lugar a olas de calor, huracanes, sequías, incendios o peores cosechas a nivel global. Los científicos también han establecido que si pasamos de 1.5ºC o 2ºC la cosa se pondrá muy fea, así que, bueno, mejor no hacerlo. Además han calculado cuánto CO2 podemos emitir para no pasarnos, que es lo que llamamos presupuestos de carbono. Individualmente se trata, por tanto, de cambiar nuestros hábitos y patrones de consumo para emitir lo menos posible, es decir, para reducir nuestra «huella de carbono». Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a diferencia de lo que muchas veces se nos vende, es evidente que la decisión de cambiar estos hábitos individuales se da en una sociedad concreta que nos limita y nos permite sólo determinados márgenes de actuación, y eso, como veremos al final, hace que las acciones individuales sean tan necesarias como insuficientes. Dicho esto, ¿cuál es la mejor manera de reducir la huella de carbono? Allá vamos:

1) Puedes luchar contra el cambio climático hablando del tema

 

 

¿Hablar? ¿Hablar reduce la huella de carbono? No, la verdad es que directamente no. Pero hablar del cambio climático es muy importante. ¿Por qué? Porque aunque a la gran mayoría nos parece un riesgo importante, la verdad es que no lo tenemos en cuenta a la hora de tomar decisiones en nuestras vidas. Nos parece importante, pero no relevante. No suele determinar dónde nos vamos de vacaciones, qué comemos o cómo vamos al trabajo. Por eso, entre todos y todas, tenemos que lograr generar un runrún colectivo sobre la importancia de actuar individual y colectivamente para frenar el cambio climático. Y podemos contribuir a ello sacando el tema de vez en cuando (no hace falta llegar al cansinismo, que puede ser hasta contraproducente) en conversaciones informales, en redes sociales, mandando memes, etc. Igual no te atreves porque piensas que no sabes suficiente del tema. ¡No te preocupes! Hace poco hicimos un kit de emergencia para las cenas familiares, de curro, etc. Aunque no sea en Nochebuena, seguro que te vale igual. 

2) Puedes luchar contra el cambio climático cambiando tu dieta

 

 

Considerando su efecto y sus limitados inconvenientes, cambiar la dieta probablemente sea la manera más fácil y eficaz de reducir tu huella de carbono. ¿Cómo? Consumiendo productos de proximidad que requieran menos transporte hasta tu plato, prefiriendo los alimentos de temporada y los producidos con menor cantidad de fertilizantes nitrogenados, y, sobre todo, reduciendo el consumo de productos de origen animal. Y es que la ganadería genera aproximadamente un 15% de todas las emisiones globales. Por hacernos una idea, eso es lo mismo que todo el sector del transporte y la mitad de lo que se emite para producir electricidad y calor a nivel global. Aun así, dentro del sector hay diferencias: la producción de cordero, ternera y productos lácteos son las que más emisiones implican por kg. Sin embargo, puesto que a nivel global se consume mucha más ternera que cordero, son las vacas las que suponen un verdadero problema para el clima.

Obviamente, la mejor opción desde un punto de vista ecológico es la eliminación completa de productos de origen animal de tu dieta, el veganismo. De hecho, tal y como establece la Asociación de Nutrición y dietética estadounidense, una dieta vegetariana o vegana completa y variada es tan saludable, a corto y largo plazo, como una dieta rica en productos animales. Sin embargo, a diferencia de cuando esta opción se elige por motivos morales respecto a los animales, una reducción drástica del consumo de carne, especialmente de ternera, sería también una dieta ecológicamente sostenible.

Elaboración propia diluvier. Fuente: Clark & TIlman, 2017

Elaboración propia diluvier. Datos para UK. Fuente:  Scarborough et al, 2014.

En España tenemos mucho margen para actuar: somos el segundo país europeo, y el decimocuarto a nivel mundial, en consumo de carne por persona y año. Consumimos, en promedio, unos 250g de carne al día cuando las recomendaciones para una dieta no vegetariana saludable son de 41g para las mujeres y 54g para los hombres. Reducir el consumo de carne a nivel mundial a dichas recomendaciones reduciría las emisiones de nuestra alimentación un tercio en 2050. Adoptar una dieta vegetariana lo haría en un 63%, y una vegana en un 70%.

Finalmente, también hemos de tener en cuenta que los residuos son una importante fuente de emisiones, sobre todo los restos de alimentos. Se estima que cada año se desaprovechan en el mundo más de 1.300 millones de toneladas de alimentos, es decir, un tercio de la producción mundial. Esto supone 179 kilos de alimentos desperdiciados por habitante, y ello sin contar los de origen agrícola generados en el proceso de producción ni los descartes de pescado arrojados al mar. Estos residuos de alimentos producen metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2, por lo que es importante tratar de reducirlos al mínimo posible en nuestros hogares.

3) Puedes luchar contra el cambio climático usando menos el avión

 

 

La aviación supone entre el 2 y el 3% de las emisiones globales. Puede no parecer mucho, pero si fuese un país estaría entre los 10 mayores emisores del mundo. Además, es uno de los sectores cuyas emisiones están creciendo a un mayor ritmo, de manera que su contribución podría aumentar entre un 300 y un 700% para 2050. Por si fuera poco, la aviación tiene el problema de que, al emitir CO2 y otros gases de efecto invernadero en la parte alta de la atmósfera, su efecto neto es mayor, casi multiplicándose por dos.

Volar lo menos posible es, por tanto, una de las cosas que podemos hacer para reducir nuestra huella de carbono. La alternativa clara en este caso es el tren, cuya contribución al cambio climático es considerablemente menor, como se ve en la infografía. Obviamente, a veces no hay más remedio que usar el avión cuando los desplazamientos son largos y los motivos de causa mayor (por ejemplo, laborales o familiares), aunque en algunas ocasiones se podrían sustituir, por ejemplo, por videoconferencias, o tratar de aprovechar un único desplazamiento para realizar varias actividades.

Sin embargo, existen muchos otros casos en los que la necesidad de dichos viajes es claramente menor. Estamos hablando, claro, del ocio personal y de las vacaciones y, concretamente, de los vuelos low-cost (que lo son precisamente por no pagar, entre otras cosas, el daño que provocan al clima). En este sentido la alternativa es reducir la frecuencia de dichos viajes, buscar otros destinos vacacionales o bien otras alternativas de ocio que no requieran de medios de transporte tan contaminantes como el avión.

Fuente de la infografía:

https://www.eea.europa.eu/es/pressroom/infografia/emisiones-de-dioxido-de-carbono/image/image_view_fullscreen

4) Puedes luchar contra el cambio climático usando menos el coche

 

 

Si puedes hacerlo, claro.

En 2016, la movilidad urbana supuso un 10% de las emisiones de CO2 en España, de las cuales un 87% se debe al transporte de personas. El 44% de estas emisiones corresponden a las 6 grandes áreas metropolitanas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Málaga y Bilbao). Este porcentaje llega al 86% si se tienen en cuenta todas las áreas urbanas de más de 50.000 habitantes. Por no hablar de que la contaminación debida al uso masivo del transporte privado en zonas urbanas está asociada a muchísimos problemas de salud, que es el motivo principal por el que suele restringirse su uso.

Por tanto, una manera de reducir tu huella de carbono es utilizar menos el coche. Pero sí, somos conscientes de que esto no siempre es posible, por ejemplo en los desplazamientos al trabajo, puesto que depende de las alternativas de transporte que estén a tu disposición. Igualmente, es mucho más sencillo prescindir del coche en zonas urbanas que en zonas rurales, en ciudades grandes que en pequeñas y, dentro de aquellas, en las zonas céntricas de las ciudades que en las periferias.

Sin embargo, y aun teniendo en cuenta estas limitaciones, seguramente sí que sea posible reducir nuestro uso del vehículo privado en muchas ocasiones. En el caso del transporte urbano la alternativa es el uso del transporte público (autobús, metro, tranvía o cercanías) o los desplazamientos en bicicleta, a lo que se ha sumado recientemente el vehículo eléctrico compartido (coches y motos) en muchas grandes ciudades. En el caso del transporte interurbano, lo más ecológico suele ser el tren, aunque, debido al alto coste de muchos de los trayectos en alta velocidad y al estado de muchas líneas de la red tradicional, a veces sea necesario recurrir a otras formas más contaminantes, pero también más asequibles, como el autobús o los coches compartidos.

¿Y el coche eléctrico qué? Teniendo en cuenta el ciclo global de producción del coche eléctrico, las estimaciones más optimistas reducen las emisiones asociadas a su uso a un 50% respecto a las de uno que use combustibles fósiles. Pero aunque es cierto que esto puede suponer una reducción de nuestra huella de carbono (para el que se lo pueda permitir, claro) en ningún caso el coche eléctrico debería ser el eje central sobre el que pivotase la reducción de las emisiones asociadas al transporte urbano e interurbano. Entre otras cosas porque su proliferación excesiva implicaría agotar recursos no renovables (como tierras raras).  

5) Puedes contratar energía procedente de fuentes renovables

 

 

En España la electricidad genera el 22% de las emisiones, una cifra que varía dependiendo de la cantidad de electricidad de origen renovable que se produce en cada momento. Aunque individualmente no podemos cambiar el sector energético español, sí que existen formas de contribuir a este proceso, entre las que se encuentra contratar la electricidad con alguna de las comercializadoras que sólo suministran energía renovable, como Som Energia o las cooperativas que forman parte de la Unión Renovables. Aunque el origen de la energía eléctrica que consumimos depende de dónde vivimos y no de la comercializadora que contratemos, se ha creado un sistema por el cual estas cooperativas pueden garantizar que la cantidad de energía que has consumido se ha generado a partir de fuentes renovables, lo que hace que aumente la demanda de este tipo de energía y fomentemos su expansión. Además de favorecer a empresas diferentes a las del famoso «oligopolio», estas cooperativas también suelen tener proyectos propios de generación de energía renovable en los que se puede participar de diferentes formas, y fomentan el ahorro y la eficiencia energética.

A efectos prácticos, el cambio a estas comercializadoras es más sencillo que una portabilidad de móvil, los precios son muy similares y el servicio es igual o mejor que el de las grandes eléctricas, además de permitirte, si te apetece, participar activamente en la empresa por tratarse de cooperativas. Desde luego sería de las medidas más sencillas y rápidas que podemos tomar.  

6) Puedes implicarte colectivamente

 

 

Jejeje… Sí, ya, esta última es trampa, pero es que es muy importante, ya que el enfoque puramente individualista es insuficiente e injusto.

Insuficiente, porque es cierto que podemos aportar nuestro pequeño granito de arena contra el cambio climático, pero sólo haciendo cosas a nivel individual no vamos a conseguir evitar a tiempo sus peores consecuencias. Necesitamos organizarnos colectiva y políticamente para obligar a las personas que mandan a que tomen medidas más ambiciosas para mitigar y adaptarnos al cambio climático que ya estamos sufriendo. Y que irá empeorando si no actuamos cuanto antes.

Pero es que además es injusto. En España, la huella de carbono media en 2007 era de unas 12,5 toneladas de CO2 (tCO2) al año. Pero claro, las medias suelen esconder tanto como muestran. La huella de carbono está muy desigualmente repartida, como pasa con la riqueza. De hecho, la huella de carbono individual está completamente asociada a la riqueza. Las personas que más tienen, y por tanto, las que más gastan, son también las que tienen mayores huellas de carbono. Esto ocurre tanto a nivel global como a nivel nacional. Por ejemplo, el 10% más rico del mundo emite el 50% de las emisiones asociadas al consumo, mientras que el 50% más pobres sólo emite el 10%, lo que da lugar a este indignante gráfico en forma de embudo.  

En el Estado español la cosa es similar, aunque no tan dramática.

 

Mientras que el 10% más rico emite casi 30 toneladas de CO2 al año, el 10% más pobre no llega ni a 5, es decir, unas seis veces menos. Por esto las soluciones individuales, aunque necesarias, son tan injustas. Necesitamos organizarnos de forma colectiva (ver apéndice) para que se tomen medidas políticas e institucionales de forma que quienes más emiten sean los que más tengan que reducir sus huellas de carbono y no seamos las personas de siempre las que nos apretemos el cinturón para que otras puedan vivir a todo tren… de emisiones.

 

 

Apéndice: Colectivos Ecologistas y contra el cambio climático

[Si conoces algún otro colectivo implicado en la lucha contra el cambio climático, escríbenos a contraeldiluvio@gmail.com y actualizaremos la lista]

Si eres de Madrid puedes escribirnos a contraeldiluvio@gmail.com

Ecologistas en Acción tiene grupos por toda la península:

https://www.ecologistasenaccion.org/?page_id=71615

En Barcelona:

Red Málaga por el Clima: http://redmalagaporelclima.org/

Red Sevilla por el Clima: http://www.redsevillaporelclima.org/

Mesa Granada por el Clima: https://twitter.com/granadaxelclima?lang=es

Valencia: http://accioecologista-agro.org/

http://www.medioambienteycambioclimatico.org/

Iruña/Pamplona: http://redgenerocambioclimatico.org/

Murcia: http://www.nuevaculturaporelclima.org/

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participación, qué hacer

¡Ahora sí! ¡Excursión divulgativa de Contra el diluvio al Parque Nacional Sierra de Guadarrama! ¡20 de mayo!

Como bien sabéis, esta excursión estaba convocada para hace un mes, pero el exceso de nieve nos impidió realizarla por considerar que era un peligro para todas las personas implicadas.

Sin embargo, la nieve se está derritiendo y el Parque de Guadarrama está precioso, con los ríos corriendo y el cielo limpio. Así que, con un poco de suerte, el domingo de mayo no habrá problema alguno. Si ya estabas apuntada y dijiste que mantuviéramos la inscripción, no tienes que hacer nada, aparte de estar el domingo 20 a las 8.45 en Atocha o a las 9.10 en Chamartín. Si no lo estabas, es tu oportunidad de inscribirte.

Aquí, de nuevo, la información:

¡Se convoca la primera excursión divulgativa diluvier! El domingo 20 de mayo, si la meteorología lo permite, un grupo de diluvistas irá de excursión al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo de la excursión es echar un día en el campo y hablar sobre cómo afecta el cambio climático a ecosistemas singulares como la alta montaña en la región mediterránea.

La idea es que la excursión tenga una huella de carbono lo más baja posible, así que iremos en tren. Esto tiene, por un lado, la ventaja de que el viaje es larguísimo y da tiempo a hablar mucho. Y, por otra, que es extremadamente bonito y agradable. ¡Y, si nos juntamos un grupo grande, es incluso barato!

El plan de la excursión sería el siguiente:

8.53: Salida de Atocha Cercanías.

9.15: Salida de Chamartín con destino Cercedilla y Cotos (final de trayecto).

11.16: Llegada a Cotos.

11.16-12.00: Café en Cotos.

12.00-16.00: Excursión con visita a tres estaciones de medición meteorológica y refugio Zabala. (Aproximadamente esta: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/lagunas-de-penalara-laguna-grande-penalara-desde-puerto-de-cotos-4761363)

17.43: Vuelta a Madrid desde Cotos.

Ahora, no vamos a ir solo para dar un paseo (que no sería poco): nuestra intención es dedicar el tramo de viaje entre Chamartín y Cercedilla (unos 50 minutos) a una breve charla introductoria + debate sobre el cambio climático y sus consecuencias sociales. Además, un experto especialista en ecosistemas dará una charla en el refugio Zabala* sobre cómo afectará al parque natural el cambio climático. Las actividades son aptas para infantes de prácticamente cualquier edad.

En lo que se refiere a la ropa, que en la anterior convocatoria recibimos preguntas al respecto: calzado cómodo (y a ser posible que no se empape fácilmente, que con el deshielo es probable que haya regatos y charcos), ropa de senderismo (o deporte en su defecto, cómoda también) y varias capas: en principio no hará mucho frío, pero mejor tener la posibilidad de ir bien abrigado y también de quitarse ropa que sobre.

Es decir, ¡una excursión y dos charlas! No os habéis visto en una igual.

En cuanto a la comida, en principio cada uno llevará lo suyo. En Cotos hay una cafetería, la de Renfe, y un bar, Venta Marcelino, donde se pueden comprar bocadillos. Salvedades: quien quiera comida vegana y no piense llevar bocadillo que nos lo diga antes e intentaremos apañar algo con el bar.

¡El viaje! Si vamos en tren un grupo de más de diez, sale a 10 euros. Pero tenemos que saber de antemano cuánta gente vendrá. También hay que avisar al parque del grupo, por lo que os pedimos, suplicamos, que nos escribáis un correo indicando si venís, cuánta gente sois y, además, que pongáis 5 euritos de los 10 que tendremos que pagar por los billetes. Por paypal en el botoncito de abajo o por transferencia a la cuenta ES2330250900881400008864. Los otros 5 los pagáis el día mismo de la excursión y ya está. Si se cancela por mal tiempo lo devolveremos todo puntualmente el mismo día 15 de abril.


Y esto es todo, preguntas y dudas, al correo o al twitter. ¡Tenemos muchas ganas!

*Si hace mal tiempo para estar escuchando a alguien hablar al aire libre pero no tanto como para suspender la excursión, intentaremos dar esta charla en una sala de la Venta Marcelino o en el tren de vuelta.

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participación, qué hacer

¡Primera excursión divulgativa de Contra el diluvio! ¡Parque Nacional Sierra de Guadarrama! [APLAZADA AL 20 DE MAYO]

[Actualización lunes 9 de abril 17.09: la excursión se ha aplazado al domingo 20 de mayo por culpa de la nieve. Sentimos las molestias. Aquí detalles sobre la nieve y la devolución del dinero.]

¡Se convoca la primera excursión divulgativa diluvier! El domingo 15 de abril, si la meteorología lo permite, un grupo de diluvistas irá de excursión al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo de la excursión es echar un día en el campo y hablar sobre cómo afecta el cambio climático a ecosistemas singulares como la alta montaña en la región mediterránea.

La idea es que la excursión tenga una huella de carbono lo más baja posible, así que iremos en tren. Esto tiene, por un lado, la ventaja de que el viaje es larguísimo y da tiempo a hablar mucho. Y, por otra, que es extremadamente bonito y agradable. ¡Y, si nos juntamos un grupo grande, es incluso barato!

El plan de la excursión sería el siguiente:

8.53: Salida de Atocha Cercanías.

9.15: Salida de Chamartín con destino Cercedilla y Cotos (final de trayecto).

11.16: Llegada a Cotos.

11.16-12.00: Café en Cotos.

12.00-16.00: Excursión con visita a tres estaciones de medición meteorológica y refugio Zabala. (Aproximadamente esta: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/lagunas-de-penalara-laguna-grande-penalara-desde-puerto-de-cotos-4761363)

17.43: Vuelta a Madrid desde Cotos.

Ahora, no vamos a ir solo para dar un paseo (que no sería poco): nuestra intención es dedicar el tramo de viaje entre Chamartín y Cercedilla (unos 50 minutos) a una breve charla introductoria + debate sobre el cambio climático y sus consecuencias sociales. Además, un experto especialista en ecosistemas dará una charla en el refugio Zabala* sobre cómo afectará al parque natural el cambio climático. Las actividades son aptas para infantes de prácticamente cualquier edad. Importante calzado y ropa cómoda, campestre, montañera, abrigadita.

Es decir, ¡una excursión y dos charlas! No os habéis visto en una igual.

En cuanto a la comida, en principio cada uno llevará lo suyo. En Cotos hay una cafetería, la de Renfe, y un bar, Venta Marcelino, donde se pueden comprar bocadillos. Salvedades: quien quiera comida vegana y no piense llevar bocadillo que nos lo diga antes e intentaremos apañar algo con el bar.

¡El viaje! Si vamos en tren un grupo de más de diez, sale a 10 euros. Pero tenemos que saber de antemano cuánta gente vendrá. También hay que avisar al parque del grupo, por lo que os pedimos, suplicamos, que nos escribáis un correo indicando si venís, cuánta gente sois y, además, que pongáis 5 euritos de los 10 que tendremos que pagar por los billetes. Por paypal en el botoncito de abajo o por transferencia a la cuenta ES2330250900881400008864. Los otros 5 los pagáis el día mismo de la excursión y ya está. Si se cancela por mal tiempo lo devolveremos todo puntualmente el mismo día 15 de abril.




Y esto es todo, preguntas y dudas, al correo o al twitter. ¡Tenemos muchas ganas!

*Si hace mal tiempo para estar escuchando a alguien hablar al aire libre pero no tanto como para suspender la excursión, intentaremos dar esta charla en una sala de la Venta Marcelino o en el tren de vuelta.

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organización, qué hacer

¿Encontraremos la solución al cambio climático en los tribunales? Nueva York y la desinversión en combustibles fósiles.

Por Daniel Amelang, de Red Jurídica.

El pasado 10 de enero, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció la interposición de una demanda contra las cinco principales petroleras que cotizan en Bolsa –BP, Chevron, Conoco Phillips, Exxon Mobil y Royal Dutch Shell– por contribuir mediante sus acciones al desarrollo del cambio climático.

La demanda asegura que las empresas en cuestión han producido, conjuntamente, un 11% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –principalmente de CO2– a través de la “producción, marketing y venta” de petróleo y gas natural, “a pesar de conocer desde hacer décadas que los gases de efecto invernadero contaminan la atmósfera y permanecen en ella durante cientos de años, reteniendo el calor y produciendo el cambio climático”. Asimismo, les atribuye haber ocultado deliberadamente información relativa a este fenómenos “sabiendo los efectos dañinos que producirían sus acciones”, las cuales no han cesado “y continúan exacerbando el calentamiento global”.

El anuncio de De Blasio se formalizó en una rueda de prensa, sentado ante un cartel que rezaba “NYC: liderando la lucha contra el cambio climático”, toda una declaración de intenciones en el país gobernado por su impopular vecino neoyorquino, que ha llegado a soltar perlas para la historia como “el calentamiento global es un invento creado por los chinos para convertir la industria norteamericana en menos competitiva” (6 de noviembre de 2012) y “¡Qué frío! Nos vendría bien un poco de calentamiento global” (19 de octubre de 2015).

La estrategia seguida por la ciudad de Nueva York forma parte de una nueva oleada de litigios climáticos, si bien es necesario precisar que no es la primera vez que se utiliza. Según The Economist, las primeras demandas (dos de ellas) se interpusieron en el año 2002 y ahora se presentan unas veinte al año. Un ejemplo reciente lo encontramos el año pasado cuando los condados de Marin y San Mateo, así como el municipio de Imperial Beach –los tres situados en California– demandaron a empresas petroleras por razones similares. En su caso, argumentaron que el principio jurídico quebrantado por parte de las demandadas era el orden público.

Todas las solicitudes californianas fueron archivadas. Y no sólo eso, sino que ExxonMobil ha denunciado a sus demandantes en el estado de Texas –mucho más oil-friendly que su primo hippy, California– por “fraude procesal, conspiración civil y violación de los derechos civiles de la empresa”.

Y es que resulta difícil que una demanda de este tipo prospere en los tribunales teniendo al poder Ejecutivo directamente en contra. Recordemos que Scott Pruitt, el Jefe de la Agencia de Protección Ambiental –lo más parecido a un ministro de medioambiente que tiene EEUU–, ha negado en múltiples ocasiones la existencia de una correlación directa entre la emisión de combustibles fósiles y el cambio climático, incluso llegando a explicarlo detalladamente en un artículo en la revista conservadora National Review en 2016. Y es que además del íntimo convencimiento que debe ostentar en cuanto al negacionismo climático, debemos tener presente que le pagan para defender esta postura: Greenpeace asegura que Pruitt ha recibido más de 318.000 dólares en donaciones por parte de la industria de los combustibles fósiles desde el año 2002.

Según el Grantham Institute, fuera de Estados Unidos –un país de enorme tradición litigiosa– se han interpuesto 64 demandas climáticas, 21 desde el año 2015. Claramente, la tendencia es ascendente. En estos casos, los demandados no suelen ser empresas, sino gobiernos. Quizás se deba a que la planificación estatal de la economía y la regulación empresarial es mayor en Europa que al otro lado del charco.

A los Estados se les acusa de no hacer lo suficiente –ya sea desde el poder legislativo como desde el ejecutivo– por impedir el cambio climático. Los demandantes fuera de Estados Unidos, por su parte, suelen ser asociaciones, ONGs u otro tipo de organizaciones, si bien en ocasiones puede tratarse de un particular, como en el caso del ciudadano peruano Saúl Luciano Lliuya, que demandó a la empresa alemana RWE por provocar, con su actividad, una amenaza contra su pueblo andino, Huaraz, el cual terminará por acabar completamente sumergido bajo agua cuando se derrita por completo el glaciar situado a su vera.

El negacionismo no suele ser un problema fuera de Trumplandia, pero a pesar de ello estas demandas se enfrentan a formidables obstáculos jurídicos. Por un lado, porque las climatólogas y climatólogos calculan todo en términos de probabilidades, por lo que hallar un nexo de causalidad directa entre una acción –en el caso de una empresa– o una omisión –en el caso de un Estado– y un efecto directo concreto, resulta, en términos estrictamente jurídicos, difícil de probar. Volviendo al ejemplo de Saúl Luciano Lliuya, ¿hasta qué punto podrá un juez afirmar con rotundidad que el derretimiento del glaciar es responsabilidad de RWE?

Por otro lado, porque los magistrados únicamente pueden dictar sentencias basándose en el ordenamiento jurídico, por lo que es necesario que existan normas exigibles concretas para que podamos concluir que el Estado las está vulnerando.

A pesar de ello, en ocasiones alguna demanda prospera. Tal es el caso de la Fundación Urgenda que demandó, con éxito, al gobierno de los Países Bajos. El escrito fue firmado por casi 900 “patrocinadores”. El 24 de junio de 2015, el Tribunal de Distrito de La Haya dictó sentencia, obligando al Estado holandés a reducir sus emisiones en al menos un 17% (se había solicitado un 25%) antes del año 2020, tomando como referencia los niveles de 1990. Esto significa que, de iure, el Estado se encuentra jurídicamente obligado a actuar directamente contra el cambio climático, de manera urgente e inmediata.

En septiembre de 2015, el ejecutivo holandés recurrió la histórica sentencia y Urgenda se encuentra en la actualidad luchando por impugnar dicho recurso. La vista de la apelación, salvo sorpresas y complicaciones, tendrá lugar el 28 de mayo de 2018.

La existencia de estos veredictos favorables nos lleva inevitablemente a plantearnos la siguiente pregunta: ¿debemos volcar nuestros esfuerzos en conseguir la minoración del cambio climático en los tribunales? ¿es éste el camino a seguir?

A estas alturas y ante la innegable amenaza que supone el cambio climático, parece que todos los medios son válidos. Si el litigio se trata de una herramienta efectiva para introducir cambios positivos, debemos hacer uso de ella, así como de cualquier otra que se encuentre a nuestro alcance. Al fin y al cabo, como dice Naomi Klein en Esto lo cambia todo, “el cambio climático no es un problema más para agregar a la lista de cosas de las que preocuparse, junto con la atención médica y los impuestos. Es una llamada de atención a nuestra civilización. Un poderoso mensaje, hablado en el lenguaje de los incendios, las inundaciones, las sequías y las extinciones, que nos dice que necesitamos un modelo económico completamente nuevo y una nueva forma de compartir este planeta”.

Dicho esto, si bien acudir a los tribunales puede ayudar a paliar los efectos de este fenómeno, debemos tener presente, por un lado, que no parece que los vayan eliminar por completo (por lo que se vuelve necesario seguir luchando en otros frentes) y, por otro, que sus victorias son inalcanzables sin la manifestación de un profundo cambio social previo. Podemos trazar un paralelismo con el reconocimiento del matrimonio homosexual en EEUU: en 1970, Jack Baker y Michael McConnell solicitaron una licencia de matrimonio en Minneapolis, que les fue denegada. Recurrieron a instancias superiores hasta llegar al Tribunal Supremo, que inadmitió la demanda en 1972 sin entrar a valorar el fondo del asunto, ya que era considerado demasiado absurdo como para perder su valioso tiempo con ello. El 26 de junio de 2015, el mismo Tribunal abordó de nuevo la misma cuestión y llegó a la conclusión opuesta: prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo es inconstitucional. Este veredicto no se otorgó por la gracia del tribunal, sino gracias al inconmensurable esfuerzo de miles de activistas que lucharon durante décadas por su reconocimiento y el sacrificio de tantas miles que fueron víctimas de la homofobia, de la persecución policial, del SIDA y de la desatención institucional. Entre todas consiguieron transformar la sociedad y, con ello, ganarse los corazones y mentes de sus señorías, como se suele decir en países anglosajones.

Dicho todo esto, ¿podría una demanda de este tipo podría prosperar en el Estado español?

Contamos a nuestro favor con que el artículo 45.1 de la Constitución reconoce el derecho de disfrute del “medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona” y el 45.2 establece que los “poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente”. Además, el Plan de Estrategia de Seguridad Nacional 2017  incluye el cambio climático como una de las principales amenazas para el país porque “en los últimos años, los efectos producidos por el cambio climático han adquirido tal relevancia que se justifica su análisis desde una perspectiva de seguridad”. Y, por último, recordemos que España es uno de los Estados firmantes del Acuerdo de París de 2016 que interpela a reducir las emisiones lo que sea necesario para mantener el aumento de temperatura muy por debajo de los dos grados.

En nuestra contra contamos con una serie de obstáculos procesales –no resulta fácil, en nuestra tradición jurídica, demandar al Estado– y con que nuestros derechos constitucionales a menudo son considerados meros principios orientadores de la política. Asimismo, el Acuerdo de París no prevé un sistema de infracciones y sanciones en caso de su incumplimiento, lo que lo convierte en una simple declaración de intenciones que no puede ser ejecutable.

El gobierno ya ha anunciado la creación de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Es posible que, una vez que se apruebe, sea más fácil que los tribunales puedan obligar a su cumplimiento, pero eso dependerá de la presión que se ejerza en las sucesivas fases preliminares para que sea así.

Debemos hacer todo lo que podamos para hacer frente a lo que se presenta como uno de los mayores retos del siglo. Y a los negacionistas que no crean en esto les digo lo mismo que Naomi Klein: ¿y si resulta que todo es mentira y hemos creado un mundo mejor para nada?

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la ciencia, menos básico, nivel básico, qué hacer

Cambio climático y cenas familiares: un kit de emergencia

¡Llegan las cenas familiares y llegan las terribles conversaciones con familiares! ¡O no! Puede que esta sea una excelente oportunidad para convertirte tú, amable lector, en la persona que da la chapa a la familia con un tema de la máxima importancia: el cambio climático y cómo enfrentarse a él. Para ello, hemos preparado un par de documentos que podrían serte de mucha utilidad.

Si lo que necesitas es una introducción sencilla y comprensible al cambio climático, algo que contar entre plato y plato, en este pdf está lo que necesitas: Introducción navideña al cambio climático [pdf]. Es accesible, no hay casi números y si el tu interlocutor se se queda con dudas, siempre puedes referirlo a nuestro fanzine, a la charla básica sobre cambio climático o al blog, así en general. Lo tienes aquí también.

Sin embargo, puede ser que te encuentres en una situación en la que tu interlocutor exprese dudas importantes, niegue la existencia del cambio climático o, sencillamente, esté completamente equivocado en su concepción de este problema. En ese caso, hay que recurrir a elementos más… persuasivos. Y para ello hemos preparado ¡este estupendo dossier de cinco páginas en las que respondemos a algunos de los comentarios más comunes y erróneos sobre el cambio climático! [pdf] ¡Con esto y lo anterior, estás preparada para cualquier guerra conversacional en el seno de la familia, la empresa o la cuadrilla!

Suerte, y si necesitas apoyo, sabes dónde encontrarnos.

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Jornadas Contra el diluvio 2017, qué hacer

Conclusión de las Jornadas Contra el diluvio 2017

Los dos últimos fines de semana de octubre de 2017 tuvieron lugar las Jornadas sobre Cambio Climático y movimientos sociales que organizamos Contra el diluvio en el Centro social La ingobernable de Madrid. Durante estas jornadas se reflexionó sobre algunos aspectos fundamentales del cambio climático y sus implicaciones en la sociedad.

El cambio climático es real y supone uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad.

Las temperaturas medias del planeta han aumentado desde que comenzó la revolución industrial y la mayor parte de este incremento se debe a la actividad humana (emisiones de gases de efecto invernadero). Esta relación está demostrada desde hace décadas, e intuida desde hace más de cien años.

En los últimos decenios, los cambios en el clima han causado impactos en los sistemas naturales y humanos en todos los continentes y océanos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) identifica 5 motivos de preocupación frente al cambio climático, entre ellos los episodios meteorológicos extremos, como olas de calor, precipitación extrema e inundaciones costeras. El riesgo de los impactos vinculados al clima deriva de la interacción de los peligros conexos al clima con la vulnerabilidad y la exposición de los sistemas humanos y naturales.

El Acuerdo de París busca mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2ºC respecto a niveles preindustriales. Los países se comprometen a lograr un “equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo. Muchos escenarios de mitigación del cambio climático actualmente dependen de la disponibilidad y el despliegue generalizado de tecnologías, como la bioenergía con captura y almacenamiento de dióxido de carbono (BECCS), cuya disponibilidad en el futuro es incierta. No podemos arriesgar nuestras opciones de evitar las peores consecuencias del cambio climático depositando nuestra confianza en tecnologías cuya disponibilidad futura está en cuestión.

Aún así, no es tarde para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

La lucha contra el cambio climático tiene que plantearse desde una perspectiva de justicia y equidad.

Es necesario abordar urgentemente el cambio climático y promover una transición hacia sociedades con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y adaptadas a sus impactos inevitables. El cambio climático afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables, tanto a nivel de países como de grupos sociales dentro de los propios países. Paradójicamente, las poblaciones que menos han contribuido al cambio climático son los más vulnerables a sus consecuencias.

Una simple transición tecnológica no bastará para hacer frente al cambio climático, por eso serán necesarios cambios sociales importantes que requerirán esfuerzos en diferentes ámbitos de nuestra vida. Esta transformación deberá producirse  especialmente en los países desarrollados para que sea una transición globalmente justa, y la cuestión es cómo repartir los esfuerzos en unas sociedades que ya son tremendamente desiguales: ¿Cómo se van a repartir los costes y los potenciales beneficios de dicha transformación? ¿Supondrá un empeoramiento de las condiciones de vida de los de abajo o nos llevarán a una sociedad más justa?

La transición que ya está en marcha deberá tener en cuenta estas responsabilidades y vulnerabilidades diferenciadas a la hora de plantear medidas de mitigación y adaptación. Por eso, es importante evitar que el peso de los esfuerzos recaiga injustamente en las poblaciones más desfavorecidas, que además son las menos responsables del cambio climático. Debemos lograr que los esfuerzos se distribuyan en nuestra sociedad teniendo en cuenta tanto la responsabilidad en la generación del cambio climático como la capacidad de acción para reducir las emisiones y para adaptarse a sus efectos, construyendo alternativas políticas realistas para una transición justa y equitativa.

La transformación de los modelos de movilidad es un elemento fundamental en la lucha contra el cambio climático.

En España el transporte generó en 2015 un 25% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. En los últimos años se han producido importantes avances tecnológicos (coche eléctrico, vehículos autónomos, etc) que se nos plantean como la alternativa para mantener nuestro sistema actual de transporte. Sin embargo, los cambios tecnológicos no serán suficientes. En el caso del transporte se suele cumplir la paradoja de Jevons: a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución.​

La base del transporte es el urbanismo, por lo que es importante cambiar los modelos de ciudad. Por otra parte, es necesario promover y facilitar modos más sostenibles de movilidad, como caminar o la bici para trayectos cortos, además de la reducción del uso del coche mediante la promoción de un transporte público más eficiente que también puede beneficiarse de los avances tecnológicos (¿por qué no se habla del autobús autónomo, o de servicios de solicitud para autobuses en vez de coches?). Asimismo, las mejoras en transporte público tienen que hacerse desde la equidad y sin paternalismo, enfocándose desde las necesidades y no desde las preferencias, para lo que es necesario trazar alianzas entre movilidad y movimientos sociales, especialmente el feminismo.

Propuestas desde los ecofeminismos: poner la vida en el centro como arma frente al cambio climático.

El cambio climático afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres en todo el mundo como consecuencia de su posición desigual en las sociedades, el desarrollo de actividades más vinculadas a los recursos naturales o su mayor vulnerabilidad, por ejemplo, frente a los fenómenos meteorológicos extremos. Esto se refleja entre otras muchas cuestiones en los abusos, la violencia y la discriminación a la que se ven sometidas las migrantes climáticas.

El sistema actual se ha construido en base a relaciones económicas centradas en el dinero, dejando de lado todas aquellas actividades o elementos que no cuentan con un valor monetario dentro del mercado, como el medio ambiente o los cuidados, que sin embargo son imprescindibles para nuestra supervivencia como individuos y como sociedades. Por eso, necesitamos un cambio de modelo que dé prioridad a las relaciones entre las personas y a los cuidados, incluyendo el de nuestro entorno, procesos que en definitiva sostienen la vida y la biosfera frente a las lógicas de mercado actuales.

La comunicación del cambio climático.

Cuando se habla de cambio climático hay dos narrativas extremas claras. Una, la del tecno-optimismo desatado que piensa que los avances tecnológicos ya existentes y, sobre todo, los que están por venir, nos valdrán para solucionarlo. En el otro extremo nos encontramos con el catastrofismo que, por diferentes motivos, piensa que no hay nada que hacer salvo prepararse para el peor de los escenarios.

La información sobre cambio climático aún es escasa y suele estar vinculada a catástrofes y otras consecuencias del cambio climático, sin incidir en las causas ni mostrar las diversas iniciativas que se están adoptando para hacerle frente. Necesitamos una comunicación comprometida y profesional que permita posicionar el cambio climático en el puesto que merece en la agenda pública, partiendo de una sociedad que actúe como precursora del debate.

Contra el diluvio: hacia la construcción de un movimiento social contra el cambio climático

La lucha contra el cambio climático es urgente y requiere de acciones colectivas, de una sociedad informada que ofrezca una respuesta organizada frente al cambio climático y que promueva la construcción de alternativas frente a un sistema que no tiene en cuenta los límites del planeta, integrando las perspectivas de clase y género como elementos fundamentales. También es imprescindible reivindicar la justicia climática, teniendo en cuenta las responsabilidades diferenciadas de aquellos que más han contribuido a generar el cambio climático y que sus consecuencias serán diferentes entre países y grupos sociales.

Luchar contra el cambio climático y sus consecuencias debe ser una prioridad de todos los movimientos sociales que tengan el bienestar de la mayoría como objetivo, por lo que un movimiento social contra el cambio climático debe integrar demandas de otros colectivos y estudiar cómo se articulan en el contexto de la crisis climática.

Es necesario reforzar los conocimientos básicos de la población en general y de los grupos activistas en particular a través de información accesible pero rigurosa acerca del cambio climático y de sus consecuencias sociales.

Necesitamos visibilizar que existe una creciente preocupación por el cambio climático en nuestra sociedad, y que un número cada vez mayor de personas demandan participar en la búsqueda de soluciones y respaldan la adopción de políticas y medidas urgentes que nos permitan hacer frente al cambio climático y sus consecuencias. También es importante que nos sumemos a las movilizaciones globales frente al cambio climático para contribuir a un movimiento social masivo de carácter internacional.

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la ciencia, organización, qué hacer

La brecha de emisiones y la acción colectiva

El pasado 31 de octubre se publicó el Emissions Gap Report. La brecha de emisiones a la que hace referencia el título del informe es la que existiría en 2030 entre la reducción necesaria para evitar superar los +2ºC en 2100, y la que prevén las contribuciones nacionales estipuladas en el acuerdo de París de 2015 (figura 1). Tras leer el resumen ejecutivo, desde Contra El Diluvio queremos resaltar una serie de puntos. No vamos a entrar en las medidas técnicas propuestas, que intentaremos valorar más adelante.

La brecha de emisiones

La principal conclusión que se desprende del informe es que, como ya sabíamos, los recortes de emisiones nacionales acordados (técnicamente se llaman, NDC – Nationally determined contributions) en París son totalmente insuficientes para alcanzar el objetivo declarado del acuerdo: “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC”. Este es el gran problema. Se acuerda un objetivo pero, puesto que las contribuciones son definidas de forma voluntaria por cada país y no se establece mecanismo alguno para garantizar su cumplimiento, todo depende de la buena voluntad, ejem ejem, de los firmantes. Esa “buena voluntad” se traduce en que las reducciones presentadas por los países apenas son un tercio de las necesarias en 2030. De ahí la brecha de emisiones.

Una fecha clave: 2030

Debido a esto, el texto es explícito en pedir “acción urgente a corto plazo” y “mayor ambición a largo plazo” para cerrar dicha brecha en 2030, ya que de no hacerlo, sería “extremadamente improbable” alcanzar el objetivo de no superar los +2ºC. De hecho, si se cumpliesen completamente los NDC, en 2030 habríamos consumido un 80% del presupuesto de carbono establecido para no superar los +2C con un 66% de probabilidad y la totalidad del de +1.5ºC (aquí tienes más info sobre los presupuestos de carbono) Resumiendo, según el informe, la próxima década será crucial para tomar las medidas más importantes para mitigar el cambio climático en las décadas siguientes. En la línea de otros artículos aparecidos este año (este o este, por ejemplo), queda claro que nos vamos a jugar la gravedad del cambio climático ya en marcha en, esencialmente, los próximos 13 años.

Se puede, pero no quieren

Un punto clave que destaca el informe es que el recorte de emisiones necesario en 2030 puede establecerse con tecnología ya existente (esencialmente: más renovables, mayor eficiencia, reforestación y parar la deforestación) y a un coste asumible. Vamos, que básicamente nos están diciendo que nos enfrentamos a un problema político y económico, no técnico1)Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.. Se podría decir que “sí se puede, pero no quieren”. Pero no seamos inocentes, el problema no se reduce a la falta de voluntad de los políticos o lo malos que son (que algunos lo serán, claro). La política tiene lugar en el seno del capitalismo y, en este, en última instancia es la lucha de los diferentes intereses materiales en conflicto la que determina lo que al final es posible. Puede que las transformaciones energéticas sean ecológicamente necesarias y beneficiosas para la inmensa mayoría, pero perjudicarían a lobbys tremendamente poderosos (gasísticas, petroleras, etc… y las finanzas que invierten en ellas) y con mucho dinero que gastar para que esto no ocurra. Por decirlo claramente, para que se pueda, cuando no quieren, hay que tener poder, hay que construirlo. A la hora de la verdad, sólo la acción colectiva de una mayoría inmensa va a redundar en provecho de la inmensa mayoría.

Espera, no es 2030, es 2020 🙁

La cosa es que las NDC del acuerdo de París se actualizarán a los cinco años de su firma, es decir, en 2020. Y este es el gran problema, ya que como subraya el informe, si se deja pasar la opción de revisar los NDC en 2020, será prácticamente imposible cerrar la brecha de emisiones en 2030. O sea, que hay prisa: tenemos un par de años para lanzar un proceso de movilización y articulación política con la capacidad de obligar a que empresas y gobiernos implementen las medidas necesarias para lograr mayores recortes de emisiones. Tenemos tarea.

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Referencias   [ + ]

1. Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.
qué hacer, traducciones

Crítica al catastrofismo climático (Daniel Aldana Cohen)

Traducido de https://www.jacobinmag.com/2017/07/climate-change-new-york-magazine-response.

Un ejemplo clásico de eco-apartheid, visto desde el cielo, en São Paulo. Luiz Arthur Leirao Vieira

El artículo «The Uninhabitable Earth» (La Tierra inhabitable), de Wallace-Wells, publicado en la revista New York, fetichiza de forma selectiva la ciencia natural y es social y políticamente inútil.

Voy a dejar la ciencia a Michael Mann, que la expone en su página de Facebook. Sí, obviamente, si no llevamos a cabo ninguna acción real para reducir las emisiones estamos jodidos. PERO: Eso no va a suceder. La zona de peligro realmente realista es una combinación de muy poca descarbonización, que ocurra demasiado tarde, en el contexto de un endurecimiento de las desigualdades de clase, raza y género —en suma, un eco-apartheid—. Esas brutales desigualdades y las balas que las mantienen —no las moléculas de metano— son lo que matará a la gente.

Y que la violencia climática no resultaría de que no se redujeran en absoluto las emisiones. Es totalmente compatible con una enorme reducción de emisiones. Aunque, por supuesto, cuanto menos reduzcamos las emisiones mediante un amplio programa de intervención económica igualitaria (o «ecologías democráticas»), más probable es que haya violencia.

Es más, el colapso ecológico no resultará del calentamiento desbocado porque no hay ninguna posibilidad de que alcancemos los +4 °C sin que se dé una serie masiva —y potencialmente horripilante, pero también potencialmente salvadora— de esfuerzos en geoingeniería. Un solo país pobre podría llenar la atmósfera de azufre, bloqueando mucha luz solar. Y esto sería muy peligroso. También es concebible que la luz del sol fuera más tenue durante cinco años a fin de comprar tiempo para eliminar el carbono. Deberíamos hacer todo lo posible para evitar llegar a ese punto, pero eso no significa que no vaya a suceder.

No apoyo la geoingeniería o el eco-apartheid, pero esas son las dos pesadillas más probables. Y la primera podría, en el contexto de una intervención muy breve y específica e inteligente, ayudar a prevenir la segunda. (Aunque, como se desprende de todo lo que he dicho o escrito, estoy de acuerdo con el aplastante consenso de todas las personas de buena voluntad de que debemos ir con todo a una descarbonización de manera increíblemente rápida y radical.)

La palabra «capitalismo» aparece cuatro veces en este artículo de muchos miles de palabras. Si bien aparentemente entra en el debate acerca de lo que los humanos se están haciendo a sí mismos, en su lugar fetichiza la parte que le conviene de las ciencias naturales, junto con un resumen del aspecto más débil y menos crítico de la ciencia social del clima.

¿Es cierto que prácticamente todo el mundo subestima los peligros que plantea el cambio climático? Sí. Pero ¿la mayor amenaza es simplemente el cambio climático sin control? No: es el «demasiado poco, demasiado tarde», sumado a la guerra racial y de clases y a los experimentos con el planeta. Es, básicamente, el peligro de que una despiadada minoría de derechas imponga el privilegio de unos pocos ricos sobre todos los demás. Esa es la verdadera y aterradora (y política) historia.

Si la política climática satisface las aspiraciones de la mayoría global a través de «ecologías democráticas», podremos luchar contra el eco-apartheid y descarbonizar la prosperidad.

Y de ello resulta que la solución no es una mejor comprensión de la ciencia. Son las campañas políticas las que ponen de relieve la igualdad, la prosperidad y la esperanza. Siento la autocita, pero acabo de escribir sobre este tema:

Independientemente de cuáles sean en última instancia los puntos de inflexión del sistema tierra, cada fracción de un grado de calentamiento que evitamos significa salvar millones de vidas —personas que podrían jugar en las ciudades que, esperamos, habremos liberado totalmente del patriarcado—. Cada centímetro de elevación del nivel del mar que evitamos aleja en mayor medida a Nueva York —y Miami, y Shanghai, y Dhaka, y Ciudad Ho Chi Minh— del derrumbe. Cada tonelada extra de combustible fósil que mantenemos en el suelo significa que más casas cerca del borde del agua se mantendrán en pie. Cada unidad de energía que nunca usamos, porque organizamos nuestras ciudades de manera más justa y eficiente, nos da más tiempo para construir una infraestructura más inteligente, una energía más limpia. Y a medida que corremos para mantenernos a salvo, la lucha contra el racismo se convierte en una lucha contra el eco-apartheid.

Vale la pena ganar cada pequeña victoria. Así es como veo la «guerra de posiciones» de Antonio Gramsci en el siglo XXI: la guerra de trincheras del carbón. Desde cada posición excavada, la posibilidad de un avance repentino. No sabemos cuándo llega ese momento. Pero luchamos obstinadamente hasta que lo haga, para estar listos. Para mantener el ánimo, compartimos historias: sobre destellos de heroísmo y sobre una larga vida incierta, sobre peligros líquidos y placeres cálidos.

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