participación, qué hacer

¡Primera excursión divulgativa de Contra el diluvio! ¡Parque Nacional Sierra de Guadarrama! [APLAZADA AL 20 DE MAYO]

[Actualización lunes 9 de abril 17.09: la excursión se ha aplazado al domingo 20 de mayo por culpa de la nieve. Sentimos las molestias. Aquí detalles sobre la nieve y la devolución del dinero.]

¡Se convoca la primera excursión divulgativa diluvier! El domingo 15 de abril, si la meteorología lo permite, un grupo de diluvistas irá de excursión al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo de la excursión es echar un día en el campo y hablar sobre cómo afecta el cambio climático a ecosistemas singulares como la alta montaña en la región mediterránea.

La idea es que la excursión tenga una huella de carbono lo más baja posible, así que iremos en tren. Esto tiene, por un lado, la ventaja de que el viaje es larguísimo y da tiempo a hablar mucho. Y, por otra, que es extremadamente bonito y agradable. ¡Y, si nos juntamos un grupo grande, es incluso barato!

El plan de la excursión sería el siguiente:

8.53: Salida de Atocha Cercanías.

9.15: Salida de Chamartín con destino Cercedilla y Cotos (final de trayecto).

11.16: Llegada a Cotos.

11.16-12.00: Café en Cotos.

12.00-16.00: Excursión con visita a tres estaciones de medición meteorológica y refugio Zabala. (Aproximadamente esta: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/lagunas-de-penalara-laguna-grande-penalara-desde-puerto-de-cotos-4761363)

17.43: Vuelta a Madrid desde Cotos.

Ahora, no vamos a ir solo para dar un paseo (que no sería poco): nuestra intención es dedicar el tramo de viaje entre Chamartín y Cercedilla (unos 50 minutos) a una breve charla introductoria + debate sobre el cambio climático y sus consecuencias sociales. Además, un experto especialista en ecosistemas dará una charla en el refugio Zabala* sobre cómo afectará al parque natural el cambio climático. Las actividades son aptas para infantes de prácticamente cualquier edad. Importante calzado y ropa cómoda, campestre, montañera, abrigadita.

Es decir, ¡una excursión y dos charlas! No os habéis visto en una igual.

En cuanto a la comida, en principio cada uno llevará lo suyo. En Cotos hay una cafetería, la de Renfe, y un bar, Venta Marcelino, donde se pueden comprar bocadillos. Salvedades: quien quiera comida vegana y no piense llevar bocadillo que nos lo diga antes e intentaremos apañar algo con el bar.

¡El viaje! Si vamos en tren un grupo de más de diez, sale a 10 euros. Pero tenemos que saber de antemano cuánta gente vendrá. También hay que avisar al parque del grupo, por lo que os pedimos, suplicamos, que nos escribáis un correo indicando si venís, cuánta gente sois y, además, que pongáis 5 euritos de los 10 que tendremos que pagar por los billetes. Por paypal en el botoncito de abajo o por transferencia a la cuenta ES2330250900881400008864. Los otros 5 los pagáis el día mismo de la excursión y ya está. Si se cancela por mal tiempo lo devolveremos todo puntualmente el mismo día 15 de abril.




Y esto es todo, preguntas y dudas, al correo o al twitter. ¡Tenemos muchas ganas!

*Si hace mal tiempo para estar escuchando a alguien hablar al aire libre pero no tanto como para suspender la excursión, intentaremos dar esta charla en una sala de la Venta Marcelino o en el tren de vuelta.

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organización, qué hacer

¿Encontraremos la solución al cambio climático en los tribunales? Nueva York y la desinversión en combustibles fósiles.

Por Daniel Amelang, de Red Jurídica.

El pasado 10 de enero, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció la interposición de una demanda contra las cinco principales petroleras que cotizan en Bolsa –BP, Chevron, Conoco Phillips, Exxon Mobil y Royal Dutch Shell– por contribuir mediante sus acciones al desarrollo del cambio climático.

La demanda asegura que las empresas en cuestión han producido, conjuntamente, un 11% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –principalmente de CO2– a través de la “producción, marketing y venta” de petróleo y gas natural, “a pesar de conocer desde hacer décadas que los gases de efecto invernadero contaminan la atmósfera y permanecen en ella durante cientos de años, reteniendo el calor y produciendo el cambio climático”. Asimismo, les atribuye haber ocultado deliberadamente información relativa a este fenómenos “sabiendo los efectos dañinos que producirían sus acciones”, las cuales no han cesado “y continúan exacerbando el calentamiento global”.

El anuncio de De Blasio se formalizó en una rueda de prensa, sentado ante un cartel que rezaba “NYC: liderando la lucha contra el cambio climático”, toda una declaración de intenciones en el país gobernado por su impopular vecino neoyorquino, que ha llegado a soltar perlas para la historia como “el calentamiento global es un invento creado por los chinos para convertir la industria norteamericana en menos competitiva” (6 de noviembre de 2012) y “¡Qué frío! Nos vendría bien un poco de calentamiento global” (19 de octubre de 2015).

La estrategia seguida por la ciudad de Nueva York forma parte de una nueva oleada de litigios climáticos, si bien es necesario precisar que no es la primera vez que se utiliza. Según The Economist, las primeras demandas (dos de ellas) se interpusieron en el año 2002 y ahora se presentan unas veinte al año. Un ejemplo reciente lo encontramos el año pasado cuando los condados de Marin y San Mateo, así como el municipio de Imperial Beach –los tres situados en California– demandaron a empresas petroleras por razones similares. En su caso, argumentaron que el principio jurídico quebrantado por parte de las demandadas era el orden público.

Todas las solicitudes californianas fueron archivadas. Y no sólo eso, sino que ExxonMobil ha denunciado a sus demandantes en el estado de Texas –mucho más oil-friendly que su primo hippy, California– por “fraude procesal, conspiración civil y violación de los derechos civiles de la empresa”.

Y es que resulta difícil que una demanda de este tipo prospere en los tribunales teniendo al poder Ejecutivo directamente en contra. Recordemos que Scott Pruitt, el Jefe de la Agencia de Protección Ambiental –lo más parecido a un ministro de medioambiente que tiene EEUU–, ha negado en múltiples ocasiones la existencia de una correlación directa entre la emisión de combustibles fósiles y el cambio climático, incluso llegando a explicarlo detalladamente en un artículo en la revista conservadora National Review en 2016. Y es que además del íntimo convencimiento que debe ostentar en cuanto al negacionismo climático, debemos tener presente que le pagan para defender esta postura: Greenpeace asegura que Pruitt ha recibido más de 318.000 dólares en donaciones por parte de la industria de los combustibles fósiles desde el año 2002.

Según el Grantham Institute, fuera de Estados Unidos –un país de enorme tradición litigiosa– se han interpuesto 64 demandas climáticas, 21 desde el año 2015. Claramente, la tendencia es ascendente. En estos casos, los demandados no suelen ser empresas, sino gobiernos. Quizás se deba a que la planificación estatal de la economía y la regulación empresarial es mayor en Europa que al otro lado del charco.

A los Estados se les acusa de no hacer lo suficiente –ya sea desde el poder legislativo como desde el ejecutivo– por impedir el cambio climático. Los demandantes fuera de Estados Unidos, por su parte, suelen ser asociaciones, ONGs u otro tipo de organizaciones, si bien en ocasiones puede tratarse de un particular, como en el caso del ciudadano peruano Saúl Luciano Lliuya, que demandó a la empresa alemana RWE por provocar, con su actividad, una amenaza contra su pueblo andino, Huaraz, el cual terminará por acabar completamente sumergido bajo agua cuando se derrita por completo el glaciar situado a su vera.

El negacionismo no suele ser un problema fuera de Trumplandia, pero a pesar de ello estas demandas se enfrentan a formidables obstáculos jurídicos. Por un lado, porque las climatólogas y climatólogos calculan todo en términos de probabilidades, por lo que hallar un nexo de causalidad directa entre una acción –en el caso de una empresa– o una omisión –en el caso de un Estado– y un efecto directo concreto, resulta, en términos estrictamente jurídicos, difícil de probar. Volviendo al ejemplo de Saúl Luciano Lliuya, ¿hasta qué punto podrá un juez afirmar con rotundidad que el derretimiento del glaciar es responsabilidad de RWE?

Por otro lado, porque los magistrados únicamente pueden dictar sentencias basándose en el ordenamiento jurídico, por lo que es necesario que existan normas exigibles concretas para que podamos concluir que el Estado las está vulnerando.

A pesar de ello, en ocasiones alguna demanda prospera. Tal es el caso de la Fundación Urgenda que demandó, con éxito, al gobierno de los Países Bajos. El escrito fue firmado por casi 900 “patrocinadores”. El 24 de junio de 2015, el Tribunal de Distrito de La Haya dictó sentencia, obligando al Estado holandés a reducir sus emisiones en al menos un 17% (se había solicitado un 25%) antes del año 2020, tomando como referencia los niveles de 1990. Esto significa que, de iure, el Estado se encuentra jurídicamente obligado a actuar directamente contra el cambio climático, de manera urgente e inmediata.

En septiembre de 2015, el ejecutivo holandés recurrió la histórica sentencia y Urgenda se encuentra en la actualidad luchando por impugnar dicho recurso. La vista de la apelación, salvo sorpresas y complicaciones, tendrá lugar el 28 de mayo de 2018.

La existencia de estos veredictos favorables nos lleva inevitablemente a plantearnos la siguiente pregunta: ¿debemos volcar nuestros esfuerzos en conseguir la minoración del cambio climático en los tribunales? ¿es éste el camino a seguir?

A estas alturas y ante la innegable amenaza que supone el cambio climático, parece que todos los medios son válidos. Si el litigio se trata de una herramienta efectiva para introducir cambios positivos, debemos hacer uso de ella, así como de cualquier otra que se encuentre a nuestro alcance. Al fin y al cabo, como dice Naomi Klein en Esto lo cambia todo, “el cambio climático no es un problema más para agregar a la lista de cosas de las que preocuparse, junto con la atención médica y los impuestos. Es una llamada de atención a nuestra civilización. Un poderoso mensaje, hablado en el lenguaje de los incendios, las inundaciones, las sequías y las extinciones, que nos dice que necesitamos un modelo económico completamente nuevo y una nueva forma de compartir este planeta”.

Dicho esto, si bien acudir a los tribunales puede ayudar a paliar los efectos de este fenómeno, debemos tener presente, por un lado, que no parece que los vayan eliminar por completo (por lo que se vuelve necesario seguir luchando en otros frentes) y, por otro, que sus victorias son inalcanzables sin la manifestación de un profundo cambio social previo. Podemos trazar un paralelismo con el reconocimiento del matrimonio homosexual en EEUU: en 1970, Jack Baker y Michael McConnell solicitaron una licencia de matrimonio en Minneapolis, que les fue denegada. Recurrieron a instancias superiores hasta llegar al Tribunal Supremo, que inadmitió la demanda en 1972 sin entrar a valorar el fondo del asunto, ya que era considerado demasiado absurdo como para perder su valioso tiempo con ello. El 26 de junio de 2015, el mismo Tribunal abordó de nuevo la misma cuestión y llegó a la conclusión opuesta: prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo es inconstitucional. Este veredicto no se otorgó por la gracia del tribunal, sino gracias al inconmensurable esfuerzo de miles de activistas que lucharon durante décadas por su reconocimiento y el sacrificio de tantas miles que fueron víctimas de la homofobia, de la persecución policial, del SIDA y de la desatención institucional. Entre todas consiguieron transformar la sociedad y, con ello, ganarse los corazones y mentes de sus señorías, como se suele decir en países anglosajones.

Dicho todo esto, ¿podría una demanda de este tipo podría prosperar en el Estado español?

Contamos a nuestro favor con que el artículo 45.1 de la Constitución reconoce el derecho de disfrute del “medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona” y el 45.2 establece que los “poderes públicos velarán por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente”. Además, el Plan de Estrategia de Seguridad Nacional 2017  incluye el cambio climático como una de las principales amenazas para el país porque “en los últimos años, los efectos producidos por el cambio climático han adquirido tal relevancia que se justifica su análisis desde una perspectiva de seguridad”. Y, por último, recordemos que España es uno de los Estados firmantes del Acuerdo de París de 2016 que interpela a reducir las emisiones lo que sea necesario para mantener el aumento de temperatura muy por debajo de los dos grados.

En nuestra contra contamos con una serie de obstáculos procesales –no resulta fácil, en nuestra tradición jurídica, demandar al Estado– y con que nuestros derechos constitucionales a menudo son considerados meros principios orientadores de la política. Asimismo, el Acuerdo de París no prevé un sistema de infracciones y sanciones en caso de su incumplimiento, lo que lo convierte en una simple declaración de intenciones que no puede ser ejecutable.

El gobierno ya ha anunciado la creación de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Es posible que, una vez que se apruebe, sea más fácil que los tribunales puedan obligar a su cumplimiento, pero eso dependerá de la presión que se ejerza en las sucesivas fases preliminares para que sea así.

Debemos hacer todo lo que podamos para hacer frente a lo que se presenta como uno de los mayores retos del siglo. Y a los negacionistas que no crean en esto les digo lo mismo que Naomi Klein: ¿y si resulta que todo es mentira y hemos creado un mundo mejor para nada?

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la ciencia, menos básico, nivel básico, qué hacer

Cambio climático y cenas familiares: un kit de emergencia

¡Llegan las cenas familiares y llegan las terribles conversaciones con familiares! ¡O no! Puede que esta sea una excelente oportunidad para convertirte tú, amable lector, en la persona que da la chapa a la familia con un tema de la máxima importancia: el cambio climático y cómo enfrentarse a él. Para ello, hemos preparado un par de documentos que podrían serte de mucha utilidad.

Si lo que necesitas es una introducción sencilla y comprensible al cambio climático, algo que contar entre plato y plato, en este pdf está lo que necesitas: Introducción navideña al cambio climático [pdf]. Es accesible, no hay casi números y si el tu interlocutor se se queda con dudas, siempre puedes referirlo a nuestro fanzine, a la charla básica sobre cambio climático o al blog, así en general. Lo tienes aquí también.

Sin embargo, puede ser que te encuentres en una situación en la que tu interlocutor exprese dudas importantes, niegue la existencia del cambio climático o, sencillamente, esté completamente equivocado en su concepción de este problema. En ese caso, hay que recurrir a elementos más… persuasivos. Y para ello hemos preparado ¡este estupendo dossier de cinco páginas en las que respondemos a algunos de los comentarios más comunes y erróneos sobre el cambio climático! [pdf] ¡Con esto y lo anterior, estás preparada para cualquier guerra conversacional en el seno de la familia, la empresa o la cuadrilla!

Suerte, y si necesitas apoyo, sabes dónde encontrarnos.

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Jornadas Contra el diluvio 2017, qué hacer

Conclusión de las Jornadas Contra el diluvio 2017

Los dos últimos fines de semana de octubre de 2017 tuvieron lugar las Jornadas sobre Cambio Climático y movimientos sociales que organizamos Contra el diluvio en el Centro social La ingobernable de Madrid. Durante estas jornadas se reflexionó sobre algunos aspectos fundamentales del cambio climático y sus implicaciones en la sociedad.

El cambio climático es real y supone uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad.

Las temperaturas medias del planeta han aumentado desde que comenzó la revolución industrial y la mayor parte de este incremento se debe a la actividad humana (emisiones de gases de efecto invernadero). Esta relación está demostrada desde hace décadas, e intuida desde hace más de cien años.

En los últimos decenios, los cambios en el clima han causado impactos en los sistemas naturales y humanos en todos los continentes y océanos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) identifica 5 motivos de preocupación frente al cambio climático, entre ellos los episodios meteorológicos extremos, como olas de calor, precipitación extrema e inundaciones costeras. El riesgo de los impactos vinculados al clima deriva de la interacción de los peligros conexos al clima con la vulnerabilidad y la exposición de los sistemas humanos y naturales.

El Acuerdo de París busca mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2ºC respecto a niveles preindustriales. Los países se comprometen a lograr un “equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo. Muchos escenarios de mitigación del cambio climático actualmente dependen de la disponibilidad y el despliegue generalizado de tecnologías, como la bioenergía con captura y almacenamiento de dióxido de carbono (BECCS), cuya disponibilidad en el futuro es incierta. No podemos arriesgar nuestras opciones de evitar las peores consecuencias del cambio climático depositando nuestra confianza en tecnologías cuya disponibilidad futura está en cuestión.

Aún así, no es tarde para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

La lucha contra el cambio climático tiene que plantearse desde una perspectiva de justicia y equidad.

Es necesario abordar urgentemente el cambio climático y promover una transición hacia sociedades con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y adaptadas a sus impactos inevitables. El cambio climático afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables, tanto a nivel de países como de grupos sociales dentro de los propios países. Paradójicamente, las poblaciones que menos han contribuido al cambio climático son los más vulnerables a sus consecuencias.

Una simple transición tecnológica no bastará para hacer frente al cambio climático, por eso serán necesarios cambios sociales importantes que requerirán esfuerzos en diferentes ámbitos de nuestra vida. Esta transformación deberá producirse  especialmente en los países desarrollados para que sea una transición globalmente justa, y la cuestión es cómo repartir los esfuerzos en unas sociedades que ya son tremendamente desiguales: ¿Cómo se van a repartir los costes y los potenciales beneficios de dicha transformación? ¿Supondrá un empeoramiento de las condiciones de vida de los de abajo o nos llevarán a una sociedad más justa?

La transición que ya está en marcha deberá tener en cuenta estas responsabilidades y vulnerabilidades diferenciadas a la hora de plantear medidas de mitigación y adaptación. Por eso, es importante evitar que el peso de los esfuerzos recaiga injustamente en las poblaciones más desfavorecidas, que además son las menos responsables del cambio climático. Debemos lograr que los esfuerzos se distribuyan en nuestra sociedad teniendo en cuenta tanto la responsabilidad en la generación del cambio climático como la capacidad de acción para reducir las emisiones y para adaptarse a sus efectos, construyendo alternativas políticas realistas para una transición justa y equitativa.

La transformación de los modelos de movilidad es un elemento fundamental en la lucha contra el cambio climático.

En España el transporte generó en 2015 un 25% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. En los últimos años se han producido importantes avances tecnológicos (coche eléctrico, vehículos autónomos, etc) que se nos plantean como la alternativa para mantener nuestro sistema actual de transporte. Sin embargo, los cambios tecnológicos no serán suficientes. En el caso del transporte se suele cumplir la paradoja de Jevons: a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución.​

La base del transporte es el urbanismo, por lo que es importante cambiar los modelos de ciudad. Por otra parte, es necesario promover y facilitar modos más sostenibles de movilidad, como caminar o la bici para trayectos cortos, además de la reducción del uso del coche mediante la promoción de un transporte público más eficiente que también puede beneficiarse de los avances tecnológicos (¿por qué no se habla del autobús autónomo, o de servicios de solicitud para autobuses en vez de coches?). Asimismo, las mejoras en transporte público tienen que hacerse desde la equidad y sin paternalismo, enfocándose desde las necesidades y no desde las preferencias, para lo que es necesario trazar alianzas entre movilidad y movimientos sociales, especialmente el feminismo.

Propuestas desde los ecofeminismos: poner la vida en el centro como arma frente al cambio climático.

El cambio climático afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres en todo el mundo como consecuencia de su posición desigual en las sociedades, el desarrollo de actividades más vinculadas a los recursos naturales o su mayor vulnerabilidad, por ejemplo, frente a los fenómenos meteorológicos extremos. Esto se refleja entre otras muchas cuestiones en los abusos, la violencia y la discriminación a la que se ven sometidas las migrantes climáticas.

El sistema actual se ha construido en base a relaciones económicas centradas en el dinero, dejando de lado todas aquellas actividades o elementos que no cuentan con un valor monetario dentro del mercado, como el medio ambiente o los cuidados, que sin embargo son imprescindibles para nuestra supervivencia como individuos y como sociedades. Por eso, necesitamos un cambio de modelo que dé prioridad a las relaciones entre las personas y a los cuidados, incluyendo el de nuestro entorno, procesos que en definitiva sostienen la vida y la biosfera frente a las lógicas de mercado actuales.

La comunicación del cambio climático.

Cuando se habla de cambio climático hay dos narrativas extremas claras. Una, la del tecno-optimismo desatado que piensa que los avances tecnológicos ya existentes y, sobre todo, los que están por venir, nos valdrán para solucionarlo. En el otro extremo nos encontramos con el catastrofismo que, por diferentes motivos, piensa que no hay nada que hacer salvo prepararse para el peor de los escenarios.

La información sobre cambio climático aún es escasa y suele estar vinculada a catástrofes y otras consecuencias del cambio climático, sin incidir en las causas ni mostrar las diversas iniciativas que se están adoptando para hacerle frente. Necesitamos una comunicación comprometida y profesional que permita posicionar el cambio climático en el puesto que merece en la agenda pública, partiendo de una sociedad que actúe como precursora del debate.

Contra el diluvio: hacia la construcción de un movimiento social contra el cambio climático

La lucha contra el cambio climático es urgente y requiere de acciones colectivas, de una sociedad informada que ofrezca una respuesta organizada frente al cambio climático y que promueva la construcción de alternativas frente a un sistema que no tiene en cuenta los límites del planeta, integrando las perspectivas de clase y género como elementos fundamentales. También es imprescindible reivindicar la justicia climática, teniendo en cuenta las responsabilidades diferenciadas de aquellos que más han contribuido a generar el cambio climático y que sus consecuencias serán diferentes entre países y grupos sociales.

Luchar contra el cambio climático y sus consecuencias debe ser una prioridad de todos los movimientos sociales que tengan el bienestar de la mayoría como objetivo, por lo que un movimiento social contra el cambio climático debe integrar demandas de otros colectivos y estudiar cómo se articulan en el contexto de la crisis climática.

Es necesario reforzar los conocimientos básicos de la población en general y de los grupos activistas en particular a través de información accesible pero rigurosa acerca del cambio climático y de sus consecuencias sociales.

Necesitamos visibilizar que existe una creciente preocupación por el cambio climático en nuestra sociedad, y que un número cada vez mayor de personas demandan participar en la búsqueda de soluciones y respaldan la adopción de políticas y medidas urgentes que nos permitan hacer frente al cambio climático y sus consecuencias. También es importante que nos sumemos a las movilizaciones globales frente al cambio climático para contribuir a un movimiento social masivo de carácter internacional.

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la ciencia, organización, qué hacer

La brecha de emisiones y la acción colectiva

El pasado 31 de octubre se publicó el Emissions Gap Report. La brecha de emisiones a la que hace referencia el título del informe es la que existiría en 2030 entre la reducción necesaria para evitar superar los +2ºC en 2100, y la que prevén las contribuciones nacionales estipuladas en el acuerdo de París de 2015 (figura 1). Tras leer el resumen ejecutivo, desde Contra El Diluvio queremos resaltar una serie de puntos. No vamos a entrar en las medidas técnicas propuestas, que intentaremos valorar más adelante.

La brecha de emisiones

La principal conclusión que se desprende del informe es que, como ya sabíamos, los recortes de emisiones nacionales acordados (técnicamente se llaman, NDC – Nationally determined contributions) en París son totalmente insuficientes para alcanzar el objetivo declarado del acuerdo: “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC”. Este es el gran problema. Se acuerda un objetivo pero, puesto que las contribuciones son definidas de forma voluntaria por cada país y no se establece mecanismo alguno para garantizar su cumplimiento, todo depende de la buena voluntad, ejem ejem, de los firmantes. Esa “buena voluntad” se traduce en que las reducciones presentadas por los países apenas son un tercio de las necesarias en 2030. De ahí la brecha de emisiones.

Una fecha clave: 2030

Debido a esto, el texto es explícito en pedir “acción urgente a corto plazo” y “mayor ambición a largo plazo” para cerrar dicha brecha en 2030, ya que de no hacerlo, sería “extremadamente improbable” alcanzar el objetivo de no superar los +2ºC. De hecho, si se cumpliesen completamente los NDC, en 2030 habríamos consumido un 80% del presupuesto de carbono establecido para no superar los +2C con un 66% de probabilidad y la totalidad del de +1.5ºC (aquí tienes más info sobre los presupuestos de carbono) Resumiendo, según el informe, la próxima década será crucial para tomar las medidas más importantes para mitigar el cambio climático en las décadas siguientes. En la línea de otros artículos aparecidos este año (este o este, por ejemplo), queda claro que nos vamos a jugar la gravedad del cambio climático ya en marcha en, esencialmente, los próximos 13 años.

Se puede, pero no quieren

Un punto clave que destaca el informe es que el recorte de emisiones necesario en 2030 puede establecerse con tecnología ya existente (esencialmente: más renovables, mayor eficiencia, reforestación y parar la deforestación) y a un coste asumible. Vamos, que básicamente nos están diciendo que nos enfrentamos a un problema político y económico, no técnico1)Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.. Se podría decir que “sí se puede, pero no quieren”. Pero no seamos inocentes, el problema no se reduce a la falta de voluntad de los políticos o lo malos que son (que algunos lo serán, claro). La política tiene lugar en el seno del capitalismo y, en este, en última instancia es la lucha de los diferentes intereses materiales en conflicto la que determina lo que al final es posible. Puede que las transformaciones energéticas sean ecológicamente necesarias y beneficiosas para la inmensa mayoría, pero perjudicarían a lobbys tremendamente poderosos (gasísticas, petroleras, etc… y las finanzas que invierten en ellas) y con mucho dinero que gastar para que esto no ocurra. Por decirlo claramente, para que se pueda, cuando no quieren, hay que tener poder, hay que construirlo. A la hora de la verdad, sólo la acción colectiva de una mayoría inmensa va a redundar en provecho de la inmensa mayoría.

Espera, no es 2030, es 2020 🙁

La cosa es que las NDC del acuerdo de París se actualizarán a los cinco años de su firma, es decir, en 2020. Y este es el gran problema, ya que como subraya el informe, si se deja pasar la opción de revisar los NDC en 2020, será prácticamente imposible cerrar la brecha de emisiones en 2030. O sea, que hay prisa: tenemos un par de años para lanzar un proceso de movilización y articulación política con la capacidad de obligar a que empresas y gobiernos implementen las medidas necesarias para lograr mayores recortes de emisiones. Tenemos tarea.

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Referencias   [ + ]

1. Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.
qué hacer, traducciones

Crítica al catastrofismo climático (Daniel Aldana Cohen)

Traducido de https://www.jacobinmag.com/2017/07/climate-change-new-york-magazine-response.

Un ejemplo clásico de eco-apartheid, visto desde el cielo, en São Paulo. Luiz Arthur Leirao Vieira

El artículo «The Uninhabitable Earth» (La Tierra inhabitable), de Wallace-Wells, publicado en la revista New York, fetichiza de forma selectiva la ciencia natural y es social y políticamente inútil.

Voy a dejar la ciencia a Michael Mann, que la expone en su página de Facebook. Sí, obviamente, si no llevamos a cabo ninguna acción real para reducir las emisiones estamos jodidos. PERO: Eso no va a suceder. La zona de peligro realmente realista es una combinación de muy poca descarbonización, que ocurra demasiado tarde, en el contexto de un endurecimiento de las desigualdades de clase, raza y género —en suma, un eco-apartheid—. Esas brutales desigualdades y las balas que las mantienen —no las moléculas de metano— son lo que matará a la gente.

Y que la violencia climática no resultaría de que no se redujeran en absoluto las emisiones. Es totalmente compatible con una enorme reducción de emisiones. Aunque, por supuesto, cuanto menos reduzcamos las emisiones mediante un amplio programa de intervención económica igualitaria (o «ecologías democráticas»), más probable es que haya violencia.

Es más, el colapso ecológico no resultará del calentamiento desbocado porque no hay ninguna posibilidad de que alcancemos los +4 °C sin que se dé una serie masiva —y potencialmente horripilante, pero también potencialmente salvadora— de esfuerzos en geoingeniería. Un solo país pobre podría llenar la atmósfera de azufre, bloqueando mucha luz solar. Y esto sería muy peligroso. También es concebible que la luz del sol fuera más tenue durante cinco años a fin de comprar tiempo para eliminar el carbono. Deberíamos hacer todo lo posible para evitar llegar a ese punto, pero eso no significa que no vaya a suceder.

No apoyo la geoingeniería o el eco-apartheid, pero esas son las dos pesadillas más probables. Y la primera podría, en el contexto de una intervención muy breve y específica e inteligente, ayudar a prevenir la segunda. (Aunque, como se desprende de todo lo que he dicho o escrito, estoy de acuerdo con el aplastante consenso de todas las personas de buena voluntad de que debemos ir con todo a una descarbonización de manera increíblemente rápida y radical.)

La palabra «capitalismo» aparece cuatro veces en este artículo de muchos miles de palabras. Si bien aparentemente entra en el debate acerca de lo que los humanos se están haciendo a sí mismos, en su lugar fetichiza la parte que le conviene de las ciencias naturales, junto con un resumen del aspecto más débil y menos crítico de la ciencia social del clima.

¿Es cierto que prácticamente todo el mundo subestima los peligros que plantea el cambio climático? Sí. Pero ¿la mayor amenaza es simplemente el cambio climático sin control? No: es el «demasiado poco, demasiado tarde», sumado a la guerra racial y de clases y a los experimentos con el planeta. Es, básicamente, el peligro de que una despiadada minoría de derechas imponga el privilegio de unos pocos ricos sobre todos los demás. Esa es la verdadera y aterradora (y política) historia.

Si la política climática satisface las aspiraciones de la mayoría global a través de «ecologías democráticas», podremos luchar contra el eco-apartheid y descarbonizar la prosperidad.

Y de ello resulta que la solución no es una mejor comprensión de la ciencia. Son las campañas políticas las que ponen de relieve la igualdad, la prosperidad y la esperanza. Siento la autocita, pero acabo de escribir sobre este tema:

Independientemente de cuáles sean en última instancia los puntos de inflexión del sistema tierra, cada fracción de un grado de calentamiento que evitamos significa salvar millones de vidas —personas que podrían jugar en las ciudades que, esperamos, habremos liberado totalmente del patriarcado—. Cada centímetro de elevación del nivel del mar que evitamos aleja en mayor medida a Nueva York —y Miami, y Shanghai, y Dhaka, y Ciudad Ho Chi Minh— del derrumbe. Cada tonelada extra de combustible fósil que mantenemos en el suelo significa que más casas cerca del borde del agua se mantendrán en pie. Cada unidad de energía que nunca usamos, porque organizamos nuestras ciudades de manera más justa y eficiente, nos da más tiempo para construir una infraestructura más inteligente, una energía más limpia. Y a medida que corremos para mantenernos a salvo, la lucha contra el racismo se convierte en una lucha contra el eco-apartheid.

Vale la pena ganar cada pequeña victoria. Así es como veo la «guerra de posiciones» de Antonio Gramsci en el siglo XXI: la guerra de trincheras del carbón. Desde cada posición excavada, la posibilidad de un avance repentino. No sabemos cuándo llega ese momento. Pero luchamos obstinadamente hasta que lo haga, para estar listos. Para mantener el ánimo, compartimos historias: sobre destellos de heroísmo y sobre una larga vida incierta, sobre peligros líquidos y placeres cálidos.

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