newsletter, organización, participación

Aquí antes nevaba todos los años XII

Mes y pico llevábamos sin enviaros una carta. ¡Mes y pico! Ha dado tiempo a que tengamos primavera, otro poco de invierno, tres días de entretiempo y ahora verano salvaje, desbocado.

Evidentemente, no hemos estado dedicados al disfrute de la cambiante meteorología, sino que hemos dedicado tiempo a publicar una introducción a los límites biofísicos del planeta de Sara García Morales, traducir un artículo sobre cómo alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sin depender de las misteriosas tecnologías de captura de carbono y realizar, con la ayuda de nuestro diseñador Polo y nuestras traductoras, un completo kit de infografías que te informan de qué puedes hacer tú, individualmente, para luchar contra el cambio climático. ¡El sexto consejo te sorprenderá!

Esta infografía es la versión reducidísima de un artículo más amplio, que puedes aprenderte de memoria para a continuación recitar a conocidos y allegados.

Pero esto, junto con la hermosa excursión que hicimos al Parque de la Sierra de Guadarrama (¡gracias por la excelente compañía!) está ya en el pasado.

Un miembro del colectivo nos indica de dónde viene el agua milagrosa de Madrid

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

¡Participad, escribid, rimad!

¿Y en el futuro próximo? Pues una charla sobre Cambio climático y salud (y trabajo) a cargo de Julio Díaz, de GISMAU y Claudia Narocki de CCOO-ISTAS. Os invitamos a venir, que los temas son de máximo interés y actualidad, y ellos saben bien de lo que hablan. El sábado 30 a las 11 de la mañana en la Ingobernable.

Y cerramos este resumen de los pasados dos meses y de la próxima semana con un anuncio que ya desarrollaremos: estamos organizando, junto con otros colectivos, una manifestación para el 8 de septiembre en Madrid (abierta a que sea replicada donde se quiera), dentro de la campaña de 350.org Rise for climate, dirigida a impulsar la descarbonización de la economía. Pronto os contaremos más.¡Nos vemos el sábado que viene!
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Concurso de lemas #espíritu2025

Es enero de 2025. La campaña para las elecciones generales empieza en tres meses. Hemos conseguido que la justicia climática sea uno de los ejes del debate político, pero toda campaña electoral moderna necesita, por suerte o por desgracia, lemas. Eslóganes. Y nosotras estamos muy ocupadas preparando la puesta en marcha nuestro detallado programa de urgencia, así que hemos decidido subcontratar este trabajo creativo.

Sabemos que podéis hacerlo mejor que esto.

Queda, por tanto, convocado el I CONCURSO DE LEMAS #ESPÍRITU2025. Todos los lemas tuiteados con el hashtag #espíritu2025 o enviados por correo a contraeldiluvio@gmail.com entre el martes 19 de junio y el martes 10 de julio tomarán parte en el concurso. El imparcial jurado elegirá cinco, que nuestro equipo de voluntariosos expertos gráficos plasmará en diseños cartelísticos electorales, que serán publicados en el próximo número del fanzine Contra el diluvio.

¡Participad, escribid, rimad!

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¡Ahora sí! ¡Excursión divulgativa de Contra el diluvio al Parque Nacional Sierra de Guadarrama! ¡20 de mayo!

Como bien sabéis, esta excursión estaba convocada para hace un mes, pero el exceso de nieve nos impidió realizarla por considerar que era un peligro para todas las personas implicadas.

Sin embargo, la nieve se está derritiendo y el Parque de Guadarrama está precioso, con los ríos corriendo y el cielo limpio. Así que, con un poco de suerte, el domingo de mayo no habrá problema alguno. Si ya estabas apuntada y dijiste que mantuviéramos la inscripción, no tienes que hacer nada, aparte de estar el domingo 20 a las 8.45 en Atocha o a las 9.10 en Chamartín. Si no lo estabas, es tu oportunidad de inscribirte.

Aquí, de nuevo, la información:

¡Se convoca la primera excursión divulgativa diluvier! El domingo 20 de mayo, si la meteorología lo permite, un grupo de diluvistas irá de excursión al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo de la excursión es echar un día en el campo y hablar sobre cómo afecta el cambio climático a ecosistemas singulares como la alta montaña en la región mediterránea.

La idea es que la excursión tenga una huella de carbono lo más baja posible, así que iremos en tren. Esto tiene, por un lado, la ventaja de que el viaje es larguísimo y da tiempo a hablar mucho. Y, por otra, que es extremadamente bonito y agradable. ¡Y, si nos juntamos un grupo grande, es incluso barato!

El plan de la excursión sería el siguiente:

8.53: Salida de Atocha Cercanías.

9.15: Salida de Chamartín con destino Cercedilla y Cotos (final de trayecto).

11.16: Llegada a Cotos.

11.16-12.00: Café en Cotos.

12.00-16.00: Excursión con visita a tres estaciones de medición meteorológica y refugio Zabala. (Aproximadamente esta: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/lagunas-de-penalara-laguna-grande-penalara-desde-puerto-de-cotos-4761363)

17.43: Vuelta a Madrid desde Cotos.

Ahora, no vamos a ir solo para dar un paseo (que no sería poco): nuestra intención es dedicar el tramo de viaje entre Chamartín y Cercedilla (unos 50 minutos) a una breve charla introductoria + debate sobre el cambio climático y sus consecuencias sociales. Además, un experto especialista en ecosistemas dará una charla en el refugio Zabala* sobre cómo afectará al parque natural el cambio climático. Las actividades son aptas para infantes de prácticamente cualquier edad.

En lo que se refiere a la ropa, que en la anterior convocatoria recibimos preguntas al respecto: calzado cómodo (y a ser posible que no se empape fácilmente, que con el deshielo es probable que haya regatos y charcos), ropa de senderismo (o deporte en su defecto, cómoda también) y varias capas: en principio no hará mucho frío, pero mejor tener la posibilidad de ir bien abrigado y también de quitarse ropa que sobre.

Es decir, ¡una excursión y dos charlas! No os habéis visto en una igual.

En cuanto a la comida, en principio cada uno llevará lo suyo. En Cotos hay una cafetería, la de Renfe, y un bar, Venta Marcelino, donde se pueden comprar bocadillos. Salvedades: quien quiera comida vegana y no piense llevar bocadillo que nos lo diga antes e intentaremos apañar algo con el bar.

¡El viaje! Si vamos en tren un grupo de más de diez, sale a 10 euros. Pero tenemos que saber de antemano cuánta gente vendrá. También hay que avisar al parque del grupo, por lo que os pedimos, suplicamos, que nos escribáis un correo indicando si venís, cuánta gente sois y, además, que pongáis 5 euritos de los 10 que tendremos que pagar por los billetes. Por paypal en el botoncito de abajo o por transferencia a la cuenta ES2330250900881400008864. Los otros 5 los pagáis el día mismo de la excursión y ya está. Si se cancela por mal tiempo lo devolveremos todo puntualmente el mismo día 15 de abril.


Y esto es todo, preguntas y dudas, al correo o al twitter. ¡Tenemos muchas ganas!

*Si hace mal tiempo para estar escuchando a alguien hablar al aire libre pero no tanto como para suspender la excursión, intentaremos dar esta charla en una sala de la Venta Marcelino o en el tren de vuelta.

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¡Primera excursión divulgativa de Contra el diluvio! ¡Parque Nacional Sierra de Guadarrama! [APLAZADA AL 20 DE MAYO]

[Actualización lunes 9 de abril 17.09: la excursión se ha aplazado al domingo 20 de mayo por culpa de la nieve. Sentimos las molestias. Aquí detalles sobre la nieve y la devolución del dinero.]

¡Se convoca la primera excursión divulgativa diluvier! El domingo 15 de abril, si la meteorología lo permite, un grupo de diluvistas irá de excursión al Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. El objetivo de la excursión es echar un día en el campo y hablar sobre cómo afecta el cambio climático a ecosistemas singulares como la alta montaña en la región mediterránea.

La idea es que la excursión tenga una huella de carbono lo más baja posible, así que iremos en tren. Esto tiene, por un lado, la ventaja de que el viaje es larguísimo y da tiempo a hablar mucho. Y, por otra, que es extremadamente bonito y agradable. ¡Y, si nos juntamos un grupo grande, es incluso barato!

El plan de la excursión sería el siguiente:

8.53: Salida de Atocha Cercanías.

9.15: Salida de Chamartín con destino Cercedilla y Cotos (final de trayecto).

11.16: Llegada a Cotos.

11.16-12.00: Café en Cotos.

12.00-16.00: Excursión con visita a tres estaciones de medición meteorológica y refugio Zabala. (Aproximadamente esta: https://es.wikiloc.com/rutas-a-pie/lagunas-de-penalara-laguna-grande-penalara-desde-puerto-de-cotos-4761363)

17.43: Vuelta a Madrid desde Cotos.

Ahora, no vamos a ir solo para dar un paseo (que no sería poco): nuestra intención es dedicar el tramo de viaje entre Chamartín y Cercedilla (unos 50 minutos) a una breve charla introductoria + debate sobre el cambio climático y sus consecuencias sociales. Además, un experto especialista en ecosistemas dará una charla en el refugio Zabala* sobre cómo afectará al parque natural el cambio climático. Las actividades son aptas para infantes de prácticamente cualquier edad. Importante calzado y ropa cómoda, campestre, montañera, abrigadita.

Es decir, ¡una excursión y dos charlas! No os habéis visto en una igual.

En cuanto a la comida, en principio cada uno llevará lo suyo. En Cotos hay una cafetería, la de Renfe, y un bar, Venta Marcelino, donde se pueden comprar bocadillos. Salvedades: quien quiera comida vegana y no piense llevar bocadillo que nos lo diga antes e intentaremos apañar algo con el bar.

¡El viaje! Si vamos en tren un grupo de más de diez, sale a 10 euros. Pero tenemos que saber de antemano cuánta gente vendrá. También hay que avisar al parque del grupo, por lo que os pedimos, suplicamos, que nos escribáis un correo indicando si venís, cuánta gente sois y, además, que pongáis 5 euritos de los 10 que tendremos que pagar por los billetes. Por paypal en el botoncito de abajo o por transferencia a la cuenta ES2330250900881400008864. Los otros 5 los pagáis el día mismo de la excursión y ya está. Si se cancela por mal tiempo lo devolveremos todo puntualmente el mismo día 15 de abril.




Y esto es todo, preguntas y dudas, al correo o al twitter. ¡Tenemos muchas ganas!

*Si hace mal tiempo para estar escuchando a alguien hablar al aire libre pero no tanto como para suspender la excursión, intentaremos dar esta charla en una sala de la Venta Marcelino o en el tren de vuelta.

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Imágenes del cambio climático – breve reflexión sobre el concurso de relatos #navidad2050

Ya terminó el concurso, ya fueron establecidos los ganadores. Y nos gustó mucho la cantidad de gente que participó y la variedad de relatos que hubo, algo que creemos que quedó reflejado en la selección final. Sin embargo, también nos quedamos un poco preocupados. Uno de los principios básicos que guían nuestra acción como colectivo es que no es tarde para actuar, y que el pesimismo (el mundo está condenado, de aquí a cinco años estamos todos viviendo en un desierto, el mar cubrirá La Mancha antes de 2040) no es útil. Creemos que un discurso apocalíptico, aparte de no estar basado en la realidad, produce más parálisis que otra cosa. 

Imaginad, pues, nuestra cara cuando empezamos a leer los tristísimos relatos que recibimos. Para que se entienda mejor, hemos hecho un concienzudo análisis estadístico (¡datos!) de aquellos relatos que establecían un escenario claramente positivo o negativo (comparado con las proyecciones climáticas más recientes). Y el resultado es… descorazonador:

Los relatos que plantean situaciones exageradamente apocalípticas superan 3 a 1 a los “optimistas” (que en realidad se acercan bastante más a lo que se prevé que sea el año 2050 en la Península Ibérica). Entendemos que parte se deberá a que el drama funciona mejor narrativamente, pero aun así hay demasiada catástrofe, demasiada tragedia peliculera en los relatos. Vamos a ver con un poco más detalle qué cambios son los que aparecen mencionados en los relatos.

 

Hemos hecho tres grupos bastante laxos, que aparecen casi por igual en el conjunto de relatos. Llama la atención el de la dieta: efectivamente, muchos relatos hablan de cambios en las cenas de navidad (era el tema, al fin y al cabo), y lo hacen de forma bastante realista en cuanto a la comida (más vegetales, menos carne, el pescado como producto de ultralujo…). De hecho, muchos de estos relatos entran dentro de los “optimistas”: proponen cambios importantes, algunos sacrificios, pero no una catástrofe. Sin embargo, al hablar del agua la cosa se va de madre: abuelas que caminan cincuenta kilómetros para conseguir una garrafa, niñas de siete años que no han probado el agua dulce… Por suerte, en 2050, y por muy mal que vaya la cosa, no habremos llegado a ese punto. Pero sigamos con los otros dos tercios de la tarta: cambios sociales y políticos y cambios ambientales:

En cuanto a los cambios políticos (y aquí estamos solo en lo pesimista, que nos ha parecido más interesante), hemos hecho tres grupos parecidos en cuanto a tamaño. Están los que vaticinan algún tipo de ecofascismo (con interesantes variaciones: algunas veces estamos en el lado de los privilegiados y algunas en el de los que se quedan fuera del muro). Las menciones a estos cambios políticos son exageradas (son relatos muy muy cortos, al fin y al cabo, es difícil ir al detalle), pero nos tememos que en este caso sí que es algo más realista. No parece descabellado que, ante la exacerbación de los conflictos sociales y migratorios causados por el cambio climático haya un repliegue de las sociedades ricas, que endurezcan las fronteras y el control sobre los ciudadanos. En el otro extremo en cuanto a control social estaría el casi 40% de relatos que da a entender que habrá una práctica desaparición de la sociedad organizada: hay muchas menciones a grupos forrajeando en ciudades derruidas, fogatas de campamento… de nuevo, es poco probable que el cambio climático nos lleve a eso, no ya en 2050, sino en 2100. Sí que son más plausibles los relatos que hablan de restricciones al viajar, en algunos caso por la escasez de combustibles fósiles, en otros por el control de fronteras. Es importante recalcar que, aunque sea atractivo para algunos fantasear con el peak oil y el fin de la civilización, es algo que no podemos permitirnos: no podemos llegar a gastar ni el petróleo que ya se ha descubierto. Idealmente, no habrá restricciones: dejaremos de depender del petróleo antes. Si no es así, será un problema.

Pero vamos a los cambios ambientales, que es donde nos hemos llevado las manos a la cabeza. Algunos han hablado de especies desaparecidas, cosa que es probable que ocurra: a la crisis climática actual le está acompañando un ritmo de extinción de especies que no se veía desde hacía millones de años. Sin embargo, son mucho más comunes las referencias a la subida del nivel del mar y a la desertización. Esto último es plausible, si bien no a los extremos planteados por los relatistas. De hecho, es el principal riesgo ambiental en la Península Ibérica. Lo que no es para nada realista son los ascensos del nivel del mar de diez, quince o tres mil metros que se dan a entender en muchos relatos. Las proyecciones más pesimistas hablan de subidas de uno o dos metros para el final del siglo XXI, algo más en las islas.

¿Por qué este empeño en tranquilizaros y en no alarmar, queridos lectores? ¡Pues porque dos metros de subida del nivel del mar ya es gravísimo! ¡Ya son miles de personas desplazadas, ecosistemas destruidos y redes de suministro en peligro! ¡No hace falta plantear escenarios de fin del mundo -que en muchas ocasiones parecen casi deseables, como una vuelta a la supuesta simplicidad del pasado- para que quede claro el reto que tenemos entre manos! Es importante tener claro que los cambios de los que hablamos serán graduales, pero imparables si no hacemos nada. Y que podemos hacer algo. Un principio es centrarnos en cómo queremos que sea 2050, y qué podemos hacer ahora para acercarnos lo más posible a ese objetivo.

De momento, nosotros vamos a leernos este informe sobre cambio climático en España y a escribir un post al respecto. 

 

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¡Premios del concurso de microrrelato #navidad2050!

Es un honor, estimado público, comunicaros que, entre comer y dar la tabarra climática a nuestros familiares, hemos encontrado tiempo para leer los 178 relatos recibidos por tuiter y correo electrónico. Y, tras deliberar, pensar, disfrutar -y también llorar un poco ante el tono y el fondo desesperanzado de muchos de ellos, algo sobre lo que escribiremos en los próximos días-, estamos preparados para emitir un dictamen.

Como se estableció en las bases, hemos elegido los diez relatos que más nos han gustado, en general, y uno de ellos ha sido escogido como ganador absoluto del premio Microrrelatos contra el diluvio 2018. El relato elegido, del que el jurado ha apreciado su ir al grano y la siempre efectiva mención a las abuelas que quizá seremos, es esta exquisitez de Santiago Saez:

¡Enhorabuena al premiado! ¡Ha ganado un libro importante e interesante sobre cambio climático que acordaremos con él en un par de días!

Pero es que hay más. Somos conscientes de que las actitudes y esperanzas ante el cambio climáticos son muy variadas, y en muchos casos no coinciden con las del jurado (que es diverso, pero se adhiere a la férrea doctrina diluvista de que esto no está perdido, no). Así que hemos decidido poner en valor ambos extremos, y hemos seleccionado el relato que más nos ha gustado de los pochos, y dos que nos han parecido particularmente esperanzadores:

Premio Lluvia fresca tras cinco años de sequía (ex-aequo porque en el colectivo somos un número par de personas y no hemos podido desempatar) para:

y

Dos microrrelatos que nos alegran y enlazan con nuestra idea de que no está todo perdido y que, aunque tengamos tarea por delante, es posible evitar lo peor del cambio climático.

Sin embargo, no todo el mundo lo ve tan claro. De hecho, el tono general de los participantes ha sido… bajonero. Muy bajonero. Y, entre todos los microrrelatos tristes, el competente jurado ha concedido el premio Para qué me levanto de la cama, si fuera solo hay polvo y lluvia ácida a @srdaine por:

 

Enhorabuena también a los otros nueve microrrelatos que los acompañan en nuestra cuidadísima selección:

Y uno recibido por email, de Iris:

Os dije que se iba a acabar el mundo y no me hicisteis caso. Dices lo mismo de todas las cenas. Y no me hicisteis caso. Ahora hace 360 días que no llueve y la tierra está tan dura y seca que no sé ni cómo enterraros. #navidad2050

Muchísimas gracias a todos por la participación y la difusión. Os recordamos que los relatos aquí arriba presentados serán publicados en el número 2 de nuestro fanzine, cuando sea que salga.

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la ciencia, menos básico, organización, participación

Desmontando el negacionismo del cambio climático – Navidad 2017

[Este mismo texto está disponible en pdf aquí.]

Ya se está acercando la Navidad, y con ella el momento más temido del año: la cena de Nochebuena. Aunque Cataluña parte como el tema favorito de conversación de tu tío, la experiencia nos demuestra que hará lo posible para no dejar un charquito sin pisar, así que hazte a la idea de que vas a tener que poner los ojos en blanco con el tema del cambio climático. Desde Contra el diluvio queremos que vayas bien preparada a la cena, porque es una oportunidad fantástica para hablar del tema sin que puedan decir que “ya está otra vez la pesada ésta con la matraca”, así que nos hemos querido adelantar (con la ayuda de SkepticalScience) y comentar los que creemos que serán algunos de los comentarios más sonados. 

 

  1. Aquí la gente está perdiendo la cabeza, como si no hubiese cambiado el clima antes.

El clima ha cambiado antes, efectivamente. Detrás de la mayoría de esos cambios se encontraban también los gases de efecto invernadero (principalmente el CO2 y, en menor medida, el metano): a mayor concentración de dichos gases mayor temperatura, y viceversa. Que el clima haya cambiado antes por causas ajenas al ser humano no implica que el cambio actual no lo estemos causando nosotros: nuestras emisiones de gases de efecto invernadero son el principal motor del cambio climático que estamos viviendo. Los seres humanos estamos emitiendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero y a un ritmo mucho más rápido que el de cualquiera de los cambios climáticos destructivos que ha experimentado el planeta en el pasado.

La situación actual de la humanidad no tiene precedentes en la historia porque los cambios climáticos más importantes que se han dado desde el origen del planeta fueron ciclos glaciales que ocurrieron mucho antes de que se desarrollasen la civilizaciones humanas. Desde hace unos 12.000 años la humanidad no ha experimentado un clima global tan cálido como el actual (fenómenos como el período cálido medieval, por ejemplo, afectaron sólo a ciertas regiones del planeta, mientras que la temperatura global se mantuvo consistentemente por debajo de la actual). Los cambios bruscos de temperatura con los que podemos compararnos (causados por emisiones inmensas de gases de efecto invernadero como consecuencia principalmente de erupciones masivas de volcanes que no se han vuelto a producir desde hace 16 millones de años, cambios en la órbita del planeta o fluctuaciones solares) fueron increíblemente destructivos para la vida, causando extinciones masivas como las del final del Pérmico, el Triásico (hace 251 y 201 millones de años, respectivamente). Los síntomas de dichos cambios (aumento brusco de las emisiones de carbono y de las temperaturas globales, aumento del nivel del mar, acidificación de los océanos…) son idénticos a los actuales, y supusieron en algunos casos la desaparición del 90% de las especies y la inhabitabilidad de grandes partes del planeta.

2. Sí, bueno, a saber cómo mide esta gente la temperatura, que lo mismo te planta los termómetros rodeados de asfalto.

La medida correcta de las temperaturas en la superficie del planeta a nivel global es fundamental para el estudio del clima. En la actualidad hay más de 30.000 estaciones a lo largo del mundo, y 7.000 de ellas disponen de un registro continuado que se extiende durante años. Además, dichas estaciones se van actualizando a medida que la tecnología avanza, y se comprueba que las medidas con el nuevo equipo son consistentes con las medidas anteriores. Esta comprobación se hace también cuando una estación cambia de sitio.

En 2009, el National Climatic Data Center de EEUU decidió asegurarse de que no hubiese estaciones en malas condiciones (técnicas o geógraficas) que estuviesen sesgando las medidas. La conclusión de la investigación fue, sorprendentemente, que las estaciones que los críticos señalaban como ejemplos de estaciones mal situadas daban temperaturas máximas ligeramente inferiores a la media. En 2009, el grupo Berkeley Earth decidió investigar críticamente si la gráfica del “palo de hockey”, que refleja el aumento global de la temperatura media mostrando un ascenso pronunciado en el siglo XX, se encontraba contaminada por efectos similares (mala calidad de las estaciones, homogeneidad en la posición de las estaciones y el efecto urbano de la isla de calor), y llegó a la conclusión de que no era así.

Además, las medidas de la temperatura en tierra son sólo una parte del estudio del clima. Hay muchos más indicadores del cambio climático, y todos apuntan a la misma conclusión: un aumento global de la temperatura.

 

3. Hace cuarenta años nos vendían la moto de que la Tierra se estaba enfriando, ¿por qué me tengo que creer esto ahora?

Eso es mentira. La mayoría de los artículos científicos entre 1965 y 1979 predecían un aumento de las temperaturas globales, unos cuantos menos no se atrevían a hacer predicciones, y sólo un 10% predijo un descenso de las temperaturas.

Es cierto que las medidas de temperatura disponibles a mediados del siglo XX parecían sugerir que el planeta se estaba enfriando, y algunos científicos plantearon que podíamos ir de camino a una nueva edad de hielo. Sin embargo, muchos más científicos ya planteaban que las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero contrarrestarían esa tendencia. Eso se hizo evidente a finales de la década de los 70. Además, las mejoras recientes en la cobertura de los registros de temperatura muestran que la tendencia al enfriamiento que se observó eran características del hemisferio norte, y que la temperatura se mantuvo relativamente estable a nivel global durante ese período.

Lo cierto es que hace 50 años ya había seis veces más científicos que apoyaban una tendencia al calentamiento del planeta que científicos que no. A día de hoy, tras varias décadas de nuevos datos, el consenso científico es abrumador: el 97% de los climatólogos defiende que los seres humanos son la causa del calentamiento global.

 

4. Lo que no te cuentan los del lobby del cambio climático es que los volcanes emiten mucho más CO2 que los humanos.

Eso es mentira. Se estima que la tierra emite de forma natural (a través de los volcanes y de las fuentes termales) entre 65 y 319 millones de toneladas de CO2 al año. En comparación, las actividades humanas emitieron a la atmósfera 35.800 millones de toneladas de  CO2 en el año 2016, cien veces más.

Sí es cierto que los fenómenos naturales en su totalidad liberan mucho más CO2 que los humanos: el océano libera anualmente unos 332.000 millones de toneladas, y la respiración vegetal unos 220.000 millones. Sin embargo, estas emisiones forman parte del ciclo natural del carbono: las plantas absorben mediante la fotosíntesis unos 450.000 millones de toneladas de CO2 al año, y el océano otros 338.000 millones, es decir, más del que liberan. Por nuestra parte, los humanos añadimos CO2 constantemente sin absorber nada, alterando el equilibrio natural. Esto hace que incluso con la tendencia natural a la disminución de la concentración de CO2 atmosférico, éste esté aumentando unas 15.000 millones de toneladas al año: nos encontramos en el momento con mayor concentración de CO2 en la atmósfera de los últimos 800.000 años.

 

5. El primo de Rajoy lo clavó: aquí nadie sabe si llueve pasado mañana pero me quieren hacer creer que saben la temperatura que va a hacer en cien años.

La predicción del tiempo en un momento determinado y en una zona concreta es muy diferente al estudio de la tendencia del clima en regiones amplias a lo largo del tiempo. Esto es algo que todos sabemos intuitivamente: si nos encontramos con un amigo una noche de enero y nos dice que nos invita a pasar dos semanas en su casa de Córdoba en julio, sabemos perfectamente qué meteríamos en la maleta. Nadie dice: “Como no sé si la semana que viene lloverá, no tengo forma de saber si en julio en Córdoba voy a necesitar un forro polar o unas bermudas”.

El motivo por el que la predicción del tiempo a corto plazo (que es cada vez más precisa) se vuelve casi imposible a partir de las dos semanas es que depende fuertemente de condiciones iniciales que no podemos conocer con suficiente precisión. Esto no es un problema que afecte al estudio del clima a largo plazo, puesto que éste trata con medias a lo largo de grandes períodos de tiempo.

 

6. Cuando les interesa insisten en que el tiempo y el clima son dos cosas diferentes, pero luego cuando viene una sequía o una ola de calor bien que te dicen que son cosas del cambio climático.

Es imposible afirmar que un fenómeno meteorológico concreto se debe al cambio climático, puesto que siempre ha habido sequías, olas de calor, inundaciones, etc. Quienes señalan la relación entre estos fenómenos y el cambio climático no dicen que cada fenómeno individual esté inequívocamente causado por éste, sino que la subida global de la temperatura produce una tendencia al aumento de la frecuencia e intensidad de estos fenómenos extremos: si antes se producían dos olas de calor al año con temperaturas 5 ºC por encima de la media y ahora se producen cuatro con temperaturas 7 ºC por encima de la media, es innegable que hay un aumento en la frecuencia e intensidad de éstas, incluso si no somos capaces de señalar individualmente cuáles se deben al cambio climático y cuáles “habrían ocurrido de todas formas”.

Hay diversas formas en las que el cambio climático afecta a los fenómenos meteorológicos extremos. Por ejemplo, el aumento de las temperaturas aumenta el ritmo de evaporación del agua contenida en la tierra, los mares y las plantas, causando un impacto directo en la frecuencia e intensidad de las sequías. Esto a su vez aumenta la cantidad de vapor de agua en la atmósfera (la concentración de vapor de agua en la atmósfera en la actualidad es 4% mayor que hace cuarenta años) y por tanto el riesgo de precipitaciones torrenciales. Las precipitaciones torrenciales están ligadas a las inundaciones, y tienen efectos catastróficos sobre el suelo cultivable. (En caso de que te lo estés preguntando, sí: el cambio climático se encuentra ligado a un aumento de la sequía en algunos lugares a la vez que a un aumento de las precipitaciones torrenciales en otros; esto no es contradictorio teniendo en cuenta que es un fenómeno a nivel global).

7. Los modelos lo mismo te dicen que la temperatura va a subir 1 ºC que 5ºC, eso es como si yo digo que Podemos va a sacar entre 40 y 200 diputados.

Este amplio rango de temperaturas viene dado por los distintos escenarios que se plantean de cara al futuro, dependiendo de si vamos a continuar emitiendo gases de efecto invernadero al ritmo actual, si planteamos medidas que conlleven una reducción, o si, incluso, aumentaremos las emisiones. En base a estos escenarios se proyectan los distintos aumentos de temperatura, que  pueden ir de 1º -en un caso extremadamente favorable, pero tan improbable que nadie se lo plantea ya-, hasta 6.5º si seguimos emitiendo CO2 como hasta ahora.

Además, dentro de cada escenario hay un cierto margen de error, que se debe a que hay muchos modelos climáticos y cada uno funciona de forma ligeramente diferente; lo importante, sin embargo, es que todos coinciden en que el aumento de la temperatura va a ser considerable. Por tanto, si nos empeñamos en la analogía de la predicción de escaños, sería más bien como predecir que Podemos va a sacar entre 250 y 325 escaños: la mayoría absoluta no estaría en cuestión. La analogía es regular de todas formas porque, a diferencia de las predicciones electorales, los modelos se comparan entre ellos y con información del pasado para asegurar su fiabilidad.

 

8. ¿Y qué problema hay? Más calorcito durante más tiempo es más turismo, que nos hace mucha falta s̶o̶b̶r̶e̶ ̶t̶o̶d̶o̶ ̶d̶e̶s̶p̶u̶é̶s̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶d̶e̶s̶a̶s̶t̶r̶o̶s̶a̶ ̶g̶e̶s̶t̶i̶ó̶n̶ ̶d̶e̶ ̶Z̶a̶p̶a̶t̶e̶r̶o̶, y anda que no se está bien en las terracitas.

El impacto económico y social del cambio climático supera con creces los efectos positivos que uno quiera verle. España es además el país europeo más vulnerable al cambio climático.

El aumento de la frecuencia y duración de las olas de calor, por ejemplo, harían que ciertas áreas de España sean lugares a evitar durante ciertos períodos del año (por no hablar de los efectos de las temperaturas extremas en población vulnerable que viva en sitios no preparados para el calor: niños desmayándose en clase en Asturias todos los veranos, aumento de las muertes de ancianos…); las sequías tienen un efecto devastador en el sector agrario, y pondrían en riesgo el acceso libre al agua y a los alimentos, además de amenazar el abastecimiento suficiente de agua en las zonas turísticas; los gastos ocasionados por los destrozos de las inundaciones y los incendios forestales, cada vez más frecuentes, son muy elevados; el aumento del nivel del mar acabaría por destruir infraestructuras costeras e incluso podría sumergir ciudades costeras enteras; por no hablar de los efectos sobre el turismo de nieve que también es muy relevante a nivel económico. Todo esto además sin mencionar los destrozos que produciría en las zonas más pobres (y por tanto más vulnerables) del planeta, donde la falta de recursos les impediría adaptarse eficazmente a la nueva situación.

 

9. Lo que toca ahora es esperar a que se extienda el uso del coche eléctrico. El mercado se está moviendo hacia eso, y entre eso y las renovables ya está solucionado. Y si no, ya se inventará algo cuando la situación lo requiera, los que mandan tienen que tener un plan B.

Aunque es cierto que los vehículos eléctricos presentan ventajas respecto a los vehículos con motor de combustión (principalmente menor contaminación en la ciudad por no emitir hollín o monóxido de carbono), no se ataca a la raíz de uno de los problemas: la construcción de las baterías depende de elementos no renovables (como el litio) y, en general, de tierras raras (como el neodimio). Intentar sustituir el parque automovilístico mundial por coches eléctricos acabaría con las reservas planetarias de litio, metal que es muy necesario para llevar a cabo la transición a las energías renovables. Además, las emisiones de CO2 dependerán de la fuente energética utilizada para su carga, así como de la eficiencia del vehículo y de las emisiones generadas durante su fabricación. Si el aumento en la demanda de electricidad a raíz de una proliferación de los vehículos eléctricos se suple con centrales térmicas, por ejemplo, estamos donde empezamos.

Por su parte, la transición hacia energías limpias y renovables es necesaria, pero éstas únicamente no serían capaces de satisfacer la demanda energética actual. A día de hoy aún presentan problemas de eficiencia, disponibilidad y almacenamiento. Requieren además mayor redundancia para minimizar el riesgo de caída de la red, especialmente ante la perspectiva de un clima global cada vez más difícil de predecir. Si a esto le sumamos el aumento en la demanda que cabe esperar de una transición hacia motores eléctricos, como en el caso de los coches, se ve claramente que una solución puramente tecnológica al cambio climático es una ilusión.

Las estimaciones de que sería posible una transición a energías renovables que pudiese mantener el consumo actual se basan en predicciones de aumentos de la eficiencia nunca vistos antes en la historia, o en el desarrollo de tecnologías (como la fusión nuclear) que a día de hoy son ciencia ficción. La visión de que “ya se inventará algo si hace falta, que nunca hemos hecho nada y aquí seguimos” es parecida a la de alguien que está leyendo un libro y ve que el protagonista se encuentra en peligro de muerte cuando quedan todavía 200 páginas para acabar: no hay que ponerse nerviosos porque está claro que no va a pasarle nada. Sin embargo, no estamos leyendo ningún libro, no hay nada que garantice que el futuro no va a ser mucho peor que el presente, salvo nuestro esfuerzo y trabajo conjunto

El nivel actual es ya insostenible; aumentarlo y extenderlo al resto del mundo es directamente imposible. El sueño de un futuro en el que las energías verdes mantienen indefinidamente el derroche actual del Primer Mundo es sólo eso, un sueño. Por el contrario, un mundo donde una redistribución del consumo de energía se utiliza para mejorar las vidas de las personas más pobres a la vez que se reducen drásticamente las emisiones de carbono para garantizar la habitabilidad del planeta es algo no sólo deseable sino posible. Pero para eso es indispensable un cambio hacia una nueva forma de entender el progreso, en la que no caben ideas como el mantener una flota de cientos de millones de vehículos privados (cuya producción supone un fuerte impacto ambiental) para que estén aparcados el 95% del tiempo.

 

10. Al final todo esto da igual, porque no podemos hacer nada.

Precisamente porque las causas son humanas, también lo es la solución. Podemos actuar sobre el cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto no detendrá el aumento de las temperaturas inmediatamente, puesto que el clima depende de procesos lentos que requieren de años para detener su inercia, pero sí conseguirá estabilizarlas a la larga para evitar las consecuencias catastróficas de un aumento incontrolado de las mismas. La prueba más obvia de que se puede actuar sobre ello son los diferentes escenarios que comentábamos al hablar de los intervalos de confianza de los modelos climáticos.

Hay muchas cosas que podemos hacer tanto a nivel individual como colectivo. Es importante que reduzcamos o eliminemos nuestro consumo de carne, en concreto de ternera y cordero, pues la ganadería es uno de los principales motores del cambio climático; que reduzcamos al mínimo el uso del coche, en favor del transporte público, la bici o caminar; que abandonemos los viajes en avión: los de corta distancia son poco eficientes en el uso de combustible y los transoceánicos depositan gran cantidad de CO2 a gran altura, donde es más perjudicial; que nos centremos en el reducir de “reducir-reutilizar-reciclar”… Estos cambios en el estilo de vida personal son necesarios pero no son suficientes: hay que conseguir urgentemente cambios estructurales que busquen dos fines muy claros: hacer más cómoda una vida sostenible (mejorando el transporte público, aumentando el uso de las energías renovables y en general asegurando que la transformación de la sociedad se lleva a cabo para satisfacer las necesidades de la mayoría), e imposibilitar las prácticas nocivas (las consecuencias del cambio climático y de la contaminación las sufrimos todas, especialmente las personas más vulnerables, así que no se puede entender su mitigación como una decisión personal: nadie debe tener la potestad para hacer que el planeta sea inhabitable para los demás).

La única forma de asegurar que estos cambios se llevan a cabo es organizarnos políticamente en torno a ellos. No, no, no hace falta que tu tío se venga a las asambleas de Contra el diluvio, tampoco es eso, él de momento puede ir dándole vueltas a la conversación y echarle un ojo al blog. Pero hay que hablar del tema, crear conciencia climática y contribuir con los movimientos que surjan al respecto. No es demasiado tarde para hacer algo, y el cambio climático no es una cuestión binaria de todo o nada: cada esfuerzo que hagamos y cada victoria tendrán un impacto en nuestra vida.

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