la ciencia

Granjas industriales y huracanes: el caso de Florence

El huracán Florence ha tocado tierra en Carolina del Norte. Aunque posible, es arriesgado asegurar que un fenómeno meteorológico pueda haberse exacerbado debido al cambio climático, pero sí podemos hacernos una idea de cómo puede haberle afectado. En este caso, según las simulaciones realizadas, las temperaturas más cálidas que conlleva el cambio climático han provocado que Florence sea más grande y deje más lluvias, siendo más fuerte de lo que habría sido de no estar en el escenario en el que nos encontramos.

Una de las mayores industrias de Carolina del Norte es la ganadería industrial, principalmente de cerdo y en menor medida de pollos. Esta actividad es, a nivel global, una de las que más contribuyen a la emisión de los gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. En concreto se le atribuyen, aproximadamente, un 15% de las emisiones. Por eso una de las medidas individuales para luchar contra el cambio climático que se pueden tomar es comer menos carne.

No es la emisión de gases de efecto invernadero el único impacto de esta industria en el medio ambiente. Tiene también un importante papel en la contaminación de aguas subterráneas, debido a los desechos de los animales, o incluso en la lluvia ácida, debido a las emisiones de amoniaco de sus instalaciones.

La gran cantidad de granjas porcinas industriales y de cerdos, más de nueve millones,  en Carolina del Norte, hace que la gestión de sus desechos sea un desafío difícil de afrontar. Estos desechos son una mezcla de materia fecal, orina, sangre y antibióticos (presentes debido a las prácticas veterinarias de este tipo de granjas) en la que habita toda clase de bacterias, muchas de ellas resistentes a los antibióticos. La estrategia de las granjas para lidiar con los residuos tiene dos partes. Por un lado, la mezcla se rocía en aerosol por los campos cercanos esgrimiendo como motivo su potencial como fertilizante; y por otro, se acumula en grandes balsas al aire libre en el recinto de las granjas.

El rociado en aerosol se realiza en los campos cercanos a la granja. En Carolina del Norte las granjas están principalmente situadas en zonas con mayoría de personas negras y pobres, siendo este grupo social el más perjudicado por ello. Los olores provocados por esta práctica que soportan estas personas hacen casi imposible la vida en el exterior, además de conllevar problemas de salud que van desde pérdida de memoria y aumento de asma a mayores índices de mortalidad infantil. 

Acumular los desechos en balsas al aire libre no supone en absoluto una solución frente a los inconvenientes del rociado en aerosol, al que además se recurre cuando la balsa se llena. Los olores, aunque más localizados, siguen siendo insoportables. La fermentación de los desechos produce además la emisión de diversos gases, como amoniaco (con un gran papel en la lluvia ácida) y metano (treinta veces con mayor potencia como gas de efecto invernadero que el dióxido de carbono). Existe además el riesgo de rotura de estas balsas y desborde en el caso de lluvias fuertes, lo que provocaría un desastre ecológico.

Pues este desastre ya se ha producido. Pese a las llamadas a la calma de la industria, y como cabía esperar, las granjas se han inundado y las balsas se han desbordado. Tres millones cuatrocientos mil pollos y cinco mil quinientos cerdos han muerto ya ahogados. Ciento diez balsas de desechos han vertido su contenido al medio ambiente o tienen un riesgo inminente de hacerlo.Esta catástrofe ecológica lamentablemente ya tiene precedentes, aunque no de tanta magnitud. En 1999 la misma zona fue azotada por el huracán Floyd, provocando la muerte de docenas de personas y de más de dos millones de pavos, cerdos y otros animales que murieron ahogados dejando a su paso imágenes desoladoras de cadáveres flotando en las aguas. Además, se produjo el desborde de varias balsas, contaminando su contenido las fuentes de agua potable de la zona y provocando la muerte de miles de peces al llegar a los ríos donde habitaban. El desastre se volvió a producir, aunque a menor escala, en 2016 con el huracán Matthew.

La ganadería industrial y sus problemas no se limitan a Carolina del Norte. En España también se sufren los impactos sociales y ambientales que provoca, sobre todo, la ganadería porcina. Cada vez son menos granjas, pero más grandes y los impactos sociales y medioambientales son enormes. En el caso medioambiental es necesario destacar que se está produciendo la contaminación del agua, cuya disponibilidad, además, se va a ver reducida como consecuencia del cambio climático.

Este doble papel de la ganaderías industriales como causante de cambio climático y multiplicador de los daños de las catástrofes producidas por éste, sin olvidar el sufrimiento animal que provocan, hace que sea necesario actuar contra ellas. En un escenario de cambio climático como en el que nos encontramos los huracanes, que convierten estas instalaciones en una grandísima amenaza para los ecosistemas, se van a producir con mayor frecuencia y van a ser más fuertes. No podemos seguir permitiendo que el beneficio de las grandes empresas prevalezca sobre el derecho a la vida, y a la vida buena, de tantos habitantes del planeta. Como ya hemos dicho tantas veces: tenemos tarea.

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la ciencia

Huracanes y cambio climático: afianzando la relación

 

El tifón Mangkhut y el huracán Florence me han recordado una anécdota deuna amiga que trabaja en la tele, una nacional. El año pasado fueron a entrevistar a un científico por los huracanes de categoría 4-5 –Harvey, Irma y María– que tuvieron lugar en el Atlántico y el Caribe por entonces.

El redactor iba decidido a enfocar el tema desde la perspectiva del cambio climático, relacionando dichos huracanes con el calentamiento global pero, para su sorpresa, el científico dijo que no se puede demostrar una relación entre el número de huracanes y el calentamiento global, que aún no está demostrado y que si dijese lo contrario, “faltando a la objetividad”, estaría dando argumentos y armas a los negacionistas del cambio climático. Total, que debido a la negativa del experto (que, dejémoslo claro, sí que lo es), el reportaje acaba enfocado de otra manera, diciendo que “no es excepcional el número de huracanes” que hubo el septiembre pasado y que “los expertos descartan que la causa sea atribuible al cambio climático hasta que no haya pruebas concluyentes, pero sí apuntan a un incremento de su virulencia medida sobre todo en un aumento de la precipitación” [¿Lo habéis oído? Son mis cabezazos contra la pared] La cosa es ¿esto es falso? Pues técnicamente no. O sea, es cierto que no está clara la relación entre el número de huracanes y el cambio climático, pero probablemente esta sea una manera errónea de enfocar el asunto.

Uno de los mantras más repetidos es que no podemos asociar eventos extremos concretos al cambio climático. Es decir, en términos técnicos, no se debe afirmar que esta sequía o aquel huracán se deben o han sido causados por el cambio climático. Lo que debemos estudiar, y afirmar, es  si existe una mayor tendencia a que ocurran determinados fenómenos extremos a medida que aumenta la temperatura global. En el caso concreto de los huracanes no tenemos evidencias concluyentes de que el cambio climático esté aumentando el número de huracanes por temporada. Esto es verdad. Sin embargo, el problema del cambio climático necesita que comuniquemos mejor la  la relación entre huracanes y cambio climático. Porque esa relación sí que existe.

Pero antes, ¿qué es un huracán?

Un huracán (o ciclón tropical) es un sistema de circulación cerrado que tiene un núcleo cálido de baja presión. Se produce sobre océanos y mares cálidos (Atlántico y Pacífico tropical, Caribe), ya que necesita altas temperaturas y humedad para formarse y mantenerse. Sus efectos son bien conocidos: fortísimos vientos (con ráfagas de más de 300 km/h) y abundantes precipitaciones, lo que hace que la destrucción que provocan al tocar tierra sea enorme tanto a corto como a medio plazo.

Pues bien, volviendo a su relación con el cambio climático, se ha señalado, por ejemplo, que lo que sí está aumentando es la frecuencia de huracanes de categorías 4 y 5. Es decir, puede que no haya más huracanes debido al cambio climático, pero los que hay son más potentes. Cuando se hizo la entrevista de la que hablaba al principio se señaló esto varias veces, por ejemplo…

Pero, además, es que conocemos mecanismos físicos por los que el cambio climático puede hacer que los huracanes sean más potentes y, por tanto, más destructivos. Es decir, a parte de cierta evidencia estadística, tenemos varias intuiciones causales. Ahí van:

  1. La intensidad de los huracanes, que es lo que mide lo que llamamos categoría, depende de la temperatura superficial del agua. Sabemos que los océanos se están calentando debido al cambio climático, por lo que éste aumentaría su potencial destructivo.
  2. Por otro lado, sabemos que una mayor temperatura aumenta la capacidad de contener humedad (un 3% más cada 0.5º C, más o menos). Una mayor humedad ambiental facilita que los huracanes se intensifiquen más rápidamente, y además hace que sean mayores las lluvias asociadas y, por tanto, también las inundaciones.
  3. Por último, sabemos que el nivel del mar ha aumentado en los últimos años debido al calentamiento global (unos 15cm en las últimas décadas), lo que hace que las inundaciones costeras (marejadas ciclónicas, por ser más estrictos) sean mayores y afecten a más territorios, tal y como se vio con la tormenta Sandy en 2012.
  4. Finalmente, y aquí la evidencia científica es más débil, se cree que el cambio climático está aumentando la amplitud de las ondas planetarias, lo que podría contribuir a un fenómeno muy llamativo de Harvey, Irma y Florence: el llamado “stalling” (que consiste, esencialmente, en que lo que eventos meteorológicos extremos que solían ser intensos pero rápidos ahora se prolonguen durante más días, aumentando los daños asociados).

No es fácil comunicar ciencia de una manera rigurosa, es verdad. Es un problema de siempre.  El caso del cambio climático, con todas sus implicaciones sociales, económicas y políticas, la complicación seguramente sea aún mayor.  La evidencia científica de que la Tierra se está calentando y que este calentamiento se deba casi exclusivamente al aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles y la deforestación es indiscutible. Pero es cierto que hay otros aspectos científicos más concretos del mismo, como si está aumentando el número de huracanes o si están aumentando los eventos extremos por cambios en la corriente de chorro) que siguen sujetos a investigación y debate académico.

Ahora bien, dada la importancia del cambio climático y la urgencia con la que tenemos que afrontarlo haríamos bien en aprovechar los momentos en los que el foco mediático se centre en huracanes, sequías y otros desastres climáticos para tratar de empujar el calentamiento global al centro de la agenda política y social. Y al intentarlo, haríamos bien en afirmar con contundencia lo que sabemos con claridad en vez de resaltar las incertidumbres que aún están sometidas a debate científico.

 

Bibliografía:

https://blogs.scientificamerican.com/observations/what-we-know-about-the-climate-change-hurricane-connection/

https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/aug/28/climate-change-hurricane-harvey-more-deadly

https://www.democracynow.org/2017/8/30/ex_nasa_scientist_james_hansen_there

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/07/the-science-behind-the-u-s-s-strange-hurricane-drought-and-its-sudden-end/?utm_term=.10783e33edb0

https://www.washingtonpost.com/news/posteverything/wp/2017/09/07/irma-and-harvey-should-kill-any-doubt-that-climate-change-is-real/?tid=ss_tw&utm_term=.f1376eb3f25e

https://www.washingtonpost.com/news/energy-environment/wp/2017/09/11/four-underappreciated-ways-that-climate-change-could-make-hurricanes-worse/?utm_term=.38407d520047

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la ciencia, qué hacer, traducciones

El planeta puede limitar el calentamiento global a  1.5ºC sin emisiones negativas

[Traducción del artículo de Simon Evans publicado el 13 de abril de 2018 en CarbonBrief]

Un nuevo estudio indica que es posible limitar el calentamiento a 1.5ºC por encima de las temperaturas pre-industriales sin utilizar las emisiones negativas de la Bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECCS: BioEnergy with Carbon Capture and Storage).

El estudio, recientemente publicado en Nature Climate Change, abre el debate sobre cómo cumplir los estrictos objetivos de temperatura del Acuerdo de París. Muestra por primera vez cómo se puede minimizar o incluso eliminar la necesidad de los BECCS mediante una serie de planes de mitigación altamente ambiciosos.

Los BECCS son una tecnología de emisiones negativas controvertida y en gran medida no probada, que se ha convertido en un componente básico de las trayectorias propuestas hacia los 1.5ºC.

Este nuevo artículo, en cambio, explora otras alternativas, que incluyen cambios de estilo de vida, intensificación agrícola y carne cultivada en laboratorio, así como el aumento de la eficiencia energética y la adopción aún más rápida de energías renovables. Algunas de estas alternativas han sido ignoradas en los debates hasta ahora porque los científicos tienen dificultades para implementarlas en sus modelos.

En palabras del autor principal del artículo, el debate sobre cómo cumplir los objetivos de París “debería ser más amplio”, porque existen riesgos en depender de las emisiones negativas de los BECCS.

 

Metas estrictas

El Acuerdo de París, aceptado por casi todos los países en 2015, dice que el calentamiento debería mantenerse “muy por debajo” de los +2ºC por encima de los niveles pre-industriales, e intentar mantenerlo por debajo de los +1.5ºC. Para alcanzar estos objetivos, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben mantenerse dentro de un presupuesto de carbono que se está reduciendo  rápidamente.

Para explorar cómo se podría lograr esto los científicos han desarrollado varios escenarios. Hasta la fecha, las trayectorias para evitar los 1.5ºC han dependido de las emisiones negativas de BECCS para absorber el exceso de CO2 de la atmósfera a finales de este siglo. En parte, esto refleja el supuesto de que la inercia en el sistema energético mundial hace que sea difícil alcanzar un pico y luego eliminar el CO2.

La siguiente figura muestra el punto de partida para la investigación actual: una trayectoria consistente con una probabilidad del 66% de mantener la temperatura en 2100 por debajo de 1.5ºC.

(Como la mayoría, este es un escenario de “rebasamiento”, donde las temperaturas alcanzan 1.5ºC en la segunda mitad del siglo antes de volver a caer por debajo de ese nivel en 2100. Las trayectorias de no rebasamiento hasta 1.5ºC solo son posibles, incluso teóricamente, si el presupuesto de carbono restante considerado se encuentra en el extremo superior de las estimaciones actuales).

Emisiones y remociones de CO2 en el escenario estándar de 1.5ºC. (Van Vuuren et al., 2018).

En este escenario por defecto, las emisiones de combustibles fósiles, mostradas en negro, alcanzan su máximo alrededor de 2020 y luego caen abruptamente. El uso residual de combustibles fósiles hasta 2100 se compensa con BECCS (azul claro), lo que hace que el mundo tenga unas emisiones netas de CO2 (asociadas a la producción de energía) nulas para alrededor de 2045 (línea gris) y emisiones netas nulas de CO2 para 2050 (línea amarilla).

El CO2 emitido durante las próximas décadas que excede el presupuesto de carbono para 1.5ºC se ve compensado por las emisiones netas negativas de BECCS a finales de siglo (azul oscuro). Para el año 2100, los BECCS estarían eliminando alrededor de 15.000 millones de toneladas de CO2 (GtCO2) por año, lo que equivale a casi dos quintas partes de las emisiones actuales.

Las trayectorias muy por debajo de 2ºC son muy similares. Por ejemplo, el escenario “Sky” recientemente publicado por Shell es típico en que también depende en gran medida de las emisiones negativas de BECCS.

Esto es controvertido, esencialmente porque los BECCS no han sido probados,  podrían no estar disponibles en los niveles previstos y podrían requerir un terreno equivalente al área de Australia para los cultivos bioenergéticos.

El Dr. Alexander Popp, que no formó parte del reciente estudio, es el jefe del grupo de gestión del uso de la tierra en el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK: Climate Impact Research). Dice lo siguiente:

“Existe una gran preocupación sobre la sostenibilidad de la implementación a gran escala de las tecnologías de eliminación de CO2, en especial en relación a los BECCS, pero también respecto a la aforestación a gran escala.”

Por tanto, según Popp, el nuevo trabajo sobre trayectorias alternativas al 1.5ºC es de “gran importancia”.

 

Un artificio del escenario

La reciente investigación sugiere que esta dependencia de BECCS podría, hasta cierto punto, ser un artificio del modo en que se han desarrollado los escenarios. Estas trayectorias exploran los cambios futuros en la población, el crecimiento económico, la demanda de energía y otros factores utilizando modelos de evaluación integrados (IAM: integrated assessment models).

Los IAM generalmente están diseñados para ser “rentables”, lo que significa que priorizan las soluciones de bajo coste. Se pueden modificar para incluir dificultades técnicas, políticas o sociales para su implementación, pero el coste sigue siendo el principal motor. El nuevo artículo explica las consecuencias de este diseño:

“Como los IAM seleccionan las tecnologías sobre la base de los costes relativos, normalmente se concentran en las medidas de reducción para las que pueden hacerse estimaciones razonables del rendimiento y los costos futuros. Esto implica que algunas posibles estrategias de respuesta reciben menos atención, ya que su rendimiento futuro es más especulativo o su introducción se basaría en otros factores además del coste, como el cambio de estilo de vida o una electrificación más rápida.”

“Además, los estudios existentes apenas analizan una implementación más agresiva de otras opciones, como la implementación rápida de las mejores tecnologías disponibles o la reducción drástica de GEI (gases de efecto invernadero) distintos del CO2. El desarrollo de la tecnología también podría ser más rápido de lo que normalmente se supone en los modelos IAM .”

Esto explica en parte por qué los BECCS dominan los escenarios de 1.5ºC, a pesar de que su implementación a gran escala se enfrenta a enormes dificultades sociopolíticas. En cambio, las soluciones alternativas a menudo han sido ignoradas porque es difícil estimar su rendimiento o su coste.

El Dr. Glen Peters, director de investigación del instituto climático noruego Cicero, que no formó parte del estudio, dice:

“[Este] es un buen artículo y un paso adelante. Afortunadamente, para los demás será un desafío considerar estrategias de mitigación alternativas a  aquellas basadas únicamente en el coste… Creo que vale la pena discutir cuáles son los costes y cómo deben interpretarse, especialmente cuando las cosas no son tan fácilmente ‘costeables’ (como la reducción del consumo de carne)”.

 

Rutas alternativas

El estudio analiza una variedad de escenarios alternativos “agresivos” para cumplir con la meta de 1.5ºC, reduciendo la dependencia de BECCS. El artículo dice que la implementación de cada opción de mitigación está diseñada para ser “ambiciosa pero no poco realista”. Las alternativas son las siguientes:

Electrificación renovable: todos los sectores del uso final de la energía se electrifican rápidamente, incluida la calefacción. Se superan las limitaciones técnicas para integrar las energías renovables variables en la red. Algunas centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles se cierran antes de tiempo y, en 2030, todos los coches nuevos son eléctricos.

Alta eficiencia: se adoptan rápidamente las mejores tecnologías disponibles para todos los usos energéticos y materiales, incluidos el cemento y el acero. A partir de 2025, solo se venderán coches y aviones de alta eficiencia y solo se permitirán los electrodomésticos más eficientes.

Intensificación agrícola: las hipótesis optimistas para la mejora del rendimiento de los cultivos se combinan con la adopción a nivel mundial del 80% de los sistemas ganaderos más eficientes, incluida la mejora de la digestibilidad de los piensos y las “mejoras genéticas”.

Reducción de gases de efecto invernadero (no CO2): los gases de efecto invernadero que no son CO2 se reducen utilizando las mejores tecnologías disponibles y el progreso tecnológico adicional. Por ejemplo, para 2050, las fugas de metano en el sector del petróleo se reducirán en un 100% y un 90% en el sector minero. Las emisiones de metano del ganado se reducen significativamente y, para 2050, el 80% de la carne y los huevos se sustituyen por proteínas cultivadas, incluida la carne cultivada en laboratorio.

Población: la mejora del acceso a la educación acelera la tendencia decreciente de la natalidad, de modo que la población mundial pasa de 7.000 millones de personas en la actualidad a 8.400 millones en 2050, antes de disminuir a 6.900 millones en 2100. Esto está de acuerdo con el escenario de población más bajo de la ONU. En el extremo superior las proyecciones de las Naciones Unidas llegan a 13.200 millones de personas en 2100.

Cambio de estilo de vida: la mayoría de la población mundial adopta estilos de vida sostenibles, que incluyen, para 2050, que el 100%  de la población adopte dietas saludables con bajo consumo de carne. Se utiliza menos el coche privado y se camina o anda más en bicicleta, mientras que el transporte aéreo se reduce.

La investigación analiza cada opción, así como su efecto combinado, en términos de emisiones de gases de efecto invernadero y el nivel de BECCS requerido para mantenerse dentro de un presupuesto de carbono de 1.5ºC.

 

Minimizar las BECCS

El menor presupuesto de carbono para 1.5ºC significa que los escenarios existentes se basan más en BECCS que para  un límite de 2ºC. Esto se puede ver en el siguiente gráfico, a la izquierda, donde el nivel de BECCS casi se duplica entre una trayectoria para los  2ºC (línea morada, “Def_2.6”) y una para 1.5ºC (línea azul, “Def_1.9”). El aumento de uso de BECCS también requiere un mayor uso de tierras agrícolas para cultivar bioenergía, como se muestra en el gráfico a la derecha (línea azul, “Def_1.9”).

Izquierda: energía primaria de BECCS (exajulios) y derecha: uso de la tierra agrícola (millones de hectáreas) en un escenario de 2ºC y una variedad de escenarios alternativos de 1.5ºC. (Van Vuuren et al. 2018).

Cada una de las alternativas de mitigación reduce las emisiones, con los escenarios de electrificación y eficiencia que afectan principalmente al CO2 y los otros que tienen un mayor impacto en otros gases de efecto invernadero. Esto, a su vez, reduce la necesidad de los BECCS (gráfico, arriba a la izquierda) y de tierras agrícolas (arriba a la derecha).

La combinación de todas las opciones de mitigación juntas (“Total”) elimina efectivamente la necesidad de los BECCS para permanecer por debajo de 1.5ºC. Esto libera importantes áreas de tierras agrícolas en el modelo, algunas de las cuales son reforestadas, lo que conlleva la eliminación “natural” de CO2.

Como tal, la ruta con cero-BECCS  a 1.5ºC presentada en el estudio no está completamente libre de emisiones negativas.

El profesor Detlef van Vuuren, investigador principal de la Agencia de Evaluación Ambiental de los Países Bajos (PBL) y autor principal del informe dice:

“Demostramos que hay opciones disponibles para reducir significativamente los BECCS, pero es muy, muy difícil llegar a cero BECCS (o emisiones negativas)… Las emisiones negativas no son necesariamente malas, pero significa que uno acepta ciertos riesgos. Si no quieres tomar esto en cuenta o encuentras otras opciones más atractivas por otras razones -por ejemplo, sinergias con otros ODS [objetivos de desarrollo sostenible], facilidad de implementación, apoyo social- [entonces] creo que [nuestro nuevo artículo] permite una mejor consideración de los pros y los contras… Creo que eliminar totalmente las emisiones negativas no es posible en su totalidad -pero minimizarlas podría ser atractivo.”

Van Vuuren fue una figura clave en el uso inicial de BECCS dentro de los modelos climáticos. Él mismo añade que es “desafortunado” que el trabajo hasta la fecha para lograr los 1.5ºC haya estado tan dominado por los BECCS.

 

Un debate más amplio

Como todas las trayectorias  para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, estas nuevas alternativas son muy ambiciosas. Tampoco cambian el panorama general para los responsables políticos.

El Dr. Joeri Rogelj, investigador del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (IIASA), que no formó parte del trabajo, dice:

“El núcleo del desafío de la mitigación sigue siendo el mismo: las emisiones globales de CO2 deben reducirse a cero. Lo que los responsables políticos deberían tener en cuenta de esta investigación sobre los escenarios 1.5C es que hay una variedad de vías que se pueden seguir para limitar las emisiones de CO2 y que estas diferentes vías o estrategias permiten limitar la contribución de tecnologías potencialmente indeseables como los BECCS”.

Es importante destacar que las barreras para la adopción de las diversas estrategias alternativas van más allá de la métrica de costes priorizada por la investigación previa, que abarca la política, la aceptación social y la viabilidad técnica.

Bert Metz, ex copresidente del grupo de trabajo sobre mitigación del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) y ahora asesor principal de la Fundación Europea del Clima (ECF), dice:

“Es muy poco probable que todas las opciones investigadas puedan aplicarse simultáneamente en la medida en que se supone en el documento y que todos los efectos de cada una de las opciones puedan lograrse en la práctica, ya que los supuestos son muy ambiciosos”.

“Cada una de estas opciones merece un examen minucioso y una acción apropiada por parte de los responsables políticos, si quieren tomar en serio los objetivos de París y evitar apostar por la disponibilidad a gran escala de la eliminación de CO2 y, en particular, de los BECCS”.

Un estudio publicado la semana pasada explora los límites de plausibilidad para evitar el uso de emisiones negativas. Demuestra que sólo son evitables si el presupuesto de carbono para 1.5ºC se sitúa en el extremo superior de las estimaciones actuales y si se adoptan radicalmente tecnologías y estilos de vida bajos en carbono, junto con esfuerzos sin precedentes para limitar las necesidades energéticas, de modo que la demanda en 2100 caiga a la mitad de los niveles actuales. Un presupuesto de carbono de valores bajos haría inalcanzable el objetivo de 1.5ºC, incluso con BECCS.

El Dr. Stephan Singer, asesor principal sobre políticas energéticas globales de la la ONG Climate Action Network, dice:

“Es extremadamente útil para la comunidad académica evaluar alternativas a los BECCS a gran escala, en particular [porque] es probable que esto tenga un impacto significativo en la seguridad alimentaria y el uso de la tierra… Cuanto más fuerte, más temprano y más profundamente nos embarquemos en políticas y medidas de mitigación ‘convencionales’, menor será la necesidad de emisiones negativas en el mundo, como los BECCS a gran escala, para alcanzar los objetivos de París”.

Singer añade: “Los cambios en el estilo de vida de las personas de alto consumo y emisiones ricas a nivel mundial… son [una] parte fundamental de la ecuación… Esto no se limita a los cambios dietéticos individuales… [sino que] también incluye un cambio significativo en los hábitos de transporte y viaje, una mayor durabilidad institucionalizada de los productos, una mayor reutilización de los componentes, nuevos materiales y, en general, una economía circular”.

Independientemente de que se puedan cumplir o no los objetivos de París, la investigación actual sugiere que los responsables políticos deberían debatir un conjunto más amplio de opciones para abordar el cambio climático, además de los BECCS y las emisiones negativas, que se han llegado a considerar como un “respaldo” de facto.

Peters dice:

“Los IAMs tienen un conjunto limitado de herramientas [para reducir las emisiones] y, en realidad, hay muchas más herramientas en la caja de herramientas. Esta es una buena señal, ya que cuantas más herramientas tengamos, más opciones tendremos para llegar a 2ºC o 1.5ºC. Necesitamos más estudios para ampliar la caja de herramientas, en vez de usar tecnologías como los BECCS o la captura directa de aire”.

Vale la pena añadir esta investigación dista mucho de ser una exploración exhaustiva de esa “caja de herramientas”. De hecho, concluye mencionando una serie de otras opciones para reducir las emisiones, que también se han excluido en general de los trabajos anteriores. Entre ellas figuran la gestión del carbono en el suelo y el “cierre forzado y rápido de centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles”.

Finalmente, ninguno de los escenarios actuales considera un mundo sin crecimiento económico, considerado por algunos investigadores como el único camino hacia un futuro sostenible.

Referencia: Van Vuuren, D. et al. (2018) Alternative pathways to the 1.5C target reduce the need for negative emission technologies, Nature Climate Change, doi:10.1038/s41558-018-0119-8

 

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El vórtice polar tembloroso, la ciclogénesis explosiva y el cambio climático: por qué te quedaste atrapado en la AP6

[Esta entrada ha sido modificada el jueves 11 de enero para matizar algunas conclusiones, a raíz de la publicación de este artículo.]

Varios miles de personas han pasado su día de Reyes atrapadas por la nieve entre Segovia y Madrid. Pero esto, aunque haya sido lo que nos tocaba más de cerca, no es más que el colofón a una semana llena de fenómenos de tiempo extremo en el hemisferio norte: inundaciones en Galway, olas de agua helada en Boston y miles de iguanas atontadas por las temperaturas de cero grados en Florida (lo que en algún caso ha dado lugar a tragicómicas situaciones, como un señor que recogió cientos de ellas para hacerlas a la brasa, sin darse cuenta de que estaban dormidas, no muertas, hasta que se despertaron todas en su coche y provocaron un accidente).

Pero, ¿es esto extraordinario? ¿Tiene que ver con el cambio climático? Por no andarnos con rodeos, y por mucho que pese a algunos a lo primero y no del todo a lo segundo. No es raro que haga frío en invierno, ni en el noreste de los Estados Unidos ni en Segovia, ni que haya tormentas en Irlanda. Pero sí es infrecuente que a una semana en que las cataratas del Niágara se quedan medio heladas le sigan inundaciones en Boston fruto de una tormenta extratropical con vientos huracanados.

Vamos a intentar explicar a qué se debe cada uno de estos fenómenos, y cómo están relacionados entre sí y con el cambio climático, que nunca es tarde para añadir algo más a tus ya amplios conocimientos climáticos.

En primer lugar, la ola de frío que ha congelado a las iguanas de Florida. En la siguiente imagen se ve la anomalía de temperatura para el domingo 7 de enero de 2018, es decir, la diferencia entre la temperatura de ese día y la media climática para esa fecha. Se observa que el este de los EEUU (así como la Península Ibérica) está más frío de lo normal, y el Atlántico está, en general, más caliente de lo habitual.

 

Este frío extremo (en algunas zonas de la costa estadounidense hay temperaturas hasta 20 grados por debajo de lo habitual para estas fechas) está relacionado con una invasión de aire muy frío procedente del polo norte. ¿Y por qué decide el aire polar descender hasta nuestras normalmente templadas latitudes? Pues porque el vórtice polar se ha debilitado.

Ok, explicamos qué es el vórtice polar y cómo se debilita, usando para ello esta otra figura y un sencillo vídeo.

La zona azul es una región de bajas presiones, que normalmente (imagen de la derecha) está confinada al polo norte y alrededores (como mucho baja hasta una latitud de 60 grados). La latitud de Oslo, por ejemplo. Esto se debe a que en la capa superior de la troposfera hay permanentemente vientos muy fuertes (la corriente de chorro) circulando de oeste a este. En invierno, estos vientos son tan intensos que aíslan el aire frío en esa región. Sin embargo, si esta corriente se debilita, tenemos lo que se ve en la imagen de la izquierda: meandros, desplazamientos del aire frío a latitudes más bajas y de aire cálido a latitudes más altas. En lo que respecta al debilitamiento del vórtice polar (que ha ocurrido otras veces, la última vez que fue tan llamativo fue en 2014) y aunque hace falta más estudio, parece que el calentamiento del Ártico lleva a que disminuya la diferencia de temperatura entre el Atlántico y el polo, debilitando la corriente de chorro y, por tanto, permitiendo estas excursiones del aire frío a nuestras latitudes. Exactamente eso está pasando ahora, como muestra la siguiente figura:

Hay zonas, como Alaska, que normalmente están bien dentro de la región de bajas presiones, y que ahora se encuentran en la frontera, mientras que el noroeste de Estados Unidos (y en menor medida, la Península Ibérica) están en “bolsas” de bajas presiones situadas anormalmente al sur. Que la presión atmosférica sea baja hace que sea posible que llegue aire de otras regiones adyacentes de presión más alta. En este caso permiten la llegada de aire frío de la región polar, lo que da lugar a, de nuevo, iguanas congeladas y gente atrapada en sus coches entre Segovia y Madrid.

Eso en lo que respecta al frío. Pero ¿y las tormentas extratropicales?

Pues es que a la vez que el frío del polo estamos teniendo temperaturas anormalmente altas en el océano Atlántico, debido en parte a los meandros que forma el vórtice polar: en medio del océano la frontera entre aire polar (frío y seco) y aire templado y húmedo está más al norte de lo normal. Y temperaturas más altas implican más energía liberada a la atmósfera, lo que da lugar a la posibilidad de tormentas más fuertes. La tormenta que está afectando al este de Estados Unidos es nuestra vieja conocida la ciclogénesis explosiva: una profundización muy brusca de una baja presión, que da lugar a vientos muy fuertes y repentinos. Allí, como son más exagerados, la han llamado BOMBOGÉNESIS o weather bomb. Nuestro departamento de marketing toma nota.

 

Y llegamos a la relación de ambas cosas con el cambio climático. En lo que respecta a las tormentas está claro, ¿no? El planeta, y en particular los océanos, se calientan y liberan calor y humedad a la atmósfera, y tienes este tipo de fenómenos extremos en regiones en las que antes eran extraordinariamente poco comunes. Y, en cuanto a las olas de frío, el calentamiento del Ártico (la zona del planeta en la que está aumentando más la temperatura) lleva a que disminuya la diferencia de temperatura entre el Atlántico y el polo, debilitando la corriente de chorro y facilitando el descenso de masas de aire frío a nuestras latitudes. Es cierto, eso sí, que al estar el aire sobre el Ártico más caliente, las olas de frío cada vez son menos frías.

O sea, que la lucha contra el cambio climático no solo sirve para evitar veranos abrasadores, sino que estos sean interrumpidos por olas de frío comparativamente heladas -aunque no sean TAN frías como las de nuestros abuelos. Eso sí, si seguimos en este plan, tendremos muchas más posibilidades creativas para escribir ficción climática. ¡No todo van a ser desiertos y subidas del nivel del mar!

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Cuatro cursos sobre cambio climático que empezar (y seguramente no terminar) en 2018

Empieza un nuevo año y con él nuevos propósitos, como aprender más sobre aquellos temas que nos interesan. Gracias a internet tenemos a nuestra disposición miles de cursos de temas muy variados, incluyendo por supuesto el cambio climático. Si eres de las personas que empieza a tener conciencia del reto ingente que supone este fenómeno para la humanidad (¡estamos cambiando el clima!) y te gustaría conocerlo un poco mejor, o ya tienes conocimientos básicos pero te apetece profundizar en temas más concretos, a continuación hacemos un repaso de algunos cursos que pueden interesarte.

Cambio climático: evidencias, causas socioeconómicas y soluciones (Miriadax)

La primera edición de este curso, organizado por la Universidad de Salamanca con Ecologistas en Acción, promete y mucho. Cuenta con la participación de numerosos expertos de universidades españolas y otras entidades que ofrecerán un repaso no solo de los aspectos científicos del cambio climático, sino también de las propuestas de solución, desde los acuerdos internacionales a las cuestiones sociales. Plantean que no es un curso para tratar el tema en profundidad, aunque se aportarán lecturas y materiales para quien quiera profundizar, así que nos parece que puede ser una forma estupenda de aproximarse al cambio climático o de obtener recursos sobre determinados temas.

Fecha de inicio: 29 de enero de 2018

Duración: 7 semanas

Dedicación estimada: 35 horas de estudio

Introducción al Cambio Climático (UN CC: e-Learn)

Este curso forma parte de la plataforma de Naciones Unidas: Asociación para el Aprendizaje sobre el Cambio Climático. Consta de 6 módulos para los que está prevista una dedicación de 2 horas cada uno. En ellos se repasa la evidencia científica del cambio climático, el marco jurídico y normativo internacional, la adaptación y la mitigación, la financiación y la planificación. La perspectiva es la de Naciones Unidas (no esperéis una visión muy crítica de las dinámicas socioeconómicas), pero puede servir de introducción breve a algunas cuestiones fundamentales y ofrece la visión que se tiene del cambio climático desde las instituciones internacionales. También cabe destacar que en esta plataforma encontramos otros cursos específicos que pueden resultar interesantes, como “Los niños y el cambio climático”, “Las ciudades y el cambio climático”, “Salud humana y cambio climático”, y otros, de momento en inglés, que engloban desde la información climática hasta cuestiones específicas como REDD+.

Fecha de inicio: curso autorregulado (Cualquier persona puede matricularse en el momento que desee, no hay plazo para completar el curso)

Dedicación estimada: 12-18 horas. Los módulos son independientes y pueden completarse en cualquier orden.

Making Sense of Climate Science Denial (edX) (en inglés)

En Contra el Diluvio somos muy fans de la página Skeptical Science, y sus creadores están detrás de este estupendo curso organizado por la Universidad de Queensland. El curso (por el momento sólo disponible en inglés) se centra en ir desmontando los principales mitos sobre el cambio climático empleados por los negacionistas, incluyendo un análisis de los aspectos psicológicos que promueven este negacionismo, y en el proceso va explicando de forma amena pero rigurosa la ciencia del cambio climático. Ofrece recursos para dar respuesta a cualquier negación del cambio climático aportando argumentos científicos, y cuenta con la participación de David Attenborough, Michael Mann, Katharine Hayhoe, Naomi Oreskes… (si ya estás familiarizada con el cambio climático, compartimos tu emoción en este momento). Aunque algunos módulos pueden resultar algo áridos para las personas menos familiarizadas con la ciencia, las explicaciones son muy sencillas, amenas y divulgativas, así que es un curso para todos los públicos.  Además, en su canal de youtube puedes encontrar entrevistas completas a los y las expertas que han colaborado en el curso.

Por otra parte, en edX también podéis encontrar otro montón de cursos para todos los gustos e intereses → https://www.edx.org/course?search_query=climate+change

Fecha de inicio: 9 de enero de 2018

Duración: 7 semanas

Dedicación estimada: 2-4 horas de estudio por semana

Global Warming I: The Science and Modeling of Climate Change

Para acabar, si lo que te interesa es entender en detalle las bases físicas del cambio climático, este es tu curso. David Archer, profesor del departamento de Ciencias Geofísicas de la Universidad de Chicago nos explica de forma sencilla pero rigurosa los conceptos básicos necesarios para comprender un poco mejor el clima global y cómo lo altera la acumulación de gases de efecto invernadero. También puedes encontrar las clases en su página web de la universidad. Un buen complemento, o alternativa, para el curso es su libro Global Warming: understanding the forecast.

Fecha de inicio: Suele haber sesiones cada pocas semanas. La próxima empieza el 22 de enero.

Duración:  12 semanas

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“Sí, esta ola de calor se debió al cambio climático”

Durante años, al informar de los llamados eventos extremos (olas de calor, temperaturas récord, sequías, etc.. ) siempre se decía que no se podía afirmar que este o aquel evento particular estuviesen causados por el cambio climático. Bueno, pues se acabó. El pasado 13 de diciembre, la AMS (American Meterological Society) publicó un informe en el que, estudiando 27 eventos extremos ocurridos en 2016, demostraba que en 21 de ellos el cambio climático era un “factor relevante” y que 3 de ellos no hubiesen ocurrido en ausencia de la acción humana sobre el clima.

Esto ha sido posible gracias a la mejora de los llamados “métodos de detección y atribución” (es una palabra horrible, sí, pero en inglés se usa esa. Al final te acostumbras, ya verás). Estos métodos comparan los fenómenos extremos observados en el mundo real, en el que el incremento de CO2 en la atmósfera debido a la quema de combustibles fósiles ha calentado el planeta en torno a 1ºC por encima de la época pre-industrial, con modelos en los que se elimina este efecto antropogénico. De esta forma es posible estimar cual es la probabilidad de que un determinado evento hubiese ocurrido si los humanos no llevásemos 150 años emitiendo gases que alteran el clima de forma significativa.

La importancia del informe radica en que generalmente los científicos son bastante cautos y se limitan a establecer que el cambio climático aumenta la probabilidad o el riesgo de los eventos climáticos extremos. Para el editor en jefe del informe, Jeff Rosenfeld, éste supone “un cambio fundamental” y, dejando a un lado las precauciones habituales, afirmó que “el cambio climático fue una condición necesaria para algunos de estos eventos del 2016. Necesaria para que tuvieran lugar. Eran imposibles en el viejo clima”

Aun así, no todos los fenómenos extremos son iguales. Mientras algunos como las temperaturas record o las olas de calor son más fácilmente atribuibles al cambio climático, otros como las sequías o los huracanes (debido a su baja frecuencia) no lo son tanto. De hecho, para varios eventos extremos ocurridos en 2016 no se ha podido comprobar que no hubiesen en ausencia del calentamiento global. Es el caso de la sequía ocurrida en Brasil, en la que ha podido jugar un papel crucial El Niño. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que, tal y como ha afirmado el climatólogo Michael Mann, los métodos utilizados podrían subestimar el impacto del cambio climático en los eventos extremos.

Y ahora, para acabar, sin más dilación ni preámbulo, aquí van los tres greatest hits del cambio climático en 2016:

Con el número 1, el auténtico rompepistas de esta temporada, el aumento récord de temperaturas en todo el planeta. Oh, yeah, ha sido un año muy, muy caliente, baby. Basta. Pero sí, 2016 fue el año más caluroso desde que tenemos registros, superando los récords anteriores registrados en 2015 y 2014. A destacar el récord de temperaturas en el Ártico, llegando a veces a alcanzar unos brutales 20ºC por encima de la media en Otoño.

En realidad, 16 de los 17 años más calurosos desde que medimos las temperaturas han tenido lugar desde el año 2000, lo que nos indica el ritmo vertiginoso que está cogiendo el cambio climático. La verdad, no nos vendría mal que fuese un poco más DESPACITO, eh, eh. (Perdón, en serio que ya paro).

En segundo lugar, la ola de calor que afectó Asia en 2016, de la que explícitamente se dice “no hubiera sido posible sin el cambio climático”, incluso teniendo en cuenta que El Niño iba a contribuir a calentar el sudeste asiático. En mayo de 2016, dicha ola de calor batió todos los récords de temperatura en Tailandia, Laos y Camboya, por encima de los 44.6 ºC. Las consecuencias fueron enormes pérdidas en los cultivos, animales muriendo debido al calor, cortes de agua, un nuevo récord en el consumo de energía, así como más de 150 muertes asociadas a la misma.  

El tercer evento que no hubiese podido ocurrir en ausencia del cambio climático han sido  los llamados “puntos calientes” del Pacífico: regiones marinas en las que se registran temperaturas anormalmente altas. Concretamente, las temperaturas oceánicas del golfo de Alaska, el mar de Bering y el norte de Australia han sido las más elevadas en los últimos 35 años de mediciones por satélite. Estos aumentos han dado lugar a los eventos masivos de blanqueamiento de Coral en la Gran Barrera y una de las peores proliferaciones de algas en la costa de Alaska. En ambos casos el informe señala que las anomalías de temperatura observadas “no pueden ser explicadas en ausencia del calentamiento global antropogénico”.

Resumiendo, este informe se suma a la evidencia científica de que el cambio climático no sólo es real y causado por los seres humanos, sino de que va a peor y que necesitamos actuar cuanto antes. Vale, es normal que este tipo de noticias nos depriman o nos den una poca de ansiedad, pero tranquilos, debemos recordar que estamos a tiempo de minimizar y adaptarnos a los peores efectos del cambio climático. Hay muchas cosas que podemos hacer a nivel individual y colectivo para pasar por encima de los intereses del lobby fósil y construir una sociedad más sostenible e igualitaria. No será fácil, pero ahí está el reto.

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Cambio climático y cenas familiares: un kit de emergencia

¡Llegan las cenas familiares y llegan las terribles conversaciones con familiares! ¡O no! Puede que esta sea una excelente oportunidad para convertirte tú, amable lector, en la persona que da la chapa a la familia con un tema de la máxima importancia: el cambio climático y cómo enfrentarse a él. Para ello, hemos preparado un par de documentos que podrían serte de mucha utilidad.

Si lo que necesitas es una introducción sencilla y comprensible al cambio climático, algo que contar entre plato y plato, en este pdf está lo que necesitas: Introducción navideña al cambio climático [pdf]. Es accesible, no hay casi números y si el tu interlocutor se se queda con dudas, siempre puedes referirlo a nuestro fanzine, a la charla básica sobre cambio climático o al blog, así en general. Lo tienes aquí también.

Sin embargo, puede ser que te encuentres en una situación en la que tu interlocutor exprese dudas importantes, niegue la existencia del cambio climático o, sencillamente, esté completamente equivocado en su concepción de este problema. En ese caso, hay que recurrir a elementos más… persuasivos. Y para ello hemos preparado ¡este estupendo dossier de cinco páginas en las que respondemos a algunos de los comentarios más comunes y erróneos sobre el cambio climático! [pdf] ¡Con esto y lo anterior, estás preparada para cualquier guerra conversacional en el seno de la familia, la empresa o la cuadrilla!

Suerte, y si necesitas apoyo, sabes dónde encontrarnos.

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Breve introducción al cambio climático – Navidad 2017

[Aquí en pdf.]

El calentamiento del clima es inequívoco y desde 1950 muchos de los cambios que se han observado no tienen precedentes. Es decir, tanto la tierra (atmósfera) como los océanos están más calientes que antaño, así que tenemos menos nieve y hielo y un aumento del nivel del mar. ¿Y esto a qué se debe? Bueno, pues a los humanos haciendo nuestras cosas de humanos, en concreto de humanos que viven bajo un sistema capitalista. Como dicen los expertos: la influencia de los humanos es clara y las recientes emisiones de gases de efecto invernadero son las  más altas de la historia.

Ahora es cuando tu querido cuñado interrumpe estas preciosas frases que tan bien te has aprendido. Ejemplo: “¿y eso quién lo dice? ¿Aquí ya todos son expertos o qué?” Pues sí, estas frases son conclusiones de muchos años y estudios de expertos, pero lo mejor es que estas frases han sido consensuadas por todos los países en largas y locas reuniones, incluso el señor que representa al país de aquel otro señor, sí, ese en el que estás pensando. De hecho, fun fact: las compañías petrolíferas llevan más de treinta años haciendo todo lo posible por ocultar las pruebas de que sus actividades estaban entre las principales responsables del cambio climático. Esto lo saben porque hay muchísimos datos que te impiden negar la mayor, datos de mediciones directas e incluso modelos (en breve explicamos qué son en el blog, pero mejor evitar nombrarlos si no se tiene ni idea de lo que son).

Bueno, ya hemos establecido que esto va en serio, ¿O no? En caso de duda, recordemos la sequía que tenemos montada ahora mismo en España que, sea o no consecuencia del cambio climático, sí que nos da una idea de lo que nos deparará el futuro. Las olas de calor como las que nos afectaron este verano no son nada comparadas con la que se nos viene encima en unos años. Además de huracanes loquísimos y el aumento del nivel del mar que ya se ha tragado unas pocas de islas. Todo esto es consecuencia del cambio climático. Y eso lo que nos toca aquí, que aún nos da para el ventilador.

Ya hemos callado a la platea, hasta el primo que pasa de tu cara te escucha (él también pasó calor en verano…). Ahora, vamos con la cuña buena: pero lo peor es que, además, muchos de los países que más van a sufrir los efectos del cambio climático son los del sur global (América del Sur, África, sureste asiático), que son precisamente algunos de los que menos han contribuido a este problema.  En concreto, el 50% de personas más pobres son solo responsables del 10% de las emisiones, mientras que el 50% de las emisiones corresponden al 10% más rico. El cambio climático agudizará las contradicciones existentes, tanto a escala global como dentro de cada país. Lo que viene siendo, la mierda de mundo que tenemos irá a peor. ¡Concédete unos segundos para la bajona!

Ahora, ¡siempre positivo! (se acepta referencia a Van Gaal, todo vale contra el cambio climático).  Los peores efectos del cambio climático pueden evitarse: es necesario un esfuerzo conjunto enorme pero posible para reducir las emisiones y evitar que la situación vaya a peor.

¡Confiamos en tu talento para convocar a las masas familiares! Esto debería bastar para empezar. Pero si necesitas  responder a preguntas absurdas (que las habrá) sobre el cambio climático, revisa nuestra FAQ. Todo lo que se le pueda ocurrir al personal está cubierto.

 

 

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Desmontando el negacionismo del cambio climático – Navidad 2017

[Este mismo texto está disponible en pdf aquí.]

Ya se está acercando la Navidad, y con ella el momento más temido del año: la cena de Nochebuena. Aunque Cataluña parte como el tema favorito de conversación de tu tío, la experiencia nos demuestra que hará lo posible para no dejar un charquito sin pisar, así que hazte a la idea de que vas a tener que poner los ojos en blanco con el tema del cambio climático. Desde Contra el diluvio queremos que vayas bien preparada a la cena, porque es una oportunidad fantástica para hablar del tema sin que puedan decir que “ya está otra vez la pesada ésta con la matraca”, así que nos hemos querido adelantar (con la ayuda de SkepticalScience) y comentar los que creemos que serán algunos de los comentarios más sonados. 

 

  1. Aquí la gente está perdiendo la cabeza, como si no hubiese cambiado el clima antes.

El clima ha cambiado antes, efectivamente. Detrás de la mayoría de esos cambios se encontraban también los gases de efecto invernadero (principalmente el CO2 y, en menor medida, el metano): a mayor concentración de dichos gases mayor temperatura, y viceversa. Que el clima haya cambiado antes por causas ajenas al ser humano no implica que el cambio actual no lo estemos causando nosotros: nuestras emisiones de gases de efecto invernadero son el principal motor del cambio climático que estamos viviendo. Los seres humanos estamos emitiendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero y a un ritmo mucho más rápido que el de cualquiera de los cambios climáticos destructivos que ha experimentado el planeta en el pasado.

La situación actual de la humanidad no tiene precedentes en la historia porque los cambios climáticos más importantes que se han dado desde el origen del planeta fueron ciclos glaciales que ocurrieron mucho antes de que se desarrollasen la civilizaciones humanas. Desde hace unos 12.000 años la humanidad no ha experimentado un clima global tan cálido como el actual (fenómenos como el período cálido medieval, por ejemplo, afectaron sólo a ciertas regiones del planeta, mientras que la temperatura global se mantuvo consistentemente por debajo de la actual). Los cambios bruscos de temperatura con los que podemos compararnos (causados por emisiones inmensas de gases de efecto invernadero como consecuencia principalmente de erupciones masivas de volcanes que no se han vuelto a producir desde hace 16 millones de años, cambios en la órbita del planeta o fluctuaciones solares) fueron increíblemente destructivos para la vida, causando extinciones masivas como las del final del Pérmico, el Triásico (hace 251 y 201 millones de años, respectivamente). Los síntomas de dichos cambios (aumento brusco de las emisiones de carbono y de las temperaturas globales, aumento del nivel del mar, acidificación de los océanos…) son idénticos a los actuales, y supusieron en algunos casos la desaparición del 90% de las especies y la inhabitabilidad de grandes partes del planeta.

2. Sí, bueno, a saber cómo mide esta gente la temperatura, que lo mismo te planta los termómetros rodeados de asfalto.

La medida correcta de las temperaturas en la superficie del planeta a nivel global es fundamental para el estudio del clima. En la actualidad hay más de 30.000 estaciones a lo largo del mundo, y 7.000 de ellas disponen de un registro continuado que se extiende durante años. Además, dichas estaciones se van actualizando a medida que la tecnología avanza, y se comprueba que las medidas con el nuevo equipo son consistentes con las medidas anteriores. Esta comprobación se hace también cuando una estación cambia de sitio.

En 2009, el National Climatic Data Center de EEUU decidió asegurarse de que no hubiese estaciones en malas condiciones (técnicas o geógraficas) que estuviesen sesgando las medidas. La conclusión de la investigación fue, sorprendentemente, que las estaciones que los críticos señalaban como ejemplos de estaciones mal situadas daban temperaturas máximas ligeramente inferiores a la media. En 2009, el grupo Berkeley Earth decidió investigar críticamente si la gráfica del “palo de hockey”, que refleja el aumento global de la temperatura media mostrando un ascenso pronunciado en el siglo XX, se encontraba contaminada por efectos similares (mala calidad de las estaciones, homogeneidad en la posición de las estaciones y el efecto urbano de la isla de calor), y llegó a la conclusión de que no era así.

Además, las medidas de la temperatura en tierra son sólo una parte del estudio del clima. Hay muchos más indicadores del cambio climático, y todos apuntan a la misma conclusión: un aumento global de la temperatura.

 

3. Hace cuarenta años nos vendían la moto de que la Tierra se estaba enfriando, ¿por qué me tengo que creer esto ahora?

Eso es mentira. La mayoría de los artículos científicos entre 1965 y 1979 predecían un aumento de las temperaturas globales, unos cuantos menos no se atrevían a hacer predicciones, y sólo un 10% predijo un descenso de las temperaturas.

Es cierto que las medidas de temperatura disponibles a mediados del siglo XX parecían sugerir que el planeta se estaba enfriando, y algunos científicos plantearon que podíamos ir de camino a una nueva edad de hielo. Sin embargo, muchos más científicos ya planteaban que las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero contrarrestarían esa tendencia. Eso se hizo evidente a finales de la década de los 70. Además, las mejoras recientes en la cobertura de los registros de temperatura muestran que la tendencia al enfriamiento que se observó eran características del hemisferio norte, y que la temperatura se mantuvo relativamente estable a nivel global durante ese período.

Lo cierto es que hace 50 años ya había seis veces más científicos que apoyaban una tendencia al calentamiento del planeta que científicos que no. A día de hoy, tras varias décadas de nuevos datos, el consenso científico es abrumador: el 97% de los climatólogos defiende que los seres humanos son la causa del calentamiento global.

 

4. Lo que no te cuentan los del lobby del cambio climático es que los volcanes emiten mucho más CO2 que los humanos.

Eso es mentira. Se estima que la tierra emite de forma natural (a través de los volcanes y de las fuentes termales) entre 65 y 319 millones de toneladas de CO2 al año. En comparación, las actividades humanas emitieron a la atmósfera 35.800 millones de toneladas de  CO2 en el año 2016, cien veces más.

Sí es cierto que los fenómenos naturales en su totalidad liberan mucho más CO2 que los humanos: el océano libera anualmente unos 332.000 millones de toneladas, y la respiración vegetal unos 220.000 millones. Sin embargo, estas emisiones forman parte del ciclo natural del carbono: las plantas absorben mediante la fotosíntesis unos 450.000 millones de toneladas de CO2 al año, y el océano otros 338.000 millones, es decir, más del que liberan. Por nuestra parte, los humanos añadimos CO2 constantemente sin absorber nada, alterando el equilibrio natural. Esto hace que incluso con la tendencia natural a la disminución de la concentración de CO2 atmosférico, éste esté aumentando unas 15.000 millones de toneladas al año: nos encontramos en el momento con mayor concentración de CO2 en la atmósfera de los últimos 800.000 años.

 

5. El primo de Rajoy lo clavó: aquí nadie sabe si llueve pasado mañana pero me quieren hacer creer que saben la temperatura que va a hacer en cien años.

La predicción del tiempo en un momento determinado y en una zona concreta es muy diferente al estudio de la tendencia del clima en regiones amplias a lo largo del tiempo. Esto es algo que todos sabemos intuitivamente: si nos encontramos con un amigo una noche de enero y nos dice que nos invita a pasar dos semanas en su casa de Córdoba en julio, sabemos perfectamente qué meteríamos en la maleta. Nadie dice: “Como no sé si la semana que viene lloverá, no tengo forma de saber si en julio en Córdoba voy a necesitar un forro polar o unas bermudas”.

El motivo por el que la predicción del tiempo a corto plazo (que es cada vez más precisa) se vuelve casi imposible a partir de las dos semanas es que depende fuertemente de condiciones iniciales que no podemos conocer con suficiente precisión. Esto no es un problema que afecte al estudio del clima a largo plazo, puesto que éste trata con medias a lo largo de grandes períodos de tiempo.

 

6. Cuando les interesa insisten en que el tiempo y el clima son dos cosas diferentes, pero luego cuando viene una sequía o una ola de calor bien que te dicen que son cosas del cambio climático.

Es imposible afirmar que un fenómeno meteorológico concreto se debe al cambio climático, puesto que siempre ha habido sequías, olas de calor, inundaciones, etc. Quienes señalan la relación entre estos fenómenos y el cambio climático no dicen que cada fenómeno individual esté inequívocamente causado por éste, sino que la subida global de la temperatura produce una tendencia al aumento de la frecuencia e intensidad de estos fenómenos extremos: si antes se producían dos olas de calor al año con temperaturas 5 ºC por encima de la media y ahora se producen cuatro con temperaturas 7 ºC por encima de la media, es innegable que hay un aumento en la frecuencia e intensidad de éstas, incluso si no somos capaces de señalar individualmente cuáles se deben al cambio climático y cuáles “habrían ocurrido de todas formas”.

Hay diversas formas en las que el cambio climático afecta a los fenómenos meteorológicos extremos. Por ejemplo, el aumento de las temperaturas aumenta el ritmo de evaporación del agua contenida en la tierra, los mares y las plantas, causando un impacto directo en la frecuencia e intensidad de las sequías. Esto a su vez aumenta la cantidad de vapor de agua en la atmósfera (la concentración de vapor de agua en la atmósfera en la actualidad es 4% mayor que hace cuarenta años) y por tanto el riesgo de precipitaciones torrenciales. Las precipitaciones torrenciales están ligadas a las inundaciones, y tienen efectos catastróficos sobre el suelo cultivable. (En caso de que te lo estés preguntando, sí: el cambio climático se encuentra ligado a un aumento de la sequía en algunos lugares a la vez que a un aumento de las precipitaciones torrenciales en otros; esto no es contradictorio teniendo en cuenta que es un fenómeno a nivel global).

7. Los modelos lo mismo te dicen que la temperatura va a subir 1 ºC que 5ºC, eso es como si yo digo que Podemos va a sacar entre 40 y 200 diputados.

Este amplio rango de temperaturas viene dado por los distintos escenarios que se plantean de cara al futuro, dependiendo de si vamos a continuar emitiendo gases de efecto invernadero al ritmo actual, si planteamos medidas que conlleven una reducción, o si, incluso, aumentaremos las emisiones. En base a estos escenarios se proyectan los distintos aumentos de temperatura, que  pueden ir de 1º -en un caso extremadamente favorable, pero tan improbable que nadie se lo plantea ya-, hasta 6.5º si seguimos emitiendo CO2 como hasta ahora.

Además, dentro de cada escenario hay un cierto margen de error, que se debe a que hay muchos modelos climáticos y cada uno funciona de forma ligeramente diferente; lo importante, sin embargo, es que todos coinciden en que el aumento de la temperatura va a ser considerable. Por tanto, si nos empeñamos en la analogía de la predicción de escaños, sería más bien como predecir que Podemos va a sacar entre 250 y 325 escaños: la mayoría absoluta no estaría en cuestión. La analogía es regular de todas formas porque, a diferencia de las predicciones electorales, los modelos se comparan entre ellos y con información del pasado para asegurar su fiabilidad.

 

8. ¿Y qué problema hay? Más calorcito durante más tiempo es más turismo, que nos hace mucha falta s̶o̶b̶r̶e̶ ̶t̶o̶d̶o̶ ̶d̶e̶s̶p̶u̶é̶s̶ ̶d̶e̶ ̶l̶a̶ ̶d̶e̶s̶a̶s̶t̶r̶o̶s̶a̶ ̶g̶e̶s̶t̶i̶ó̶n̶ ̶d̶e̶ ̶Z̶a̶p̶a̶t̶e̶r̶o̶, y anda que no se está bien en las terracitas.

El impacto económico y social del cambio climático supera con creces los efectos positivos que uno quiera verle. España es además el país europeo más vulnerable al cambio climático.

El aumento de la frecuencia y duración de las olas de calor, por ejemplo, harían que ciertas áreas de España sean lugares a evitar durante ciertos períodos del año (por no hablar de los efectos de las temperaturas extremas en población vulnerable que viva en sitios no preparados para el calor: niños desmayándose en clase en Asturias todos los veranos, aumento de las muertes de ancianos…); las sequías tienen un efecto devastador en el sector agrario, y pondrían en riesgo el acceso libre al agua y a los alimentos, además de amenazar el abastecimiento suficiente de agua en las zonas turísticas; los gastos ocasionados por los destrozos de las inundaciones y los incendios forestales, cada vez más frecuentes, son muy elevados; el aumento del nivel del mar acabaría por destruir infraestructuras costeras e incluso podría sumergir ciudades costeras enteras; por no hablar de los efectos sobre el turismo de nieve que también es muy relevante a nivel económico. Todo esto además sin mencionar los destrozos que produciría en las zonas más pobres (y por tanto más vulnerables) del planeta, donde la falta de recursos les impediría adaptarse eficazmente a la nueva situación.

 

9. Lo que toca ahora es esperar a que se extienda el uso del coche eléctrico. El mercado se está moviendo hacia eso, y entre eso y las renovables ya está solucionado. Y si no, ya se inventará algo cuando la situación lo requiera, los que mandan tienen que tener un plan B.

Aunque es cierto que los vehículos eléctricos presentan ventajas respecto a los vehículos con motor de combustión (principalmente menor contaminación en la ciudad por no emitir hollín o monóxido de carbono), no se ataca a la raíz de uno de los problemas: la construcción de las baterías depende de elementos no renovables (como el litio) y, en general, de tierras raras (como el neodimio). Intentar sustituir el parque automovilístico mundial por coches eléctricos acabaría con las reservas planetarias de litio, metal que es muy necesario para llevar a cabo la transición a las energías renovables. Además, las emisiones de CO2 dependerán de la fuente energética utilizada para su carga, así como de la eficiencia del vehículo y de las emisiones generadas durante su fabricación. Si el aumento en la demanda de electricidad a raíz de una proliferación de los vehículos eléctricos se suple con centrales térmicas, por ejemplo, estamos donde empezamos.

Por su parte, la transición hacia energías limpias y renovables es necesaria, pero éstas únicamente no serían capaces de satisfacer la demanda energética actual. A día de hoy aún presentan problemas de eficiencia, disponibilidad y almacenamiento. Requieren además mayor redundancia para minimizar el riesgo de caída de la red, especialmente ante la perspectiva de un clima global cada vez más difícil de predecir. Si a esto le sumamos el aumento en la demanda que cabe esperar de una transición hacia motores eléctricos, como en el caso de los coches, se ve claramente que una solución puramente tecnológica al cambio climático es una ilusión.

Las estimaciones de que sería posible una transición a energías renovables que pudiese mantener el consumo actual se basan en predicciones de aumentos de la eficiencia nunca vistos antes en la historia, o en el desarrollo de tecnologías (como la fusión nuclear) que a día de hoy son ciencia ficción. La visión de que “ya se inventará algo si hace falta, que nunca hemos hecho nada y aquí seguimos” es parecida a la de alguien que está leyendo un libro y ve que el protagonista se encuentra en peligro de muerte cuando quedan todavía 200 páginas para acabar: no hay que ponerse nerviosos porque está claro que no va a pasarle nada. Sin embargo, no estamos leyendo ningún libro, no hay nada que garantice que el futuro no va a ser mucho peor que el presente, salvo nuestro esfuerzo y trabajo conjunto

El nivel actual es ya insostenible; aumentarlo y extenderlo al resto del mundo es directamente imposible. El sueño de un futuro en el que las energías verdes mantienen indefinidamente el derroche actual del Primer Mundo es sólo eso, un sueño. Por el contrario, un mundo donde una redistribución del consumo de energía se utiliza para mejorar las vidas de las personas más pobres a la vez que se reducen drásticamente las emisiones de carbono para garantizar la habitabilidad del planeta es algo no sólo deseable sino posible. Pero para eso es indispensable un cambio hacia una nueva forma de entender el progreso, en la que no caben ideas como el mantener una flota de cientos de millones de vehículos privados (cuya producción supone un fuerte impacto ambiental) para que estén aparcados el 95% del tiempo.

 

10. Al final todo esto da igual, porque no podemos hacer nada.

Precisamente porque las causas son humanas, también lo es la solución. Podemos actuar sobre el cambio climático reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto no detendrá el aumento de las temperaturas inmediatamente, puesto que el clima depende de procesos lentos que requieren de años para detener su inercia, pero sí conseguirá estabilizarlas a la larga para evitar las consecuencias catastróficas de un aumento incontrolado de las mismas. La prueba más obvia de que se puede actuar sobre ello son los diferentes escenarios que comentábamos al hablar de los intervalos de confianza de los modelos climáticos.

Hay muchas cosas que podemos hacer tanto a nivel individual como colectivo. Es importante que reduzcamos o eliminemos nuestro consumo de carne, en concreto de ternera y cordero, pues la ganadería es uno de los principales motores del cambio climático; que reduzcamos al mínimo el uso del coche, en favor del transporte público, la bici o caminar; que abandonemos los viajes en avión: los de corta distancia son poco eficientes en el uso de combustible y los transoceánicos depositan gran cantidad de CO2 a gran altura, donde es más perjudicial; que nos centremos en el reducir de “reducir-reutilizar-reciclar”… Estos cambios en el estilo de vida personal son necesarios pero no son suficientes: hay que conseguir urgentemente cambios estructurales que busquen dos fines muy claros: hacer más cómoda una vida sostenible (mejorando el transporte público, aumentando el uso de las energías renovables y en general asegurando que la transformación de la sociedad se lleva a cabo para satisfacer las necesidades de la mayoría), e imposibilitar las prácticas nocivas (las consecuencias del cambio climático y de la contaminación las sufrimos todas, especialmente las personas más vulnerables, así que no se puede entender su mitigación como una decisión personal: nadie debe tener la potestad para hacer que el planeta sea inhabitable para los demás).

La única forma de asegurar que estos cambios se llevan a cabo es organizarnos políticamente en torno a ellos. No, no, no hace falta que tu tío se venga a las asambleas de Contra el diluvio, tampoco es eso, él de momento puede ir dándole vueltas a la conversación y echarle un ojo al blog. Pero hay que hablar del tema, crear conciencia climática y contribuir con los movimientos que surjan al respecto. No es demasiado tarde para hacer algo, y el cambio climático no es una cuestión binaria de todo o nada: cada esfuerzo que hagamos y cada victoria tendrán un impacto en nuestra vida.

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Jornadas Contra el diluvio 2017, la ciencia, nivel básico

Bases físicas del cambio climático. Mitigación y adaptación. [Charla]

Segunda charla de las jornadas sobre cambio climático y movimientos sociales, a cargo de Antonio Castaño Tierno y Mónica Sánchez. Aquí están las charlas en pdf. Bases físicas del cambio climático y Mitigación y adaptación al cambio climático.

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