Jornadas Contra el diluvio 2017

Entre el catastrofismo y el tecno-optimismo. Comunicación del cambio climático. [Charla – audio]

Sesión de tarde del segundo fin de semana de las jornadas sobre cambio climático y movimientos sociales, a cargo de Magda Bandera, Lourdes Jiménez, Jorge Moruno y Cote Romero.

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Aquí antes nevaba todos los años III

Una corta, eso sí. No es que hayan pasado pocas cosas, pero tampoco queremos agobiaros. Somos muy considerados.

¡Buenos días!

Cosas que han ocurrido: la principal, que ha terminado la COP23 en Bonn.  En este artículo de Efeverde resumen muy bien los acuerdos a los que se ha llegado, y en este otro de Ecologistas en acción cuentan que, bueno, no es suficiente. Otra vez.

Nosotros, los diluvistas, seguimos preparando y subiendo el material de las Jornadas al blog. Ya podéis ver la charla inicial, en la que hablamos de las bases físicas del cambio climático, además de los mecanismos de mitigación y adaptación que se están poniendo en marcha. Gracias de nuevo a Borja por la grabación. Seguid atentas a la etiqueta de las jornadas, que esta semana subimos al menos otra charla, esta vez en audio.

También hemos traducido una entrevista a Jacob Remes, especialista en desastres naturales, en la que habla exactamente de lo que tanto insistimos: no se trata de que el clima cambie, no se trata de que haya huracanes. El problema es cómo afecta eso a las personas, en particular a las más desfavorecidas.

Quizá lo realmente universal es que las condiciones locales, en particular las condiciones políticas locales, son lo que realmente importa. Los desastres normalmente reproducen cualquier división, desigualdad o exclusión ya existente en una sociedad. Esto es porque los excluidos son más vulnerables —por ejemplo, los pobres solo se pueden permitir una vivienda menos segura, o las mujeres se ven forzadas a seguir viviendo con sus maridos maltratadores por razones económicas o culturales, o las personas con discapacidades no tienen acceso a los servicios y las infraestructuras que les habrían ayudado a sobrevivir— en la vida ordinaria, antes (y después) del desastre. Pero también se debe a que la respuesta al desastre es política, y por eso reproduce las distinciones políticas.
Y, para aquellos que están ansiosos de ayudar a Contra el diluvio, ¡ha llegado el momento! Queremos que las charlas que grabamos sean accesibles a todo el mundo, pero al ritmo que vamos no tendremos subtítulos ni transcripciones hasta que la temperatura suba tres o cuatro grados. Así que ¿quieres transcribir una charla de dos horas sobre comunicación climática? O, mejor aún, ¿tienes un programa, robot o máquina mágica capaz de hacerlo automáticamente? Dínoslo en contraeldiluvio@gmail.com y te estaremos eternamente agradecidos. ¡Muchísimo!
Destrozos en Grecia tras las inundaciones provocadas por un medicane. Pronto hablaremos más de este fenómeno en el blog.
Y, para terminar con la newsletter de esta semana, queremos introducir la que es desde ya mismo nuestra sección favorita: ¡la duda climática! Abrimos un buzón para que preguntéis vuestras dudas acerca de fenómenos climáticos extremos, zonas más afectadas por el futuro y presente cambio climático, posibles concretas para que no se inunde vuestro barrio, cómo afecta vuestro signo del zodiaco a los efectos del cambio climático en vuestra vida, etcétera.

¡Preguntad! ¡Preguntad!

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Jornadas Contra el diluvio 2017, la ciencia, nivel básico

Bases físicas del cambio climático. Mitigación y adaptación. [Charla]

Segunda charla de las jornadas sobre cambio climático y movimientos sociales, a cargo de Antonio Castaño Tierno y Mónica Sánchez. Aquí están las charlas en pdf. Bases físicas del cambio climático y Mitigación y adaptación al cambio climático.

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organización, traducciones

“No hay desastres naturales”: una conversación con Jacob Remes

Traducido de https://psmag.com/economics/there-are-no-natural-disasters

por @reimongu.

Image: A combination of NOAA Satellite images taken at night shows Puerto Rico before and after Hurricane Maria

Fotos de Satelite de Puerto Rico en 2014 (arriba) y después del paso del Huracán María (2017)

David M. Perry

¿Quién tiene la culpa de la crisis de Puerto Rico? Mucha gente tiende a culpar al presidente Donald Trump: justo después de que el huracán María tomara tierra, en lugar de enviar a la isla la mayor cantidad posible de recursos federales, Trump pasó el fin de semana jugando al golf y tuiteando sobre la Liga Nacional de Fútbol. Más tarde publicó en Twitter un hilo racista y sexista contra la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, y contra los puertorriqueños en general. Aun así, al margen de lo despreciable que nos pueda parecer Trump, el historiador Jacob Remes avisa de que para evaluar los hechos no podemos limitarnos a criticar la incompetencia de una sola persona. Conviene en su lugar fijarse en la larga historia de colonialismo que ha dejado a Puerto Rico en una situación tan precaria. Trump podría dimitir mañana, y Puerto Rico, junto con muchos otros lugares, aún estaría sujeto a fuerzas estructurales que magnifican las consecuencias de los desastres que están por llegar.

Remes, un profesor adjunto de Historia en la Gallatin School of Individualized Study de la Universidad de Nueva York, aplica las herramientas de su disciplina para estudiar los desastres y la manera en que la gente responde a ellos. Representa un campo conocido como «estudios críticos de desastres», en el que académicos de un amplio espectro que abarca desde las Humanidades a las ciencias sociales interpretativas observan los factores humanos relacionados con los desastres.

María ha sido la tercera gran tormenta tropical en golpear Estados Unidos y otras partes del Caribe esta temporada. En este nuevo mundo caliente, es probable que veamos muchos más episodios como este, por lo que los análisis de Remes sobre cómo los sistemas humanos interactúan con el mundo natural se hacen cada vez más urgentes. Lo que tenemos a continuación es una entrevista que este historiador concedió a Pacific Standard.

¿Cuál es la idea central tras el campo de estudio de los desastres?

Estos estudios giran alrededor de un dicho que se hizo común en los 70: «No existen los desastres naturales». Hay riesgos, algunos de las cuales son naturales (terremotos, tornados, crecidas de los ríos) y otros no (incendios industriales, contaminación, derrumbamiento de presas, bombas nucleares). Pero lo que los convierte en desastres es cómo se interrelacionan con la vulnerabilidad individual y comunitaria, que está construida socialmente. Una vez queda clara esta idea fundamental, podemos entender en qué sentido los desastres son acontecimientos políticos con causas y soluciones políticas, y no solo (o ni siquiera principalmente) fallos técnicos.

¿Cómo se estructura la disciplina? ¿Quién hace qué tipo de trabajo?

Hay dos (o quizá tres) versiones de estudios de desastres, todos importantes. Hay centros y programas en los que se estudia cómo la gente y las instituciones responden a los desastres y cómo mejorar esa respuesta. Nos ayudan a entender, por ejemplo, cómo actúan los individuos y los grupos de forma prosocial, en lugar de antisocial, cuando tiene lugar un desastre. Por ejemplo, cuando hay gente atrapada en un edificio por un terremoto, la mayoría de las personas que son rescatadas lo son por amigos y vecinos. Además, como ya debería estar claro, tras los desastres apenas hay saqueos que no tengan como objetivo la supervivencia.

Relacionado con esto, hay una serie de campos de la ciencia y la tecnología, como la sismología y la meteorología, por ejemplo, pero también ingenieros de estructuras, que estudian cómo hacer que los edificios ardan más lentamente cuando hay incendios o que no se caigan cuando hay terremotos.

¿Y cuál es tu cometido?

Yo soy parte de lo que llamo «estudios críticos de desastres ». Somos historiadores, antropólogos, geógrafos y algunos sociólogos. Tratamos de utilizar el desastre como una manera de pensar en la sociedad de forma más general. ¿Cómo ha imaginado los desastres la gente de diferentes culturas en distintos momentos? ¿Cómo se ha preparado la gente para los desastres? ¿Cómo han modelado los académicos nuestras experiencias y nuestras formas de entender los desastres?

¿Qué revela el paradigma crítico de desastres sobre la crisis de Puerto Rico tras el huracán María?

Debo decir que no soy ningún experto en Puerto Rico. Algo que considero realmente importante es el conocimiento local. Los expertos en la experiencia de Puerto Rico con María son los puertorriqueños que lo han vivido, y no deberíamos dejar que los llamados expertos en desastres —entre los que me incluyo— nos hagan creer que existe una suerte de experiencia universal del desastre.

Quizá lo realmente universal es que las condiciones locales, en particular las condiciones políticas locales, son lo que realmente importa. Los desastres normalmente reproducen cualquier división, desigualdad o exclusión ya existente en una sociedad. Esto es porque los excluidos son más vulnerables —por ejemplo, los pobres solo se pueden permitir una vivienda menos segura, o las mujeres se ven forzadas a seguir viviendo con sus maridos maltratadores por razones económicas o culturales, o las personas con discapacidades no tienen acceso a los servicios y las infraestructuras que les habrían ayudado a sobrevivir— en la vida ordinaria, antes (y después) del desastre. Pero también se debe a que la respuesta al desastre es política, y por eso reproduce las distinciones políticas.

Así pues, para pensar en Puerto Rico, podemos ver de qué modo el imperialismo (que por supuesto está envuelto en la supremacía blanca y el capitalismo) modela la vulnerabilidad de los puertorriqueños ante el peligro de huracán, y también la respuesta de EE UU. Puerto Rico ha sufrido una ley con el nombre orwelliano de PROMESA Act, que básicamente sirvió para crear un equipo de control fiscal seleccionado federalmente con el cometido de gobernar la isla a beneficio de sus acreedores del continente, en lugar de sus ciudadanos. Esto ha vaciado el Estado puertorriqueño durante muchos años y ha hecho que Puerto Rico sea menos capaz de responder a cosas como los huracanes. Y, por supuesto, tras el desastre, podemos ver como el hecho de que los puertorriqueños sean ciudadanos de segunda clase —sí, son ciudadanos estadounidenses, pero sin representación en el Congreso o derecho a elegir presidente— implica que el Estado no acuda en su socorro en caso de desastre.

Entonces, ¿en qué lugar deja todo esto a Trump?

Reconocer las causas estructurales no absuelve a los líderes de cada momento. Donald Trump es un presidente terrible no solo por sus políticas —que son terribles—, sino porque simplemente no hace bien el trabajo que debe hacer un presidente. No es un buen gestor, no se ha asegurado de que los recursos van adonde deben ir, ni ha indicado a la burocracia que se necesita una respuesta rápida y competente. También es nefasto en la parte ceremoniosa de su trabajo, que también es importante porque hace que la gente se sienta cuidada.

¿Cómo te implicaste tú personalmente en los «desastres» como campo de estudio?

Cuando el huracán Katrina, yo estaba en un seminario sobre la historia urbana norteamericana dirigido por Sarah Deutsch. Esta profesora dijo que con el tiempo se vería que aquellas horribles historias de saqueo y actitudes justicieras eran un mito. Y estaba en lo cierto. Como actividad para su clase, redacté un ensayo historiográfico sobre el empleo que los historiadores habían hecho de los desastres. Este ensayo creció y dio lugar a mi libro (Disaster Citizenship: Survivors, Solidarity, and Power in the Progressive Era), que trata sobre cómo las personas de clase obrera respondieron a dos desastres a comienzos del siglo XX entre EE UU y Canadá: un incendio en Salem, Massachusetts, que empezó en una fábrica de charol y se extendió hasta dejar sin hogar o sin trabajo a 18.000 personas, y una explosión de un barco en Halifax, Nueva Escocia, que acabó con la vida de casi 2.000 personas y arrasó con una cuarta parte de la ciudad. Escribo sobre lo que llamo «ciudadanía del desastre»: cómo la gente negoció con el Estado tras los desastres sobre cuál sería a partir de entonces la relación entre el Estado y el ciudadano.

Así que Katrina fue tu punto de entrada a este campo. ¿Hay algo que haya ido mejor desde entonces?

Si me hubieras preguntado hace dos semanas, te habría dicho que pensaba que se había progresado mucho. Con notables excepciones, la respuesta a Irma y Harvey demostró que se han aprendido importantes lecciones de lo ocurrido hace 12 años con el Katrina: se ha prestado mucha menos atención a mantener el orden y evitar los saqueos, y mucha más a cómo el desarrollo de la ciudad modeló la inundación, y ha habido preocupación por los trabajadores de bajos ingresos y otras personas especialmente afectadas por las inundaciones.

Dicho esto, creo que la respuesta al huracán María es señal de lo que aún nos queda por avanzar. Como alguien que empezó en esto por el Katrina, me indigna profundamente ver que vuelve a ocurrir lo mismo. La forma en que el Gobierno federal hizo caso omiso a la crisis durante una semana, la manera como se incapacita sistemáticamente los Gobiernos local y «estatal» («estatal» entrecomillado porque Puerto Rico no es un Estado) para dar una respuesta. Todo esto me es tristemente familiar.

Tras el Katrina, los neoliberales aprovecharon al máximo lo ocurrido en Nueva Orleans, empleando la reconstrucción como excusa para privatizar todo el sistema público de enseñanza y buena parte de la vivienda pública. En Puerto Rico, el equipo de control fiscal ya había puesto en marcha la agenda neoliberal de privatización. Creo que tendremos que ver si la reconstrucción tras el María acelera este proyecto o da a Puerto Rico más poder para luchar contra él. Ninguno de los dos resultados será fruto de la naturaleza; será una lucha por uno u otro, y espero que ganen los buenos.

Si estamos en una era de continuos acontecimientos meteorológicos intensos, desde la perspectiva de los estudios críticos de desastres, ¿qué ha de cambiar? ¿Hay pasos que podamos dar, o basta con reconocer que los desastres revelan e intensifican las desigualdades actuales?

Una de las lecciones cruciales que saco de estudiar los desastres es que lo que hace que las comunidades sean más resilientes —igualitarismo, inclusividad, alto capital social, densas redes sociales, culturas políticas democráticas— es también, de cualquier manera, lo que queremos que haya en una comunidad.

Una de las amenazas cuya probabilidad ya sabemos que aumenta por el cambio climático es la de las olas de calor. Personas que son más vulnerables a las olas de calor por la intersección de pobreza, discapacidad, edad y aislamiento social es menos probable que mueran si están en un barrio con poco crimen, muchas tiendas e instituciones de la sociedad civil. Y esos son los barrios en los que todos queremos vivir, incluso cuando no hay una ola de calor.

Hay muchas formas de construir comunidades y sociedades más igualitarias, más inclusivas, y que tengan más capital social, redes sociales más densas y culturas políticas más democráticas, pero estoy seguro de que para ello lo mejor es organizar sindicatos. Una clase obrera organizada es una clase obrera más resiliente.

 

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Aquí antes nevaba todos los años II

¡Una segunda carta tan solo una semana después de la primera! Estamos tan sorprendidos como vosotras. Pero tenemos buenos motivos.

En estos días ya hemos tenido tiempo de recuperarnos de las jornadas (muchísimas gracias a todo el mundo que vino, fue estupendo veros y escucharos). No solo nos hemos recuperado, sino que hemos empezado a subir material al blog. De momento, el vídeo de la charla sobre aire acondicionado, justicia y austeridad (¡gracias, Borja!). Los subtítulos todavía no están, lo sentimos, pero estamos trabajando para tenerlos lo antes posible. En este enlace podréis ir encontrando lo que subamos de las jornadas (aunque os avisaremos debidamente, claro).

La última sesión de las jornadas fue muy interesante y, entre todas las asistentes se plantearon muchas cuestiones relevantes acerca de la forma y objetivos que deberá tener un movimiento social que pretenda luchar de forma efectiva y justa contra el cambio climático. La versión completa está en este otro post del que extraemos una de las conclusiones más importantes a las que llegamos:

La lucha contra el cambio climático tiene que plantearse desde una perspectiva de justicia y equidad.

Es necesario abordar urgentemente el cambio climático y promover una transición hacia sociedades con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y adaptadas a sus impactos inevitables. El cambio climático afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables, tanto a nivel de países como de grupos sociales dentro de los propios países. Paradójicamente, las poblaciones que menos han contribuido al cambio climático son las más vulnerables a sus consecuencias.

En los últimos días, además de que está teniendo lugar en Bonn la COP23, de la que os hablan las amigas de Ecologistas en Acción (y que también mencionan en La Marea en este artículo sobre por qué se ha elegido el umbral de dos grados como objetivo) ha habido un par de noticias importantes:

Iberdrola pide cerrar sus dos centrales de carbón en España: está claro que el interés de una eléctrica es su propio beneficio, pero este movimiento indica que claramente ven el final del carbón muy cerca, más que el propio Gobierno.

Tres empresas de carne (JBS, Tyson y Cargill) emiten más gases de efecto invernadero que Francia. Ya sabemos que una de las acciones individuales más eficaces en la lucha contra el cambio climático es limitar radicalmente el consumo de carne en la dieta occidental (por eso, la campaña de Paul MenosCartney, aunque sea un primer paso, es claramente insuficiente). Este estudio es el primero en cuantificar de forma minuciosa las emisiones de las empresas de lácteos y productos cárnicos. Lo que pase a continuación dependerá en gran medida de la presión que hagamos.


¡Pero vamos hacia el presente y el futuro! ¡Hoy! ¡Domingo 12 de noviembre! Una de nuestras integrantes, Mónica, estará en el programa de radio de Hostia un libro para M21, El último moyano, hablando de las Jornadas y de cambio climático en general. A la una del mediodía en la Cuesta de Moyano, Madrid. Pero es que, simultáneamente, Héctor estará en el Instituto de Transición Rompe el círculo de Móstoles para participar en sus vermús del colapso. De doce a tres de la tarde en c/Zumalacárregui, 10, Móstoles.

Y, en los próximos días, permaneced atentas al blog, que iremos subiendo las grabaciones y transcripciones de las charlas de la Ingobernable. Por cierto, estaremos encantadísimos de recibir respuestas a esta carta. Ahí lo dejamos.


Carreteras destrozadas por las riadas que provocó el huracán María en Puerto Rico en el mes de septiembre.

P.D.: Y, como despedida, aquí tenéis el fanzine Contra el diluvio I en PDF.

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Jornadas Contra el diluvio 2017, qué hacer

Conclusión de las Jornadas Contra el diluvio 2017

Los dos últimos fines de semana de octubre de 2017 tuvieron lugar las Jornadas sobre Cambio Climático y movimientos sociales que organizamos Contra el diluvio en el Centro social La ingobernable de Madrid. Durante estas jornadas se reflexionó sobre algunos aspectos fundamentales del cambio climático y sus implicaciones en la sociedad.

El cambio climático es real y supone uno de los mayores retos a los que se enfrenta la humanidad.

Las temperaturas medias del planeta han aumentado desde que comenzó la revolución industrial y la mayor parte de este incremento se debe a la actividad humana (emisiones de gases de efecto invernadero). Esta relación está demostrada desde hace décadas, e intuida desde hace más de cien años.

En los últimos decenios, los cambios en el clima han causado impactos en los sistemas naturales y humanos en todos los continentes y océanos. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) identifica 5 motivos de preocupación frente al cambio climático, entre ellos los episodios meteorológicos extremos, como olas de calor, precipitación extrema e inundaciones costeras. El riesgo de los impactos vinculados al clima deriva de la interacción de los peligros conexos al clima con la vulnerabilidad y la exposición de los sistemas humanos y naturales.

El Acuerdo de París busca mantener la temperatura media mundial “muy por debajo” de 2ºC respecto a niveles preindustriales. Los países se comprometen a lograr un “equilibrio entre los gases emitidos y los que pueden ser absorbidos” en la segunda mitad de siglo. Muchos escenarios de mitigación del cambio climático actualmente dependen de la disponibilidad y el despliegue generalizado de tecnologías, como la bioenergía con captura y almacenamiento de dióxido de carbono (BECCS), cuya disponibilidad en el futuro es incierta. No podemos arriesgar nuestras opciones de evitar las peores consecuencias del cambio climático depositando nuestra confianza en tecnologías cuya disponibilidad futura está en cuestión.

Aún así, no es tarde para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

La lucha contra el cambio climático tiene que plantearse desde una perspectiva de justicia y equidad.

Es necesario abordar urgentemente el cambio climático y promover una transición hacia sociedades con bajas emisiones de gases de efecto invernadero y adaptadas a sus impactos inevitables. El cambio climático afecta especialmente a las poblaciones más vulnerables, tanto a nivel de países como de grupos sociales dentro de los propios países. Paradójicamente, las poblaciones que menos han contribuido al cambio climático son los más vulnerables a sus consecuencias.

Una simple transición tecnológica no bastará para hacer frente al cambio climático, por eso serán necesarios cambios sociales importantes que requerirán esfuerzos en diferentes ámbitos de nuestra vida. Esta transformación deberá producirse  especialmente en los países desarrollados para que sea una transición globalmente justa, y la cuestión es cómo repartir los esfuerzos en unas sociedades que ya son tremendamente desiguales: ¿Cómo se van a repartir los costes y los potenciales beneficios de dicha transformación? ¿Supondrá un empeoramiento de las condiciones de vida de los de abajo o nos llevarán a una sociedad más justa?

La transición que ya está en marcha deberá tener en cuenta estas responsabilidades y vulnerabilidades diferenciadas a la hora de plantear medidas de mitigación y adaptación. Por eso, es importante evitar que el peso de los esfuerzos recaiga injustamente en las poblaciones más desfavorecidas, que además son las menos responsables del cambio climático. Debemos lograr que los esfuerzos se distribuyan en nuestra sociedad teniendo en cuenta tanto la responsabilidad en la generación del cambio climático como la capacidad de acción para reducir las emisiones y para adaptarse a sus efectos, construyendo alternativas políticas realistas para una transición justa y equitativa.

La transformación de los modelos de movilidad es un elemento fundamental en la lucha contra el cambio climático.

En España el transporte generó en 2015 un 25% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero. En los últimos años se han producido importantes avances tecnológicos (coche eléctrico, vehículos autónomos, etc) que se nos plantean como la alternativa para mantener nuestro sistema actual de transporte. Sin embargo, los cambios tecnológicos no serán suficientes. En el caso del transporte se suele cumplir la paradoja de Jevons: a medida que el perfeccionamiento tecnológico aumenta la eficiencia con la que se usa un recurso, es más probable un aumento del consumo de dicho recurso que una disminución.​

La base del transporte es el urbanismo, por lo que es importante cambiar los modelos de ciudad. Por otra parte, es necesario promover y facilitar modos más sostenibles de movilidad, como caminar o la bici para trayectos cortos, además de la reducción del uso del coche mediante la promoción de un transporte público más eficiente que también puede beneficiarse de los avances tecnológicos (¿por qué no se habla del autobús autónomo, o de servicios de solicitud para autobuses en vez de coches?). Asimismo, las mejoras en transporte público tienen que hacerse desde la equidad y sin paternalismo, enfocándose desde las necesidades y no desde las preferencias, para lo que es necesario trazar alianzas entre movilidad y movimientos sociales, especialmente el feminismo.

Propuestas desde los ecofeminismos: poner la vida en el centro como arma frente al cambio climático.

El cambio climático afecta en mayor medida a las mujeres que a los hombres en todo el mundo como consecuencia de su posición desigual en las sociedades, el desarrollo de actividades más vinculadas a los recursos naturales o su mayor vulnerabilidad, por ejemplo, frente a los fenómenos meteorológicos extremos. Esto se refleja entre otras muchas cuestiones en los abusos, la violencia y la discriminación a la que se ven sometidas las migrantes climáticas.

El sistema actual se ha construido en base a relaciones económicas centradas en el dinero, dejando de lado todas aquellas actividades o elementos que no cuentan con un valor monetario dentro del mercado, como el medio ambiente o los cuidados, que sin embargo son imprescindibles para nuestra supervivencia como individuos y como sociedades. Por eso, necesitamos un cambio de modelo que dé prioridad a las relaciones entre las personas y a los cuidados, incluyendo el de nuestro entorno, procesos que en definitiva sostienen la vida y la biosfera frente a las lógicas de mercado actuales.

La comunicación del cambio climático.

Cuando se habla de cambio climático hay dos narrativas extremas claras. Una, la del tecno-optimismo desatado que piensa que los avances tecnológicos ya existentes y, sobre todo, los que están por venir, nos valdrán para solucionarlo. En el otro extremo nos encontramos con el catastrofismo que, por diferentes motivos, piensa que no hay nada que hacer salvo prepararse para el peor de los escenarios.

La información sobre cambio climático aún es escasa y suele estar vinculada a catástrofes y otras consecuencias del cambio climático, sin incidir en las causas ni mostrar las diversas iniciativas que se están adoptando para hacerle frente. Necesitamos una comunicación comprometida y profesional que permita posicionar el cambio climático en el puesto que merece en la agenda pública, partiendo de una sociedad que actúe como precursora del debate.

Contra el diluvio: hacia la construcción de un movimiento social contra el cambio climático

La lucha contra el cambio climático es urgente y requiere de acciones colectivas, de una sociedad informada que ofrezca una respuesta organizada frente al cambio climático y que promueva la construcción de alternativas frente a un sistema que no tiene en cuenta los límites del planeta, integrando las perspectivas de clase y género como elementos fundamentales. También es imprescindible reivindicar la justicia climática, teniendo en cuenta las responsabilidades diferenciadas de aquellos que más han contribuido a generar el cambio climático y que sus consecuencias serán diferentes entre países y grupos sociales.

Luchar contra el cambio climático y sus consecuencias debe ser una prioridad de todos los movimientos sociales que tengan el bienestar de la mayoría como objetivo, por lo que un movimiento social contra el cambio climático debe integrar demandas de otros colectivos y estudiar cómo se articulan en el contexto de la crisis climática.

Es necesario reforzar los conocimientos básicos de la población en general y de los grupos activistas en particular a través de información accesible pero rigurosa acerca del cambio climático y de sus consecuencias sociales.

Necesitamos visibilizar que existe una creciente preocupación por el cambio climático en nuestra sociedad, y que un número cada vez mayor de personas demandan participar en la búsqueda de soluciones y respaldan la adopción de políticas y medidas urgentes que nos permitan hacer frente al cambio climático y sus consecuencias. También es importante que nos sumemos a las movilizaciones globales frente al cambio climático para contribuir a un movimiento social masivo de carácter internacional.

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Jornadas Contra el diluvio 2017

¿A quién le quitamos el aire acondicionado? Redistribución y justicia frente a la austeridad capitalista. [Charla]

Segunda charla de las jornadas sobre cambio climático y movimientos sociales, a cargo de Berta Iglesias, César Rendueles e Isidro López.

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Aquí antes nevaba todos los años I

¡Bienvenidas a la primera entrega de Aquí antes nevaba todos los años, la newsletter climática de Contra el diluvio!

Si recibes esta newsletter debe de ser que has mostrado interés en el colectivo y en lo que hacemos, así que nos limitaremos a una presentación cortita. Contra el diluvio lo compone un grupo pequeño y variable de personas que pretenden contribuir en la medida de sus posibilidades a un movimiento contra el cambio climático y sus consecuencias. Llevamos poco tiempo en marcha y todavía estamos explorando cuál es la mejor forma de trabajar y contribuir a la concienciación y la lucha contra el cambio climático. Como decimos en nuestro manifiesto aproximadamente fundacional, tenemos tarea. Y es una tarea que esperamos no hacer solos.

Pero vamos al grano: ¿qué puedes esperar de esta newsletter? ¿Cada cuánto se meterá en tu correo? ¿Habrá dibujos?

Respondemos a las dudas: la idea es manteneros al día de lo que hemos hecho recientemente e informar de lo que vamos a hacer y cómo podéis colaborar si es que os apetece. Esperamos mantener una cierta periodicidad, pongamos cada dos semanas, aunque no garantizamos que alguna emergencia climática no retrase alguna entrega. En cuanto a los contenidos, claro que habrá dibujos. ¡Y fotos! Usaremos todos los medios a nuestro alcance para inculcar en los receptores de esta carta el miedo justo para pasar a la acción sin caer en la parálisis.

Y, por ahora, esto va a ser todo. Estamos todavía preparando el material que salió de las Jornadas de las semanas pasadas, que subiremos al blog lo antes posible. Os invitamos, eso sí, a leer las últimas entradas, sobre todo la relacionada con el informe sobre emisiones de CO2 que salió el 31 de octubre, y que esperamos sirva para dar aún más empuje a este movimiento.  

La principal conclusión que se desprende del informe es que, como ya sabíamos, los recortes de emisiones nacionales acordados (técnicamente se llaman, NDC – Nationally determined contributions) en París son totalmente insuficientes para alcanzar el objetivo declarado del acuerdo: “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC”.

Os escribimos pronto.

Puente de la Mesta, en Villarta de los Montes, Badajoz. Quedó casi completamente tapado por la construcción del embalse del Cíjara en 1956 y ahora ha vuelve a ser visible debido a la sequía.

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la ciencia, organización, qué hacer

La brecha de emisiones y la acción colectiva

El pasado 31 de octubre se publicó el Emissions Gap Report. La brecha de emisiones a la que hace referencia el título del informe es la que existiría en 2030 entre la reducción necesaria para evitar superar los +2ºC en 2100, y la que prevén las contribuciones nacionales estipuladas en el acuerdo de París de 2015 (figura 1). Tras leer el resumen ejecutivo, desde Contra El Diluvio queremos resaltar una serie de puntos. No vamos a entrar en las medidas técnicas propuestas, que intentaremos valorar más adelante.

La brecha de emisiones

La principal conclusión que se desprende del informe es que, como ya sabíamos, los recortes de emisiones nacionales acordados (técnicamente se llaman, NDC – Nationally determined contributions) en París son totalmente insuficientes para alcanzar el objetivo declarado del acuerdo: “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC”. Este es el gran problema. Se acuerda un objetivo pero, puesto que las contribuciones son definidas de forma voluntaria por cada país y no se establece mecanismo alguno para garantizar su cumplimiento, todo depende de la buena voluntad, ejem ejem, de los firmantes. Esa “buena voluntad” se traduce en que las reducciones presentadas por los países apenas son un tercio de las necesarias en 2030. De ahí la brecha de emisiones.

Una fecha clave: 2030

Debido a esto, el texto es explícito en pedir “acción urgente a corto plazo” y “mayor ambición a largo plazo” para cerrar dicha brecha en 2030, ya que de no hacerlo, sería “extremadamente improbable” alcanzar el objetivo de no superar los +2ºC. De hecho, si se cumpliesen completamente los NDC, en 2030 habríamos consumido un 80% del presupuesto de carbono establecido para no superar los +2C con un 66% de probabilidad y la totalidad del de +1.5ºC (aquí tienes más info sobre los presupuestos de carbono) Resumiendo, según el informe, la próxima década será crucial para tomar las medidas más importantes para mitigar el cambio climático en las décadas siguientes. En la línea de otros artículos aparecidos este año (este o este, por ejemplo), queda claro que nos vamos a jugar la gravedad del cambio climático ya en marcha en, esencialmente, los próximos 13 años.

Se puede, pero no quieren

Un punto clave que destaca el informe es que el recorte de emisiones necesario en 2030 puede establecerse con tecnología ya existente (esencialmente: más renovables, mayor eficiencia, reforestación y parar la deforestación) y a un coste asumible. Vamos, que básicamente nos están diciendo que nos enfrentamos a un problema político y económico, no técnico1)Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.. Se podría decir que “sí se puede, pero no quieren”. Pero no seamos inocentes, el problema no se reduce a la falta de voluntad de los políticos o lo malos que son (que algunos lo serán, claro). La política tiene lugar en el seno del capitalismo y, en este, en última instancia es la lucha de los diferentes intereses materiales en conflicto la que determina lo que al final es posible. Puede que las transformaciones energéticas sean ecológicamente necesarias y beneficiosas para la inmensa mayoría, pero perjudicarían a lobbys tremendamente poderosos (gasísticas, petroleras, etc… y las finanzas que invierten en ellas) y con mucho dinero que gastar para que esto no ocurra. Por decirlo claramente, para que se pueda, cuando no quieren, hay que tener poder, hay que construirlo. A la hora de la verdad, sólo la acción colectiva de una mayoría inmensa va a redundar en provecho de la inmensa mayoría.

Espera, no es 2030, es 2020 🙁

La cosa es que las NDC del acuerdo de París se actualizarán a los cinco años de su firma, es decir, en 2020. Y este es el gran problema, ya que como subraya el informe, si se deja pasar la opción de revisar los NDC en 2020, será prácticamente imposible cerrar la brecha de emisiones en 2030. O sea, que hay prisa: tenemos un par de años para lanzar un proceso de movilización y articulación política con la capacidad de obligar a que empresas y gobiernos implementen las medidas necesarias para lograr mayores recortes de emisiones. Tenemos tarea.

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Referencias   [ + ]

1. Es cierto que existen impedimentos técnicos importantes para la descarbonización total del sistema. Y de hecho, nosotros pensamos que ésta sólo podrá venir del establecimiento de un sistema poscapitalista, democrático y ecológicamente sostenible. Pero en este caso estamos hablando de una descarbonización parcial en 2030, no tan radical.